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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Hunter's Hangover | Priv. Keira

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Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Jue Dic 17, 2015 12:08 am

La parte más oscura de la noche había terminado.
El reloj en la pared marcaba las cuatro de la madrugada. Dentro de poco saldría el sol. Atrás habían quedado los charcos de sangre y el olor a pólvora. Sin embargo, pasarían muchas más horas antes de que Jason pudiese dormir.
La adrenalina aun corría por sus venas. Sus sentidos aun estaban alertas, el más leve aleteo de murciélago le resonaba en los tímpanos como un estallido. En su boca el sabor a sangre perduraba, a pesar de haber tomado un refresco camino a la residencia. Él lo llamaba la resaca del Cazador. Y al igual que con el alcohol, el que por la noche cazaba barato, lo pagaba caro a la mañana.
Se agachó sobre el lavado y abrió el grifo. Quitó lo mejor que pudo la sangre seca de su piel, y limpió su cuello hasta que su camiseta se empapó. Tendría que botarla a la basura.
Alzó la mirada al espejo y apagó el flujo de agua. Se quedó así varios segundos, simplemente mirando su deplorable estado.
"Sobrevivimos" Pensó a sus adentros. Durante todas las cacerías había riesgo de convertirse en una baja, en integrar la nómina de los caídos de ese mes. Pero en esa misión, en verdad pensó que moriría. Había encontrado su límite, una vez más, y había salido vivo por un simple capricho del destino.
Habían luchado contra la oscuridad más profunda con todas sus fuerzas, y habían perdido. Muchos cazadores habían muerto esa noche. Sin embargo, una certeza le impedía desanimarse.
"Todos nosotros, estamos vivos"

Kol. De seguro lo vería a la mañana siguiente, tomando té en la biblioteca, que últimamente se había convertido en su despacho por excelencia. De a momentos se sentía culpable por haberlo dejado solo para lidiar con el Temple, pero luego recordaba que tendría que tirar su ropa a la basura por su tardanza y el sentimiento se desvanecía.
Escuchó un sonido de tintineo venir desde el bar, y llevó su mano instintivamente a la daga en su cinturón. La resaca del Cazador era una auténtica mierda.
Se secó el rostro con una toalla, y se la puso sobre los hombros. En el camino, tomó uno de los tantos kits de primeros auxilios que había desperdigados por la mansión. Cualquiera que entrase allí, pensaría que se trataba de un asilo, y se equivocaría. En ese lugar habían más gasas, píldoras e instrumentos quirúrgicos que un hospital rural.
Al entrar a la sala de bar, la cual últimamente se había convertido en el despacho de Jason por excelencia, encontró únicamente la luz de la barra encendida. La figura pequeña de una muchacha se veía sentada sobre uno de los bancos. Sus piernas desnudas y sucias de sangre y polvo colgaban sin llegar al suelo. Sobre sus espaldas se veía la chaqueta favorita de Jason, cubierta de trozos de vidrio y diminutos fragmentos de huesos, gotas de sangre y sabe Dios qué más.
Te dije que me dejarás sola —Dijo la muchacha, bebiendo hasta el fondo el vaso.
Pero,... esta es mi casa... y ese es mi alcohol... —Respondió Jason, más en tono de reproche que autoritario.
Keira sólo respondió encogiéndose de hombros, empinando la botella sobre el vaso de nuevo.
El Cazador arrojó su camiseta a un lado, tomando un vaso limpio de la alacena. Dio la vuelta tras la barra, y agarró una botella de vodka.
Sirvió una medida de vodka, y se puso frente a Keira. Ella miraba al vaso en sus manos, bajo sus cabellos sucios y despeinados. La había seguido después de que saliese de Pandemonium. A pesar de que ella intentó deshacerse de él en varias ocasiones, Jason la había encontrado. Podría haberla encontrado aunque se hubiese esfumado en el aire.
No había seguido la pista de Tiamat. Sólo había robado un auto y conducido hasta la Residencia Herondale, para luego perderse entre las sombras. Jason sintió que sería más sociable después de un par de tragos, así que le había dado su espacio. Ahora ella necesitaba un amigo. A pesar de que no lo supiese aun, nadie puede cargar con el peso del mundo sobre sus hombros sin tomar turnos.
Y esa es mi chaqueta —Dijo sin mirarla, dando un sorbo.
Keira presionó el vaso en sus manos.
Jason la miró un rato largo. Estuvieron en silencio varios minutos, dando ocasionales tragos a sus bebidas. Cuando la de Keira se acabo, esta hizo un ademán para tomar el whisky, y Jason se lo quitó.
Dámelo —Le dijo ella, sin alzar la mirada.
No. Estas bebiendo la porquería que coloco al frente para las visitas —Le dijo volteándose— Tú vives aquí
Tras un breve instante, tomó un etiqueta negra, y lo descorchó. Sirvió a la cazadora, y volvió a taparlo.
Si vas a usar un somnífero británico, al menos que valga el dolor de cabeza —Le dijo retomando su bebida.
Ella sorbió sin quejarse, y una vez más, estuvieron en silencio un rato largo.
Afuera llovía mucho, y la sala se iluminaba de vez en cuando con relámpagos. Jason sintió por un segundo que Kol estaría en problemas, sin saber por qué. Era una de esas sensaciones que le llegaban de la nada, se apostaban en la parte trasera de su mente, y se quedaban allí sin dar explicaciones.
Apestas, Herondale —Le reclamó la pelirrosa.
La voz de la muchacha lo sacó de sus pensamientos. Llevó el vaso a sus labios y tragó.  
Tú también apestas —Respondió Jason, con una media sonrisa— Keira.
Aunque ella trato de disimularlo, la comisura de sus labios se alzó un segundo.
Así pasaron una media hora. Jason ocasionalmente rellenaba el vaso de ella, y tras terminar su vodka, pasó a beber lo mismo.
Dentro de poco saldría el sol.


Última edición por Jason "Ace" Herondale el Sáb Dic 26, 2015 2:51 am, editado 2 veces
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Jue Dic 17, 2015 4:56 am


Todo comenzó con un lago de cristal.
Allí fue donde Tiamat surgió como un ángel, seductora y peligrosa, rodeada de llamas que traían el infierno en la tierra. El fuego se inició con John Evansglow, y doscientos trece años después, continuaba viviendo en su estirpe.
La historia se repite. Una y otra vez, el destino se esfuerza en volver al punto de inicio por mero capricho o quizás por una razón sublime del más allá. Los letrados escribieron de zonas donde las líneas de energía del mundo convergían y la propia tierra latía con más fuerza, clamando a gritos su existencia. Inconscientemente atraía a aquellos que podrían cambiar la historia aportando a los engranajes de esa maquinaria de Dios. Muchos agregaban que se trataba de un desesperado intento de la vida por volver al punto de inicio, a la calma absoluta que garantizaba el estado de no vida, a la mismísima muerte.
No era de sorprender entonces, que en ese lago cristalino, un juramento se llevara a cabo. Cinco personas se encontraban en su centro, las capuchas rojas flameaban burlándose de la ventisca que amenazaba con cubrir sus cuerpos. Tres de ellas, erguidas en una fila perfecta, observaban como jueces a aquellos arrodillados frente a ellos. Facciones solemnes y a la vez severas, tan gélidas como el invierno mismo que los rodeaba. Frente a ellos, esas dos figuras se aferraban a sus espadas clavadas en el suelo. No agachaban la cabeza con arrepentimiento por sus actos, sus rostros estaban alzados y orgullosos, con ojos que flameaban con la intensidad y seguridad del soldado que, asumido su destino, partía hacia su muerte.  
Las tres figuras hablaron al unísono, en una sincronía perfecta hasta en el matiz de voz, profundo y neutro, como si un ser transcendental hablara por ellos.
¿Juran por el Ángel, hermanos nuestros, que blandirán sus espadas, en el alba y en el ocaso, hasta escuchar el último latido de la Diosa de la Destrucción?
Sí, juro.
¿Juran por el Ángel, hermanos nuestros, que cederán placeres y deseos, hasta escuchar las últimas palabras de la Diosa de la Destrucción?
Sí, juro.
—  ¿Juran por el Ángel, hermanos nuestros, que derramarán su sangre y la de otros, amados y odiados, hasta escuchar el último aliento de la Diosa de la Destrucción?
—  Sí, juro.
Tiñan de sangre su espada, hermanos nuestros, testigo y juez será de sus almas.
Y así lo hicieron, sus manos abrazaron el filo y recibieron el dolor con placer. El carmesí tiñó el brillante acero y de repente, algo en esa longeva tierra cambió. Nadie podría deducir específicamente qué, quizás el espesor del aire, o el rugido más tempestuoso de la tormenta. Pero podían percibirlo, magia arcaica, infinitamente poderosa, fluyendo en los alrededores, entrando hasta el lugar más íntimo del ser.
Las figuras se acercaron y besaron la frente de sus hermanos susurrando a sus oídos:
Audentes fortuna iuvat.
En ese lago de cristal, donde alguna vez el fuego inició, Keira juró apagarlo.



Keira se sentía desesperantemente débil.
Las escenas se mezclaban bajo sus párpados en un confuso torbellino de colores. Las voces espectrales de sus hermanos le reproducían el tétrico mensaje de Tiamat, una y otra vez, un chiste bizarro que no cesaba de repetirse. En algún momento de esa larga noche, habría recibido una contusión aunque no podía recordar cuándo específicamente. Deliraba, o Kol de verdad en algún momento se lanzó de un maldito décimo piso. Podía esperarlo del idiota de Herondale, ¿pero de Graymark? No, el frívolo Cazador de Cazadores no arriesgaría su vida de forma tan estúpida.
Lo único que sabía con certeza en ese momento es que no deseaba aferrarse a la realidad esa noche. El ardor en su garganta la distraía de su dolor y el alcohol en sus venas poco a poco la harían sentir más liviana, quitarían temporalmente ese peso que quería hundirla al más profundo abismo. Era esa clase de momentos en la vida de un cazador que, abrumado  por tanto horror, se refugiaba en el mundo de fantasía que un buen whisky le ofrecía. Al otro día (o semana) despertaría en su infierno, con una resaca espantosa y la fortaleza mental suficiente para volver a danzar con la muerte. El alcohol formaba parte del ABC de los vicios del cazador, era inevitable. La mayoría de ellos no fumaba – al poco tiempo los pulmones pasaban factura y eso implicaba una muerte segura –, incluso conocía algunos veganos que mantenían una estricta dieta lejos del colesterol y una perfecta alimentación que potenciara al máximo su estado. Pero todos ellos se atiborraban de alcohol cuando la oscuridad era demasiado para afrontar cuerdo, tan simple como eso.
Había desperdiciado su mejor – y probablemente única – oportunidad de asesinar a Tiamat. Se recorrió medio Estados Unidos, parte de Europa y ciertos países de África siguiendo una pista que sólo la llevaría a una trampa detrás de un maldito refrigerador. Había deshonrado su alma, condenado a sus hermanos y sus lágrimas fueron la evidencia de su vergüenza. La última vez que había llorado, años atrás, su padre la encontró en ese despreciable acto. A la mañana siguiente, cuando el Astro rey se alzó finalmente, cargaba con su maleta abandonando el hogar de su infancia, su lugar más amado del mundo.
Pensó en Jason, nuevo testigo de su lastimero estado y ahora acompañante silencioso de su embriaguez. El pelinegro no hablaba, sólo le servía cada vez que su vaso amenazaba con vaciarse. Por unos segundos, sintió odio infundado hacia el Herondale por haberla buscado cuando estaba segura –aún sin poder recordar con claridad– que había dicho específicamente que se marcharan sin ella. Si sólo hubiese escuchado, Jason jamás habría visto sus lágrimas, no habría sido perseguida por kilómetros por el Cazador hasta terminar en su mansión y sería ajeno a esa versión débil y patética de la joven.
Eres un entrometido, Herondale —farfulló, tomando otro sorbo. A diferencia de él, que extrañamente la llamaba por su nombre, ella lo nombraba por su apellido. Era esa clase de incoherencias que mantenía con terqueza, Jason era meramente un colega de trabajo y la frialdad que lo garantizaba debía hacerse presente en su lenguaje. Por supuesto, eso no se aplicaba a las acciones, por lo que asentarse en la casa de un cuasi desconocido y robar de su alcohol era perfectamente válido—. No debías haberme buscado, tampoco haber observado lo que viste y ahora te regodeas con mi debilidad —tomó otra copa llena, sólo el alcohol y la desesperación podrían haber hecho que reconociera públicamente su fragilidad—. Sé que me odias, Herondale. No te culpo, la verdad. Pero eres un maldito morboso.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Sáb Dic 19, 2015 1:19 am

Jason sirvió una medida doble, y el calor reavivo su cuerpo.
Los dolores empezaban a menguar mejor que ante cualquier analgésico.
Tiamat no está disponible ahora, deje su mensaje después del tono —Le dijo, volviendo a servirle— Sabes, solamente dejo que una chica beba tanto para acelerar el juego previo, o para que no recuerde nada de lo ocurrido.
Dejando reposar la botella a su lado, volvió a retomar su vaso.
En tu caso será lo segundo, o ambas, dependiendo de Eros —Llevó el vaso a sus labios y dio un trago profundo, tras hacer una mueca, buscó sus ojos— Cuando era un niño, mi madre fue asesinada por un licantropo. Fue..., brutal, apenas nos quedó algo que enterrar. Devoró su corazón y sus entrañas..., a juzgar por la saña con la que atacó, nos dijeron que seguramente estaba consciente de sus actos. Quedo irreconocible, y durante meses, no encontramos al culpable.
Jason llevó su mano a su cinturón, y desenfundó su arma. La hizo girar hasta las manos de Keira, en un movimiento no propio de un borracho.
Esta solía ser su pistola —Dijo en voz baja, con la mirada perdida en el arma— Y esa es ella, en la empuñadura.
Keira bajó la mirada al retrato incrustado en el arma. No lo había notado cuando tomó el arma de Jason, pero era un perfecto retrato de una mujer. Llevaba el cabello castaño recogido en un elegante peinado de estilo victoriano. Distaba mucho de parecerse a Jason, con sus rasgos finos y delicados haciendo un contraste con las facciones angulares del muchacho. A excepción de sus ojos. Ese azul profundo y tormentoso, como el de las nubes arremolinándose sobre un navío en el océano, poseían el color peculiar propio del joven.
Pasé la mayor parte de mi entrenamiento concentrándome en encontrar al maldito. Hasta consideré especializarme en licantropos, y hacer aquella la meta de mi misión. Entonces, lo encontraron... —Jason dejó el vaso, aun medio lleno, sobre la barra— Aun no tenía edad para meterme en interrogatorios, pero sin embargo, un templario mandó a un Lightwood a llevarme..., y me recibió en la puerta. "Ya le hemos sacado toda la información que necesitabamos", me dijo, colocando un cuchillo de plata en mis manos, "Este es tu derecho, no el nuestro", esas fueron sus palabras. Y entonces, abrió la puerta...
Jason llevó la palma de la mano a sus cabellos, aplastándolos contra su rostro, con una mueca en su rostro. De solo recordarlo, sintió que sus ojos ardían. Tomó un respiro y otro trago de bourbon antes de continuar.
Le dije al bastardo, "Yo soy Jason Herondale, hijo de la mujer que mataste..., y haré que me ruegues que yo te mate a ti" —Hizo una pausa, parpadeando muchas veces.
Afuera, otro relámpago iluminó la habitación, luego otro, y otro más. La tormenta había tomado impulso, y se agitaba iracunda sobre la tierra.
El bastardo jamás confesó lo que hizo... hasta el último minuto, dijo que era inocente. Fue un Evansglow quien lo capturó, y murió a causa de las heridas sufridas en batalla. Pero murió con una sonrisa en el rostro, porque había cumplido con su misión —Exclamó Jason, dando un suspiro. Luego, sus ojos se enfocaron en los de Keira— Nunca supe quien era, y tú eres la primera de tu familia que he conocido frente a frente... Ahora entiendo como pudo atraparlo.
Jason tomó la mano de Keira, con un agarre suave y firme. No era el tipo de contacto de quien busca reconfortar tras una pérdida, sino el de quien quiere que lo escuchen con atención.
Su poder va más allá de esa maldición que portan. Siempre logran lo que quieren porque no descansan hasta conseguirlo. Sin importar cuantos enemigos estén frente a ustedes, sin importar cuántos obstáculos se les presenten, siempre consiguen lo que quieren. Por eso sé que lo que pasó esta noche está muy lejos de ser tu último golpe. Te volverás más fuerte, más tenaz. Aunque Tiamat haya ganado hoy, ha alimentado el odio de su asesina. Y sé bien que ella también lo sabe, y te teme, Keira —Llevó su mano a su cinturón, y dejó reposar la Daga de los Herondale entre ambos— Porque llegado el momento, clavarás esta hoja en su corazón.
La Daga, con una hoja de quince centímetros, resplandeciendo con un brillo innatural y fuera de este mundo, parecía inquieta. Reclamaba un poseedor, reclamaba ser usada y hacer correr sangre. Parecía tener consciencia propia, y excitarse con las palabras que escuchaba.
Jason soltó a Keira, y volvió a tomar sus armas, devolviéndolas a sus respectivas fundas.
Pero eso no ocurrirá si sigues aquí lametandote por ti misma, esperando que por la mañana aparezca el cadáver de Tiamat a tu lado —Dio un trago a su whisky y luego guardó la botella. Cruzó los brazos frente a la barra, y sonrió— Jamás le dejaría a alguien tan patético usar mi daga.
Keira guardó silencio un momento, abriendo sus labios un par de veces antes de hablar.
¿Que le hiciste al licantropo que mató a tu madre? —Preguntó sin saber bien por qué.
Jason, aun sonriendo, dijo con total naturalidad.
Hice que me rogase que lo matara. Y luego lo seguí torturando durante una semana más.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Miér Dic 23, 2015 6:41 am

Keira negó con la cabeza al instante de escuchar esas palabras.
Esos trucos funcionan con tus modelos, Herondale. Aún me queda algo de amor propio, no estoy tan desesperada como para saltar directamente sobre tu pene.
Sabía que el pelinegro estaba equivocado en ambos sentidos, claramente no se acostarían pero tampoco olvidaría lo dicho esa noche. Sus palabras siguientes se grabarían en su memoria y sabía que las recordaría a futuro, cuando la oscuridad cubriera de nuevo su camino.
La vida del Cazador era extenuante, injusta y cruel. La muerte estaba presente en el día a día, la lucha por una causa mayor impulsa los cuerpos exhaustos guiándolos, en ciertos casos, a fines despiadados. La madre de Jason no era la excepción.
Las palabras de Jason sonaron crudas y desesperanzadoras, como cualquier herida que los años jamás lograría sanar por completo. El grabado en su pistola, a los ojos de la joven, parecía un recordatorio de ello. La hermosa foto de la persona amada, el recuerdo del  niño pequeño arrebatado de forma devastadora de su madre, de un simple párvulo que a su tierna edad de diez años experimentó el sabor amargo de la parca y su infancia se desvaneció con esa primer ansia de sangre.  Keira conocía bien esa sensación, la desenfrenada locura de la venganza, el placer prohibido del asesinato consumado con crueldad y sonrió levemente al escuchar la respuesta del Cazador.
Pero lo que más impactó en ella, no fue la desgracia en la vida del joven, tan natural en ese mundo que borró toda compasión, sino la admiración con la que el Herondale hablaba de los suyos. Los Evansglow eran temidos y respetados, pero lejos estaban de ser admirados. Sus métodos poco ortodoxos, su devoción a la caza y su seriedad los convertía a ojos ajenos en meras armas. Y allí estaba Jason Herondale, inspirándole con su sinceridad y emoción la valía que aviva la débil llama e iluminando el sendero que antes parecía nebuloso.
La daga entre ellos parecía tener vida propia y Keira no dudaba de ello, ese halo hipnotizante capturó su mirada y en el instante en que Jason soltó sus manos, rápidamente habían ido a parar al arma. La daga ardió y quemó su carne y en ese dolor encontró ese placer que una férrea lucha le aseguraba. Porque al final del día, a pesar de los horrores y los cuerpos martirizados, el verdadero Cazador elegía su vida una y otra vez. Milésima de segundos le llevaron soltar el arma y ver cómo Jason la recuperaba, rodando los ojos ante su insulto.
Largo y penoso es el camino que desde el infierno conduce a la luz, ¿verdad, Herondale? —Keira terminó su vaso de un trago y miró al Cazador con los ojos brillantes casi febriles, producto de la efervescencia de ese discurso y el alcohol—.Mi hermano menor me leía antes de ir a dormir, es especial, ¿sabes? Y no lo digo porque tengamos la misma sangre, el niño es simplemente inteligente, brillante. Mal para él, nació en una familia en los que te regalan armas antes que libros, ¿de qué sirve a la caza citar a la perfección el quinto acto de Otelo? Eso de ser una biblioteca andante encaja perfecto con los Graymark, no con nosotros—de un salto subió a la barra y caminó sobre ella, observando los múltiples licores que exhibía, en búsqueda de cuál sería el que tome a continuación—. Y mi hermana, por el Ángel, mi hermana es un completo desastre. Femenina, sensible, demasiado humanitaria para este trabajo. Todas sus cacerías las hizo en grupos donde ella se mantenía al margen. ¡Lloró cuando descubrió que su novio la engañaba! Tiene veintidós años, está casada con un Lightwood y a punto de tener un hijo. Lo único que desea es una asquerosa y segura vida mundana para ella y el crío. —las palabras fluían con facilidad en ese río de  whisky, el tono indignado y rápido de su voz, las mejillas ruborizadas por el alcohol, su andar de un lado a otro por la barra, parecía una niña en medio de un descargo—. Tengo una vaga idea de tu situación, Herondale. Y creo que entiendes perfectamente el peso del apellido y el dolor de no encajar en los estándares familiares. Ahora dime, ¿qué ocurre si a un soldado que no tiene habilidad ni devoción lo envían a la guerra? Y créeme que son mediocres, he intentado mejorarlos reforzando el entrenamiento y no hay caso.
La Cazadora le tomó de la mano en pleno andar y tiró de él hasta subirlo a la barra frente a ella. La altura entre ambos era notoria y la joven parecía patéticamente pequeña a su lado, a pesar de tener la misma edad. Keira observó esa mezcla de gris azulado en una nebulosa tormentosa que formaba el iris tan peculiar del pelinegro. En todo ese largo día, era la primera vez que la muchacha apreciaba detenidamente el rostro de su compañero y se percataba del atractivo del joven: encarnaba a la perfección la belleza misma de la tempestad. Podía imaginarse perfectamente a Rembrandt inspirándose en el Cazador a la hora de pintar La tormenta en el mar de Galilea.
Van a morir, Herondale. El apellido y la marca te cargan con un destino y es imposible escapar, si te niegas se considera alta traición al Círculo y estarán tanto los Graymark como los Evansglow buscándote para juzgarte. Es entendible, Tiamat nos convirtió en armas vitales para la guerra, el número de monstruos aumenta y no pueden dejarnos ir. ¿Por qué querría sino a Tiamat muerta? No tengo problema en aceptar mi muerte prematura para tener la marca, pero la vida de mis hermanos es la que está en juego y el panorama ahí cambia. Así que, Herondale, he desperdiciado el mejor momento que tenía para asesinar a Tiamat, puede que haya condenado definitivamente a mis hermanos, pero tu daga es otra posibilidad y… —sonrió con confianza— … voy a patearte el culo las veces que sea necesario con tal de tenerla.  Conseguiré esa daga sin importar lo que tenga que hacer.
Un trueno retumbó en la habitación, siendo el inicio de la devastadora tormenta que se desató fuera. La Cazadora apreció el sonido de la lluvia unos segundos, dándose cuenta que no aportaba más a su embriaguez que acelerar el dolor de cabeza. Sabía que estaba considerablemente alcoholizada (¡Y vaya que lo estaba, hablando tan abiertamente de sus hermanos con Herondale!) y que despertaría con una resaca horrible al mediodía.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Vie Dic 25, 2015 5:55 am

Jason siguió con la mirada las piernas de Keira, con cierto miedo a que patease alguna bebida que costase el salario de un oficinista promedio.
A pesar de no ser muy alta, desde esa perspectiva la blanquecina piel de los muslos de Keira, los delicados y femeninos tobillos, e inclusive las rodillas marcadas por cicatrices pálidas, testigos de innumerables caídas; todo contribuía a hacerla ver una especie de bizarra Miss Universal, caminando ebria por su pasarela personal mientras mandaba al diablo a medio mundo, y le decía que se jodiese a la otra mitad.
Jason no necesitaba ser un genio para darse cuenta de que era una borracha colérica. Presentía que si no dejaba de beber en ese instante, terminaría por empezar a disparar contra las paredes y rebanar los muebles con sus manos desnudas. Inclusive la visión de ella corriendo a su alcoba para buscar esa espada centenaria no parecía muy lejos de la realidad.
"Principiante", penso Jason, dando otro sorbo al whisky. En contraste con ella, el límite del Cazador estaba aun muy lejos.
Sin embargo, si Keira no se dormía o perdía esa energía pronto, tendría que reponer mucho más que un par de licores a la mañana siguiente.
Te vas a cae... ¡Hey! —La mitad del vaso se derramó sobre la barra.
Keira había tirado de él, con una fuerza asombrosa, considerando que el esfuerzo había sido mínimo y Jason pesaba al menos unos veinte kilos más que ella.
Estando cara a cara con la Cazadora, Jason pudo comprobar que en efecto, estaba ebria. El rubor delatador en sus mejillas y el resplandor acuoso en sus ojos hacía una combinación interesante con el magenta de sus cabellos, despeinados y aun humedos, alrededor de su rostro. De pronto, recordó que no vestía más que ropa interior debajo de su chaqueta, para su pesar.
Jason sintió que un calor diferente al dado por el alcohol subía a su cabeza. Aun en su peor estado, Keira tenia una belleza peculiar y feroz, como el de un fuego artificial en medio del paisaje nocturno; indomable, imparable y efímero.
Abrió sus labios un momento sin decir nada, apenas al tanto de la amenaza de la muchacha. Luego, suspiró sonoramente, y sonrió como sólo él podía hacerlo, acercando el rostro a ella.
Llegado el momento, veremos quien le patea el culo a quien —Respondió, observándola en silencio un segundo que pareció interminable.
El choque contra el vidrio resonó, mientras Jason pateaba una botella de vodka con su talón. Esta comenzó a dar vueltas en el aire a gran velocidad, como la hélice de un helicóptero.
Jason desapareció con un suspiro, y aterrizó en el suelo.
Eres más floja de lo que pensé, Keira —Dijo alzando la mano para atrapar la botella— Al parecer tu tamaño está comenzando a jugarte en contra.
Destapó el vodka, y dio un trago largo, haciendo una mueca de ardor y diversión. Las espaldas anchas y con líneas blanquecinas dejadas atrás por dagas y puñales quedo frente a Keira, mientras se volteaba hacia el kit de primeros auxilios. Lo destapó y extrajo una venda y una tijera.
Que lástima, ya estaba terminando la hora de los lamentos y pensaba brindar a tu salud—Dijo Jason dando otro sorbo.
Keira lo miró desde su lugar, preguntándose si era idiota o simplemente la contusión le había afectado más de lo esperado.
¿Que hay para festejar, aparte de tu embolia cerebral? —Preguntó, sentándose sobre la barra.
Desde esa perspectiva parecía aun más joven de lo que era, con sus piernas colgando como de un columpio, agitándose mientras tomaban color producto al ferviente alcohol. Ella destapó sin mucho cuidado una botella al azar y dio un trago. Por la expresión de sus ojos, Jason adivino que debía ser una bebida fuerte.
Él llevó su mano a su bolsillo. Había un corte transversal sobre sus abdominales que ya empezaba a cicatrizar. Sin embargo, el alcohol retrasaría los efectos curativos de su organismo. El torso desnudo del pelinegro distaba mucho de ser atractivo; lleno de raspones, moretones y heridas sangrantes.
¿Recuerdas esto? —Dijo, alzando un trozo de tela. Lo arrojó a Keira, que lo atrapó con ambas manos, como el racimo de bodas de un novia.
Lo extendió frente a ella, y vio el símbolo del hechizo prisión que la había retenido. Por un momento, la ira volvió a subirle a la cabeza. Vio sus nudillos aun con cristales y la piel despellejada entre sangre coagulada. Casi escuchó la risa de Tiamat en sus oídos, mientras apretaba el paño entre sus manos.
¿Pretendes burlarte de mí, Herondale? Porque te advierto que no es un buen momento.
Jason respondió con una leve risa, llevando la botella a sus labios de nuevo. Unos hilos de vodka cayeron a los costados de sus labios.
Keira lo observó con desprecio, mientras él tomaba el control remoto del equipo de audio, y lo sintonizaba en una radio.




Seguido a eso, hizo girar el control en el aire y lo arrojó a Keira. Casi de la misma forma que con el paño, lo atrapó en ambas manos, con el ceño rosáceo fruncido en entre sus cejos.
Jason siguió riendo, hasta que notó que, probablemente, no faltaba mucho para que la Cazadora le pusiera una bala en la frente. Entonces cesó el acto, y simplemente sonrió.
Ese hechizo es de prisión. Propio de la magia natural. Sin embargo, en este caso, fue hecho para ayudar a Tiamat escapar. Por lo tanto, debió ser hecho por un brujo demoníaco que aun no había definido su afinidad al infierno. Por eso, debió usar elementos naturales —Mencionó sentándose en el sofá, mientras extendía el vendaje por su brazo— Uno muy poderoso, que usó el área gris entre una magia y la otra para actuar.
Ajá, ¿y cómo nos ayuda eso a nosotros, maestro Joda? —Dijo con tono despreciativo.
Jason soltó una vez más una carcajada, dando otra sorbida al vodka. Ya estaba a menos de la mitad, y no mostraba signos de afectarle.
Estamos en el juego del alcohol, rayito de ocaso. Si me vences, te cuento —Dijo con expresión graciosa, arriesgándose a recibir plomo entre ceja y ceja.
Sin embargo, Keira sólo lo observó con la misma expresión. Sus piernas, ansiosas y rebeldes, se movían en el aire en un gesto involuntario. Tras un momento, tomó un largo sorbo que intensifico el rubor en sus mejillas y lo miró sin mediar palabras.
Ese hechizo requirió el uso de sangre humana para mantenerlo activado. Un humano que estuviese vivo, al menos, a cien metros de distancia. Sin embargo, cuando yo entré, el hechizo ya no funcionaba. Fue por eso por lo que pudimos salir sin que otro destruyese la insignia —Empinó la botella sobre sus labios, y el ardor del liquido cayó sobre su garganta como agua. Keira se preguntó como podía beber tanto y mantenerse tan lúcido— Esa es la clave del asunto.
Keira, inclinando su cabeza a un lado, estaba muy lejos de entenderlo.
¿Y? Tiamat usó a uno de los humanos en la discoteca para que actuase de señuelo, gran cosa. Nos la hizo bien, y yo caí como idiota en la trampa. ¿Cuál es tu punto, Herondale?
Jason, aun sonriendo y con el pecho cubriéndose de un leve calor, producto del alcohol en sangre, hizo un ademán a la botella.
Tras unos segundos, Keira suspiró, y dio otro sorbo largo. Ya no le parecía tan liviano, y le quemaba la garganta con cada gota. Al terminar, dio un suspiro cálido y tuvo que tomarse de la barra para no caer.
El Cazador, complacido, continuó.
Ahí es dónde comienza el asunto. Ese hechizo es de magia natural. Por lo tanto, la sangre usada no debe ser sólo de una persona que "la haya vertido por voluntad propia", sino de alguien que deseé atrapar a alguien dentro. Ahora, ¿por qué funcionó contigo, y no conmigo? Piensa un poco —Mencionó Jason, guiñando un ojo. En pago por la respuesta, también dio un trago largo.
Jason no mostraba signos de embriaguez. Seguía poseyendo esa mirada arrogante, esa sonrisa prepotente, y esa postura firme y sólida Los músculos de su abdomen, sus pecho y sus brazos eran las únicas muestras de cambio, cubriéndose del más fino sudor. Un poco de aire acondicionado arreglaría eso, pero por ahora, Jason quería jugar.
Keira, negándose a aceptar la derrota, dio un sorbo a su bebida, y tras una mueca, se quedó observando el suelo. Pasaron varios segundos, donde sintió la cabeza dar vueltas. ¿Era Jason el inteligente y molesto? ¿Era Kol el que pateado la cabeza de un vampiro? ¿O era un licántropo? ¿O un hada?
De repente, imponiéndose a todo eso, la idea la golpeó.
Porque quien hizo el hechizo sólo pensaba en mí —Exclamó, casi sin darse cuenta. No veía sus ojos dilatarse, ni su rostro cubierto de rubor— Pensaba que llegaría sola..., que no tendría respaldo...
Keira, como dándose cuenta de que tenía en las manos, tomó el paño y lo llevó frente a sus ojos.
Y no era cualquier humano,... esta... esta..., es... —Decía, en palabras entrecortadas.
La sangre del Demonio Mayor de la Destrucción, Tiamat —Completó Jason—. No es icor demoníaco, sino la sangre que tenía minutos después de ocupar su nuevo cuerpo.
Keira, por un momento, se mostró sorprendida. Jamás se le había ocurrido que el símbolo estaba trazado en sangre. Ni mucho menos tomar una muestra. Ni hablar de hacer la cadena de racionamiento de Jason.
Admirada por unos segundos, comprendió de repente, porque los Herondale eran los líderes. Los inteligentes, los valientes. Sabía que Jason jamás sería tan fuerte como un Evansglow, ni tan preparado como un Graymark. Pero había algo en él que parecía lograr una armonía entre todo. Algo...
Sin embargo, la idea pronto se difuminó de su cerebro. Era sólo un idiota con suerte de haberse hecho papilla al lanzarse del piso diez. Un tonto que pensaba hacerla beber hasta que perdiese la conciencia, y acostarse con ella para contarle a sus amigos. Un descerebrado más.
Gran cosa, ¿que piensas hacer con la sangre de Tiamat, Herondale? ¿Rastrearla? —Rió sin ganas, empinando la botella. Sólo había bebido tres cuartos, pero estaba al borde de perder los sentidos— Esta protegida por un millón de brujos, pedazo de estúpido. No tienes ni idea de lo que hablas. Eres mucho más imbécil de lo que pensaba.
Soltó un suspiro después de eso, con un aliento cálido y apestoso.
Pero al alzar la vista, la mirada de Jason no había cambiado. Le hizo un gesto con el dedo índice, para que esperase un segundo, mientras terminaba de vaciar la botella de vodka, y la arrojaba, vacía, a un lado.
Me crié junto a Kol. Conozco todos los métodos de rastreo, los he copiado y complementado con mis propias técnicas —Dijo sin inmutarse, cruzándose de brazos— Sospecho que ni él lo sabe, pero soy tan buen rastreador como cualquier Graymark. Así que dime, Keira, ¿qué pensarías si te digo que no quiero encontrar a Tiamat directamente, pero que sin embargo, puedo encontrarla?
Ella lo miró, alzando una ceja (a Jason le sorprendió, pues nunca lo había podido hacer él mismo) y ni siquiera respondió. Sin embargo, sintiendo una ansía primitiva a no perder, vació también la botella, y la dejó caer. Por un momento, sintió arcadas mientras la boca del estómago le hervía. Pero no lo admitiría. No ante alguien como ese estúpdio Herondale (¿acaso no se había tirado bajo un tren o algo así? Ya no lo recordaba, pero había sido algo estúpido, de seguro)
Jason se sentó sobre el bordel sofá, y la miró directamente.
Tiamat se ha protegido como demonio. Pero no para su contenedor, que es el que ha usado para dejar ese signo de sangre. A pesar de que fuese por unas pocas horas, esa persona existió. Una humana, que ahora ya no  se encuentra en el plano espiritual, pero cuyo cuerpo sigue intacto —Dijo con voz altanera y soberbia— Ese cuerpo aun sigue al alcance, existe. Y por lo tanto, puede ser rastreado mediante su sangre. Es el contenedor de Tiamat.
Por unos minutos, Keira lo miró sin comprender, a medida que su cerebro lo procesaba, lo entendía, lo rechazaba y volvía a reciclar. ¿Seguir una pista? ¿Qué clase de idiotez era esa? Lo mejor que podía hacer era buscar un designio en Pandemonium y rastrear a Tiamat directamente. Así había sido siempre, ¿no? Siempre siguiendo las migajas que le dejaban...., siempre esclava...
Es hora de que dejes de jugar el juego de tu enemigo, Keira —Mencionó Jason, acercándose de a ella. Apenas lo veía como un fantásma, un ente lejano e irreal. ¿Era Jason el calculador y aburrido? ¿Era Kol el loco y tarado que se había arrojado del Time Square?
Escucha, Keira. En el póquer, las jugadas más altas son la escalera del caballero al rey de picas. Y la variedad más dura es de cinco cartas. Cuatro están en tu mano, y una boca abajo sobre la mesa. En la primera mano, tu primera cacería, la apuesta era baja. Sin embargo, tras una docena de pistas, esta sube. Y estas apostando tu propia vida, jugando su juego, con sus cartas y su casino, eres tú la que tiene las de perder. Esa es la investigación que has llevado hasta ahora. Tiamat tiene sus hombres, sus territorios, sus armas y sus estrategias. Y tú has estado sola, con una carta en tu mano. Sin embargo, has movido la baraja al intentar robarme mi Daga —Se acercó rápidamente hasta ella— El Temple esta noche ha sido tu diez de picas, respondiendo al no tener opción por el escándalo que hemos ocasionado. Kol y su planificación han sido tu caballero de picas. Tu incesante persecución te ha vestido con el manto de la reina. Y yo, mis capacidades de rastreo y mi previsión, me han dado la espada del rey negro. Sin embargo, esas cuatro cartas no sirven de nada sin el as de espada —Deteniéndose a un palmo de ella, la miró con la tormenta en sus ojos comenzando a fluir— Esta escalera no vale nada sin esa carta boca abajo. Tiamat lo sabe, y conoce que carta es. Por eso se ha ido tan tranquila esta noche, pensando que seguíamos jugando en su mesa. Pero sin embargo, quizás logramos barajar la mano sin que ella se haya dado cuenta, y logramos cambiar el juego.
Jason tomó el pañuelo, y lo tendió sobre la mesa.
Este, Keira, es nuestro as de espada. Nos saltaremos las jugadas. El caballo ya no se moverá en forma de ele. Las damas ahora irán en vertical. Cobrarás quinientos al caer en la cárcel del Monopoly. Hemos roto sus reglas de juego y creado el nuestro propio —Jason de mostraba emocionado, intenso. Su voz tornaba el color que había tenido en el tren subterráneo, en el club Pandemonium. Era poderosa, fuerte, intimidante— Porque no rastrearemos a Tiamat, como ella quiere, sino a la humana que poseyó. Y como ella está aun en su cuerpo, no logrará librarse del hechizo. Porque no previó que esto pasaría, no protegió a esa muchacha de hechizo, y la dejó indefensa.
Jason sonrió sin mostrar los dientes, lleno de una energía implacable, indomable.
Keira, esta noche, has ganado la mano frente a Tiamat. Y ahora es ella la que debe contar fichas.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Sáb Dic 26, 2015 1:15 am

Contrario a lo que podría pensarse, Keira no era una mujer con suerte.  
En los primeros años en el que se embarcó en ese descontrolado navío sin rumbo, la emoción e ingenuidad envolvían su ser. Una llama imparable, nada ni nadie podrían diluir la intensidad y pasión que embargaba su alma maldita. Buscaba de un lado a otro, cuán galgo de caza, adentrándose a los recovecos más desagradables de este mundo. Sangre por doquier, muerte y horror, los ojos de la joven se acoplaron a cada terrible escenario y esas imágenes la perseguirían meses después en lúcidos sueños. Ese fuego estaba preparado para prácticamente todo, alzando aún esa antorcha con esperanza, buscando aquel golpe de suerte como un oasis en el desierto. Cualquier pista, el más mínimo indicio que le acercase a Tiamat, sin importar el peligro u horror que este acarrease. Nada de ello sucedió.
La llama cedió, paulatinamente desfallecía y ese resplandor ámbar que antes parecía indomable se convirtió luego en una pequeña mota de luz, sutil, ínfimo. La emoción dio paso a la realización y la desesperanza se esparcía como espesa niebla en su camino. Recordaba cuando cortaba leña con su padre, un invierno especialmente  gélido en Glasgow en el que la nieve le llegaba hasta la cintura: se había quejado de la situación porque veía que otros niños no salían a afrontar tal inhóspito clima. El enorme cuerpo de Amos se giró hacia ella, con el pesada hacha apoyada en su hombro y le recitó serenamente “el hombre desesperado, cuando se encuentra en el fondo del abismo, no revisa si la soga que le lanzaron del exterior tiene partes roídas, simplemente escala por ella negándose a caer”. En ese momento no lo había entendido y lo tomó como otra de las enseñanzas inoportunas de su padre, una que resurgió del olvido cuando Tiamat le dejó la primera pista para participar en ese macabro juego. La cazadora aceptó tomar la soga, rehusándose a caer y eso continuó haciendo hasta esa noche en Pandemónium.  
Y allí estaba Jason, la encarnación de la pasión misma y sus palabras parecían como un hechizo que embravecía su espíritu, que avivaban esa llama que luchaba ahora para brillar con la intensidad de mil soles. Una parte de sí se negaba a creer que finalmente ese golpe de suerte hubiese llegado, pero el pañuelo ensangrentado era una prueba, tangible y real, de que tenía entre manos su as de espada. Aún con el alcohol ralentizando sus reacciones, había analizado la situación buscando una falla, esforzándose en no cautivarse al instante por la intensa voz de Jason pero no había nada que criticar: cada frase del muchacho relucía en su coherencia y, sobre todo, en su posibilidad de concretarse.
La tenía, al fin la tenía.
Jason Herondale estaba preparado para cualquier tipo de reacción que podría adjudicarle a la cazadora de cabellos rosados,  desde un insulto acompañado de una serie de contras y algún que otro puñetazo hasta una aceptación que implicaba en la joven tomando el pañuelo y robándole su coche dispuesta en buscar en ese mismo momento a Tiamat. Por supuesto, la posibilidad de un balazo en la frente estaba presente en todo minuto. Pero lo que sucedió fue algo que no esperaba en lo absoluto.
Un grito de alegría. Agudo, estridente, lleno de vida y emoción; más propio de una adolescente en preparatoria que de una joven repleta de cicatrices. Si no hubiese estado frente a ella, jamás habría pensado que tal sonido podía provenir de la escocesa. Keira bajó de la barra de un salto, tropezándose con un banco en plena caída y aferrándose al antebrazo del pelinegro para no darse la cara contra el suelo. Se incorporó de puntillas apenas llegando a los hombros de su compañero y observó sus ojos con una amplia sonrisa que parecía ajena en ella, como si los músculos de su rostro no estuvieran acostumbrados a tales expresiones. Abrazó su cuello y lo atrajo hacia sí, acortando la distancia entre ambos para llegar finalmente a sus labios. Podía sentir la suavidad de los mismos y el sabor del vodka que había bebido segundos antes. Fue un beso efímero, una fracción de esa efervescencia que la muchacha desprendía. Cuando se separaron, sonreía y sus ojos escarlatas parecían reflejar las lenguas de fuego exaltadas, en contraposición al tempestuoso mar de los ocelos del cazador.
¡Eres un maldito genio, Herondale!
Le dio la espalda, tomó el pañuelo con rapidez y avanzó hacia la puerta, dispuesta en ese momento a retomar con la búsqueda. Las molestas pulsaciones en su cabeza por el alcohol pasaron a un segundo plano, sus músculos extenuados gimieron con cada movimiento y debía ladear la cabeza para tratar de estabilizar el cuerpo. Pero nada de eso importaba, la adrenalina parecía desprenderse de ella, actuando como una útil anestesia. Jason le tomó la muñeca y se deshizo de él un fuerte tirón, el cazador la subestimaba en su estad; aún alcoholizada no se podía desprender de años de entrenamiento exhaustivo.
¿Apártate, Herondale. Tengo que irme, conozco un brujo de confianza en Las Vegas que puede ayudarme a rastrear a Tiamat. Serán aproximadamente 9 horas de viaje desde tu casa si voy por la interestatal 5 sur —trató de observar la hora de un reloj colgado en la pared y desistió—. Si me apresuro y no hay tráfico podría llegar al mediodía.
Keira, en tu estado terminarás en una zanja al mediodía.
La cazadora no le respondió, simplemente continuó,  resbalándose con la alfombra y cayendo. El pelinegro se abalanzó sobre ella para atraparla y la muchacha gritó, tratando de desasirse de su agarre. Estaba de espalda al suelo, con Jason frente a ella y observándola con una intensidad tal que le indicaba que no la dejaría escaparse de su mansión por las buenas. Una escena que a ojos ajenos podría malinterpretarse con una facilidad asombrosa y respondía a esa tendencia del ser humano de pensar primero lo peor. Keira rió, extasiada por esa mezcla explosiva de alcohol, adrenalina y emociones.
¿Piensas que vas a asustarme con esa mirada? ¡Por favor, no seas idiota!
Le dio un cabezazo directamente en la frente. El sonido hueco del golpe resonó en sus oídos y por instinto el muchacho aflojó su agarre, una milésima de segundos vital para librar una mano e impactarla directo en su esternón con la intensidad necesaria para cortarle la respiración. Keira obviamente no pensaba con claridad, de lo contrario, no habría salido corriendo de allí por los largos pasillos de la mansión Herondale, sino que en sobriedad hubiese disparado a Jason en una pierna para evitar que la persiguiera. Pero en ese estado de embriaguez, había olvidado el par de Walthers en el bolsillo de la chaqueta de Jason y sus acciones fluctuaban entre rápidos reflejos y pérdida de coordinación.
Y continuó corriendo, con la alegría efusiva de una niña en Navidad pero con la determinación rayana que caracterizaba su larga y empinada travesía.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Sáb Dic 26, 2015 2:48 am

Tal vez no había sido tan buena idea tomar ese pañuelo.
Jason tuvo ese fugaz pensamiento, esa parte coherente de su mente reprochándole cada vez que hacía algo impulsivo. Tal vez no fue tan buena arrojarse de ese edificio, tal vez no fue tan buena idea ir contra treinta demonios con sólo una daga, tal vez no fue una buena idea decirle a la persona más egoísta del mundo que podía ayudarla.
Por esa fracción de segundo, al sentir las muñecas de la pelirrosa juntarse detrás de su cuello, esperaba un rodillazo en el estómago, una llave de jiu-jitsu o un derribo al suelo.
¡Kei...! —La palabra de sorpresa y cierto temor, fue silenciada.
Le tomó varios segundos más darse cuenta de lo que había sucedido. Sin embargo, su cuerpo parecía haberse olvidado de reaccionar. Ella era hermosa como una valquiria alada luchando codo a codo con sus hermanas en una guerra mortal. Pero no hubo un frenesí desenfrenado de pasión, no hubo un deseo indomable.
Lo único que Jason pudo decir, fue.
No vas a ir a ningún lado en este estado —Le advirtió.
Y como si el mundo se pusiese de su lado, Keira no dejaba de tropezar, balancearse e ir de bruces al suelo. El Cazador adivinó que su cuerpo ya estaba en el límite.
Cuando intentó alzarse de nuevo, la tomó de ambas muñecas y las inmovilizó al suelo. A diferencia de ella, Jason aun conservaba una reserva de energía que el bourbon no había podido quemar.
Una vez más, imaginó a Keira, esta vez como una diosa del fuego. Sus palmas ardían al contacto con la piel de la joven. Su cuerpo liberaba calor como si se estuviese consumiendo a sí misma por dentro. No tuvo mucho tiempo para analizar si esa sensación era placentera o extraña, porque el truco más viejo de la historia le recordó que sin importar el tamaño, todas las cabezas son duras.
Hija de... —La soltó llevando sus manos a su rostro.
Luego, el golpe en su pecho. Hizo una mueca de dolor mientras sentía que sus pulmones se tomaban vacaciones y dejaban un cartel de "Vuelvo en veinte segundos. ¡Gracias!"
Tosiendo sobre el suelo, recordó lo molesto que era tratar de parar a una Evansglow. La oyó reirse mientras apretaba los dientes intentando respirar. Era realmente molesta. ¿Así se comportaba él siempre? ¿Cómo diablos Kol no lo había matado mientras dormía?
Aun así, logró sonreír. Aquella era la primera vez que veía a la muchacha reír con ganas. Y ciertamente, la prefería así.
Un calor familiar rozó sus labios mientras se levantaba.



Jason conocía la residencia mejor que nadie. Contaba con numerosos pasadizos secretos y recovecos, así como de armas ocultas. No era de extrañar que el diseño hubiese nacido de la mente de un arquitecto con mucha imaginación. Después de todo, los Herondale de América habían nacido y crecido en esa vieja casa durante cinco o seis generaciones.
En ese momento, había salido empujando un espejo a un costado, al igual que un acosador en una película de terror de viernes por la noche. Escuchó la voz risueña de Keira y sus pasos rápidos por el pasillo. Estaba yendo al garage.
Jason sacó la jeringa de su bolsillo, con una mezcla de raíz del diablo, saliva de Cómodo y algo de M99, por si la magia no funcionaba con los Evansglow.
Un anestésico diluido, que actuaría como supresor para el estallido de energía de Keira. No la dormiría, pero Jason rogaba que sí lo hiciese.
Salió al encuentro de una sorprendida Keira, y clavó la aguja dos dedos debajo de su mandíbula. Los ojos perplejos y con cierta inocencia juguetona de la muchacha se desorbitaron un segundo.
Tranquila, tranquila. Te tengo —Susurró Jason, mientras la atrapaba en el aire.
Er...s un... entro...metido... Heron... —Murmuraba la muchacha, mientras su pequeño cuerpo se despegaba del suelo.
Sí, sí. Ya me lo has dicho —Exclamó mientras caminaba rumbo a las escaleras.
Keira se durmió en sus brazos, o al menos eso le pareció. Vista desde esa perspectiva, parecía no ser más que una niña que volvía del parque; sucia de barro y con hojas en el cabello. Liberaba un aroma muy peculiar, a lluvia, alcohol, perfume, sudor y el cuero de la chaqueta.  
A Jason le sorprendió darse cuenta que le gustaba esa combinación.
Dejame sola —Reclamó, despertando de repente, golpeándole la cara con un débil y penoso puño.
Lo haré una vez que estés bajo una ducha fría —Mencionó el muchacho. Ahora que lo pensaba, él también necesitaba una.
Viró en un pasillo, con una alfombra de color rojo escarlata sobre el suelo. Puertas cerradas de diez cuartos se extendían a ambos lados. Al pasar junto a una, sintió el aroma a té verde y libros viejos que provenía de la habitación de Kol.
Pasó junto a la suya, preguntándose si conciliaría el sueño esa noche. Finalmente, tiró del pomo de la última a la izquierda, y entró a la habitación de Keira. La había estado ocupando hace apenas una semana, por lo que no había muchos cambios. Los bolsos pesados de la muchacha seguían sin desempacar a un lado de la cama. La espada centenaria Joyosa se podía ver enfundada, junto a la cabecera de la cama. Una funda desocupada colgaba a un lado de la almohada. Las sabanas estaban desordenadas como si no se las hubiese extendido en días, con una playera sin mangas hecha un ovillo en medio.
Quizá la decoración más personal que la cazadora había integrado a su nuevo hogar, sería el mapa de Estados Unidos frente a la cama, dónde había estado dispuesto un espejo y una mesita para maquillarse. Keira las había desterrado a un lado, a fin de colocar el tablero de madera.
Jason lo observó durante unos cuantos minutos. Habían hilos que iban y venían, unían fotos (quizá tomadas por ella misma) de diferentes personasa. Al lado se veían papeles amarillos con la letra agresiva y curvilínea de Keira. Anotaciones del tipo "Clan de vampiros. Utah?", "Tormentas eléctricas, ganado muerto", "Demonio Pan. Pandemonium?". El muchacho, algo impresionado por la dedicación, siguió todos los hilos hacía San Francisco.
Alzó la comisura de sus labios, sintiendo una repentina emoción.
Debo admitir que estoy decepcionado—Comentó Jason—. Esperaba ver ropa interior de encaje o algo por el estilo.
Cállate —Respondió Keira, con los ojos aun cerrados.
En algún momento, había rodeado su cuello con sus manos para intentar hacerle perder el balance y ahora simplemente colgaba de él.
Jason abrió la puerta del baño privado, y lo encontró sorprendentemente limpio. Un aroma a fragancia de pino brotaba del lugar, a pesar de que los champús al lado de la ducha eran genéricos.
Por un minuto, pensó en dejarla en la bañera, pero temió que el P-99 hubiese sido demasiado y se ahogara. Que manera más patética de morir.
Te voy a bajar. Ten cuidado de no caerte —Dijo Jason, y tras un asentimiento, la dejó con cuidado sobre el piso— Necesitare mi chaqueta, por cierto.
Keira, aun con ojos somnolientos, lo observó por encima del hombro.
Déjala en mi habitación, yo iré a tomar un... —Comiéndose sus palabras, parpadeó varias veces.
Los hombros desnudos de Keira aparecían detras del cuero, mientras el sonido de la cremallera bajando llegaba a sus oídos como un suspiro cálido. Sintió que corazón se saltaba un latido. Imaginó esa piel tersa y suave bajo sus yemas, la fragilidad de una persona tan poderosa como Keira.
Jason atrapó la chaqueta en el aire, por reflejo, y lo último que vio de la cazadora fue como desprendía el sujetador y desaparecía detrás de la ducha.
Te advierto que Presidente Miau no debe estar lejos, por si intentas algo estúpido —Exclamó, mientras la ducha se encendía.
El Cazador, sonriendo suspiró para intentar ventilar su cabeza.
Así que sí tenias encaje después de todo.
Cállate.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Sáb Dic 26, 2015 6:22 am

Jason tenía razón: necesitaba un baño. El agua fría erizó los vellos de su piel y las gotas resbalaban placenteramente por la misma. Cerró los ojos relajada, mientras su cuerpo se adaptaba a ese repentino cambio de ánimo. La adrenalina de la que tanto rebosaba se había disipado con un simple pinchazo y en ese momento su cuerpo se sentía tan pesado que solo quería yacer allí. Hacía meses que no se sentía tan relajada, capaz de reírse de absolutamente todo lo que ocurría a su alrededor, ajena al horror. Aun así, se mantuvo en silencio, haciéndose de la energía para hablar.
Poco a poco recobraba la lucidez, los pensamientos algunos un tanto confusos cobraban cada vez más lucidez, cayéndose ese velo que los cubría. Podría permanecer allí toda la noche, un cambio drástico en comparación a minutos antes, donde sólo quería salir disparada hacia Las Vegas. La imagen del pañuelo ensangrentado devino a su mente y recordó – no sin cierto pesar – que no estaba allí para hacer día de spa.
Herondale… sé que sigues aquí, no voy a morirme ahogada, no soy tan idiota y la marca no me lo permitiría. Ya vete, los voyeurs me dan asco.
Las pisadas anunciaron su soledad. Era tiempo de actuar…y su cuerpo no parecía reaccionar. Maldijo mentalmente, mientras ordenaba a cada músculo que despertara de ese letargo artificial. Paso a paso, lento pero seguro, así debía ser. Primero ducharse para tratar de espabilarse y luego mover las piernas. La mezcla del cansancio acumulado de días con un relajante se tornaba en una compuesto poderoso, y pasado unos veinte minutos, lo único que pudo lograr fue lavarse y tirar al suelo la manguera de la ducha hasta llenar la bañera. Se dejó caer en esta, había regulado el agua a temperatura tibia y tirado unas series de sales y líquidos que encontró a un costado.
Respiró relajada, con los ojos cerrados, cubierta de espuma de pies hasta el pecho, apenas sobresaliendo parte de sus hombros desnudos. Era esa clase de lujos pequeños e insignificantes que solía darse aquellos días donde finalmente no tenía nada que hacer en las siguientes horas. Llenaba la bañera de la habitación del motel en el que se hospedase en ese momento y se dejaba reposar allí unas horas, descansando los músculos extenuados. A veces acompañaba esa tranquilidad con una cerveza helada, otras simplemente se dejaba estar. Era el silencio y la paz, después de tanto ajetreo y desastre, lo que le renovaba cuando ya el cansancio se hacía intolerable.
No podía detenerse ahora pero fuerzas mayores le obligaban hacerlo y ¡por Dios, qué buenas sales tenían los Herondale! Desprendían un aroma exquisito, con ciertos matices de granada, melocotón, orquídea y un toque de madera. Dulce pero sin empalagar, lejos de los fuertes aromas cítricos que había en todo motel. Se anotó mentalmente que debía robar varias de esas sales antes de partir, cuando la droga dejara de hacer efecto y por fin pudiera valerse de la adrenalina para actuar.
Debía estar enojada con Herondale, a fin de cuentas, él la estaba retrasando. Pero la paz que embargaba su cuerpo le imposibilitaba una confrontación realmente grave y una parte de su conciencia, la voz de la razón, le susurraba que se encontraba demasiado ebria como para haber manejado por mucho tiempo. Probablemente hubiese chocado o desviado del camino y terminaría perdiendo más tiempo de lo planeado.  Otra voz, más enérgica –solo internamente - le  instaba a continuar con su misión y maldecir toda clase de inconvenientes que la distanciaban de su meta.
Cuando escuchó de nuevo los pasos, abrió la puerta de la ducha que los separaba y observó con los ojos entrecerrados al cazador. Los cabellos negros goteaban y se pegaban a su sien, refrescando en cierto modo su aspecto cansino. Aún así, lejos estaba de poder hacer desaparecer las malvas ojeras que cubrían sus ojos y el tono pálido enfermizo de la piel. Suponía que debía tener un aspecto igual de fatal o probablemente mucho peor.
¿Ves? Viva y odiándote en este momento. ¿De dónde has sacado ese truco tan horrible? ¿Ayer te viste toda una temporada de Dexter o qué? Cuando se pase el efecto, te vas a arrepentir de esto, Herondale.
Buscó instintivamente sus armas y la realidad le golpeó como una bofetada. ¡Las había entregado! ¡Así sin más! ¡¿En qué demonios estaba pensando en ese momento?! Jason, como si leyera pensamientos (¿Tenían esa habilidad innata los Herondale? ¿O era que podían comunicarse con los lobos?) le sonrió no sin cierto rastro de malicia.
¿Crees que sería tan suicida de dejar a una Evansglow enfadada y armada? —del bolsillo de su pantalón de algodón sacó sus Walther, las hizo girar ágilmente entre sus dedos y las volvió a guardar.
Sé que eres un idiota suicida, no recuerdo bien por qué, ¿te habías lanzado del Empire State?
Jason simplemente rió. Una risa despreocupada que suavizaba sus facciones angulares. Al parecer, no era la única que se relajaba con un buen baño. Llevó las manos a la frente, tratando de recordar exactamente qué había hecho para ganarse ese apodo pero su mente nebulosa se negaba a cooperar aún. Suspiró con cierto hastío mientras veía cómo el galés sacaba un kit de primeros auxilios del botiquín. Se sentó al lado de la bañera y sin siquiera preguntar tomó su mano. Por primera vez en el día, Keira se percató de sus heridas. Sus nudillos estaban despellejados, con cortes y trozos de vidrio que decoraban cuán anillos. Le quedaría marca, tan antiestética como las tantas otras de la variada colección de cicatrices que portaba con orgullo. El pelinegro, como todo cazador, no se impresionó por el estado de las heridas y prosiguió a quitar los trozos restantes de cristal, desinfectar y vendar. La muchacha lo observó en silencio, con una frase de su hermana retumbándole en el cráneo. “A nadie le gusta las chicas con cicatrices”. No podía recordar precisamente cuándo lo había dicho, si fue en una cacería de sirenas en Nepal o cuando se enfrentaron con el troll de las montañas en Irlanda, si fue por una fea herida en la rodilla de la pelirrosada o el profundo corte en el antebrazo que recibió su hermana.
El relajante baño de espuma terminó cuando Jason ajustó las nuevas vendas que cubrían sus puños en un perfecto nudo. Instantáneamente tomó la manguera de ducha que tenía un costado y le dio de lleno en el rostro, echándolo con agua como si fuese un perro.
Date vuelta, quiero salir y lo haré primero.
Con maldiciones de por medio, el cazador obedeció sabiendo que si valoraba su vida, mejor era no voltearse en ningún momento. La joven se movió con torpeza, aún influenciada bajo los efectos del  P-99, de reojo, sólo pudo ver el ondear de su toalla y las puntas de su húmeda cabellera rosácea al salir hacia su cuarto.
Esperó allí unos pocos minutos, hasta que Keira le dio la señal para salir del baño en suite. Cuando abrió la puerta, lo recibió el brillante filo de la legendaria espada; la punta rozando su garganta.  
Tienes algo que me pertenece, Herondale.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Sáb Dic 26, 2015 7:58 am

Jason no había vuelto a su habitación.
Había decidido tomar la ducha en la habitación frente a la de Keira. El P-99 había sido increíblemente inefectivo. La dosis era suficiente para hacer dormir a un perro o un lobo de gran tamaño.
(¿De dónde vino esa idea?)
Estiró su cuello bajo la ducha, dejando que el agua corriese a través de sus tensados y cansados músculos. La pileta a sus pies estaba manchada con un color marrón rojizo. Jason llevó un dedo al interior de su boca, verificando que todos sus dientes estaban en su lugar. Escupió un poco de sangre al reabrir una herida sufrida durante el encuentro con los demonios vampiros.
Pensó que aquel episodio parecía haber ocurrido hace una eternidad, a pesar de que sólo habían pasado cuatro horas desde que había decidido el ataque a Pandemonium.
Apagó la ducha y reposó la frente sobre los azulejos. Entre las nubes de vapor, observó el anillo de los Herondale...
(Preferiría morir)
...en su dedo índice izquierdo.
Esa noche había preferido morir a recurrir a eso. Sin embargo, ahora que lo pensaba...
(Preferiríamorirpreferiríamorirpreferiríamorir)
...había sido un idiota al dudarlo. El trabajo de años hecho por él y Kol se habría ido al drenaje.
Tomó una toalla blanca, y se secó el cabello rápidamente. Las heridas más profundas comenzaban a sanar por cuenta propia. Cepilló sus dientes mientras pensaba que le apetecía un bocadillo nocturno.



Jason la miró, inclinándose levemente hacia atrás. Veía la hoja balancearse sin control a un lado y al otro. Sin embargo, era una proeza que la pudiera mantener en el aire. En la sangre de esa pequeña muchacha que no llegaba al metro sesenta y tres corrían dos whiskys, un vodka ruso y diez mililitros de P-99.
El Cazador sonrió levemente.
Veo que no te pusiste ropa interior.
Keira, al bajar la mirada por reflejo, mordió la carnada. Jason tomó sus muñecas y desvió el arma a un costado con relativa facilidad. Y mientras ella intentaba forcejear en vano para recuperarla, se encontró silenciada.
Estando levemente inclinado sobre ella, logró que la espada Joyosa se detuviese en pleno aire. Ya ninguno de ellos tiraba para reclamarla. La hoja, de un lado, reflejaba el rostro de un cazador prófugo, una deshonra para su familia y su linaje. Del otro, una muchacha cansada, acostumbrada al fracaso, que no sabía cuando detenerse. Ambos rostros muy cercanos el uno del otro.
Jason mantuvo sus labios sobre los de ella durante varios segundos. El beso poseían el sabor artificial y dulce de las sales de baño, eso y la menta fresca. Ahora el contacto no ardía como antes, sino que resultaban placenteramente tibio.
El forcejeo de Joyosa se reanudó. Jason la soltó moviéndose a un lado, y la espada fue a clavarse a un centímetro de su rostro, sobre la pared.
Imbécil —Dijo Keira, fulminándolo con la mirada—. ¿Fue para eso que me drogaste?
Jason alzó la comisura de sus labios, y agachó la cabeza para pasar bajo la hoja (no se le ocurrió que podía actuar como guillotina).
Funcionó para detenerte —Se dirigió a la salida, sacando las pistolas de sus bolsillos. Las balas cayeron desparramadas al suelo como fragmentos de un jarrón roto, seguidas de las armas vacías—. Además quería saber...
Vio la sombra de Keira reflejada, y se volteó de inmediato. La mano de la muchacha se había extendido a la correa sobre su hombro, en busca de la daga. Con la mano restante, vio alzarse a Joyosa, y en un rápido movimiento, apretó su muñeca y la obligó a soltarla con un quejido de dolor.
BASTA DE UNA VEZ, ES SUFICIENTE, EVANSGLOW —Gritó en un tono alto. Sonó con la misma fuerza que un trueno cercano— TU ESTADO ES DEPLORABLE. ESTÁS CANSADA, HERIDA Y MAREADA. NO PODRÍAS NI ATRAPAR UN PEZ EN UN BARRIL. DOMÍNATE DE UNA VEZ Y AFRONTA LA REALIDAD, CAZADORA.
La observó con el ceño fruncido, soltando sus muñecas con brusquedad. Keira. Jason. Las balas desperdigadas. Joyosa inerte sobre el suelo. La daga de los Herondale brillando. Durante un largo momento, nada de eso se movió.
Luego, la expresión de Jason se aliviano. Parecía haberse convertido en alguien distinto en ese breve instante. Un tirano calculador, un líder sin escrúpulos. Un...
(Un Herondale)
...hombre cuya palabra es terminante.
Tiamat está en su estado débil. Ya no es mortal, pero debe acostumbrarse a su cuerpo. Estará fuertemente custodiada durante toda esta semana. Nuestra única oportunidad es atacarla cuando comience a movilizarse, usar la daga y acabarla. Si te vas ahora, no harás más que mostrarle tus cartas al enemigo y arruinarlo todo. Tiamat estará en un cuerpo nuevo para el anochecer —Explicó Jason, con voz calmada y monótona. ¿Cómo podía una persona cambiar tanto de un minuto al otro?— No seas tonta. Tienes siete días para reunir la energía que necesitarás para culminar la mayor misión de tu vida. Úsalo bien. Acuéstate a dormir o intenta relajarte; si no puedes, hay más somnífero británico escaleras abajo.
Y con esas palabras, desapareció en el pasillo.
Y lo de que no tienes ropa interior es cierto —Oyó decir al cazador.
Keira bajó la mirada para darse cuenta, una vez más, que la había engañado.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Dom Dic 27, 2015 1:55 am

Keira había vuelto a Pandemónium a la mañana.
Aún drogada y alcoholizada, le había costado conciliar el sueño.  El súbito arrebato de Jason le había aclarado las ideas y aceptado, no sin cierto resentimiento, que tenía razón. Estaba acostumbrada a ese estilo de comunicación, a fin de cuentas, a los Evansglow se los entrenaba como soldados desde su infancia. No le quedó otra que esperar, yaciendo en la cama, entre planes mentales y alguna que otra cabeceada, hasta que el efecto finalmente desapareció de su cuerpo.
Pandemónium estaba cerrado, lo cual era obvio. Coches de policía se arremolinaban alrededor, impidiendo el paso a la gente que buscaba una nueva anécdota para charlar a la tarde. La prensa había acampado desde la madrugada, contando emocionada el número de cadáveres que transportaban en bolsas negras a la ambulancia. A su vez, peleaban entre sí, con sus enormes cámaras, para ver quién era el primero en conseguir la primicia de lo sucedido. Los rumores  estaban a la orden del día, “FUGA DE GAS”, “MASACRE POR ADOLESCENTE CON DELIRIO RELIGIOSO” “TIROTEO EN BOLICHE POR JÓVENES VÍCTIMAS DE BULLYING”. Los Templarios no eran meramente simples raros homicidas fanáticos del cuero, contaban con una sofisticada organización con múltiples departamentos y contactos, además de que estaban financiados en su mayor medida por la Iglesia Católica y tenían comunicación directa con los gobiernos de todos los países del mundo. Cada uno de estos contaba con un Departamento Secreto de Relaciones de Fuerzas Específicas en conexión con el Departamento de Guerra, que se encargaba de las comunicaciones, leyes y acuerdos con los Cazadores, además de que garantizaba una financiación a la causa. Los presidentes, primer ministro y/o reyes, a la medianoche de su asunción eran visitados por el Lightwood de turno que fuese Ministro de Relaciones Exteriores en susodicha región  y se les informaba acerca del vasto mundo de sombras que convivía con el suyo. No es de sorprender entonces, que uno de los departamentos de mayor actividad en el Temple fuese el de Prensa e Imagen, vulgarmente llamado “el equipo de limpieza” que se encargaba de montar una historia creíble para seguir manteniendo el velo que cegaba los ojos mundanos. No eran precisamente valorados en su trabajo, más que nada por su estilo antipático hacia los cazadores de oficio, pero Keira había visto como disimulaban hasta lo más obvio y la verdadera historia terminaba solamente en las páginas web de conspiraciones.
Los boliches, tan atractivos durante la noche, a la luz diurna son de lo más deprimente. Pandemónium era un enorme galpón de ladrillo al descubierto, con dos pares de escaleras que daban  a un segundo piso – con el centro destruido cortesía de Kol– y suciedad por doquier. Aunque habían retirado todos los cadáveres, el lugar continuaba siendo un completo desorden: manchas de sangre como un decorado por los alrededores y en el suelo esparcidos como pinceladas, varios charcos de agua bordó oscuro, trozos de vidrio, cemento y  algún que otro miembro indiferenciable que no habían llegado a tirar. La zona de la barra estaba calcinada, apenas diferenciable el esqueleto de lo que antiguamente había sido un mostrador y, curiosamente, aún continuaba la heladera que hacía de conducto hacia la habitación del espejo. Algunos empleados del DPI –que lucían un aburrido uniforme azul eléctrico- charlaban con miembros de la policía y otros revisaban alrededor con planillas estimando el gasto aproximado de ese desastre. Nadie le prestaba atención y de todas formas, sólo verían a una joven del DPI que no hacía bien su trabajo. El uniforme y certificado falso del que se había hecho en Ohio le había resultado indispensable a la hora de seguirle el paso a Tiamat. Y como tantas otras veces, ahora se valía del mismo para encontrar cualquier dato útil que le acercara más a la diosa babilónica.
Crujió los dedos: la búsqueda continuaba.


Vuelve al comienzo, Keira
La muchacha maldijo por décima vez consecutiva mientras lanzaba un pesado y antiguo libro de mitología babilónica a un costado. A su alrededor, en la elegante mesa de roble, estaba desparramado todo su material de investigación sobre Tiamat. En el centro, el enorme mapa de Estados Unidos que resumía su recorrido en el nuevo continente (el recorte del diario del día sobre Pandemónium estaba ya pegado en la zona de San Francisco. Había triunfado la historia del bullying), noticias antiguas que aludían indirectamente a la actividad de Tiamat, fotografías de lugares y personas –vivas y muertas- , los típicos composition book (específicamente tres completos y un cuarto a la mitad) escritos y garabateados con información que la muchacha había recolectado sobre los sirvientes de Tiamat, criaturas  que alguna vez tuvieron contacto, ya sea por mera casualidad o pidiendo un contrato con ella, entre otros. Podía verse en una caja de botas de Jimmy Choo las fotografías que había sacado de la mansión de Dante, el demonio Pan, y dieron su pase a Pandemónium, como también collares, anillos, tarjetas, polvo de doxy y hasta lo que parecía el colmillo de un dragón. Mucha eran basura o al menos inservibles para la investigación, restos que había sacado de sus búsquedas y que le servía para vender a cambio de información a brujos o sirvientes.
A su derecha, al lado de la taza vacía de café, se encontraba la sección de libros, de distintas formas y tamaños, algunos con magníficas encuadernaciones de oro y plata, y otros con tapas tan roídas y gastadas que ni siquiera se podía distinguir su nombre; Keira no discriminaba por aspecto. En sus manos tenía ahora un manual de demonología, una de las escasas copias originales en latín de los primeros letrados. Lo hojeaba aburrida, buscando en algún momento el símbolo de Tiamat o su nombre. A un lado tenía la última pista de la demonio, los fragmentos pegados en cinta con bastante descuido, se encontraba el trozo de espejo que rezaba la frase “Vuelve al comienzo, Keira”, la única pista que había encontrado a Pandemónium. Tiamat esa vez no había esforzado en ocultarla, había revisado todo el perímetro sin hallar rastro de ningún otro mensaje o simbología que pudiese aportar a la causa.
El último de cuaderno de composición estaba abierto, sostenido por la taza de café vacía: “¿Comienzo? Primera pista de Tiamat. Bucarest, bar Anberlin. / ¿Vida de Tiamat? Fecha desconocida. Primeros indicios en Babilonia. 1200 AC”
Keira suspiró con cansancio. No tenía ni la más remota idea de qué significaba la pista que Tiamat le había dado. Por primera vez tenía una as bajo la manga y debía evitar por todos los medios que Tiamat supiese de éste. La diosa aún creía que seguía participando en su maldito juego y no pensaba darle señales de lo contrario, sólo así podría tomarla por sorpresa. Sólo así podría matarla.
Bostezó y cerró los ojos por unos segundos, la resaca que tenía era espantosa y el café no ayudaba demasiado a calmarla. Pero lo que más lo molestaba e incentivaba a su dolor de cabeza era el cazador pelinegro que se encontraba durmiendo pisos arriba. Estando sobria, sabía que estaba atada y Jason manejaba la correa: no podía irse sin la daga y él no iba a dársela tan fácilmente. No sabía precisamente qué planes ocultos tenía el galés para ayudarla, había robado de su increíble biblioteca el árbol genealógico de los Herondale tratando de encontrar algo que lo relacionara a la diosa, como también alguna noticia o cualquier mínimo indicio de relación. Nada, absolutamente  nada. ¿Qué quería el galés con Tiamat? ¿Qué ventaja iba a sacar ayudándola? Desistió de su intento, lanzando los documentos a la caja de Jimmy Choo que tenía más basura sobrenatural que archivos relevantes.
Se mordió el labio. Jason controlaba la situación y ella apenas lo conocía. ¿Podía ser de confianza? Las pocas noticias del mundo de los Cazadores que lo mencionaban aludían al asesinato de su padre en el ataque al S.S Anne y la desaparición del galés del Temple. Hacía 24 hs, a Keira poco podía importarle el problema que el muchacho tuviera con sus obligaciones, pero ahora ese hecho le inquietaba de sobremanera. ¿Con quién estaba tratando? ¿De qué lado estaba Herondale? Observó de reojo la cafetera llena, donde había pegado un post it para el muchacho por si lo veía cuando ella no estaba. Recordó las molestias y el tiempo que le llevó escribir ese simple mensaje:

“Te preparé café. También arruiné el cuero de tu sillón favorito, pero tú te lo buscaste al besarme.
Ambos sabemos cómo es la situación ahora, odio más aún escribirlo que pensarlo, pero estoy atada a ti. Y lo sabes.
Necesito la daga, sé que no puedo robártela sin que nos enfrentemos a muerte. Puedes dármela de buenas a primera y juraré por el ángel que te la devolveré cuando mate a Tiamat. Podemos luchar por ella al atardecer de nuevo. O puedes acompañarme en este viaje, con los riesgos que eso implica y sabiendo que no confío plenamente en ti.
Lo que elijas demostrará si eres inteligente o sólo un idiota suicida.
Recuerda, te preparé café.”


Keira dio un largo suspiro, cerrando los ojos mientras recostaba la cabeza en los libros. Tardó cuarenta minutos en escribir ese mensaje: la mejor ofrenda de paz que pudo hacer.
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Re: Hunter's Hangover | Priv. Keira

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