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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Wayward Son y su historia es una creación original del Staff, fuertemente influenciada por series y novelas de género sobrenatural, destacando la saga The Mortal Instruments de Cassandra Clare, y las series de televisión Supernatural de Erick Kripke, y The Vampire Diaries y The Originals de Julie Plec. Las imágenes utilizadas han sido tomadas de portales como Devianart, Zerochan, Pixiv y We❤It, y pertenecen a sus respectivos autores. Agradecimientos a Rose de Glintz por el elegante trabajo de su skin y su asistencia, a Veeneli por sus códigos y tablillas tan atractivas, así como a Mizuki por su bello tablón de anuncios.
credits

—UNBREAKABLE.

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—UNBREAKABLE.

Mensaje por Tris L. Hasting el Mar Ene 05, 2016 6:02 am



Beatrice Lynn  Hasting


“We're all going to Hell,

might as  well enjoy the ride.”



Humana | 22 años | Bisexual | Femenino | Inglesa | PB: Noel Vermillion

ABOUT ME


Don't understimate the allure of darkness. Even the purest hearts are drawn to it.


Tris es  un girasol en una noche perpetua. De colores vibrantes, cerrado sobre sí mismo, su esplendor sólo es visible cuando el astro rey se alza sobre él. Pero en el mundo de Tris, la imponente estrella hace tiempo murió; se convirtió en cenizas al igual que todas las personas que alguna vez la joven amó.
Desde su temprana infancia, el brillo perspicaz de sus esmeraldas le auguraba un futuro exitoso y quizás lo hubiese sido, porque Tris era capaz de lograr lo que sea que se propusiese: desde un refugio para aves luego de que encontrara un gorrión herido a sus cuatro años, hasta robar el Códice Leicester a Bill Gates de su salón artístico de máxima seguridad en su mansión de Washington. Si el sol la hubiese alcanzado, probablemente sería una Agatha Christie de su época o una Simone de Beauvior inglesa. Pero eso jamás ocurrió, ni tampoco pasaría.
La empatía e inocencia que pregonaba con orgullo en sus primeros años se disolvió con la muerte de sus padres. La noche dominó imponente en ese momento y permaneció con su lóbrega monarquía incluso en su adultez. En su madurez, Tris se convirtió en una joven independiente y egoísta, con una determinación rayana y una frialdad impasible a la hora de actuar. Las amenazas y advertencias que recibió en su vida sólo lograron que su paranoia alcanzara niveles enfermizos, siendo incapaz de formar una relación de verdadera significatividad o establecer una vida que considerase estable y propia. En tanto que para ella sólo está sobreviviendo en un campo lleno de bestias, la culpa y los límites sociales son puestos en un segundo plano en su afán por respirar otro día más.
Tris es todas y a la vez ninguna, una mujer de las mil caras, robando identidades y tomando disfraces que conforman su ser temporalmente y a la vez no definen quién es. En tanto su perseguidor ni siquiera sabe que existe, el terror de la presa alcanza su máxima perfección: afín de no ser cazado, se esconde perpetuamente sin dar rastro de su presencia y en tanto esta es efectiva, continúa voraz y constante, impidiéndole vivir. Simplemente escapando de nadie, de un fantasma futuro que acecha como una sombra y susurra a sus oídos, avivando la paranoia desmedida. Aún así, sería erróneo pensar que se resignó a ese estilo de supervivencia.
Para Tris, la vida sólo es posible si su acechador muere. Cada penuria y pecado forman el camino a ese encuentro, uno que ella prepara como un cuadro, ubicando cada elemento en su lugar hasta llegar a la perfección que le garantizaría la victoria. En su organización metódica y pulcra, además de su intento por tener control total, cualquier hecho que la desestabilice es recibido de la peor manera. Buscará salirse rápidamente y no es de sorprender entonces que la muerte, con el descontrol que le es inherente, sea el mayor de sus temores. Es consciente de las debilidades de su carne y buscaba paliarlas lo mejor posible con un conocimiento avanzado en distintas artes de lucha, excelente puntería y contar siempre con un as bajo la manga. La joven inglesa lejos de ser impulsiva, piensa todo en demasía, tratando de sofocar las pasiones de su alma que pueden llevarla a un error mortal. Obviamente, no siempre cumple con sus altas expectativas.  
Independientemente de las versiones que encarne, le es inevitable no ser una biblioteca andante. Sus libros son tan valiosos como los textos de Alejandría y fueron su escape a un mundo de fantasía para mantenerla cuerda en las peores situaciones. La verdadera Tris –o mejor dicho la única- es una mujer elegante y llamativa, que disfruta de la perfección etérea del arte, con una belleza frívola que atrae y distancia a la vez;  presa de sus propios demonios y con una intensa ira acumulada, es incapaz de preocuparse más allá de ella misma y descarga sus frustraciones en actos dañino. En contradicción, es empática únicamente con los niños y los animales, en tanto valora y ansía la inocencia que una vez perdió, dejando ver los últimos atisbos de su humanidad tan ultrajada.



MY LOOK

Tris es el esplendor de los sueños de opio, con esos largos cabellos de oro tan finos como la seda que enmarcan un rostro severo y sublime, digno de representar a Gea, madre de todo lo creado. Rasgos delicados y proporcionados, levemente  redondeados con unos grandes ojos del tono de la turmalina, un verde profundo y penetrante, inhóspito y exótico. Decorado por espesas pestañas, desprenden un brillo e intensidad símil a un fuego fatuo en la medianoche, a ese último atisbo del alma.
Es de estatura media, alcanzando apenas el metro sesenta y cinco, exhibiendo orgullosa unas largas piernas que acompañan un cuerpo armónico y femenino, de atributos proporcionados. Podría decirse que es el tipo de belleza que encontrarías detrás de una cámara fotográfica o desfilando con su conjunto de Victoria Secret en Milán, pero un avistamiento más detallado de la joven descartaría esas ideas al instante. No hay forma de ocultarlo, hay algo en ella que en conjunción a su atractivo advierte a la distancia, quizás sea su sonrisa demasiado cuidadosa o cada movimiento pensado de antemano, pero su perfección roza el límite de lo irreal.
Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero Tris lleva el Amazonas encerrado en sus orbes, tan impenetrable como su ser.  No hay forma de ver más allá, de encontrar a esa joven aterrorizada a la muerte que sólo desea vivir, olvidándose de cómo en el medio del camino. Sólo verán una muchacha elegante, que fácilmente podría ser lectora fiel de Vogue –si la máscara que encarne en ese momento se lo permite- , con un marcado acento inglés y de gustos lujosos.
Su frialdad la hace inalcanzable, tal como ella desea.



PAST


1.
Esos placeres violentos.

Bramó ella: <Ni un murmullo de respuesta.
¿Qué será lo que me borrará los pecados
Y me salvará de morir?
– Lord Alfred Tennyson, El Palacio del Arte.


Alice Chambers fue su mejor logro.
Dulce y simpática, joven y enérgica, tan mundana como podía ser una estudiante de medicina de la Universidad de Florida. Sus vivaces ojos esmeraldas miraban el mundo con esperanza, rebosante de la felicidad de su ignorancia. Su futuro era prometedor y ella lo sabía, en pocos años una bata blanca cubriría sus hombros y cargaría con gusto la pesada responsabilidad de salvar vidas. Fantaseaba con esa idea, con tener esa cuasi omnipotencia de ser ella, sí, únicamente ella, quien guiara a  pobre gente moribunda al lado luminoso de la vida.
Experimentaba su vida como toda universitaria de veinte años, siempre dispuesta a tener nuevas aventuras los fines de semana para contarlo entre risas un lunes antes de entrar a clase. Disfrutaba de su juventud al “máximo” y como tal, no podía perderse la fiesta de las Delta Phi de esa noche, consideradas las mejores de todo el campus. Música, comida y alcohol a la orden del día. Enigmáticos rostros desconocidos por doquier. Y habitaciones del cuarto de arriba esperando ser visitadas. Sí, las Delta Phi sabían a la perfección como hacer una buena fiesta.
Su compañera de cuarto, Monique Sandler, silbó con entusiasmo cuando ella salió del cuarto de baño, ya preparada para la noche. << - ¡Espera a que te vea Eric! Estará detrás de ti como un perro en celo>>. Alice se sentía espectacular y no ocultó para nada ese hecho cuando entró a la casa de las Delta Phi, atrayendo numerosas miradas con su andar seguro y sus largas y torneadas piernas.
Música y poca luz, charlas por aquí y por allá, bailes atrevidos y graciosos, para la medianoche Alice se sentía exultante. El alcohol recorría su sangre como una corriente eléctrica y bajo sus cristalinos ojos embriagados, debía vivir esa noche como si fuera la última de su vida, hacerle honor a ese momento irrepetible. Monique había desaparecido pero eso no importaba, sabía dónde estaba la barra y en esos momentos, era lo único relevante.
Fue allí donde la vio, una muchacha de larga melena dorada, con unos atractivos y penetrantes ojos del color de la más bella turmalina que miraban a su alrededor en activa búsqueda. Su intensa presencia opacaba a las demás, parecía ser la única allí en la fiesta y, paradójicamente, no podía verse tan fuera de lugar en ella. No sabía qué precisamente, pero algo en la misteriosa joven no concordaba con los oriundos del campus. Quizás fuera su porte perfectamente erguido, un logro que pocos en ese lugar podrían lograr en esos momentos con los litros de alcohol que corrían por sus venas, o  tal vez su mirada tan atenta al exterior, demasiado intensa para ser una simple búsqueda de sexo esporádico.
Alice no podía sacar los ojos de la desconocida, se mantenía embelesada, observándola al igual que lo haría si se encontrase con un ovni o si presenciara algún fenómeno único y exclusivo. La misteriosa rápidamente volteó su mirada hacia ella  y la muchacha no supo cómo reaccionar. Se quedó paralizada, sin poder apartar la mirada de esos ojos esmeraldas, tan hipnóticos y brillantes. Al verlos inmediatamente invadía a su mente la imagen de una selva, inhóspita y peligrosa, extraña y de un intenso verde. Había un cierto salvajismo en su mirada, una confianza que iba más allá de su atractiva apariencia, como si ella supiera que era capaz de destruir a cualquiera que se le acercase. Y Alice podía creerle.
La enigmática muchacha le dirigió una sonrisa felina de medio lado y se dirigió hacia las escaleras. Alice sintió un leve sobresalto. Quizás fuera el alcohol, pero algo en ella sentía la necesidad de estar con esa muchacha, ver qué se escondía detrás de esa peligrosa mirada y enfrentarse a ello. Una última mirada  por encima de su hombro y Alice ya estaba detrás de ella, siguiéndola sin saber realmente el motivo, culpando conscientemente al alcohol mientras su inconsciente caprichoso le susurraba lo excitante que debían ser besar esos labios carmesí. No se había sentido tan emocionada ni siquiera cuando Eric la invitó a pasar un fin de semana en su cabaña lejos de sus padres.
La rubia se deslizó con pasos gráciles al cuarto de la derecha, el movimiento de sus caderas desesperaba a Alice cada vez más. Era difícil contener tanta desesperación por tenerla y estaba segura que en ningún capítulo de sus enormes manuales de medicina habría una explicación para ello. Al abrir la puerta ella estaba parada en el centro, sus ojos verdes brillaban más que nunca, como un faro llamando a un navío perdido. Alice se quedó helada, incapaz de saber qué hacer en una situación como esa, jamás había ido tan lejos con una mujer, más allá de unos insípidos besos en una fiesta de fin de curso y definitivamente ninguna de ellas era como aquella que tan penetrantemente la miraba. La joven desconocida llevaba puesto un sobretodo beige y no lo habría notado si éste no se hubiera deslizado por sus delgados hombros, mostrando la suave y blanca piel que con tanto recelo había cubierto.
Alice obedeció a ese mandato silencioso, caminó decidida hacia ella con una confianza que no sabía dónde había ganado y sus labios se estrecharon con fuerza con esa pequeña boca carmesí. Era un sabor afrodisíaco, una mezcla dulce y excitante que recorría toda su boca con exquisita maestría. Deslizó las tiras de su vestido negro de seda que cayó suelto en el suelo, revelando el esbelto cuerpo de la joven misteriosa, sus partes apenas cubiertas con encaje oscuro. Alice suspiró agitada, apreciando cada curva suavementee delineada de ese cuerpo pequeño y deseando acariciar por completo esa piel tan tersa. La misteriosa la lanzó a la cama con una fuerza que no correspondía a esos brazos y al instante estaba sobre ella. Alice la admiró, una guerrera a punto de asestar sobre su presa, acarició esos suaves pechos que acentuaban su feminidad y siguió descendiendo, queriendo tocar cada centímetro de su cuerpo. Se dirigió hacia su espalda arqueada, subiendo desde las vértebras inferiores y atrayéndola hacia ella, acortando la distancia para alcanzar sus labios.
No podía dejar de pensar en su sabor prohibido. En ese aroma cítrico que le remitía a la selva después de una tormenta, a las olas rompiendo en la orilla. Sus ojos brillaban con intensidad, una emoción que le abrasaba la piel, sentía que se quemaría viva allí y el verde lo sería todo, ese esmeralda que estaba segura sería idéntico a los jardines del Edén.
Y entonces lo sintió. Un pinchazo intenso en el cuello, Alice quiso gritar pero no podía emitir sonido alguno, la garganta ardía en medio de un dolor álgido, como si alguien le hubiese cortado las cuerdas vocales con un cuchillo invisible.
La seductora joven sonrió y por primera vez, una sombra maliciosa deformó su rostro y Alice pudo verla como realmente era. Un rostro hermoso y frío, una deidad helada que castigaba con crueldad.
- Bienvenida al infierno, Tris.


2.
Inocencia Interrumpida.

El campo de batalla lo perdimos; mas voluntad invicta conservamos, odio inmortal, empeño de venganza, y el valor obstinado, que al temor la cerviz nunca ha doblado. –El paraíso perdido, John Milton.


El sonido de las sirenas despertó al pueblo de Little Hamilgton la madrugada del 9 de Agosto. Los habitantes, despeinados y en pijama, se amontonaron detrás de la banda amarilla.  Todos observaban desconcertados las luces rojas y azules que chocaban contra la fachada de la antigua Casona Heminway. Ésta había sido refaccionada y habitada hacía un par de meses luego de quince años de soledad; en ese tiempo la imponente casona de estilo victoriano se había convertido en protagonista de numerosas historias de terror y uno de los puntos turísticos favoritos del pueblo. Ahora eso parecía lejano, hasta absurdo, ya no sería más que el lugar que recordaría los terribles asesinatos del matrimonio Hasting.
En más de cincuenta años de historia de Little Hamilgton jamás se había vivido algo similar.  Alardeaba ser un pueblo tranquilo, donde la palabra inseguridad no existía y las cárceles permanecían completamente vacías. No se podía esperar menos de un pequeño pueblo a cuatrocientos kilómetros de Londres, en el medio de la nada misma. Pero ese día todo había cambiado. Nadie de Little Hamilgton borraría de su mente la imagen de los policías arrastrando dos camillas, cada una cargando una alargada bolsa de plástico negra. Era desconcertante pensar que horas atrás habían visto a esas personas, que las saludaron y hasta charlaron con ellas. Tampoco olvidarían jamás la actitud de sus dos hijas, eran la perfecta representación de la desesperación: la mayor, luchando con los enfermeros que la retenían en una camilla, sollozando a gritos en medio de un ataque de histeria y la menor, de rodillas sobre el césped con una expresión cristalina y vacía en su infantil rostro.  La vida que esas chicas tenían había desaparecido y jamás volverían a encontrarla. Su inocencia interrumpida permanentemente.


<<  El sonido de las cigarras era lo único que podía oírse en la casa esa calurosa noche. Era un calor pesado y molesto, de esos que no te dejaban en paz ni un segundo. Las ventanas de su cuarto estaban abiertas de par en par y aun así no era capaz de conciliar el sueño. Se removía molesta en su cama cada cinco segundos,
—Tris, ¿tampoco puedes dormir? —susurró una voz en la cama de al lado—. Somos dos.
La niña se giró para estar frente a la cama de su hermana. A pesar de que la oscuridad impedía verla con claridad, podía distinguir la mitad de su rostro iluminado con el mortecino resplandor lunar. Mechones de cabello castaño ondulado enmarcaban su rostro pálido y la luz le daba un aspecto mucho más claro aún, casi como un fantasma.
—Tú porque estás pensando en tu nuevo novio, admítelo.
—¡No es mi novio! –exclamó con rapidez— ¡No digas esas cosas que mamá y papá malinterpretan todo! Sólo es un chico con el que ando saliendo.
—Te regaló rosas, Becca —contradijo la niña—. Y me contaste que lo trajiste a casa cuando ninguno de nosotros estaba y ...
—… y prometiste cerrar la boca. —le interrumpió su hermana con brusquedad.
— Me caías mejor antes, ¿sabías?
Rebecca le respondió pero no pudo escucharla. Su voz fue amortiguada de repente por un único sonido estruendoso y grave, parecido a una explosión. Sus ojos avellanas se abrieron de par en par, totalmente aterrados. Tris  no entendía qué sucedía, no podía reconocer el ruido como la castaña pero algo – quizás la mirada aterrorizada de su hermana – le indicaba que todo estaba mal.
—¿Qué fue eso?
La muchacha tardó unos segundos en responder aún paralizada por el temor. Tris saltó de su cama y se acercó a ella preocupada, el cuerpo de la joven estaba tensionado, con las uñas clavándose en el colchón y la respiración agitada como un caballo que acaba de galopar.
—Un disparo… —dijo finalmente, su voz sonaba apagada, muerta— Y no cualquiera, ese sonido era del arma especial de papá.
Las piezas del rompecabezas estaban comenzando a unirse dentro de la mente de la niña. Su padre tenía una pistola “especial”, cuyas balas eran de madera. Le habían explicado que tenía efecto contra los vampiros, aquellas criaturas despiadadas y sanguinarias que disfrutaban de matar personas. Y había uno, uno en especial por el cual se mudaron a un pueblo tan escondido y remoto como Little Hangleton.  
Y ahora él estaba en la casa.
Otro sonido de explosión retumbó en la casa. Y las puertas se abrieron de par en par. Ambas chicas lanzaron un grito agudo esperando lo peor.
—¡Rebecca, ¿qué haces ahí?! ¡Levántate! —su madre entró a trompicones a la habitación. Su rostro estaba pálido como un papel, decorado con arrugas que se acentuaban con su expresión desesperada; en cuestión de segundos, la mujer aparentaba haber envejecido varios años —Es él. Hay que ir al refugio, ahora.
Y entonces comenzaron a correr en esa batalla que ya estaba perdida, tratando en vano de escapar de la inminente muerte. Ese era el final. Lo sabían perfectamente. Dejaron atrás todo, simplemente corrieron desesperadas hasta el refugio, con los espeluznantes y agónicos gritos de su padre de fondo.
¿Qué más podía hacer? ¿Cómo uno debía actuar cuando iba a ser asesinado? A pesar de su corta edad, Tris había leído numerosos libros en su tierna infancia. Estaba acostumbrada a héroes valientes y dignos, enfrentando a la muerte con parsimonia y determinación, cara a cara con orgullo. Los gritos desesperados de su padre seguían retumbándole en los tímpanos, recordándole que  él no era un héroe como tanto había fantaseado. Y ella tampoco lo era, sentía un temblor incontrolable en todo su cuerpo y un terror tan voraz que amenazaba con devorarla por completo.
Cuando estuvieron a medio camino de la puerta escondida que daba al refugio, notaron que ya no había ruido. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que la casa se sumiera en silencio y penumbras? No tuvieron tiempo siquiera de meditar la respuesta porque la calma se vio interrumpida burdamente por el ruido seco de pasos.
Él estaba viniendo. E iba a matarlas.
Su madre, delante de ellas, se detuvo de repente. Se volteó y pudieron notar algo en su mirada, una fiereza nunca antes vista en aquella delicada y fémina figura. Sus rasgos suaves y cálidos contrastaban con el fuego de sus ojos, era una mezcla de fragilidad y determinación que le brindaba un encanto especial y mostraban su férreo espíritu. Los ojos de sus hijas se llenaron de lágrimas, sintiendo la despedida inminente. Becca sollozó suplicante y Tris estiró la mano tratando de alcanzar la de su madre.
Helen  Miller esquivó el contacto de su hija, esbozó una sonrisa calma y les dio la espalda, corriendo hacia su implacable destino. Tris gritó con todo lo que le ofrecían sus pequeños pulmones, corrió hacia ella pero su hermana la atrapó al instante, tapándole la boca y maldiciéndola. Forcejeando, la llevó hasta el refugio y cerró la puerta con candado. Al instante oyó movimientos pequeños, ruidos inocuos de las ratas que corrían al igual que ellas a su refugio. La habitación era relativamente pequeña, pintada de un deslucido color celeste percudido por la humedad. Había una mesa con tres desvencijadas sillas y varias cajas a su alrededor. En la pared del frente se exhibía un enorme armario, al cual Rebecca fue directo. Abrió las puertas de par en par, sacando una afilada estaca de madera  y una botella de lo que parecía ser agua. Tomó unos cuantos sorbos y le alcanzó a su hermana.
—Bebe.
El tono de voz áspero y rudo delataba sus nervios. Tris no musitó palabra y obedeció, sintió el amargo sabor de la verbena e hizo una mueca, odiaba beberla. Por toda la ingesta que recibían a diario podían esconderse del vampiro, evitar que él las atrapase. Becca abrió una trampilla oculta en el suelo y la obligó a esconderse allí. Tris sólo atisbó a ver el perfil de su hermana, antes de que la encerrase allí. La pequeña caminó silenciosamente, buscando el lugar exacto donde podía espiar por medio de las rendijas de la madera. Oyó a su hermana dar un suspiro profundo, esperando el encuentro final. Los segundos resultaron tortuosamente lentos hasta que empezó a oír una voz con marcado acento irlandés que la llamaba.
—Rebecca….vamos, sal, sólo quiero hablar. ¿No te gustaron las flores que te regalé?
La castaña lanzó un grito ahogado y se tapó la boca al instante, dándose cuenta del error que había cometido. El pomo de la puerta comenzó a moverse rápidamente e hizo un ruido seco, cayendo de repente de su lado. En ese instante, la puerta salió expulsada hacia delante, llevándose todo lo que tenía frente.
—Demian.
—El mismo, ¿qué pasa? —preguntó entretenido—. ¿No te agrada verme? Qué mal. Y yo que ya comenzaba a hacer sociales con mis suegros.
—¡Desgraciado! —Tris escuchó los pasos que corrían rápidamente y el ruido de un chasquido. Becca dio un alarido y cayó al suelo con brusquedad, la botella de verbena rodó hacia una esquina solitaria— ¡Suéltame!
—¿En serio? ¿Pensabas que ibas a poder matarme con una estaca? —el vampiro lanzó una risa fría y cruel, gozando de la situación completamente—. Estúpida, no me obligues a romperte otro brazo.
Demian asestó contra ella, quien lanzó otro grito agudo y estridente, rogando que parara. Tris estaba paralizada, con las lágrimas surcando sus pequeñas mejillas en silencio. No podía hacer ruido y se esforzó de sobremanera en mantener su respiración y corazón a un ritmo tranquilo, con un poco de suerte la confundiría con una rata. Era lo único que podía hacer, quedarse quieta como si no existiera y escuchar como ese horrible ser del averno torturaba a su hermana.
— Tu sangre está maldita, dulzura. Tú y tus padres están pagando pecados de sus antecesores —explicó con tranquilidad y frialdad—. Eres la última de ellos ahora. Recuerda bien mi nombre: Demian O'Connor.  Cuando tengas hijos, volveré a buscarte.
Rebecca no respondió, sólo podía oírse su respiración desbocada que trataba en vano de articular palabras.
—Nos volveremos a ver pronto, dulzura.
Y el vampiro desapareció, como un terremoto, repentino, rápido y causando un caos a su alrededor.
Tris aguardó un instante, asegurándose que no había nadie allí. Salió de la trampilla y corrió hacia el cuerpo inerte y ensangrentado que era su hermana. Los brazos de la muchacha estaban extendidos, el derecho en una posición antinatural y el izquierdo con la estaca de madera clavada cruelmente a la altura de sus bíceps. Becca la vio con los ojos entrecerrados, aferrándose débilmente a la conciencia con jadeos y espasmos.
—Él…
—Shh… no hables, llamaré a una ambulancia, estarás bien.
—Él volverá —balbuceó con voz trémula—. Me ha dado el beso de la muerte. >>


[…]

[
Los azulejos blancos estaban teñidos de carmín. Una decoración intensa y bizarra, acorde a la mujer desnuda recostada plácidamente en la bañera. Su rostro pálido y apacible observaba con sumo interés la diminuta mancha de moho que empezaba a florecer en la pared. El manto líquido carmesí cubría su cuerpo hasta su clavícula y sólo sobresalía su mano, estirada perezosamente a un costado de la bañera. La sangre de la muñeca aún seguía goteando, habiendo manchado ya todo el cuchillo de plata y el suelo.
Pero a ella no parecía importarle y tampoco a su hermana, que apenas la observaba. La joven mujer releía una y otra vez la carta que había encontrado pegada al espejo, arrugándola y empapándola con su llanto. En algún momento de esa relectura, las lágrimas desaparecieron, como si su hermana se las hubiese limpiado con una mano invisible.


“ Estoy cansada de vivir una mentira. No puedo ser feliz pensando en lo que les he hecho a ustedes.
Esta vez quiero hacer las cosas bien, evitar cometer los mismos errores de nuevo, asegurarme de que no haya más sangre derramada por mi culpa.
No puedo casarme con Luke como tanto quiero, tampoco tener una familia: no soy capaz de dar a luz a un niño sabiendo que su asesinato ya está escrito. ¿Cómo vivir entonces? Esto no es vida.
Querida hermana, eres más fuerte que yo, tú podrás con todo este peso. Tienes la ventaja de que él aún no sabe de tu existencia. Lucha, sobrevive y ahí entonces comenzará tu vida.
Los vampiros no se rinden. Jamás. Debes encontrarlo antes de que él te encuentre a ti.
O te matará.
Velaré por ti junto con mamá y papá, no te preocupes por nosotros, estamos bien.
Te amo, Tris. Espero que algún día puedas perdonar mi debilidad.
Becca”


Se encontraba sola en el mundo. Ninguna persona más que ella importaba ahora.
Y estaba decidida a sobrevivir, nadie iba a evitarlo. Absolutamente nadie, ni siquiera Demian.


3.
Uróboros.

Recordar es fácil para el que tiene memoria.
Olvidarse es difícil para quien tiene corazón. –Gabriel García Marquez.


Alice se movió desesperada, su boca se abría y cerraba en gritos aparentemente desaforados pero que nadie podía oír. Lloraba y las lágrimas se mezclaban con el maquillaje empapando sus rosáceas mejillas de negro. La joven de ojos jade  forcejeaba encima de ella, reteniéndole las muñecas con una fuerza abrumadora.
—Quédate quieta —ordenó con fiereza. Y en medio del terror, los músculos de Alice se tensaron, quedándose inmóviles—. Escúchame bien, eso que viste es verdad. ¿Lo entiendes, Tris?
Alice parpadeó varias veces confundida, su cuerpo gemía del dolor en silencio y su voz interna no dejaba de repetirle constantemente que se escapara de allí. Recordaba el cuerpo inerte de Rebecca cada vez que parpadeaba, se aparecía cuán fantasma en sus sueños y no la libraba en ningún momento. Becca, la que siempre le molestaba poniendo música a todo volumen. Becca, la persona que salvó su vida cuando era niña. Becca, la hermana que se suicidó.
Todo era verdad. Demian los había matado, la había dejado sola en un mundo cruel, con la amenaza de la guillotina cirniéndose y acercándose con cada día.
—Escúchame, eres Beatrice Lynn Hasting y tienes que sobrevivir. Tienes una vida normal y estudias medicina, pero sabes que él va a volver. Te llamarán por Alice para que él no pueda encontrarte. Escóndete, Tris —las esmeraldas de la joven parecían penetrarla con la intensidad de su mirada—. Él está viniendo. Abandona todo, escapa y pide ayuda, cuenta tu historia. Ellos te ayudarán, te llevarán a un lugar donde no podrá encontrarte. Demian está volviendo, Tris y te está buscando.
La extraña la soltó y se vistió tranquilamente. Alice, desde la cama, solo podía verla de refilón, aún con el cuerpo exigiéndole en vano que corriera cuanto antes de allí. Debía esconderse, Demian sino la mataría al igual que asesinó a su familia.
La rubia tomó el bolso de Alice, revisando con atención. Había tirado el dinero al suelo e inspeccionaba las tarjetas, se detuvo con una sonrisa frente a una de color celeste, con letras blancas.
—Membresía de la biblioteca, es más de lo que esperaba. Sólo me conformaba con tener tu identificación —guardó todo en su bolsillo y miró alrededor, inspeccionando el cuarto—. Ya puedes moverte, Tris. No harás escándalo y esperarás a que desaparezca, cuando me vaya olvidarás mi rostro y pensarás que has estado con un muchacho atractivo en la fiesta del cual ni siquiera sabes su nombre, ¿entendido?  
Ella asintió silenciosamente, aún incapaz de apaciguar las lágrimas. La muchacha se estaba marchando pero se detuvo a último minuto, la mano en el picaporte.
—Sé fuerte, Tris.
Y desapareció, como el último rayo de Sol que se oculta en el crepúsculo. Un simple pestañeo y la oscuridad aconteció.



Extras



• Cuenta con múltiples identidades para ocultar su paradero de Demian, quien aún ni siquiera sabe qué ella sigue viva. Obviamente, Tris se esfuerza que eso continúe.
• Al menos tres generaciones de sus antecesores han sido asesinados, directa o indirectamente, por el O’ Connor. Tris, más que venganza, sólo busca asesinar a Demian para poder tener al fin una vida tranquila.
• Si bien no llega al punto de clasificarse como neurótica obsesiva, le agrada el orden y el control.
• Es ladrona de objetos exclusivos, tanto mundanos como sobrenaturales. Se ha hecho de una buena fortuna vendiendo a millonarios, sus clientes por excelencia.
• Es amante de los libros, son su medio para escapar a un mundo de fantasía que la contenga del real. No es raro verla aludiendo a autores.
• Tiene muy buena puntería, además de que cuenta con conocimiento en distintas técnicas de lucha y autodefensa.
• A pesar de su elegancia, no encuentra problema en caminar por el barro con tal de conseguir lo que desea.
• Para cubrir sus identidades, se ha involucrado en distintos oficios. Su favorito fue el de maestra de literatura para niños, sintiendo empatía por los mismos. El más penoso fue de porrista en el equipo de fútbol americano en Oxford.  
• Como cualquier inglés, ama el té. Pero en su caso siempre frío.
• No tiene personas que considere cercanas sentimentalmente, ni tampoco quiere involucrarse demasiado. No va más allá de falsas amistades que sostengan su identidad falsa o simplemente sexo.
• La ira es una de sus principales emociones, como también la que más contiene. Le gusta practicar boxeo como descarga a la misma.
• Su flor favorita es el girasol.
• Se considera a sí misma como una escritora frustrada.
• Cuenta con importantes contactos, tanto de personalidades conocidas en el mundo humano como en el sobrenatural.
• Es adicta a la comida dulce.
• Actualmente se hace pasar por Alice Chamber, una joven recién recibida de Letras que trabaja en la biblioteca más grande y completa de Nueva Orleans.

PB: Noel Vermillion, Blazblue.




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Re: —UNBREAKABLE.

Mensaje por Porodios el Mar Ene 05, 2016 6:08 am



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