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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Wayward Son y su historia es una creación original del Staff, fuertemente influenciada por series y novelas de género sobrenatural, destacando la saga The Mortal Instruments de Cassandra Clare, y las series de televisión Supernatural de Erick Kripke, y The Vampire Diaries y The Originals de Julie Plec. Las imágenes utilizadas han sido tomadas de portales como Devianart, Zerochan, Pixiv y We❤It, y pertenecen a sus respectivos autores. Agradecimientos a Rose de Glintz por el elegante trabajo de su skin y su asistencia, a Veeneli por sus códigos y tablillas tan atractivas, así como a Mizuki por su bello tablón de anuncios.
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Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Lun Nov 23, 2015 9:43 pm

Jason había hecho muchas cosas estúpidas en su vida, pero nunca algo tan suicida como arrojarse desde un décimo piso hacia el vacío.
Hacía tan sólo unos segundos había estado en el balcón de ese moderno departamento al oeste de Downtown. Dentro apestaba a hierro y sulfuro, y las botas del pelinegro se mancharon de sangre fresca al primer paso dado. Los tres Cazadores, vestidos en sus atuendos de cuero negro, tuvieron que derribar la puerta tras varias patadas, hasta quebrantar el sello demoníaco que la mantenía firme. Desde las paredes blancas hasta la mesa de cristal trasparente, todo estaba cubierto de una persistente, roja sustancia. Investigaron el interior, Jason con su Colt M1911 en alto, pero sólo encontraron restos de lo que alguna vez fueron personas, todavía vestidos con sus trajes azules y botones dorados. Fue entonces cuando Jason vio una figura detrás del cristal que daba al paisaje nocturno de Memphis, sonriéndole. El grito de Keira señalándolo, y el sonido de la escopeta de Kol resonando, fueron sordos a sus oídos. Corrió saltando por encima de una mesilla frente a la sala de estar, pisando las colillas de cigarrillo y la ceniza desperdigada por el suelo, a tiempo para ver como la silueta desaparecía de su vista.
Los cristales cayendo producto de las balas chocaron con los hombros del muchacho, recubiertos por la chaqueta de cuero. Vio como la sombra prófuga, que se había convertido en un pequeño punto cuya capa, negra y harapienta, zumbaba por los aires como un par de grotescas alas. Parecía volar, o más bien planear, hacia la calle, con las leyes de la gravedad ignorando por completo el espacio que la rodeaba. Jamás iban a alcanzarla si escapaba.
Escuchó a su amigo llamarlo, como si fuese a hacer una locura. Y en efecto, lo hizo. Se arrojó al vacío, con el aire glaciar de la noche chocando ferozmente contra sus mejillas, sus ropas revoloteando con cada piso que se acercaba del suelo. Las ventanas y las luces de las casas se volvieron borrosas a sus ojos, sólo veía la inmensa oscuridad a la que se dirigía. Quizás en ese momento, Jason pensó que saltar había sido una mala idea.
Lo primero que sintió fue una superficie elástica tomar todo su peso de caída, el sonido de algo quebrándose y colapsando, y después su cuerpo hundiéndose en ella. Llegó a sus oídos el familiar sonido de las ramas de los árboles quebrándose al chocar contra sus extremidades, y en un intento de evitar esa interminable caída, trató de tomar una de ellas para detenerse. La misma se resbaló de su agarre, despellejándole la piel de la mano. De alguna manera, se las arregló para caer parado en medio del gigantesco arbusto de más de tres metros, enterrándose en su interior. Sus talones dolieron, y no soportaron el impacto, perdiendo el balance y cayendo sobre sus espaldas.
Por un segundo, su cabeza se estrelló contra el césped, y lo aturdió; dándole la sensación de que si se levantaba, cualquier cosa que hubiese llegado a su estómago esa tarde saldría en un grotesco torrente. Abrió sus ojos, grises y tormentosos, hacia el cielo, y contempló las ramas quebradas del pequeño árbol con el que se había estrellado. Y más arriba, el techo destruido del invernadero. Supuso que la malla de plástico había redirigido la fuerza del impacto, justo antes de ceder y soltarlo a una velocidad no-letal sobre ese colchón de vida y hojas verdes.
Contempló durante varios segundos las estrellas en el firmamento nocturno, antes de recordar por qué había saltado en primer lugar. Se incorporó, sintiendo las magulladuras en sus piernas y brazos lo aquejaban, tambaleándose antes de poder ponerse de pie. El equipo de Cazador, el scramasax en su espalda y los cuchillos en su cinturón, se sentían tan pesados como bolsas de cemento adheridas a sus ropas. Sintió nauseas, y un zumbido que resonaba en sus oídos. No debía ser un genio para darse cuenta que estaba al borde de sufrir una contusión.
Llevó su mano a su bolsillo, y sacó su celular. La pantalla estaba hecha añicos, y dudaba que la garantía cubriese saltos al vacío en persecución de demonios menores.
El demonio. Jason alzó la mirada al techo, buscando su punto de entrada. No podía haber llegado a la calle de un solo salto, aun con su innatural y suave aterrizaje. No había luz en el interior del invernadero, más allá de la que llegaba de los rayos lunares tras ser absorbidos por el grueso plástico del techo. Jason llevó su mano a su espalda, y en un silencioso movimiento, desenvainó su scramasax. Al empuñarlo, sintió la piel despellejada de su palma arder, y la sangre manchar su arma insignia.
Pensó que Keira y Kol probablemente estarían bajando las escaleras a toda velocidad en ese momento, al no poder comunicarse con él. Ni siquiera la Cazadora con toda la fortuna del mundo sería tan estúpida para dejar su vida en manos de un montón de jardineros.  
Algo crujió detrás del muchacho, y este se volteó rápidamente. Sabía que el demonio estaba allí, con él, buscando la salida, pero no podía encontrarlo. La oscuridad era demasiado profunda. Jason llevó sus yemas a su cintura, encendiendo una parpadeante luz que provenía de la linterna en su cinturón. Era un milagro que no se averiase con el impacto.
Continuó retrocediendo sobre sus pasos, guiándose por el sonido de los automóviles atravesando la calle Cooper. Pensó en su pistola, pero no recordaba dónde en que momento de la caída la había soltado. A través del aire nocturno, percibió un persistente y espantoso aroma, como a huevos podridos.
Un arbusto siseó a su derecha, y ante el brusco giro del Cazador, una voz rio.
Muy gracioso, debe ser muy divertido encogerse detrás un citrus como un cobarde. — Gruñó Jason girando con sus talones. El haz de luz proveniente de la linterna iluminaba de a intervalos las enredaderas y los pequeños árboles frutales. Las imágenes se veían borrosas y se veía obligado a parpadear muchas veces. El cuerpo entero le dolía.
Vio la luz de los faroles en la calle, y al girarse en esa dirección, la salida. Si lograba bloquearla  hasta que Kol y Keira llegasen, el demonio no tendría oportunidad. La risa se hizo presente nuevamente, zumbando en los oídos del Cazador. La cabeza le dolía, no podía distinguir de dónde provenía el sonido. No sabía si estaba demasiado lejos o demasiado cerca, sus sentidos lo engañaban. Su nariz le ardía, y sentía ganas de vomitar con cada bocanada de ese nauseabundo aire.
Pierdes el tiempo, Cazador. Jamás la encontrarán. — Resonó una voz desde las penumbras. Sonaba como un muchacho, en sus veinte, probablemente un amigo de los jóvenes descuartizados nueve pisos más arriba. O al menos su carne siendo poseída por un demonio.
Jason giró hacia un lado al escuchar las palabras arrastradas, y dio un golpe con su scramasax al aire. Se sintió mareado, y que todo le daba vueltas. Ahora no sólo sentía que sus oídos le zumbaban, sino que su visión se volvía borrosa. Como si estuviese viendo a través de una cascada. ¿Por qué se tardaban tanto esos dos?
Debe ser un gran honor trabajar para un ser tan repulsivo como Tiamat. Escuché que disfruta comerse a sus siervos cuando estos fallan, con patatas fritas y todo incluido. — Comentó Jason, manteniendo la arrogancia en su voz.
Entonces sintió un ardor en su pecho, allí, sobre su corazón. El Iratze ardiendo, desvaneciendo la bruma que cegaba su mente. Comprendió entonces que aquel aroma repugnante era, de hecho, veneno.
El único que será cena esta noche, eres tú. — Vociferó, y el cuchillo del demonio bajó a toda velocidad hacia la garganta de Jason
Este se apartó a tiempo para esquivarla por apenas centímetros. Alzó su scramasax hacia él en un corte vertical, pero la impía velocidad del infernal evitó el impacto, sólo cortando la superficie de su rostro. El pelinegro bloqueó con su cuerpo el espacio que había entre el demonio y la salida. Con el cuchillo en alto, el intruso de otra dimensión miró a los ojos a Jason. Su piel era blanca y escamosa allí dónde la cáscara del humano que usaba se había corroído tras el contacto con el metal bendecido de su hoja. Sus ojos eran de un rojo pálido, enfermizo como el de ningún animal que hubiese visto en su vida.
El olor a podrido se había intensificado, y Jason notó que la bruma que nublaba su visión era real, y manaba del demonio. Lo estaba intoxicando para confundirlo y matarlo cuando su guardia bajase. Por suerte para Jason, el Iratze ardiendo su pecho negaba los efectos del veneno.
Y para desgracia del demonio, él no sabía que luchaba contra un Cazador de El Temple. Jason fingió estar observando en otra dirección, como si sus sentidos le fallasen de nuevo, y el ser infernal, con una sonrisa llena de dagas, bajó el arma hacia él.
Entonces el Cazador le rebanó los dedos. Un líquido más espeso que la sangre, de un color repugnante que se debatía entre violáceo y rojo, manó del demonio. Jason sintió que perdía el equilibrio, y caía sobre su rodilla. La cabeza le martilleaba, no producto de la bruma, sino del golpe que había recibido en la caída. El repentino movimiento lo había mareado.
Vio como el demonio, gimiendo de dolor y furioso, lo alzaba por el cuello para mirarlo con odio, queriendo quebrarle el cuello allí mismo. Sin embargo, a juzgar por su constante preocupación, sus compañeros debían estar a un par de pisos de distancia. No había tiempo para terminarlo, supuso cuando lo arrojó al otro lado del invernadero como si fuese una de las ramas contra las que se había estrellado. La espalda del joven arremetió violentamente contra un trozo de hierro, y su arma salió disparada detrás de unas altas macetas.
Jason se esforzó por ponerse de pie, pero pronto, descubrió que tan sólo encontrarse arrodillado era un logro. Vio como el demonio corría hacia la salida, con su mano mutilada sobre su estómago, y deseó que Kol y Keira estuviesen detrás de la puerta para detenerlo, pero no fue así. Contemplando la espalda descubierta del monstruo, llevó su mano a su cinturón, y extrajo aquella, la Daga de los Herondale. Calculó la distancia que había entre ambos, los giros que daría en el aire antes de enterrarse en la piel del monstruo.
Hizo el brazo hacia atrás, y luego, perdió el conocimiento.


Última edición por Jason "Ace" Herondale el Vie Nov 27, 2015 4:52 pm, editado 1 vez
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Kol E. Graymark el Lun Nov 23, 2015 9:50 pm

El único sonido que interrumpía el armonioso silencio dentro del departamento, era producto del choque de las botas de los cazadores contra el suelo. Kol sostenía su escopeta con la diestra, la mantenía arribe y firme, a la espera de que el demonio le saltara en la cara. Todo estaba cubierto de liquido carmesí, probablemente perteneciente a los dueños de aquél departamento, más el semblante duro y serio del cazador no se inmutó. Se separó unos segundos de los otros y caminó en dirección a donde se encontraban los cadáveres, se agachó ante ellos y los examinó por un instante. Mojó los dedos en la sangre y los miró durante un rato, la sangre seguía húmeda y eso le impresionó. Los cadáveres parecían tener un par de días y debido a las condiciones térmicas del ambiente, tendría que estar seca.
El grito de Keira fue el que lo sacó de su concentración, llevó sus ojos a donde apuntaban los de ella y pudo ver la figura negra detrás del cristal que daba hacia el balcón. La marca en su brazo palpitó y con una gran velocidad se irguió disparando en dirección a ella, pero falló. Entonces pudo ver como Jason se precipitaba debajo de la lluvia de cristales, cosa que hizo que se apresurara a correr detrás de él y tomarlo de la chaqueta, antes de que su insensatez característica se accionara. Pero en quedó en el intento, debido a que por un par de centímetros su mano no llegó a la chaqueta de su amigo.
— ¡Jason! — Gritó mientras veía como su amigo saltaba hacía la nada. — Mierda. — Dijo para si mismo, dando media vuelta y comenzando a correr en dirección a la puerta por la que habían entrado saliendo del departamento, demasiado apresurado como para cerciorarse de que Keira le seguía.
Prácticamente bajaba a zancadas, saltando escalones cuando podía. En su mente, lo único que hacia era maldecir al suicida de su amigo por haber cometido tal imprudencia, cosa típica de él. En aquél momento, su marca volvió a palpitar y se detuvo por completo, corriéndose para un costado. Un haz de luz pasó frente sus ojos y logró cortar un par de cabellos de su flequillo, para luego escuchar como el cuchillo se clavaba contra la pared. Volvió la mirada al frente y divisó a un tipo parado escaleras abajo. La marca del cazador le hizo saber que se trataba de un demonio y de no haber sido por su aviso, aquel cuchillo estaría enterrado en su frente.
— ¿Hacia donde vas, cazador? — Preguntó, mirando a Kol a los ojos con una sonrisa de lado a lado. — No puedes salir de aquí, así que quédate quietos mien... — No pudo terminar la oración, debido a que la suela de la bota de Kol se encontraba ya enterrada en su rostro. El rubio había dado un salto y aprovechó el impulso de la caída para darle un golpe directo en la cara.
— No tengo tiempo para esto. — Musitó, mientras levantaba el pie del mutilado rostro del demonio. Desenfundó su escopeta y se preparó para disparar, pero el sujeto giró sobre si mismo y se incorporó.
— Bien, quieres saltearte mi monologo e ir a los golpes... No tengo problema. — Murmuró mientras se levantaba y miraba a Kol con ojos rabiosos — Disfrutare el arrancarte ese sereno rostro que tienes. —
Kol volvió a levantar su escopeta y disparó sin más hacía su adversario, pero este fue demasiado rápido y pudo esquivar las balas. El rubio chasqueó con la lengua y recargó nuevamente su arma, pero el demonio fue más rápido y se encargó de arrebatársela con una patada. Luego se preparó para apuñalar a Kol con otro cuchillo, de manera que este se movió hacia un costado, dejando que el demonio pase de largo y aprovechando ese momento para darle una patada con la punta de la bota en el estómago. El demonio salió despedido, dándole tiempo para ir a buscar la escopeta que se encontraba a corta distancia. Corrió rápido y estando cerca del arma, se agachó para tomarla dejando que sus botas patinaran sobre el suelo. La recargó velozmente y se giró rápido para volver a intentar un disparo sobre el demonio abatido, pero este ya no se encontraba en el suelo, volvió a girarse y se encontró con la mirada de este. Ambos se sonrieron mutuamente y el demonio intentó golpearlo desde el costado derecho, pero Kol pudo detenerlo con su antebrazo.
— Muy rápido como para un cazador normal. —
— Tal vez no soy un cazador normal. — Respondió al tiempo que dejaba caer la escopeta que sostenía con la diestra y la tomaba con la zurda, apuntando en el pecho del contrario — Esquiva esto, hijo de perra. — Le dijo al tiempo que sonreía y apretaba del gatillo. El demonio apretó los dientes y Kol pudo ver como por estos se asomaba su sangre, en ese momento hizo una mueca de asco y lo dejo caer. Al ver a su contrincante en el suelo, silbó y un gruñido se escuchó, al cabo de un par de segundos Mistgun ya estaba junto a Kol y parecía bastante molesto. Llevó sus ojos rojos a los de Kol y este asintió, de manera que el animal se acercó al demonio que se arrastraba en un intento de huir y con un ladrido le mordió el cuello, sacudiéndolo de un lado a otro. Cuando los gritos del demonio se acallaron caminó hasta el cadáver de este, agachándose a la altura de Mistgun y poniéndole una mano sobre la cabeza. — Ahora amigo, llévame con Jason. —
Siguió al animal hasta el invernadero, dentro de este el aire apestaba a azufre y un moribundo olor que Kol no pudo identificar. Tosió un poco y se llevó la muñeca hasta la nariz, tratando de evitar oler aquello. Mistgun ladró, indicándole  que se encontraban cerca de Jason y en efecto así era. Se encontraba inconsciente al otro lado del invernadero y no había rastro alguno de donde se encontraba el demonio, se les había escapado.
— Maldito loco... Si vas a cometer tales imprudencias, por lo menos procura atrapar a tu presa. — Le dijo a un inconsciente Jason mientras que dirigía los ojos en dirección al gran lobo negro que estaba frente a él y señaló a Jason con un gesto. Mistgun comprendió la seña y de un lengüetazo empapó el rostro del joven Herondale, haciendo que este despertara.
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Kol E. Graymark

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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Keira B. Evansglow el Lun Nov 23, 2015 10:50 pm


Los instintos eran la llave para la supervivencia de un Cazador, su as bajo la manga. Sin éstos, ya todos estarían muertos y no serían más que polvo. Polvo y sombra, porque ese era el destino de todo cazador: morir  joven , convertirse en cenizas y luego desvanecerse en las sombras de la historia; ser una pequeña marca en un libro para recordar al mundo que alguna vez existieron.

Cuando la persecución iba en su crescendo, Keira vio todo en cámara lenta: la bizarra sonrisa del demonio, los fragmentos de vidrio danzando en el aire, el Cazador lanzándose al vacío, el brillo de la Daga de los Herondale y los dedos del rubio a centímetros de su amigo. A la Cazadora le habían advertido de los impulsos de los Herondale, pero no habían aclarado que éstos los convertían en unos idiotas suicidas.

La daga.  Era el momento perfecto para conseguir la daga. Saltando desde un décimo piso, Jason estaría muerto o inconsciente y Kol estaría más pendiente de su amigo que de su invaluable arma. Debía apreciarlo demasiado, supuso Keira, porque cuando se percató estaba sola en el pequeño departamento impregnado del aroma a cuero y putrefacción.

El pasillo del edificio era estrecho y monótono, con forma de T. Uno de los pasillos daba a las escaleras por las que suponía que Graymark se había ido y frente a éste se encontraban los destartalados y antiguos ascensores. Las rejas doradas de uno de ellos estaban abiertas de par en par, con las luces encendidas. Podría seguir a Kol, cubrir su retaguardia de los demonios que probablemente lo atacarían – dudaba de que un edificio tan grande fuera cubierto por uno sólo -  o tomar el ascensor y llegar mucho más rápido a la Daga de los Herondale sin tantas molestia. Sabía qué iba a hacer.

El ascensor produjo un grave rugido como de engranajes oxidados moviéndose cuando presionó el botón. Era pequeño y asfixiante, con paredes de metal corroído y mohoso y un sucio espejo frente. Dudando de que estuviera en uso, sacó su PSP esperando llegar pronto. Apenas había podido matar a unos pocos zombies  cuando el ascensor se detuvo de repente con un movimiento brusco y las luces se apagaron, sumiéndose en penumbras.

¡Estaba a punto de llegar a la parte de Némesis! – exclamó la Cazadora con molestia.  

Escuchó un silbido y se echó hacia atrás con rapidez, sacando su Walther P99 de forma automática. Sus brazos estaban en forma de X , con su zurda llevaba el arma y con su diestra la linterna, la cual alumbró a una figura alta y esquelética que sonreía mostrando una hilera de dientes chuecos y amarillos. Se movía rápido, al segundo se había abrigado de nuevo en los brazos de las sombras. Keira se dio vuelta y chocó su espalda contra la pared, apuntando con rapidez al demonio que se abalanzaba sobre ella. Las balas de plomo eran especiales, un conjunto de pólvora y sangre de las tres razas de esos seres infernales. Y cuando apretó el gatillo, las luces se encendieron de repente y el ascensor se desplazó hacia abajo de nuevo, haciendo que perdiera el equilibrio. Las balas impactaron contra la pared y la cuchilla del demonio rozó el hombro de la Cazadora, quien apenas llegó a esquivar el golpe lanzándose al suelo. Su linterna salió disparada hacia una esquina y apenas pudo conservar su arma unos segundos antes de que el demonio pateara su mano con rudeza, lanzando su pistola hacia la punta opuesta.  

Con el ascensor iluminado, Keira pudo ver la carcasa de ese demonio: una conserje de aproximadamente cuarenta años, con pelo corto rubio que terminaba en puntas y un piercing en su ceja izquierda. La muchacha chasqueó la lengua molesta, entendiendo qué estaba ocurriendo allí. Aprovechando que estaba desarmada, el impío ser saltó sobre ella como un  predador y  desde su incómoda posición Keira pateó su estómago con fuerza, echándola hacia atrás. La mujer golpeó contra la pared lanzando un sonido gutural desde lo profundo de sus entraña. El ascensor crujió y las luces se esfumaron de nuevo.

Me está comenzando a molestar este truco de la electricidad, ¿sabes?

Dentro de ese maldito ascensor no llegaría a su destino jamás. Tenía que salir para vencerlo. Se incorporó con rapidez, era fácil captar el modus operandi del demonio; ya no podía tomarla por sorpresa de nuevo, simplemente tenía que adelantarse a éste.

Fue hacia donde estaba su arma y sonrió al percibir el movimiento a su espalda. Giró de lado esquivando la cuchilla y a mitad de camino extendió su pierna, golpeando contra la mandíbula de la criatura. Ésta cayó al suelo farfullando en un idioma antiguo y salvaje que no conocía. La linterna aún encendida alumbraba su contorno, podía verla de rodillas limpiándose la sangre de su boca. Todo ocurrió en cuestión de segundos: lanzó una pequeña bola metálica hacia el techo, por el hueco donde el demonio había entrado en primera instancia y éste último apenas llegó a levantarse cuando el dispositivo explotó.

Los cables no resistieron a una onda destructiva de tal magnitud. El techo se resquebrajó y sin nada que lo sostuviera, el ascensor cayó a la deriva. El impacto fue letal. El techo terminó de derrumbarse, el vidrio se hizo añicos, en un instante el ascensor se convirtió en un caos de polvo, partes de metal y cables aún con corriente.

Las torcidas rejas metálicas cayeron hacia adelante con un golpe seco y una figura salió de esa humareda. Keira bufó molesta, con Joyosa con su hoja teñida en sangre en una de sus manos y su Walther P-99 en otra. Su aspecto era lamentable: el polvo gris en todo su cuerpo ocultaba sus magulladuras, pero con cada movimiento sabía que allí estaban, su frente sangraba y tenía un corte en su mejilla y su hombro, pero a pesar de todo no parecía sufrir ninguna herida mortal. Se limpió el polvo, la sangre y el sudor de su rostro. Miró hacia atrás al cadáver del demonio que se distinguía entre el escombro, la sangre teñía su abdomen. El mismo líquido que lucía Joyosa, su espada que había sido calentada al rojo vivo y enfriada en tres baños de sangre de cada tipo de demonio.

Recorrió el pasillo hacia la parte de atrás del edificio, donde calculaba que Jason había caído (¿y muerto?). Cuando entró al invernadero, lo vio el instante: el cuerpo del cazador desplomado en el suelo con las manos extendidas y a centímetros de sus dedos, la plateada superficie de la daga. No había rastro del demonio. Corrió hacia allí, viendo como Kol y un enorme lobo negro se le adelantaban. Como suponía, el rubio hizo caso omiso a ese mortífero instrumento y se arrodilló al lado de su amigo. Ella se acercó con rapidez y lo imitó, miró al Herondale sin tener tiempo para sorprenderse porque siguiera milagrosamente vivo. Su mente estaba enfocada en sus manos que se acercaban sigilosamente a la daga.

Los ojos de un penetrante gris se abrieron de par en par y se dirigieron directamente hacia la daga. Con resignación, desvió su objetivo hacia la mano de él.

Si no fueras un idiota, diría que eres un Evansglow  – murmuró con calma, tomándole el pulso para disimular  –. Es un milagro que sigas vivo, más aún que estés estable.

Lo soltó y miró a su alrededor, ignorando la conversación de los dos cazadores. Había un rastro de sangre espesa y negruzca, claramente de un ser del averno. Al parecer Jason no se había desplomado de repente, siguió el camino hacia fuera, donde una correntada de fresco viento acarició su rostro. Miró alrededor, la sangre en el suelo era demasiada para que el demonio pudiera ir muy lejos y calculando el tiempo, debía estar dentro del perímetro. ¿Dónde podía esconderse? No se encontraba en condiciones para esconderse en una casa, además de que las personas dentro causarían un escándalo que lo delataría. No…debía buscar un lugar abandonado, vacío o que nadie en su sano juicio se animaría a entrar.

Y entonces lo vio, la pequeña mancha roja en la tapa cerrada de una alcantarilla a mitad de la calle Cooper. Volvió hacia donde estaban sus compañeros.

Está en las alcantarillas   – informó, al mismo tiempo que Kol decía lo mismo. Ambos fruncieron el ceño, mirándose con recelo.

Escuchó la explicación sobre el móvil y asintió ante la idea. A fin de cuentas, había perdido su linterna y necesitaba luz allí abajo. Ignoró el comentario sarcástico de Jason cuando se adentraron a las alcantarillas pero no pudo evitar coincidir internamente con él cuando el repulsivo hedor a cloaca le llegó a la nariz. Corrieron por los intrincados caminos con el sonido de los arañazos de los roedores que se despertaban ante la llegada de intrusos. Parecían descender, aunque no podía afirmarlo con exactitud.  Keira se estaba hartando de tantas vueltas cuando atravesaron una luz al final del túnel y lo que vio la hizo detenerse en seco.

El túnel se ampliaba a más de siete metros de altura. Las paredes de hormigón eran recorridas por largos cables y el techo estaba recubierto por gruesas y resistentes barras de hierro. Cada tres metros aproximadamente había luces blancas que alumbraban un antiguo tren de cinco vagones de un rojo gastado. Tenía unas inscripciones en su trompa, pero estaban tan gastadas que eran ilegibles.

Se miraron entre sí por unos segundos y sacaron sus armas. Jason y Keira sus respectivas pistolas y Kol su pesada escopeta. El tren no tenía puertas, simplemente unas aberturas por cada vagón. Cubriéndose las retaguardias entraron a la oscuridad del transporte esperando una horda de demonios dispuesto a atacarlos. Pero el vagón no contaba más que con unos pocos y desgastados asientos, no había sonidos extraños ni hedor a huevos podridos, parecía que los únicos allí eran ellos.

Esperaba encontrar algo distinto  – reconoció Keira extrañada  –. Está anormalmente tranquilo.

Fue como si hubiera dicho las palabras mágicas, de repente el lugar se iluminó y la locomotora lanzó un agudo silbido. Las ruedas empezaron a crujir y a girar y se adentraron por los antiguos túneles subterráneos.

¿Qué demo…?

Las maldiciones quedaron opacadas por una explosión de vidrios. Tres demonios aterrizaron rodando dentro del vagón, de distintas apariencias, todos lucían los mismos desquiciados ojos escarlatas.

¿Sorprendidos, Cazadores? – gruñó un hombre con uniforme de guardia  –. Y las sorpresas aún no han acabado aún. Nos gusta recibirlos a lo grande…

Y entonces lo oyeron, otro agudo silbido apenas imperceptible en la lejanía. Los demonios lanzaron carcajadas trastornadas.

¿Podrán sobrevivir a un choque de trenes, Cazadores? ¿O morirán antes por nosotros?

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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Lun Nov 23, 2015 10:58 pm

Las imágenes acudían a Jason rápidamente como un torbellino implacable. Abatían su mente en un incesable maremoto de sonidos y voces, algunas familiares y otras extrañas, todas corrompidas por un tinte oscuro, inquietante y lúgubre.
La Casa de los Herondale se alzaba majestuosa y soberbia cobijada bajo un firmamento plomizo y cargado de tormentosas nubes. El joven sintió que la nostalgia lo ahogaba, y deseó estar dentro. Con tan sólo ese pensamiento, el sonido de un hombre mayor hablando se impuso sobre todas las demás voces. En un bucle elíptico de diferentes colores y gamas, la escena se materializó frente a él.
¿Juras lealtad al Temple, obediencia a la Ley,...? — La voz se desvanecía y perdía potencia, con los labios del guerrero aun en un solemne movimiento. Era alto, muy alto; y cargaba una imponente y gigantesca espada a sus espaldas, dando la impresión de tener el peso del mundo sobre sus hombros.
Jason se vio así mismo arrodillado, vestido pulcramente con ropas blancas y azules, una cruz índigo con cadena de plata rodeando su cuello. Entonces notó como la oscuridad eventualmente se arremolinaba alrededor de la escena, en un baile de sombras aterrador e inquietante, como si se burlasen de los Cazadores. Las palabras colgaban de sus labios ansiosos, como si temiese que las tinieblas se tragasen ese feliz recuerdo.
 Lo juro. — Murmuró con serenidad, pero ya no había nadie a su alrededor para escucharlo.
La espiral había tomado todas la atmósfera y la había deformada y alterado a su antojo; como si Jason se encontrase dentro de una enorme televisión y alguien más tuviese el control remoto.
¡Ace, date prisa! — Una voz femenina y aguda lo llamaba, alejándose rápidamente de él.
No entendía por qué, pero la sensación de desesperanza lo invadía y tensaba los músculos de su cuello. Estaba corriendo en medio de un bosque de árboles negros sin hojas, con el frío polar alborotando sus cabellos. El aire le crispaba la piel mientras avanzaba, sin saber bien hacia dónde. El equipo del muchacho tintineaba, siendo el único acompañante al sonido de su respiración agitada. Las volutas blancas hacían aparición frente a él con cada exhalación, pero su cuerpo ardía de anticipación y anhelo. A lo lejos, atisbo una figura de una mujer vestida de negro, y supo que debía alcanzarla, o algo terrible ocurriría. Pero sin previo aviso, la inmensa oscuridad devoró el cielo y engulló el horizonte en voraces llamas negras. El maremoto de fuego azabache arremetió rápidamente hacia Jason, que se cubrió el rostro detrás de sus brazos en un gesto de temor y confusión.
Estaba en llamas, envuelto en llamas sin brillo y sin calor, que paralizaban su cuerpo de un extraño e inexplicable dolor. Sentía como si un alambre de púas rodease los músculos y tendones bajo su piel, y se apretase cada vez más dentro de su carne con cada latido que se atrevía a permitirse. Jason cayó de rodillas, abriendo sus labios en quejidos de intensa e insoportable agonía, suplicando estar muerto y acabar con la tortura.
Entonces su mano se cortó con algo en el suelo, y un hilo de tinte carmesí fluyó de su palma hacia el suelo blanco de mármol y un trozo de vidrio medio hecho añicos dónde se había apoyado.
Te encontré. Te encontré.— Exclamó una inhumana voz frente suyo.
El Cazador temblaba. Temblaba como no lo había hecho ni cuando una docena de demonios oni lo habían acorralado dentro de esa metalúrgica olvidada por el tiempo. Temía alzar la mirada, pero la presión sobre su cuerpo se intensificaba cada vez más, sintiendo que quebraría sus huesos en cualquier momento. Sabía en su interior que la tortura sólo cesaría si miraba hacia arriba, pero al alzar la mirada prefirió jamás haberlo hecho.
La silueta era oscura, tan oscura como las llamas que lo estaban devorando. Como si absorbiese el calor, la luz y la vida a su alrededor y lo convirtiese todo en desesperación y terror. Llamas negras lo rodeaban, y no fue hasta que vio los cuerpos calcinándose por ellas que notó el aroma de la carne humana asándose en sus fosas nasales.
Trozos de piedra blanca caían del techo,  y él deseó con todas sus fuerzas que una lo aplastase y lo matara. Entonces escuchó los gruñidos caninos, proviniendo de bestias fantasmales y malignas. El sonido de garras golpeteando el suelo, arremetiendo velozmente hacia el joven; y el sentimiento de los colmillos clavándose en su rostro justo antes de arrancárselo.



Jason abrió los ojos de golpe, como quien es despertado con un cubo de agua helada. Alejó al animal que se encontraba sobre él de un empujón, sentándose de repente. Todo le dio vueltas, y una descarga de dolor arremetió todo su cuerpo. Todo se veía borroso, como si observase el mundo desde detrás de una cortina de lluvia uniforme e incesante. La voz ahogada de una silueta femenina resonó sobre su oído izquierdo, atrayendo su atención. Le costó trabajo posicionarse en el espacio en que se encontraba, pero pronto recordó como había llegado allí, y reconoció a sus compañeros Cazadores y al lobo que lo había despertado.
Este gruñó hacia él, volviendo al lado de Kol ofendido.
Lo siento, Mistgun. – Dijo el Cazador, llevando su mano a su frente, cerrando los ojos con fuerza.
A medida que el aturdimiento se desvanecía, los recuerdos frescos la persecución volvían a él. Keira estaba a su lado, tomando su muñeca con sus yemas. Jason no opuso resistencia.
Milagro es verte preocupándote por alguien más que no seas tú. – Soltó en voz clara, ocultado la fatiga que pesaba sobre sus músculos. La caída había sido violenta, imprecisa, y había dejado como secuela una serie de moretones y raspaduras. Por supuesto, no demostraría debilidad, y menos frente a alguien tan irritante como Keira. – ¿Acaso temiste que me pasará algo, dulzura?
Con una sonrisa de medialuna, lleno sus pulmones de aire fresco y se alzó. El veneno había desaparecido junto con el demonio, pensó a sus adentros. Para su sorpresa, mantenerse de pie era ahora mucho más fácil que antes; aunque de tanto en tanto los mareos regresaban.
Nuestras fuentes estaban en lo correcto, el demonio es un vasallo de Tiamat. – Anunció el pelinegro, pateando el cuchillo que había dejado atrás el monstruo hacia Keira. – Es su símbolo, ¿no es así?
La Cazadora bajó la mirada momentáneamente hacia el arma, y asintió a secas. Jason se volteó hacia el invernadero, oscuro e irregular, y suspiró pensando que tenías armas que recuperar. Por suerte, la Daga de los Herondale yacía a tan sólo unos centímetros. Era sin ella que se sentía desnudo. La tomó con delicadeza, y la enfundó en su cinturón junto a un par de cuchillos arrojadizos.
Kol, logré plantar mi celular en uno de los bolsillos de ese desperdicio de espacio. ¿Crees poder rastrearlo desde el tuyo? – Anunció Jason dirigiéndose a tientas hacia el lugar donde había aterrizado.
El brillo metálico del cañón de su M1916 bajo el resplandor lunar advirtió la ubicación del arma, en medio de unas ramas quebradas y un montón de hojas. Por un breve instante, alzó la mirada al agujero a través del cual había caído, y frunció el ceño.
Maldición. – Exclamó para sí mismo, no pudiendo siquiera atisbar el balcón del que se había lanzado.  – Tan sólo seis vidas más, ¿no?
Escuchó que Kol lo llamaba, y se alejó trotando. En el camino, tomó su Scramasax, agitando la hoja para quitar la sangre del demonio antes de devolverla a su funda. Fuera del invernadero, las sirenas de los coches de policía se escuchaban a la distancia. Les quedaban quizá diez minutos antes de que se convirtiese en una escena de crimen.
Quizá se sintió solo y fue a visitar a su familia. – Comentó Jason, al borde de esa boca de lobo. Claramente la idea de arrojarse en su interior no le entusiasmaba después de la última caída. – Las damas primero.
Keira giró los ojos antes de arrojarse, seguida por Jason y cerrando la marcha Kol. Adentro las fosas nasales le ardían, y el estómago le dio un vuelco. El hedor hacía que los huevos podridos sonasen como rosas en comparación.
Los únicos haces de luces provenían de su linterna y la de Kol.
Andando, esa cosa puede ver en la oscuridad. Nos debe llevar unas diez cuadras de ventaja. – Anunció Jason, comenzando a trotar al frente, con ambas manos empuñando su Colt.
La luz circular en medio de la oscuridad provocó que el Cazador tensase los brazos. Confiaba en las capacidades de rastreo de Kol, y no iba a permitir que por nada del mundo esa oportunidad se escapase de sus manos.  
Solamente encontrar ese grupo de codiciosos empresarios había sido un dolor de cabeza. Habían tardado dos semanas en dar con ellos, y habían llegado demasiado tarde. La Marca de Tiamat había llegado a su límite, y pensó que ella misma vendría a cobrarse su pago a manera de sangre.
Montar guardia a las afueras del edificio, en las escaleras, y cualquier posible ruta de escape era un plan a prueba de balas. Lo que no previnieron, fue que el cobrador llegaría del mismo cielo. Si no hubiese sido por la certera visión de Apolo, habrían llegado cinco minutos más tarde; sin mucho que hacer más que volver a los papeles y a las bases de dato. Y Jason ya estaba harto de no hacer progresos.
Se habría arrojado de un veinteavo piso si el demonio que buscaba se encontrase en la planta baja.
Disminuyó el paso a medida que la claridad del lugar le permitía relajar la vista. El abandono y el olvido de la atmósfera lo hacían parecer décadas más antiguo de lo que en verdad era. Charcos de agua estancada yacían aquí, y allá; quizá dejadas atrás por la tempestad que había azotado la ciudad hace unos cuantos días. La pintura de las paredes se mostraba quebradiza y ausente allí dónde la erosión del tiempo la había afectado más, con graffitis de diferentes tintes y grosores dando el único atisbo de color en la demacrada superficie.
Un barril lleno de cenizas y basura a medio quemar, y un colchón fino y sucio indicaban que aquel había sido el refugio de indigentes y marginados en algún momento. Había botellas de vidrio rotas y envolturas de plástico en el suelo. Así también como redondas gotas de violácea sangre.
Estuvo aquí no hace mucho. – Murmuró Jason. Vio las miradas de sus compañeros fijas en el destartalado vagón, y asintió.
En el interior se sintió aun más vulnerable que en la oscuridad de la alcantarilla. Al menos allí le llegaba el frío de la calle.  
Siempre está tranquilo, Keira. – Soltó el pelinegro casi como un suspiro de exasperación. – Siempre lo está antes de que...
Y entonces las sombrías figuras hicieron aparición frente a él. Su Colt se alzó apuntando a la cabeza de la más cercana, cuando el transporte se puso en marcha, provocando que su mira perdiese a su objetivo. Tomó uno de los desgastados tubos de metal para evitar caer, escuchando con horror la advertencia.
Había estudiado el mapa de Memphis al llegar a la ciudad. Aquella era la descontinuada Estación Heyde, y si lo que decían los demonios era verdad, pronto se encontrarían en la línea principal, corriendo en dirección opuesta. Demasiada preparación para una simple emboscada.
Jason bajó el arma, con el corazón martilleándole el pecho.
Tiamat sabía que veníamos. Lo supo desde el principio. – Exclamó Jason, a lo que el demonio del frente, calvo y con filas de dientes como agujas, sonrió. Jason se volteó hacia Keira, y la observó con repentina realización.
Un súbito empujón lo hizo a un lado, y luego el estallido de la escopeta de Kol arremetió hacia el monstruo, que había dado un golpe con un trozo de cañería oxidada dónde Jason se encontraba hace un segundo.  Los estallidos de la Walther P-99 de Keira resonaron a través del confinado espacio. Los demonios se movían a velocidades imposibles, esquivando con extrema facilidad los disparos.
¡El último vagón! ¡Debemos salir de aquí o el impacto nos hará pure! – Gritó Jason, incorporándose y tomando su daga en una mano.
En algún punto uno de los atacantes arremetió contra ellos, golpeando a Kol en la quijada. Jason aprovechó la oportunidad para apuñalar su estómago con la hoja, enterrándola hasta la empuñadura y girándola en su interior, causando que el infernal diese su último aliento; con sus cuencas centellando una descarga eléctrica blanca dentro de su calavera. De inmediato, pateó el cuerpo hacia los demás demonio, y tomó del brazo a su amigo.
¿Estás bien? – Dijo Jason tirando con toda su fuerza para ponerlo de pie. Keira los llamó desde el final del vagón.
Los Cazadores corrieron cubriéndose las espaldas mutuamente en medio de fogonazos. Uno de los demonios arrancó el tubo metálico del que Jason se había estado sosteniendo con monstruosa facilidad, justo antes de que una de las balas de Keira impactó en su hombro. Entonces, detrás de ella, vio una imponente sombra, de más de metro ochenta de alto; alzándose amenazante sobre el diminuto cuerpo de la Cazadora.
¡Agachate! – Gritó Jason, arrojando por los aires su scramasax con suma destreza.
Algunos cabellos rosáceos se vieron cortados justo antes de que la punta se enterrase en el estómago del monstruo. Este, dando un paso hacia atrás, bajo la mirada hacia el arma. Y entonces la empuño el mismo, arrastrando la hoja fuera de su cuerpo en un torrente de sangre que caía sobre la muchacha. Keira disparó repetidas veces contra el monstruo, pero sus balas parecían no hacerle efecto. Debía estar potenciado por energías demoníacas mayores.
El dúo de demonios les cerraron el paso, armados con trozos de madera y caños. Los Cazadores alzaron sus armas hacia ellos, y entonces, a sus espaldas, Jason vio como la hoja de su scramasax bajaba hacia Keira, seguido del sonido de la sangre fluyendo.
¡No! – Exclamó mientras corría hacia los demonios. Embistió a uno de ellos hasta arrojarlo al suelo, y enterró la Daga de los Herondale a través de su garganta. Vio la sombra del segundo sobre él pero le hizo caso omiso, y se incorporó con rapidez.
Arrojó la Daga al pecho del demonio, aunque la misma no se enterró lo suficiente para penetrar su corazón, sí provocó que perdiese el equilibrio y dejase lugar a la Cazadora lo patease al suelo. Al llegar junto a ella, la examinó rápidamente. Tenía un feo y profundo corte en su brazo derecho, que manaba sangre a borbotones. El aullar de la locomotora que se acercaba por la línea opuesta hizo estremecer a Jason. El tren había empezado ya a virar hacia la derecha, una vez que saliese hacia el túnel principal, se estrellaría un catastrófico choqe
Entonces vio la palanca de emergencia en medio de ambos vagones, y se volteó hacia Kol. Más demonios habían hecho aparición desde los vagones posteriores, y su amigo no parecía estar aventajado en número.
¡Kol! – Gritó Jason, y como si una conexión más allá de las palabras existiese entre ambos, empezó a correr hacia ellos, con los demonios a sus espaldas siguiéndolo.
Keira intentó incorporarse, y entonces vio las granadas en su espalda. Desconectó el vagón sin esperar a que el Cazador llegase hasta ellos, dejándole un espacio entre ambos vagones bajo el cual sólo se veían las vías a gran velocidad. Cuando Kol saltó, Jason arrojó las granada en su dirección.  Y la misma pasó silbando su mejilla, con los gases de combustión a segundos de explotar.
El pie de su compañero resbaló del piso y cayó para atrás, Jason tomándolo fuertemente de un brazo y Keira del otro. La explosión frente a ellos escupió fuego y metal en su dirección por igual.


Última edición por Jason "Ace" Herondale el Vie Nov 27, 2015 4:52 pm, editado 1 vez
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Jason "Ace" Herondale

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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Kol E. Graymark el Lun Nov 23, 2015 10:59 pm

Kol siempre había sido alguien sumamente perceptivo, esa cualidad era uno de los requisitos para los trabajos que el hacía como cazador de cazadores. Se había dado cuenta de las intenciones de la cazadora cuando se acercó a ellos, notó como sus ojos buscaban en los alrededores la daga de los Herondale, la cual yacía en el suelo cerca de Jason. Ignoró su pequeña platica, concentrando la mirada en la pelirrosa, no confiaba en ella en lo absoluto y sabía que no podía ser alguien de fiar. La siguió con la mirada cuando se paró siguiendo el rastro de sangre, aún pensativo. Decidió callar sus pensamientos, ya que se encontraban en medio de un trabajo y dudar de las intenciones de su compañera tarde o temprano saldría caro. La voz de Jason fue la que cortó su hilo de pensamiento, llevó los ojos hacia él y los entrecerró escuchando lo que le decía.
— Eh... Sí, rastrear tu teléfono será fácil. — Murmuró para luego llevar su mano al bolsillo izquierdo de su pantalón y sacar su celular. Abrió la aplicación y marcó el número de Jason. Al cabo de unos segundos el aparato abrió el GPS y mostró el paradero del teléfono de su amigo. — Está en las alcantarillas, a unas seis cuadras de distancia. — Dijo al mismo tiempo que Keira, cosa que hizo que la mire con una extraña mezcla de sorpresa e irritación.
Al salir del invernadero, las sirenas de las patrullas de policía se escuchaban a la distancia. Chasqueó con la lengua y suspiró, era de esperar que las autoridades llegaran en algún momento, pero le habría gustado poder examinar a los cadáveres y la sangre del departamento, ya que quería comprobar que esta les perteneciera a los cuerpos. De igual manera, caminó hasta donde estaban sus compañeros, disputándose para ver quien era el que saltaría primero. Cuando los dos se sumergieron en la oscuridad de las alcantarillas, él aprovecho para arrodillarse junto a Mistgun y acariciarle la cabeza.
— Por ahora aléjate de aquí y trata de no perder mi aroma, esto no me da buena espina. — El lobo ladró dando a entender que había comprendido lo que su maestro le dijo y en cuanto Kol se paró dispuesto a saltar, el animal se fue por su parte, perdiéndose en los suburbios.
Al descender, lo primero que notó fue un rastro de sangre que seguía la misma dirección que la de su teléfono. Sacó su linterna y desenfundo su escopeta recortada, para luego comenzar a correr detrás de Jason. Por más raro que pareciera, él ya estaba acostumbrado a ese ambiente, no era la primera vez que debía sumergirse en las alcantarillas para atrapar a un demonio. Incluso le trajo recuerdos de la vez que había perseguido a una de esas criaturas en las catacumbas de Roma, aunque eso si le había impresionado un poco.
Fue entonces cuando su visión se hizo más clara, vio el puesto donde seguramente unos desafortunadas personas se refugiaban y supo que la ausencia de esos significaba que allí no estaban solos, el demonio se encontraba cerca. Luego volvió la vista al tren que se encontraba a un par de metros, la señal mostraba que el teléfono de Jason se encontraba dentro de unos vagones. Caminaron con cautela dentro del tren, con las armas en alto listos para disparar a lo que fuese, pero no parecía haber rastro alguno de ningún tipo de demonios allí dentro. Fue en ese momento, cuando Keira comenzó a hablar que la marca en su brazo palpitó, advirtiendo que había numerosos demonios cerca. Pero antes de que pudiera advertirle a sus compañeros, las luces se encendieron y los cristales que los rodeaban reventaron en pedazos. Ante ellos, tres demonios habían aparecidos y Kol escuchó atentamente las amenazas, parecía que su sexto sentido había tenido la razón todo ese tiempo, se habían metido en la trampa. Gruñó por lo bajo, había resultado demasiado obvio, aquella noche definitivamente no se encontraba en su mejor forma. Aún así, no tuvo tiempo de seguir lamentándose, ya que pudo ver como el demonio calvo estaba preparado para arremeter contra su amigo.
— ¡Atento, Ace! — Exclamó mientras tomaba a su amigo por la chaqueta y lo empujaba hacia atrás, sin demorarse en disparar en dirección al demonio, haciendo que este se impulsara hacia atrás y cayera sobre unos asientos maltrechos.
Se preparó para un segundo disparo, pero su siguiente objetivo fue mucho más rápido de lo que esperaba, de manera que había logrado adelantarse hasta él y darle un uppercut. Debido al golpe, Kol se hizo hacia atrás y trastabilló hacia el suelo, un poco atónito por la proeza del demonio, si no hubiese sido porque él era el portador de la marca, aquél golpe le hubiera roto la quijada con seguridad. Se llevó una mano hasta donde lo habían golpeado y la movió un poco, para asegurarse de que nada estuviese roto. Se preparó para devolverle el favor al demonio, pero antes de que él pudiera hacer algo, Jason ya se había abalanzado sobre él y le enterró la daga Herondale en el estómago, acabando con su vida. Acto seguido, su amigo le tomó del brazo y Kol asintió a su pregunta, aún un poco pensativo por lo extraño de la situación. Al incorporarse pudo escuchar como Keira los llamaba desde el final del vagón, ambos corrieron en su dirección, mientras se giraban y disparaban a los demonios que comenzaban entrar por las ventanillas.
La marca del rubio comenzó a quemarle con intensidad el antebrazo, tanto que no se percató de que su amigo se había adelantado y que Keira había sido herida. Sin darse cuenta, se encontraba parado frente a los numerosos enemigos que se acercaban lentamente a él. Con una sonrisa bien marcada en sus labios, desabrochó de su cinto un par de esposas y se las colocó, unos pocos demonios del grupo se percataron de eso y retrocedieron, pero la mayoría del grupo seguía avanzando. Cuando estaban lo suficientemente cerca, rompió las cadenas que unía las esposas de un tirón y desde la base de estas comenzaron a salir láminas metálicas que rodearon las manos del cazador. En el dorso de los guantes, se encontraba plasmada la Iratze. En ese momento, todos los demonios se detuvieron en seco, contemplando las manos de Kol. Este sonrió y apretó los puños, haciendo que los guantes se rodearan de llamas, cosa que hizo que el grupo de demonios retrocediera con cautela.
— ¿Qué pasa? No me digan que le temen al fuego — Dicho eso, Kol se abalanzó rápidamente contra el demonio más cercano dándole un fuerte golpe en la nariz, haciendo que este saliera despedido contra los demás y comenzaron a caer como fichas de dominó. La arrogante sonrisa del cazador volvió a hacerse presente y tomó de la camisa a uno de los demonios caídos, para luego arrojarlo por una de las ventanillas sin mostrar mucho esfuerzo. — Vamos chicos, son seres del averno, pueden hacerlo mucho mejor. — Al escucharlo, uno trató de arremeter contra su cabeza con un tubo metálico desde el costado derecho, pensando que ese sería un punto ciego para el cazador. Pero su sorpresa se mostró en su rostro cuando Kol freno su golpe sosteniendo el tubo sin girarse a verlo, haciendo que de a poco el arma improvisada comenzara a doblarse a causa del calor. Aunque no tardó en darle un golpe en el estomago, cosa que hizo que el tipo saltara contra las paredes del vagón. No tuvo tiempo de admirar como el sujeto se estampaba contra la pared, ya que ahora dos demonios intentaron golpearle desde los costados, pero Kol simplemente se agachó haciendo que los se golpearan mutuamente. El cazador aprovecho para tomar ambas cabezas con sus manos y las llamas de sus guantes se intensificaron aún más, quemandolos y haciendo que chillaran de dolor. Para cuando el olor a carne azada comenzó a sentirse fuerte, Kol arrojó los cuerpos contra los demás demonios esperando a que alguien más intentara algo.
Pero antes de que pudiera seguir con su matanza, escuchó como Jason lo llamaba desde el otro vagón. Se había dejado llevar por la marca y no recordaba que ellos seguían allí, eso hizo que las llamas de sus guantes se apagaran y Kol comenzó a apresurarse hasta ellos. Maldijo entre dientes cuando vio que Keira ya había desconectado los vagones, por lo que corrió más rápido y cuando se encontraba en el borde saltó lo más lejos que pudo. En el aire, pudo escuchar como la granada que pasaba junto a su cabeza se comenzaba a combustionar para la explosión, entonces sintió como esta ocurría detrás de él y podría jurar que lo había impulsado un poco más. Al caer sobre el otro vagón, su pie resbaló en el suelo de este y comenzó a caerse hacia atrás, pero sus camaradas fueron tan rápidos como para sostenerle los brazos y evitar la caída. Cuando ya se encontraba firme en el vagón que poco a poco comenzaba detenerse por falta del motor, Kol liberó un pequeño silbido de admiración por toda la destrucción que tenía en frente. El mundo se volvió más silencioso, sólo podía escucharse el chirrido del metal y las llamas propagándose sobre los cadáveres.
— Esta noche no salió en nada como esperábamos. — Dijo casi para si mismo, mientras entrecerraba los ojos. El hecho de que todo aquellos había sido planeado por aquellos seres con tanto cuidado, era algo que no se debía pasar por alto. Los demonios sabían que planeaban algo contra Tiamat y durante todo ese tiempo estuvieron cinco pasos adelante. Un alarido de dolor hizo que Kol se diera vuelta y pudo contemplar como un tipo se arrastraba por el suelo, pretendiendo escapar. — Ah... Justo lo que quería. — Dijo en voz alta, para luego correr hasta el demonio caído y tomarlo de los cabellos, y así guiar la cabeza de este directo al suelo, cosa que dejó una gran mancha de sangre en el suelo. Luego de disfrutar durante un instante de los insultos de aquél demonio, Kol tiró de sus cabellos levantándolo lo suficiente como para susurrarle al oído. — Desde ya, quiero agradecerte por la gran contribución que harás a nuestra causa, mate. — En ese momento, la voz de Kol rosaba entre lo tranquilo y lo maligno, como cualquier típico villano de película. Levanto al sujeto desde la camisa y lo llevó a rastras hasta el borde del vagón, haciendo caso omiso a sus compañeros. Ya estando ahí, lo arrojó a las vías como si se tratara de la más asquerosa basura. El demonio se quejó entre dientes, mientras que unos hilos de sangre se escapaban de su boca y caían al suelo, Kol no pudo evitar sonreír. — Ace, por favor, quita la daga del pecho de nuestro amigo. Quiero tener una platica con él. —
— Váyanse a la mierda. — Fue lo único que dijo el moribundo en el suelo.
Cuando su amigo removió la daga del pecho del demonio, este gritó con fuerzas a causa de dolor. Kol saltó hasta donde estaban y volvió a tomar al demonio de los cabellos, para darle de nuvo contra el suelo. Cualquiera podría decir que estaba disfrutando mucho eso. Volvió a levantarlo, sólo que esta vez dejó que se parara y el cazador le quitó el polvo de la ropa, mientras que el demonio lo fulminaba con la mirada.
— Mátame de una vez, nunca conseguirás que les diga nada. — Fue lo único que dijo, sin quitarle los ojos de encima al rubio.
— No te preocupes por eso, voy a matarte. Lo único que se disputa aquí es como lo haré, puedo mantenerte vivo y llevarte a un lugar donde nadie te encuentre. Torturarte unos días para que me digas lo que quiero saber y cuando lo hagas, seguir haciéndolo sólo por diversión... — Una sonrisa ladina se posó sobre los labios del cazador y en sus ojos se demostraba cierta maldad, aquella mirada afirmaba de que hablaba en serio. — O podrías tomar la ruta fácil y decirme ahora donde se congregan los tuyos, para así poder matarte de manera rápida... Tú decides. — El rostro del demonio se tensó, entendió que Kol iba muy en serio con aquello.
— Púdrete. —
Sin más, enterró su puño en el pecho del enorme sujeto y tomó con su mano el corazón latente de él. El demonio abrió los ojos como platos y comenzó a doblarse, producto del dolor de sentir como su corazón era sujetado, comenzó a dar bocanadas de aire y sus quejidos eran fuertes.
— Creo que no pregunté lo suficientemente claro, pero bueno, no te culpo. Déjame que lo intente de nuevo, ¿donde se reúnen? — Kol volvió a sonreír, mientras observaba como el tipo sufría, más este se quedó callado, maldiciendo por lo bajo. El cazador frunció el ceño y aplicó un poco de presión sobre el músculo y el tipo se tensó aún más.
— ¡Está bien, está bien! — Gritó con ojos suplicantes y Kol relajó su agarre — P-Pandemonium... El club nocturno... — Dijo mientras miraba a Kol y sonreía como si de pronto ya no le interesase lo que hicieran con él. Rió por lo bajo y sus ojos mostraban desafío. — Estas perdiendo el control cazador, ¿Cuando le dirás a tus amigos de la mar...? — No pudo terminar la pregunta, ya que pudo sentir como sus entrañas se prendían fuego y vio como su corazón estaba prendido en llamas sobre la mano del cazador.
— Ya conoces a los demonios, inventan cosas con tal de sobrevivir — Respondió a la pregunta de Jason, mientras arrojaba el corazón incinerado a un costado. — Ya lo escucharon, debemos ir al club nocturno Pandemonium. Pero antes sugiero que busquemos el templo más cercanos para equiparnos y curar nuestras heridas, ustedes lo necesitan. —


Última edición por Kol E. Graymark el Lun Nov 23, 2015 11:03 pm, editado 1 vez
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Keira B. Evansglow el Lun Nov 23, 2015 11:01 pm

Keira tenía la molesta sensación de que algo no encajaba en el rompecabezas de Tiamat. Era irritante, pensó, como una mosca que no paraba de zumbarle al oído. El enorme demonio la miró con una sonrisa socarrona, blandiendo el Scramasax de Jason de un lado a otro. La muchacha disparó de manera autómata, tres disparos se incrustaron en su pecho en cuestión de segundos.

- No te queda mucho tiempo, Evansglow – canturreó - ¿12 meses? ¿Menos? Morirás tratando en vano de matar a nuestra Señora.

- Con tantas señales de humo, la semana que viene ya voy a tener la cabeza de tu Señora colgada en mi pared.

El demonio gruñó y la espada bajó con rapidez al tiempo que la muchacha se movía. La sangre de su brazo fluía como el río Nilo durante la ira de Dios, la espada con apenas un roce le había hecho un feo corte transversal, de varios centímetros de profundidad. Debía reconocerle a Jason que tenía buenas armas, demasiado para su gusto.

- Idiota, nadie dijo que ibas a morir por tu suerte.

La Cazadora frunció el ceño y el demonio trató de decir algo, cuando abrió los ojos de par en par, con la Daga de los Herondale clavada en su pecho. Se tambaleó, la sangre burbujeando en su garganta. La muchacha pateó con fuerza sus costillas, tirándolo al suelo de una ágil patada. El mastodonte cayó con un grito, enterrando aún más el arma en su piel. La daga destelló, chispas eléctricas cubrieron las órbitas negras de sus ojos y sintió el característico aroma a carne chamuscada. Dio vuelta de un puntapié a lo que ahora era el cadáver de un guardia de seguridad y vio la enorme mancha de un rojo oscuro rodeando la daga. Keira admiró el antiquísimo y destructivo poder que se escondía tras la Daga de los Herondale. Y en ese instante lo supo: no se detendría hasta obtenerla.

Apenas pudo notar que Jason estaba examinando sus heridas, podía seguir con facilidad el hilo de pensamientos, sopesando si el corte era demasiado grave o no como para preocuparse. El tren iba a una velocidad exacerbada y sus engranajes crujieron peligrosamente al doblar a la derecha, temblando todo su interior. Esto tomó por sorpresa a la muchacha, quien se tambaleó tropezándose con el cadáver del demonio. Insultando en sus adentros, siguió la mirada de Jason desde la palanca de emergencia hasta su amigo.

Notó las granadas a su espalda y miró a Kol, desde el otro lado del vagón corriendo con una horda de demonios persiguiéndolo; motas de luces se distinguían a lo lejos.Jason estaba a centímetros de la palanca, inmóvil, esperando fielmente a su amigo.

- ¡No hay tiempo, Herondale! – exclamó lanzándose hacia la palanca. Tomó las granadas y las lanzó al vagón atestado de demonios, con Kol aún adentro. El rubio saltó segundos antes de que la explosión lo alcanzara y casi cayó si no fuera por los reflejos rápidos de sus compañeros.

Mientras el vagón iba aminorando su velocidad y las llamas se desvanecían a lo lejos, Keira no pudo evitar sentir que algo no cuadraba. Miró a Kol en silencio, en ese acto de sadismo que le sorprendió internamente. El demonio balbuceaba en un lenguaje ancestral y único de su raza, Keira apenas podía distinguir algunas palabras semejantes al latín pero el resto era un completo enigma.

- Pandemónium… - susurró viendo desinteresada la carne del demonio siendo chamuscada. Pandemónium. Ese lugar, una y otra vez se repetía, llamándola con ímpetu. Esa era la pista que Tiamat le había dejado en New Orleans, o eso había creído hasta que para su pesar no encontró nada allí la vez que lo revisó. Sí, era un sitio que derrochaba actividad sobrenatural por doquier con numerosas criaturas abusándose de los humanos; pero ninguna señal de la diosa, como si jamás hubiera existido. Podría ese demonio haberles mentido pero no lo creía, estaba frente a una barrera en la búsqueda de Tiamat y la diosa marcaba los tiempos de juego. Eso debía ser una señal, una insistencia que no podía ignorar. Las palabras de Kol la sacaron de sus pensamientos y bufó molesta ante las mismas -. No las necesito, mis heridas se curan rápido.

Miró su reflejo en un trozo de vidrio del suelo. Ciertamente tenía un mal aspecto, con su rostro teñido de polvo, ceniza y la sangre negruzca de su herida cubriendo el lado derecho de su frente. Su brazo creaba un camino carmesí mientras andaba, necesitaba puntos o la hemorragia no se detendría.

- Estoy perfectamente – insistió y suspiró al ver como sus compañeros abandonaban el lugar. Tardaron algunos minutos de trote en llegar al reluciente Impala 67’ de Jason, el cual el muchacho trataba con una delicadeza tal como si se tratase de la criatura más hermosa en la faz de la Tierra -. No te escandalices si ensucio el tapizado de tu mujer – aclaró sentándose en el asiento trasero – Graymark, maneja tú, con la contusión que tiene Herondale habrá quedado más tarado de lo normal. No le confiaría el volante.


~ ▼ ~


La iglesia St. Michael era la estructura más bella y alta de todo Memphis.

El color predominante de ella era el gris y su aspecto imponente derrochaba cientos de años de historia por cualquier lado donde uno la mirara. La primera vez que la había visto se quedó fascinada por su diseño antiguo, por ese aire inmemorial que desprendía como si hubiera existido allí desde el inicio del mundo y sucumbiría con la destrucción de éste. A pesar de que Keira no era una gran devota,  sentía regocijo al entrar a las iglesias. Amaba ese tipo de estructuras, le parecían un saludo de antaño que siempre podían calmarla.

La Iglesia Saint Michael era una de las más grandes del mundo, para soportar el peso de la enorme construcción había estructuras con forma de medio arco, los arbotantes, unidos a los contrafuertes que a su vez estaban decorados con pináculos que no sólo tenían un papel estético sino que ayudaban a la función de soporte. Las ventanas eran alargadas, acompañadas por arcos ojivales, éstas estaban decoradas con calados de piedra y eran traslúcidas, permitiendo que entrase la luz. En el centro de la iglesia se encontraba la columna mayor que se dividía en tres partes, la primera estaba compuesta por una gran puerta de metal grisáceo también con forma de arco abovinado. Al igual que el resto estaba bellamente decorada, bordeada con molduras y calados. La segunda parte consistía en un enorme rosetón con vidrios policromáticos lleno de imágenes de santos y ángeles en ellos; la última sección era el campanario de bronce de aproximadamente el tamaño de una casa pequeña. La gran torre finalizaba con una cruz de oro imponente y magnífica, digna de ser el punto más alto de todo Memphis. Se rumoreaba que podía verse desde cualquier punto de la ciudad, aunque Keira no estaba muy segura de ello.

Cazar demonios era más que trabajo, sino un estilo de vida. Una vez que entrabas en ella, tu mentalidad cambiaba por completo, a tal punto que estar un sábado a las diez de la noche en trenes subterráneos con una horda de seres infernales era algo totalmente normal para jóvenes que como máximo alcanzaban los veintiún años de edad. Aceptar lo sobrenatural era completamente sencillo para los cazadores y es por eso que pecaban de sorprenderse y dudar con la normalidad, como si ésta hubiera desaparecido al momento en que conocieron de la existencia del mundo de las sombras.

- ¿Una boda? ¿En serio? ¡No entiendo para que se casan si a los tres años se divorcian! – se quejó Keira mirando por la ventanilla del coche. La entrada de la Iglesia St. Michael estaba atestada de alegres mundanos, mujeres luciendo hermosos vestidos de colores y hombres con pulcros trajes. Escuchaba retazos de conversaciones que le resultaban absurdas, como que Alice Milcoms era una zorra y estaba embarazada de su jefe y Jeffrey Hophkins había decidido salir del armario.

Los tres cazadores se miraron entre sí con duda. El GPS del celular de Jason indicaba que no había otra iglesia cerca en un área de ocho kilómetros y no tenían el lujo de perder más tiempo. No querían llamar la atención pero no había forma de entrar desapercibido en una boda, no vistiendo cuero, polvo y sangre. La Cazadora, irritada y hastiada de la situación, salió del auto sin esperar el veredicto de sus otros dos compañeros y caminó entre los mundanos que la miraron sorprendidos y extrañados.

- ¿Vienen? – preguntó a sus compañeros. Había hecho una venda improvisada en su brazo con una camisa que encontró en el asiento trasero del Impala y se había limpiado también con ella el rostro. Al parecer, eso seguía sin ser suficiente, no considerando que la camisa blanca estaba teñida de carmesí y algunos mundanos hasta estaban sacándole fotos con sus modernos teléfonos -. El último cierra la puerta.

La Iglesia St. Michael era tan imponente por dentro como por fuera. En el frente los recibió un inusual frío y numerosas bancas vacías que apuntaban al altar, cada borde decorado con flores blancas y amarillas. Tres rosetones de vidrio policromático se exhibían en el centro, cada uno detrás de sus respectivas bellas estatuas: Jesús en el medio, María a su derecha y José a su izquierda. Sus ojos apacibles parecían estar fijos en ellos con cada paso que daban, no ayudaba demasiado a calmar la sensación de paranoia que los había acompañado desde que comenzaron con la cacería.

El padre, un hombre ario de unos sesenta y tantos, vestido de blanco con una estola dorada, se encontraba en lo alto del altar, frente a un receptáculo que terminaba con forma de águila con las alas extendidas, leyendo concentrado un pasaje de la biblia. No se percató de la llegada tan fuera de lugar de los tres jóvenes hasta que Kol carraspeó.

- ¡Por todos los santos! ¿Qué les ha pasado, hijos míos?

- Querían un trío, padre. Y las cosas se pusieron un tanto violentas, ya sabe cómo es – contestó Keira con sarcasmo. Era normal en ella responder de esa manera cada vez que estaba molesta e impaciente -. Necesitamos armas y un botiquín, hay un par de demonios de los que nos tenemos que encargar. Ya sabe, limpiar los errores de Dios. En serio, ¿tan omnipotente y no pudo crear ángeles decentes que no se convirtieran en el rey del infierno?

El hombre pestañeó sorprendido, estuvo a punto de replicar pero al ver la mirada de los cazadores negó con la cabeza con un suspiro.

- Iré a la sacristía por el botiquín, las armas están debajo del altar. Apúrense por favor, la novia está por llegar.

El altar era de mármol blanco, bastante grande y  pesado. La cazadora podía ver como los músculos de sus compañeros se tensaban al empujarlo. Debajo de éste había una trampilla de madera y cuando la abrieron en su interior encontraron la más selecta variedad de armas: largos cuchillos, nunchakus, discos, granadas y bombas de humo, bengalas, revólveres, rifles y escopetas. A un lado había pequeñas cajas de colores rojo, verde, negro y azul. Era un sueño para todo cazador, más para los amantes de las armas como Keira.

Jason fue el primero en tomar unas bengalas y un par de discos, unos círculos plateados y afilados, de aproximadamente tres centímetros de espesor y un agujero en uno de sus costados para su agarre. La muchacha prefirió recargar su suministro de granadas y bombas de humo y se hizo además con un par de cuchillos resbaladizos. A lo lejos comenzaron a escucharse los gritos animados de los invitados, Kol se apresuró a armarse y a volver el altar a su lugar.

- La novia ha llegado – el padre les entregó un botiquín de primeros auxilios con bastante apuro -. Pueden irse por la puerta de atrás, si preguntan diré que se escaparon de sus casas y les ofrecí un lugar para pasar la noche. Para no levantar sospechas.

Keira miró al padre arqueando una ceja. Había algo extraño en su actitud, estaba demasiado nervioso y apurado para tratarse de una simple boda. Sudaba y no dejaba de limpiarse la frente con un simple pañuelo de tela. Y entonces lo vio en un movimiento de su sotana, una pequeña mancha negra apenas perceptible a la altura de su muñeca.Todo ocurrió en cuestión de segundos, se acercó hacia él con la rapidez de una gacela y tomó su antebrazo con fuerza, ignorando su grito de sorpresa. En su muñeca descubierta podía verse el tatuaje de un triángulo invertido. Al instante había un cañón en su nuca.

- Sirviente de Tiamat – musitó con asco -. Eres humano, me doy cuenta. Así que dime, ¿qué te ha ofrecido para vender tu alma?

El hombre forcejeaba en vano gritando que lo soltaran, mirando con terror el cañón que le apuntaba. Era hasta ridículamente gracioso ver como alguien tan grande no podía deshacerse del agarre de una chica de aspecto tan frágil.

- ¡Responde!

- La salud de mi hija – farfulló resignado.

- ¿Hija? ¿Pacto con un demonio? La iglesia católica es un asco eligiendo sus curas, se parecen a Dios con sus ángeles.

Hubo un segundo de silencio interrumpido por los golpes de la puerta y los llamados al padre. Keira agradeció internamente que Kol la hubiera cerrado con las pesadas bisagras de hierro. El padre miró nervioso hacia allí.

- La boda deberá esperar. ¿Has alertado a los demonios de nuestra presencia?

El padre tragó saliva y negó con la cabeza. Jason sacó una de sus cuchillas, jugueteando con ella de forma amenazadora.

- Está mintiendo.

- ¡No estoy mintiendo! – chilló desesperado, escupiendo el rostro de la muchacha sin intención - ¡Lo juro! ¡Lo juro por Dios!

- Como si tu palabra valiera de algo – contestó Kol con sarcasmo.

- Tenemos que irnos pronto, haya llamado o no, no podemos seguir aquí – Keira miró al padre con una inquietante tranquilidad -. No podemos dejarte vivo si no nos sirves, padre.

- ¡No! ¡Por favor! ¡No me maten! – el hombre comenzó a temblar de pies a cabeza, lágrimas cristalinas cubrían sus ojos - ¡Van a dejar a una niña de diez años huérfana!

- Así que entregaste a la madre por tu hija. Eres un asesino como nosotros, padre. Dame una utilidad o disparo, no me interesa los bastardos que hayas tenido.

El hombre miró asustado al grupo, posando sus ojos primero en Keira, luego en Kol y después en Jason, para volver finalmente a ella. La Cazadora podía ver los engranajes de su cerebro girando sin cesar, procesando la idea de que esos jóvenes eran capaces de cumplir con su palabra de poner fin a su vida.

- ¡Pandemónium! – gritó.

- Ya sabemos eso.

- Los fieles de Tiamat van a hacer una celebración en Pandemonioum.

- ¿Qué quieren celebrar? – inquirió Jason.

La mirada del padre se oscureció. De repente parecía haber envejecido unos diez años más.

- Le han conseguido a Tiamat un nuevo y mejor cuerpo.  


Última edición por Keira B. Evansglow el Lun Nov 23, 2015 11:13 pm, editado 1 vez
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Lun Nov 23, 2015 11:03 pm

Jason pateó encolerizado la vieja puerta de oxidado metal blanco. Camino a grandes pasos a la parte trasera de la Iglesia Saint Michael, hacía un jardín de césped prolijamente cortado, acompañado de ocasionales peonias silvestres. Una silueta grisácea vestida de sombras y reflejos lunares se alzaba sobre una base de elegante mármol blanco. El cazador tuvo que alzar la mirada para encontrarse con la figura de un rostro, lleno de ferocidad y valentia, hermoso y perfecto. Llevaba una majestuosa espada que inclinaba amenazante sobre una serpiente que se retorcía bajo sus pies, con fauces malignas llenas de colmillos como agujas. Las familiares alas extendidas a espaldas de ese celestial héroe, le trajeron a la mente las incontables representaciones de la lucha entre el cielo y el infierno, ángeles y demonios.
Pero pocos sabían que los demonios no siempre habían sido bestias rastreras y monstruosas, hubo un tiempo en el que habían sido tan bellos y abrumadores como sus hermanos. Los demonios que hoy en día aterraban la tierra; Belcebú, Alaistar, Lilith, e incluso Tiamat, todos ellos fueron alguna vez ángeles. Su decisión de unirse a Lucifer en la Gran Guerra Celestial había sido su condena, y Michael el Arcángel los había pateado al mismo infierno.
Y ahora, los cazadores debían hacer lo mismo, de una vez y para siempre. La imagen de Tiamat cayendo al pozo de lava y azufre le tranquilizaba, extrañamente.
 Ace.  — La familiar voz de Kol lo devolvió a la realidad, como una soga que tiraba de él a tierra.
Jason se volteó hacia su amigo, cuyos cabellos dorados resaltaban en medio de las penumbra nocturna. Iba a paso lento y firme, tranquilo a pesar del repentino giro de eventos. A veces Jason llegaba a pensar que Kol era capaz de suprimir por completo sus emociones en medio de las cacerías, lo que explicaba esa frialdad odiosa que lo caracterizaba.
A pesar de acabarse de armar, su aspecto era exactamente lo mismo. Lo más probable es que tan sólo hubiese tomado un par de balas extra para su escopeta. Los estilo de caza de los Herondale y los Graymark eran tan diferentes como el sol y la luna. Mientras ellos se enfocaban en el combate cuerpo a cuerpo y las técnicas físicas, el linaje de Jason sostenía que los cazadores debían "usar las armas a su máximo potencial".
Las orbes doradas de Kol se encendieron cuando se detuvo a pocos pasos de Jason. Y sin musitar una palabra, Jason comprendió que pasaba por sus pensamientos.
No. Bajo ninguna circunstancia.   — Dijo volteándose hacia él, con pasos decididos, como si hubiese dicho una ofensa. — Lo digo en serio. Alzas ese celular, y dalo por perdido. A no ser que la garantía de tu Iphone cubra los daños por chakrams voladores.
La imagen de Jason llevando su mano a su cinturón, tomando el disco volador y lanzándolo con precisión al costoso dispositivo era exagerada, pero bastante posible considerando su caracter.
El Temple queda fuera de esto. Buscaremos la manera de llegar a Tiamat, nosotros tres y nadie más.  — Alzaba la voz como si recitase una regla no escrita entre ellos, como si apelase a un código de hermandad entre ambos.  — Como si fuese la primera vez que nos superan doce a uno.
Jason y Kol si habían lidiado contra una veintena de demonios en el pasado, y Keira era más que capaz de estar a la altura. Pero aquellos eran vasallos, poco menos que cucarachas comparados con el poder de los cazadores. Esta vez hablaban de los grandes jefes del mundo infernal,  cuyo asesinato requería planificación conjunto de cuadrillas enteras de cazadores, y un plan tejido durante meses con minucioso cuidado.
El pelinegro sabía esto, y sabía que Kol lo sabía.  El leve destello de duda en sus tormentosos ojos dejaba entrever una gota de duda, en medio del ciclón feroz de decisión que ardía en su interior.


Última edición por Jason "Ace" Herondale el Vie Nov 27, 2015 4:53 pm, editado 1 vez
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Kol E. Graymark el Lun Nov 23, 2015 11:09 pm

Su mirada siguió la espalda de su compañero, viendo como este se iba de la iglesia con apuros. Tragó saliva y de todas las armas que tenía en frente, simplemente tomó dos cartuchos más para su escopeta y siguió a Jason. Al salir de la iglesia, vio a su compañero parado frente a una estatua que representaba al arcángel y sin darse cuenta un suspiro se escapó de sus labios. Algunos dicen que luego de compartir varias experiencias cercanas a la muerte con alguien, de alguna forma eso lograba un entendimiento mutuo sin siquiera verse directamente a los ojos. Kol sabía que el tiempo de Jason se estaba terminando y que tendría que ser él quien lo llevara ante la justicia, como lo había hecho con otros tantos cazadores.
Caminó de forma tranquila y silenciosa, hasta estar a unos metros de distancias de él. Se quedó viéndole por unos segundos, sabiendo que el otro no se había dado cuenta aún de su presencia. Ya sabía cual sería la respuesta y entendía que por más que tratara de apelar a la razón, su amigo nunca le escucharía. Sin embargo, la situación ya se había complicado más de lo que se hubiera imaginado, casi podría decirse que aquél trabajo se había convertido en uno de los más peligrosos que jamás habían hecho y por eso era de vital importancia advertir a la Clave de lo que estaba sucediendo en aquella discoteca. No solo por el peligro, sino porque tal vez sería su único disparo seguro contra Tiamat y no tendría que haber margen de error en lo que ocurriría en las siguientes horas.
Llamó a su amigo por su apodo y este se volteó hacia él, sus orbes se encontraron y el silencio reinó entre ellos durante un momento. Jason lo sabía, comprendía lo que Kol iba a decirle pero se adelantó a eso. Mientras lo escuchaba, el rubio desvió la mirada hacia el suelo, esperando a que el reproche de su amigo terminara. Aquella sangre rebelde que corría por las venas del joven Herondale algún día sería la que terminara con su vida y el joven Graymark sabía que no iba a poder proteger a su amigo de si mismo.
— Por una vez escucha a la razón, Jason. — Le llamó por su nombre, con tono seco y firme, como si le hablara a uno de sus hermanos menores — Esto ya va más allá de nosotros, estamos hablando de un demonio original que en este momento está a punto de tener un nuevo cuerpo. Este tipo de oportunidades no se presentan todos los días. — Dio un paso al frente, acercándose a él con una mirada severa en los ojos. — Tal vez nunca volvamos a tener una oportunidad como esta y tú estás a punto de echarlo a perder. Dime... — Llevó ambas manos a los bolsillos, sin quitarle los ojos de encima a Jason — ¿A ti te parece que esta es la decisión que tomaría tu padre, John Herondale? — La reacción que tuvo su amigo al escuchar la mención de su padre, no fue del todo una sorpresa. No impuso ninguna resistencia a su agarre y se dejó arremeter contra la pared, sin quitarle los ojos de encima y sin mostrar ningún arrepentimiento.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Lun Nov 23, 2015 11:15 pm

Los afilados ojos de Jason fulminaron como dagas los de Kol. Tenía la misma mirada que la que le dedicaba a los demonios más viles y traicioneros.
Empujó la espalda de Kol hacia la base de mármol del ángel, y habló lenta, pausadamente.
Dilo otra vez, Kol. Repite lo que acabas de decir, y haré que lo lamentes. — Su tono era apagado, casi arrastrando las palabras.
El cuello de Jason estaba tenso, así como los músculos de su espalda. Que Kol se negase a ayudarlo era una fuerte estocada para el joven cazador, pero que atacase a la memoria de su padre resultaba imperdonable.
Él murió. Murió defendiendo a La Clave.  — Continuó el muchacho. — Y tú estás haciendo todo lo posible para morir yendo en su contra. Hasta ese punto te ha llevado tu sed de venganza. Estás perdido.
Jason alzó el puño en alto, pensando en estrellarlo de lleno en el rostro de su amigo. Aunque fuese inapropiado, ambos parecían más honestos entre sí tras un par de golpes. Sin embargo, algo sostuvo su puño a sus espaldas. El joven se volteó.
Sobre su muñeca, sin llegar si quiera a rodear la mitad de ella, había una delicada y femenina mano, curtida de cicatrices. Ni siquiera la había escuchado llegar, y Jason se preguntó si esa había sido su intención. Keira observó a ambos, y con un interés nulo en la situación, alzó la voz.
¡No tenemos tiempo para sus peleas de pareja! — Dijo como si hablase con un par de niños pequeños.
Suéltame, Keira. — Ordenó Jason, haciendo un fuerte ademán para liberarse. Como un efecto en cadena, Kol también lo apartó en un sutil movimiento.
Graymark tiene razón. Es una oportunidad única, y podríamos perderla. — Hablaba con voz firme y seria, muy diferente a la usual sarcástica y desinteresada pelirrosa. Jason supuso que estar tan cerca de Tiamat la había emocionado.
Vaya, vaya. Hasta una Evansglow tiene más sentido común que tú.  — Dijo Kol, tirando de las solapas de su chaqueta.
Jason lo fulminó con la mirada.
¿Sentido común? ¿O ser un maldito cobarde?
¡Basta los dos, por el Ángel! — Alzó la voz para tapar la de ellos. —   Sí, es una oportunidad única. Sí, es una situación jodidamente difícil. Pero avisar a La Clave no arreglará nada. Tenemos una ventana de apenas minutos para llegar a Tiamat, y tomará horas armar un equipo.
No hablas en serio. Quieres que vayamos. —  La voz de Kol resonó con un marcado acento inglés de indignación.
Me importa un bledo lo que hagas de tu vida, Graymark. Pensaba hacer esto sola en un principio, es un gesto de mi amabilidad infinita que les permita acompañarme. —  Arrastró las palabras, arqueando las cejas, turnando la mirada entre él y Jason.
Jason rió levemente, atrayendo la mirada represiva del rubio.
Tú díselo, chica. — Dijo sonriendo, con sus talones volteándose hacia la calle. — Eso nos hace dos contra uno, ¿verdad, Kol?
Kol frunció el ceño, negando ligeramente tras pasar sus ojos de Keira al pelinegro.
Ustedes dos están locos en una medida exactamente igual. Conseguirán que los maten.  
Quizá. — Jason cortó el hilo del molestamente realista pensamiento de Kol. —  Puede que una veintena de demonios oni nos liquide mientras Tiamat ríe observando el espectáculo desde su trono, con una sonrisa repulsiva propia de una mala serie de televisión.
— Habla por ti mismo. — Keira se cruzó de brazos.
Pero sin embargo, tengo una corazonada sobre esto. — La mirada de Jason, decidida y tormentosa, buscó la de Kol. — Es muy probable que esa perra sea el demonio que estoy buscando. Y necesito que mi parabatai se encargue que nadie me rebane la cabeza mientras corto la suya. ¿Es eso mucho pedir?
Jason sonrió de soslayo. Kol mantuvo la mirada unos segundos, quebrándola con un sonoro suspiro. Jason sonrió aun más.
Necesitaremos un plan. Y uno malditamente bueno. — Expresó con resignación.
Estaba pensando, deberíamos volver por granadas de agua bendita, y... — Keira se movió de improviso, con la mirada en el cielo.
Guárdatelo para después. Nos encontraron.
Jason se volteó rápidamente, y el Iratze sobre su pecho palpitó ardientemente. Sobre la luna llena del paisaje nocturno, unas figuras aladas revoloteaban cual murciélagos en un bailar espeluznante. Se acercaban, precipitándose en su dirección. Demonios vampiro, media docena de ellos. Se habían demorado mucho en largarse de allí, y ahora no habría forma de hacerlo. Cuando una de esas criaturas del infierno capta el olor a sangre de un cazador, puede seguirlo hasta el fin del mundo.
El pelinegro sonrió, llevando su mano a su cinturón, tomando el chakram por el medio, donde las hojas no yacían replegadas. En un rápido movimiento, se expandió y las afiladas lenguas de acero emergieron sedientas de sangre.
Hey, muchachos. ¿Como le dicen a una bandada de demonios vampiro?— Hablo sonriente. — Calentamiento.
Y cuando el aullido de la bestia resonó, lanzándose como una flecha hacia el cuello de Jason, este lanzó el disco.


Última edición por Jason "Ace" Herondale el Mar Dic 01, 2015 4:28 am, editado 2 veces
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Keira B. Evansglow el Lun Nov 23, 2015 11:19 pm

La mortecina luz plateada se extinguió como el último aliento de la diosa Selene. Una gran mancha oscura y amorfa cubrió todo su esplendor, y a medida que se acercaba,  se distinguían los cuerpos pálidos y esqueléticos que lo formaban acompañado del ruido seco del batir de sus alas. A unos pocos metros de altura, la enorme nube negra se disolvió cuando los demonios vampiros se dispersaron. Flotaban erguidos sobre las cabezas de los cazadores con las enormes alas de murciélagos rasgando el aire a sus espaldas, sus dos dentaduras llenas de colmillos desiguales les sonreían de punta a punta con una malicia sanguinaria. Un extraño símbolo decoraba la frente de cada uno de ellos, un triángulo invertido, cuyo vértice superior coincidía con el punto céntrico de una cruz; parecía haber sido grabado a su piel a fuego vivo. Hablaba de lujuria y gula, de la búsqueda insaciable por ese elixir prohibido y exquisito de la muerte.

Keira podía alardear tranquilamente de ser la cazadora con mayor conocimiento acerca de Tiamat, fruto de años de ardua investigación. La diosa de la destrucción era reconocida en el mundo infernal y contaba con una gran y diversa cantidad de seguidores. No discriminaba a la hora de elegir la raza de sus súbditos y tenía preferencia por las criaturas más letales y despiadadas que vagaran por la tierra. La Cazadora se había enfrentado a varias de ellas y en algunas situaciones, había sobrevivido solamente gracias a la marca de su reina. Reconocía ese símbolo, que los distinguía de un demonio vampiro común y los mostraba como miembros de los Colmillos Sangrientos: los especímenes de esa raza más fuertes y sádicos que uno tuviera la desgracia de encontrar. La marca de la gula les daba más fuerza y aquella sed insaciable que los convertía en mejore depredadores: una vez que tu sangre era derramada y podían captar tu olor, no había forma de escaparse de ellos. Les fascinan los desafíos y no se detienen hasta tener tu cuello entre sus colmillos.

La muchacha preparó sus Walther, insultando a sus compañeros con todo el selecto abanico de malas palabras que tenía a su disposición. Usar a los Colmillos Sangrientos era una apuesta inteligente de Tiamat, son asesinos natos y extremadamente obstinados, no había forma de ir a Pandemónium sin hacerse cargo de ellos primero. Iban a tardar demasiado tiempo en eliminarlos, no iban a llegar.

Disparó contra uno de esos seres del averno. La puntería fue perfecta y dio a su pecho, a la altura de su corazón. El demonio siseó con molestia pero más allá de eso, no parecía percatarse del hoyo sangrante que tenía allí. La criatura gruñó y se abalanzó sobre ella, sus afiladas garras como cuchillas apuntando directamente a su pecho. Keira sacó a Joyosa y de un ágil movimiento su hoja plateada y traslúcida como el cristal se tiñó de carmesí.

Escuchó un silbido detrás de ella y se giró sobre sus talones. Uno de los demonios estaba a centímetros de ella, con su lengua bífida negra moviéndose de un lado a otro. Jason gritó y ella se echó hacia atrás, esquivando apenas las afiladas hojas del chakram que rebanó limpiamente la cabeza de la criatura. Su cuerpo degollado se desplomó al suelo y siguió sacudiéndose en espasmos durante un instante.

Se hizo paso entre los cuerpos que iban cayendo poco a poco. Vio a Kol en una esquina con sus guantes en llamas y a Jason a su derecha haciéndose cargo de unos cuantos otros. Ella, con Joyosa en mano, seguía su camino hacia la salida, si no derramaba sangre no podrían rastrearla y podría irse de allí a  Pandemónium. Pensó en sus compañeros cazadores a los cuales dejaba a la deriva en ese mar de demonios sanguinarios, si llegaban a sobrevivir al ataque considerarían su huida como una traición. Y estaban en pleno derecho, aunque a Keira eso le importaba en lo más mínimo: sólo deseaba llegar a Tiamat. Y a pesar de que los muchachos parecían controlar la situación, cada vez que mataban a uno otros dos surgían a atacarlos. No iban a llegar nunca a Pandemónium a este paso, no podía quedarse en esa lucha.

-  Keira Evansglow, ¿piensas irte sin saludar?


Las palabras sonaron lentas y guturales a sus oídos, más semejantes a gruñidos de animales que al inglés. La muchacha se dio vuelta para encontrarse con un demonio vampiro descendiendo frente a ella. A pesar de su forma humanoide, no había manera de ocultar su falta de humanidad. Era grande, llegaba fácilmente a los dos metros a pesar de estar encorvado. Su piel del color de las cenizas le hacía acordar a la superficie de una roca, rugosa y fría. La ropa que llevaba – unas bermudas rotas y una remera hecha trizas de los Sex Pistols – parecían demasiado pequeñas para su cuerpo musculado. Iba descalzo, con un par de pies hinchados y deformes. Su rostro era chato y arrugado, en el lugar de sus ojos había otra serie de afilados dientes puntiagudos, e incluso podía abrir sus fauces para mostrar otra lengua serpentina que emitía un agudo silbido. Su cola se alargaba como la de un lagarto decorada por varias púas y escamas, terminando en un aguijón.  Al lado de él, Keira parecía una niña de primaria con su estatura baja y su cuerpo delgado.

Enfundó a Joyosa. Había estado tan cerca…

-  Tresh, qué agradable sorpresa, pensé que te habías tomado vacaciones en Tazmania.

El demonio escupió un líquido verdoso y gelatinoso.

- Me cortaste las alas y me tiraste de una montaña.

Keira hizo un ademán como si espantara a una mosca molesta.

- Ah…eso, cuando me viene no soy simpática, ¿sabes? Muchas hormonas alteradas, dolores menstruales, deberías saber que tienes que alejarte de una chica cuando está indispuesta.

El demonio se abalanzó hacia ella, lanzándola al suelo. Abrió sus dos fauces de par en par, los colmillos a centímetros de sus ojos. Tenía un aroma desagradable, a carne cruda y putrefacción. Baba líquida y verde cayó sobre su pómulo y le abrasó la piel, ardía como si  la quemaran con una colilla de cigarrillo. Le quedaría marca, estaba segura.

- Voy a devorarte.

- Eso mismo dijiste en Tazmania, deberías actualizar tus líneas – tomó su pistola con rapidez y disparó a su mentón, la bala incrustándose en su cráneo. Éste chilló, lanzándose hacia atrás y liberándola.

La muchacha se puso de pie. El resto de los demonios parecían ignorarla, enfrascados en su lucha con los dos cazadores.

- Dije a mis hijos que no te tocaran, que se encargaran de tus compañeros – gruñó-. Tú eres mía.

- Que considerado – respondió con sarcasmo -. Te mataré, Tresh. Y una vez que mueras, tus hijos caerán contigo. Tiamat fue descuidada en permitir que vinieras.

-  No pido permiso de nadie – la criatura corrió hacia ella. Keira sacó sus dos Walther P99 y disparó una, dos, tres veces a su pecho pero las balas no parecían detenerlo. Se lanzó hacia un costado  con un giro antes de que pudiera atraparla con sus garras - ¡No vas a escaparte!

Tresh saltó. Su cola se movía errática de un lado a otro y entonces disparó hacia ella con rapidez, el aguijón se clavó en su cintura y permaneció allí. Keira gritó , sintiendo fuego correr por su sangre. Soltó las pistolas de inmediato, desenfundó a Joyosa de forma automática y la movió con brusquedad, cortándole la cola.

El demonio lanzó un agudo alarido con la mitad de su cola sangrando ríos de tinta. La Cazadora arrancó la parte clavada en su piel, jadeando con dificultad. Jamás había sentido tanto dolor en su vida. Estoy en llamas, pensó. Sentía que la quemaban viva por dentro, un incendio incontrolable, destructivo. Se alzó temblorosa, sentía que la quemazón apretaba sus pulmones y le costaba respirar, cada bocanada de aire era demasiado dolorosa. Escuchó una risa desquiciada y supo que estaba en problemas. Podía recordar aún las palabras de su padre, como si estuviera ahora mismo susurrándole al oído: “El aguijón de los demonios vampiro no es letal pero causa un dolor insoportable que provoca alucinaciones a la víctima. Es una ventaja que tienen como depredadores, les permite atrapar a su presa con facilidad y devorarla aún viva. ”

La Cazadora apretó a Joyosa con fuerza, buscando una conexión con la realidad. Alzó la vista, tratando de encontrar a Tresh en algún lado. De repente, a su alrededor estaba repleto de humo negro como si las tinieblas se hubieran apoderado de ese lugar y construido su reinado. A lo lejos podía ver una refulgencia ámbar y se guío por ella, atravesando esa barrera de oscuridad. Y entonces lo vio, la Iglesia St. Michael devorada por llamas. Lenguas de fuego rojo y dorado destrozaban la hermosa estructura como un gigante de fuego hambriento y voraz. Escuchó el sonido de las campanas agudo y desgarrador, una melodía que le dolía a los tímpanos, un llanto que parecía fuera de este mundo. Y no sabía cómo, pero ella sabía que provenía de la iglesia, del interior de esas paredes llenas de historia y sangre derramada.

Algo la empujó hacia un costado y le habría dolido de no estar en plena agonía. Aún aferrándose a su espada, cayó mirando al cielo, a la campana de la iglesia que parecía un fénix en sus últimos segundos de vida. Veía a Tresh sobre ella, sus lenguas recorriéndole el cuello y el rostro con una delicadeza que le resultaba inquietante. Movió a Joyosa hacia él, clavándole a la altura de sus costillas. Tresh gruñó y con un silbido la espada salió disparada de su cuerpo. El demonio le sonrió victorioso y tenía razón: había perdido sus pistolas y su espada y apenas podía moverse. Quería pensar con claridad pero su atención se distraía en otras lagunas de apreciación, como el hecho de que estaba quemándose viva. Los dientes de la criatura recorrieron su musculosa de arriba abajo, desgarrando la tela y abriéndola en dos. Keira quería golpearle, matarlo de una buena vez. Escuchó crujidos secos, uno tras otro y gritó por cada uno de ellos. No podía moverse para forcejear, no con tantos huesos rotos. Dejó caer la cabeza a un lado, ya resignada a ese destino fatal.

Y entonces la vio. Debía estar alucinando, como vaya a saber cuántas cosas más había imaginado. Pero allí estaba su prima, hermosa y perfecta, tan imponente y fuerte como siempre. Era ella sin lugar a dudas, con su traje de cazadora que acompañaba aquellos ojos llenos de seguridad.

-  Se ve que a Tresh le gusta jugar con la comida, va a violarte antes de comerte. ¿Vas a ser tan débil para permitirlo, Keira?

Quería hablarle, decirle que había intentado todo pero no había forma de matarlo, que estaba desarmada, inmovilizada y agonizando allí.

- No es excusa – le espetó frunciendo el ceño -. ¡Piensa, Keira! ¡Olvida el dolor! ¡No es real!

Pero se sentía demasiado real para ignorarlo. Tenía que dispersarlo de su mente, no habían venas ardiendo dentro suyo, tampoco huesos rotos, debía poder mover su cuerpo, alejar a ese demonio que saboreaba su piel con lujuria. Pensó en sus extremidades, en cada articulación en contacto con otra y entonces tembló, pequeños espasmos que querían controlar sus movimientos.

-  ¡Tienes que hacer más que eso, Keira! –chilló su prima molesta - ¡No seas débil!

Si pudiera, callaría a su prima, le gritaría que la débil era ella por haber muerto. Además, aunque pudiera moverse, ¿cómo lo mataría?

-  ¡Aclara tu mente! ¡Mira a tu alrededor! ¡Deja de pensar en el dolor, en mí, en todo!

Las garras de Tresh se clavaron en su cadera y tiraron hacia abajo, queriendo destruirle la falda. Trató de detenerlo, se concentró en ello pero sólo podía temblar en convulsiones y con el movimiento, aquellas cuchillas hicieron un corte diagonal en su muslo. Una de las lenguas del demonio lamió la sangre de su herida y un sonido gutural y placentero llegó a sus oídos. Estando ya casi sin ropa, no iba a pasar mucho tiempo para que Tresh quisiera pasar a la acción.

- ¡No hay tiempo! – exclamó su prima -   ¡Concéntrate sólo en ver a tu alrededor, olvida lo demás!

Keira pensó en que no iba a salir viva de allí y en cierto modo, le reconfortaba pensar que iba a dejar de sentir tanto dolor. Vio el triángulo invertido en su muñeca, ese pequeño símbolo que condenó a todo un árbol genealógico.  Recordó el lago congelado de ese frío invierno en Glasgow, donde había prometido a sus hermanos que no iba a morir, no sin antes tener la sangre de Tiamat en sus manos. Sintió vergüenza de sí misma al rendirse así, al haberse olvidado del simple hecho de que no podía morir aún. Cuando alzó la mirada, su prima había desaparecido, sólo estaba el resto de la cola cortada del demonio, el aguijón aún largando un líquido verdusco.

Lo hizo sin pensar y es por eso que quizás funcionó, tomó la cola y clavó la punta con veneno en el hombro de Trash. El demonio gritó, sangre negra comenzó a salir de su boca y comenzó a convulsionar, cayéndose a un costado inmóvil. "El aguijón de un demonio vampiro es letal para los de su misma sangre. En los nidos, el líder es quien sobrevive a un combate contra todos los que busquen conseguir ese puesto". La Cazadora respiró profusamente, gotas de sudor frío recorrían su frente y aún sentía un hormigueo molesto dentro suyo. Vio la iglesia en perfecto estado, ignorando que segundos antes parecía ahogarse en las llamas. Agotada, cerró los ojos esperando que los efectos del veneno desaparecieran completamente.

Las voces de sus compañeros la obligaron a incorporarse de mala gana. Con Tresh muerto, el resto de sus hijos sucumbieron junto con su padre por lo que ahora estaban ellos solos en aquel parque con olor a muerte y sulfuro. Notó la mirada sorprendida de sus dos compañeros y chasqueó la lengua molesta.

- ¿Es qué jamás vieron una chica en ropa interior? Estos de adelante se llaman pechos. P-e-c-h-o-s. Vamos, repitan conmigo – buscó sus armas y Jason se acercó a ella para ayudarla. Le cubrió con su pesada chaqueta que si a él le sentaba grande, a Keira le quedaba enorme: parecía una niña jugando con la ropa de sus padres. Al menos podía guardar sus armas y sus granadas, aunque con su espada debería llevarla en la mano -. Larguémonos ya de aquí, Tiamat nos están esperando.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Kol E. Graymark el Lun Nov 23, 2015 11:22 pm

Dicen que la locura es el baile que incita a las mentes a dejar el dolor. Hay varias métodos escondidos en nuestra mente que sirven para hacer que el dolor que atormenta nuestras almas desaparezca. Es en esos momentos, cuando la pasión y el deseo es más grande que la propia razón, en el que perdemos nuestras facultades para tomar decisiones. El mundo cambia, nosotros cambiamos y los que nos rodean también. Para siempre.
En aquél momento, las tres mentes de los cazadores bailaban al mismo compás. Habían dos que se movían de manera natural y una que no quería estar allí. La locura se había apoderado de los tres, la sangre que hierve antes de la destrucción los había embriagado, el murmuro tentador de la muerte sobre sus oídos los hizo soñar. En este punto la respuesta a todo ya era obvia, si el letargo profundo de la muerte era lo que les esperaba luego del conflicto que habían elegido, sería bien recibido.
En la penumbra de la noche, la única luz que llega a esa parte de la iglesia es la de la luna. Pero aquél brillo intenso, de repente, se había convertido en pequeñas motas de luz que poco a poco se extinguía. La culpa era de los seres tenebrosos que surcaban el cielo, tapando al gran satélite. Cuando los vio acercarse, algo prendió dentro del cazador rubio. Pues él era al que más le gustaba el sonido de la sangre derramada y el crujir de los huesos, aquél placer morboso que tenía cuando asesinaba a diestra y siniestra era una llama que no se apagaría nunca. Pero todos saben que mientras más te acercas a la luz, mayor es tu sombra.
De repente todos los sentidos del rubio se concentraron en aquellos seres que volaban como si el aire fuera suyo. No escuchó a sus compañeros, había un pitido en sus oídos que se lo evitaba. El mundo se redujo a él y los demonios que estaban a escasos metros de distancia.
Apretó sus puños con fuerza y las llamaradas de fuego amarillo encendieron en ambas manos. Una sonrisa se presenta también en su semblante, los ojos fijos en la presa. Los demonios suelen pensar que ellos son depredadores, pecan de ingenuos. Aquél hombre cuyas manos emanaban fuego era lo más cercano a un lobo hambriento.
Corrió velozmente hacia los demonios y dio el primer golpe en la boca del primero que tocó el suelo. Como era de esperarse, este se despidió del pasto más rápido de lo esperado y se elevó a escasos centimetos del suelo, pero cruzó como una bala hasta el otro extremo de la parte trasera de la iglesia. Desde la inerte figura humanoide, podía verse como un espiral de humo se elevaba desde su rostro. El resto de los demonios se quedaron viendo atónitos, admirando al rubio que sacudía la mano con la que había golpeado a uno de los suyos, entre medio de ellos como si estuviera en la sala de su casa.
—¿Qué están esperando? Se me hace tarde para visitar a su señora. —Su voz parecía queda, pero en su rostro había una sonrisa gentil.
Los demonios rugieron iracundos ante tal acto. Se arrojaron sobre rubio como si fueran cuervos a punto de alimentarse de un animal recién muerto. Pero el fuego quemaba sus carnes y sus ataques no lo tocaban. Cualquiera diría que aquello era algún tipo de coreografía sincronizada, casi parecía algo fácil de lograr. Detenía golpes con su antebrazo y los devolvía con su otra mano, haciendo que sus contrincantes salieran despedidos del grupo y cayeran en el suelo con quemaduras que deformaban sus cuerpos. Uno trató de empalarlo con su aguijón, pero aquello solo quedó en el intentó. Con suma destreza y gracia, Kol esquivo el dardo y lo tomó entre sus manos. Comenzó a girar sobre su propio eje y el demonio dueño del aguijón fue forzado sobre el suelo, siendo utilizado como arma contra los suyos. Finalmente la extremidad no pudo más y se desprendió del cuerpo, junto con un fuerte sonido desgarrador. Un intrépido se atrevió a atacarlo de frente, y el rubio giró sobre sus talones dándole la espalda y se arrodilló en el suelo. De un veloz movimiento le insertó el aguijón en la mandíbula y este atravesó el cráneo del demonio.
El cadáver cayó sobre él como si de un trapo se tratase. Se paró y las llamas de sus manos se extinguieron, dejando humo. El cuerpo cayó al suelo y el rubio aprovecho el momento para acomodarse el traje. Cuando quedó conforme, volteó para ver en que estado estaban sus aliados. Keira se enfrentaba solo contra un sujeto, no parecía que tenía dificultad. Pero Jason estaba rodeado por un grupo similar al de él, aunque un poco más numeroso. Sin más hecho a correr en esa dirección.
Sus manos volvieron a emanar fuego y su rostro volvía a tener aquella expresión salvaje, más que humano parecía otro demonio.
—¡Agáchate! —Le gritó a su amigo. Y este hizo caso.
Kol saltó y pasó por encima de Jason. En el aire, tomó a un demonio y al caer giró sobre su espalda aún sosteniéndolo. Aprovechó el impulso ganado y lo lanzó contra los demás de su especie. Cosa que los hizo retroceder y caer.
Se giró y vio como su amigo le apuntaba con un arma. Se hizo a un costado y escuchó el zumbido de la bala cuando esta pasó junto a su oído, terminando junto entre el medio de los ojos de un demonio.
Ambos se pusieron espalda con espalda, evitando los ataques que venía por ambos flancos y asistiéndose para rematar a los que los rodeaban. Y por las expresiones de ambos, estaban teniendo un buen momento. Jason cortando y disparando, Kol golpeando y quemando. Herondale y Graymark.
Un chillido llamó la atención de ambos y los hizo matar de manera más rápida, y menos elegante. Keira estaba en problemas y ambos se esforzaron más para acabar con los demonios que seguían apareciendo. Tal vez fuese por que de repente estaban desesperados, pero parecía que los enemigos no disminuían nunca en  número, como si estuvieran parados sobre una de las puertas del infierno.
—Jason, terminemos con esto de una vez. Hay que ayudarla. —Más que un pedido, aquello sonó como una orden.
– Por qué apurarnos, me estoy divirtiendo mucho siendo desangrado hasta la muerte aquí. —Dijo en su típico tono sarcástico, más Kol no le prestó atención.
El rubio puso ambos brazos hacia el frente, el izquierdo debajo del derecho. Junto las muñecas y las llamas se hicieron una sola.
—Metsuryu Ogi —(Arte Secreto del Asesino de Demonios) pronunció para sí mismo, mientras juntaba la punta de sus dedos, emulando dientes— Guren Karyu Ken —(Loto Carmesí: Puño del Lobo de Fuego) su voz se elevó y de repente comenzó a dar puñetazos en todas las direcciones. Todos dieron en demonios y cada uno producía una pequeña explosión sobre sus pieles. Al cabo de cinco segundos, los había esparcido por el suelo pero muchos seguían vivos.
El rubio comenzó a jadear y cayó sobre una rodilla, utilizando su otra pierna para no terminar en el suelo. Se sorprendió un poco al ver que nadie intentó arrancarle la cabeza, al parecer Jason había terminado con los de su lado también. A duras penas se levantó y vio en dirección a la pelirrosa.
Se apresuró lo más que pudo hacia ella, viendo como acababa con su enemigo. Pero se detuvo en seco cuando vio en las condiciones en la que estaba, decir que estaba poco vestida sería ridículo. Jason le colocó la chaqueta y Kol rió para sí mismo.
—Digno de una Evansglow —sonrió y su mirada fue hacia Jason—. Decías algo de unas granadas de agua bendita.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Lun Nov 23, 2015 11:22 pm


Jason bajo las persianas de sus tormentosos ojos. Y murmuró en su interior, llamando a aquella voz. Así era cada vez que debía enseriarse en una cacería. Como si fuese un trance, o un ejercicio de meditación, dejaría que su mente se liberase. Se movería antes de siquiera pensar por qué lo hacía, correría sin saber a dónde, dispararía sin saber a qué.
Y nunca fallaría.
“Alto”
Cuando sus ojos volvieron en sí, vio todo a su alrededor, absolutamente cada detalle. Había dos demonios vampiros a su lado; uno con su lengua disparada en su dirección, el otro alzando su garra sobre sí. A pesar de no poder ver a sus espaldas, las sombras proyectadas por la luna sobre el césped le indicaban que habían tres más detrás. Uno de ellos sobrevolándolo.
También podía escuchar cada susurro como si fuesen diferentes melodías. El gutural sonido de la saliva siendo derramada, significaba que otro demonio, fuera de su rango de visión, quería atraparlo con su lengua. Eso haría un total de seis.
“Kol”
Dirigió una rápida mirada a la imagen de su amigo. A diferencia de los demás, se movía, aunque a una velocidad muy lenta. Había extendido el primer golpe, el puño hacia adelante llameando.
La imagen llegó a su mente de inmediato. Un muchacho de cabellos níveos, de la misma altura y con los mismos ojos llameantes que Kol, ejecutando ese mismo movimiento. Fue fugaz, como el recuerdo de una gota de lluvia estrellándose contra el rostro.
“Metsuryū Ōgi”
Las palabras le llegaron con una voz fuerte, masculina y jovial. Supo entonces que era una combinación de once golpes, supo cómo se suponía que debían ser dados, y no tuvo dudas de que Kol la estaba ejecutando con una perfección sin igual. No se preocupó por él.
“Keira” Sus pupilas se movieron de un lado al otro, rastreando, ampliando las imágenes frente a él como si se tratase de una cámara de fotografías. La vio tumbada a la distancia. El tono pálido de su tez, la dilatación de sus pupilas, la falta de fuerza en sus extremidades. “Está envenenada”
Otra vez, un susurro zumbó sus oídos, esta vez, de una mujer.  Y supo de inmediato que sucedería si no se la asistía. Alzó el cañón de su arma, apuntando a la cabeza del demonio frente a ella. La escena volvía tomar vida, los vampiros volvían a moverse cada vez más rápido hacia él. Se le acaba el…
“¡No hay tiempo, Herondale!” La voz de Keira fue la que apagó a todas las demás. El recuerdo de la Cazadora puso a funcionar los engranajes en su cabeza.
Pudo verlo. Vio lo que iba a suceder, antes de que pasase.
Keira reaccionando. Keira tomando el aguijón. Keira matándolo. Keira victoriosa.
Sonrió sin alzar sus comisuras, y el cañón de su pistola cambió de objetivo. La cola del demonio estaba a apenas unos diez centímetros de él. Kol ya iba por la mitad de la ejecución del Metsuryū Ōgi.
Vio en su mente un hombre de edad media y tez oscura, vestido con un delantal médico manchado de icor. Una mesa de operaciones frente a él, y un cuerpo disecado, familiar a la situación que estaba viviendo, con un apestoso hedor agobiando el ambiente.
Su voz, arrogante y altiva, resonó.
“Existe un punto en la cabeza de todo demonio vampiro, el cual es tan pequeño como una nuez…”

Jason disparó. Dos veces hacia los demonios que tenía frente a él. Se volteó, y sin siquiera tener tiempo de enfocar la mirada, disparó cuatro veces. Entonces se apartó, y dejó que el ciego avance de la bestia siguiese, y se estrellase en el suelo. Muerto.
Como si a un vehículo en inercia se le despojase de su conductor, los demonios se desplomaron, sus cabezas sangrando.
…destrúyelo, y destruyes su sistema nervioso. — Completo Jason el hilo de sus pensamientos.
Se volteó hacia Kol, e intercambio una rápida mirada de entendimiento. Jason ya no  podía notar cada mínimo detalle de la escena, pero no necesitaba un extraño e incomprensible poder para comunicarse con su parabatai.
Corrió hacia Keira, que yacía sobre el suelo. Durante el Evento, había visto que terminaría exhausta, pero no muerta. Sin embargo, hubo algo que no pudo predecir.
Jason se detuvo en seco frente a una semi-desnuda Keira. Fue involuntario que sus ojos recorriesen la aun blanquecina piel resplandeciendo de sangre y sudor. Agradeció que estuviese en cierto punto herida, ya que eso le dio un punto en el que concentrarse. La alzó tomándola del brazo, a la que ella reaccionó soltándose rápidamente, escupiendo una maldición de dolor.
Pareció notar la mirada de sorpresa de Jason. Por suerte, sus mejillas se encontraban manchadas de sangre demonio.
Eres popular entre los chicos vampiros. No entiendo por qué —Soltó Jason mientras dejaba caer la pesada chaqueta sobre los pequeños hombros de la Cazadora. Creyó ver que lo fulminaba con la mirada—. ¿Kol?
El tono de su voz lo dijo todo. El rubio, que a diferencia suya (y como siempre) seguía en su estado de “Soy un Cazador frío sin emociones”, asintió.
Ciento treinta y dos minutos, antes de que Tiamat note que nadie ha llevado nuestras cabezas —Tanto Jason como Keira lo miraron estupefactos—. Aproximadamente, claro…. Con un margen de error de siete punto…
No, no por favor. Un número más y olvidaré mi celular —Dijo Jason interrumpiéndolo, preguntándose si Kol era siquiera humano o una máquina de matar creada por la Clave—.Necesito ir a buscar algo a la Sala de Armas.
Lanzó las llaves al aire, y por más de que Keira alzó las manos para atraparlas, Kol adelantó su brazo por encima de ella y las tomó; ganándose una réplica.
Cuida a mi bebé. Y no dejes que ella toque nada —Dijo sin dedicarle una única mirada a la pelirrosa, antes de voltearse y echar a correr.
El frío gélido de la noche acariciaba sus brazos cubiertos por la más ligera capa de sudor, en un refrescante abrazo. Le ayudaba a calmar el súbito dolor de cabeza que provocaba cada Evento que activaba.
Llevó el dorso de su mano a su rostro, tratando de quitarse la sangre de demonio seca del rostro. Lo hizo un par de veces sin éxito, siempre retirando una cantidad mayor. Entonces notó que provenía de su nariz y no parecía querer parar. Toda su palma estaba cubierta por un pequeño charco escarlata.
Bueno, eso es nuevo—Dijo Jason, ocultando una interna preocupación.



Kol salió del Impala, cuyos faroles buscaban pasar desapercibidos. Detuvo el coche y se bajó del coche para moverse de asiento, cuando Jason hizo un gesto con su palma para detenerlo.
Conduce, mi cabeza no está exactamente con todas sus luces aun.
¿En serio? Te vi bastante bien allá atrás —Mencionó, frunciendo el ceño.
Jason sabía que era inusual que él dejase a otra persona tomar el volante del Impala, aun siendo Kol. Pero no tenían tiempo, y el Evento lo había afectado. Podía incluso perder el control del vehículo.
Sí, sí. La concusión, ya sabes. Dame unos minutos para enfocar la vista y estaré como nuevo cuando lleguemos. Considera este tu día de suerte —El pelinegro ya había abierto de acompañante, cuando la voz de Kol, por encima del techo del Impala, le detuvo.
Ace —Lo llamó, provocando qué alzase la mirada. Lo miró como si pudiese ver a través de él. Y con un secretismo total, mencionó—. Límpiate la nariz.
El pelinegro hizo un gesto en reflejo, y antes de poder decir una palabra más, se encontraron dentro del Impala.
¿Tuviste que ir al tocador de damas? —Preguntó Keira, despectiva e impaciente—. Que considerado, ponerte lindo para que Tiamat te coma de primero.
Jason suspiró, tratando de ignorarla.
Si hay tantos demonios, pensé que estas servirían —Abrió el bolso para mostrarle a sus compañeros. Seis granadas de agua bendita.
Kol asintió, no muy sorprendido. Jamás había sido del tipo que le gustasen las explosiones. Conducía con celeridad y rápidez.
Entonces, ese el plan, ¿llegar a Pandemonium con ropa de Cazador de la Clave, apestando a sangre demonio, y decir “Hola, vinimos a matarlos, por favor hagan una fila sin empujar”?
Ah, sí que eres todo un comediante cuando te lo propones.
Ustedes dos están bien, quitando que necesitan un baño. Ese tipo de lugares son un nido para los emos y góticos, y ambos compran ropas en el mismo lugar que el Enclave. Pero yo… —Dijo Keira bajando la mirada a sus piernas desnudas—. Aparca el coche junto a la primera tienda de ropa que veas, o prostituta, como sea tu preferencia.
Jason escuchó la Walther P-99 cargar a sus espaldas, y no pudo evitar dejar escapar una risa.



El Impala se encontraba detenido junto a una tienda de ropa gótica. En las vidrieras se veían maniquíes vestidos con pequeñas camperas de cuero y faldas a cuadros rojas y negras. Correas, tachas y cadenas como accesorios decoraban los espacios a los costados, junto con logos de bandas, mochilas y artefactos similares a estatuillas de dudosa legalidad. Sobre la puerta, se veían los cristales rotos de la puerta forzada a la que Keira había disparado para entrar. El pelinegro casi pedía que resonasen sirenas para que se apurase.
Muy bien, ¿qué sucedió allá atrás? —Kol cortó el silencio, llamando la atención del muchacho.
¿De qué hablas? No fallé un solo disparo
Ese es el punto. Disparaste en pleno vuelo a tres demonios vampiros, sin fallar, sin siquiera voltearte a verlos. Ni hablar que no usaste la Daga. Y luego está tu nariz sangrando, y... Ace, ¿hay algo que tengas que decirme?
Jason se estremeció. No esperaba que hubiese notado aquel detalle, siendo que estaba ocupado en su propia pelea. Había subestimado la personalidad entrometida de su compañero.  Lo miró a los ojos unos segundos, las llamas ardientes y pasibles en esos cristales le hacían saber que si había alguien en el mundo en quién podía confiar, era Kol. Y él creería lo que dijese, por muy increíble que fuese.
Por eso debía mentir.
No quería que vieran la Daga, si lo hacían, uno de ellos iba a escapar e informarle a Tiamat. Decidí que era mejor llevarme uno o dos golpes antes de eso. Me arriesgué con la pistola. Tuve suerte, estaba en un buen día, no sé qué decir—Dijo mirando a otro lado, con una voz sincera y un dejo de orgullo—. En cuanto a la sangre..., no quise preocuparte, pero ese demonio en Cooper sopló un polvo sobre mí. Una toxina, supongo. Fue lo que me dejó inconsciente, no la concusión. Sabía que ibas a cancelar para llevarme a un Instituto a que me traten todo si te lo decía, así que esperé a ver si tenía efectos a largo plazo. Por suerte, sólo fueron jaquecas y ese sangrado inofensivo.
Jason alzó la mirada a la de su amigo. Lo miró con preocupación, escudriñando sus facciones con desaprobación. Luego, volvió la mirada al frente y soltó un suspiro.
Los venenos de efecto prolongado por lo general te paralizan a los veinte o treinta minutos. Dudo que estés en peligro si aún puedes respirar...
Jason alzó la comisura de sus labios.
Que bueno oírlo. Gracias por entender.
No, gracias a ti por confiarme esto. Soy tu parabatai, Jason. ¿Y si ese veneno te mataba? ¿Qué esperabas que le dijera a la Clave?—Su voz sonaba alta y enojada. Jason no supo que contestar—. Olvídalo. Como siempre, sólo piensas en ti mismo.
Kol, eso no es... —Jason iba a continuar, cuando la puerta trasera se abrió.
El silencio regresó a la cabina, mientras Keira entraba cerrando sin cuidado alguno la puerta del Impala. Por un momento, Jason se preocupó más por ahorcarla que por el ánimo de su compañero.
¡Hey, tú! ¡Con más cuidado, acaso no te enseñaron...
Conduce. —Dijo simplemente con un tono tajante e imperativo. Llevaba su celular en su mano, y lo miraba con una expresión perturbada. Alzó la vista a Jason, y luego la pasó a Kol—. ¿Estás sordo? ¡Apurate, no hay tiempo que perder.
Se habia demorado varios minutos, pero seguía vestida únicamente con la pesada chaqueta de Jason y su par de botas de diseñador. Ni siquiera se habia molestado en tomar una falda. Jason iba a preguntar, pero el sonido del motor encendiéndose acalló sus pensamientos.
Siempre podemos decir que es parte del show de strippers.




Pandemonium no era una discoteca común y corriente, por mucho que se esforzase por aparentarlo. Desde el parpadeante letrero de neón con su nombre, hasta los turbios callejones oscuros circundantes; era el escape perfecto para un adolescente que quisiera hacer enfadar a sus padres. No habían muchos coches alrededor del lugar, por lo que habían optado por dejar el Impala a unas cuadras del lugar. Jason alegó que varios demonios lo habían visto conduciéndolo, aunque secretamente, temía que algún pandillero borracho orinase sobre sus neumáticos. Y había probado estar en lo correcto, en los alrededores del club se veían bandas de motoristas, bebiendo y riendo estruendosamente.
Gritaron unas cuantas palabras no tan finas a Keira, y Jason notó que la pelirrosa se esforzaba por no ir a darles una paliza. Cuando dirigió su mirada a ellos notó por qué.
Son...
—Dijo Kol, quién seguramente lo había percibido hacía ya varios minutos.
El Iratze sobre el pecho del pelinegro ardía con fervor cuando los miraba directamente.
Demonios. Están ubicados alrededor del club. Es claro que hay un V.I.P. dentro. —Pronunció la muchacha mientras se cruzaban hacia la esquina del frente,.
¿Los matamos? Se tornará complicado escapar si nos rodean —Preguntó en voz baja, sin mirar hacia los lados.
No. Seguramente tienen que notificarse cada unos cuantos minutos. Tiamat notará que algo va mal si los sacamos de juego —La usual voz calma y directa de Kol resultaba extrañamente reconfortable a los oídos del Cazador—. Además, ¿en serio crees que saldremos vivos de allí si fallamos? Debe haber una veintena de demonios.
Los tres callaron cuando se hallaron a unos pasos de la entrada. Pudieron ingresar sin mayores complicaciones, la pobre iluminación del lugar y la cantidad de personas haciendo fila resultaron favorecedoras. En el interior, el ambiente era aun más lúgubre y oscuro. Apestaba a humo, alcohol y transpiración; el aroma acre era agobiante y pesado a los pulmones. Las luces rojas y el monstruoso resonar de música estridente volvían la siguiente habitación un escenario que parecía haber sido sacado de una pesadilla. Su Iratze ardía dolorosamente sobre su carne.
Unos cuatro guardias yacían en diferentes puntos del amplio recibidor, dos entradas a los costados dejaban escapar humos artificiales, y se entrevian los destellos de la iluminación. Una escalera que ascendía hacia un piso superior, con una cadena colocada en frente y un letrero que leía "No pasar, si sabes lo que te conviene".
Los guardias los miraban fijamente, suficiente como para hacer sentir incómodo al Cazador. Por un momento pensó que sería mejor voltearse e irse por dónde habían entrado, que llegar hasta allí había sido una estupidez. Sin embargo, antes de darse cuenta, se estaba encaminando a la entrada derecha de la pista. El pecho le dolía y la carne parecía escocerse bajo su playera negra.
Dio un paso hacia la oscuridad, abandonando la habitación roja hacia el cobijo de los parpadeantes destellos blancos. Y sin embargo, la luz roja no lo abandono por completo. Pero no provenía de los focos a sus espaldas, sino que de su propio cuerpo. El Iratze estaba brillando con un color sanguíneo sobre su piel.
¿Que mierda...? — Murmuró Keira, llevándose una mano a su cintura. Kol cubría el dorso de su mano, resplandeciendo bajo sus dedos.
Hechizo revelador... —Murmuró Jason, volteándose y empezando a dirigirse discretamente hacia la salida. —Sabían que vendríamos. Debemos irnos.
Ya se encontraban dentro del oscuro túnel, cuando uno de los guardias gritó la orden.
¡La Clave! ¡Son de la Clave! —Vociferó corriendo hacia ellos.
¡Sellen las salidas! —Ordenó otro guardia por una especie de comunicador.
Keira se había detenido en seco, mientras dos demonios altos y corpulentos les cerraban el paso hacia la salida. Detrás de ellos, otro más cerró la puerta metálica desde el exterior.
Hasta aquí llegó el factor sorpresa... —Murmuró Jason, llevando una mano a sus espaldas.
Tomo una granada y la arrojó al frente. Al explotar, liberó una sustancia que salpicó a los Cazadores y a los demonios, pero sólo quemó a estos últimos, haciéndolos vociferar mientras su piel se escocía y sangraba.
Tengo a estos, maten al resto. —Dijo Jason, llevando su mano a su cinturón. Empuñó su Daga y la lanzo al frente.
Giró varias veces en el aire, antes de terminar enterrando su hoja hasta la mitad en el pecho de un demonio. Jason dio un salto al frente, extendiendo la mano para recuperarla. Un puño llegó desde el costado, estrellándose contra su mejilla y derribándole al suelo. Intentó tomar su Colt del bolsillo de su chaqueta. Y luego recordó que no la llevaba puesta. Una potente patada se estrelló contra sus costillas, haciéndolo volar por los aires hasta chocar con la pared contrario, lejos de su daga
Jason se alzó sobre una rodilla, llevándo su mano a sus espaldas. Un hilo de sangre corría desde sus labios. Alzó la mirada y arrojó otra granada hacia los dos demonios que aun se alzaban frente a él. Sin embargo, en esta ocasión el más cercano dio un manotazo en el aire. La explosión llegó desde un costado, apenas llegando unas gotas hacia ellos.
El pelinegro aprovecho para incorporarse y lanzarse hacia ellos. El brillo de una navaja resplandeció en su dirección, y el filo cortó profundamente su mejilla. Tomó por la muñeca al demonio y aplicó presión en la articulación del codo, torciéndole el brazo lo suficiente para arrebatarle el arma y arrodillarlo sobre el suelo.
Cuando el que aun estaba de pie arremetía contra él, hizo un rápido movimiento al costado, y salpicó de sangre el suelo. Los gritos llegaron a sus oídos, mientras la navaja sobresalía de la cuenca del demonio.
Jason rodeó el cuello del guardia que tenía prisionero, y lo arrastro a un ángulo imposible, con un sonido de chasqueó resonando de sus vertebras. Dejó caer el cuerpo sin vida al suelo.
¡Maldito! ¡Maldito perro faldero de la Clave! — Gritaba el demonio, que intentaba remover el cuchillo sin arrancar la mitad del ojo en el proceso.
El icor se había esparcido por todo su rostro, cegándolo efectivamente. Para cuando quitó la hoja, estaba furioso. Y un Jason desafiante lo apuntaba con una brillante daga blanca.
¡No soy un perro faldero! —Gritó,  y la Daga se encendió con una cegadora luz blanca—. ¡Soy un Herondale!
En un rápido corte transversal, cercenó la aorta del demonio.


Última edición por Jason "Ace" Herondale el Mar Dic 01, 2015 4:24 am, editado 1 vez
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Keira B. Evansglow el Lun Nov 23, 2015 11:39 pm

La niña se removió en sus sábanas incapaz de conciliar el sueño por cuarto día consecutivo. La luz mortecina y plateada del exterior se refractaba en la ventana, alumbrando parcialmente la habitación. Distinguía el bulto cubierto de mantas de su hermana mayor y la silueta recortada de su prima, ambas abrazadas dulcemente por los brazos de Morfeo. Se sentía estúpida allí, siendo la única acosada por pensamientos que le resultaban escalofriantes; quería acobijarse bajo el manto seguro de la luz pero hasta en su tierna edad de siete años sabía que era demasiado adulta para eso.
Keira odiaba sentir miedo, los Evansglow enseñaban que era una debilidad humana y como tal, debía controlarse y superarse. Y por más que deseara negarlo, a ella aún le costaba manejar con ese sentimiento. En momentos como ese solía abrazar a su amado gato, Presidente Miau, y su suave ronroneo solía tranquilizarla hasta dormirse. La cuestión era que había desaparecido hacía cuatro días, al mismo tiempo que había comenzado con sus pesadillas y problemas para dormir.
Ya estaba empezando a ser rutinario que aproximadamente a las dos de la mañana, cansada de estar en la cama dando vueltas, bajara a la cocina a servirse algún bocadillo y tomar jugo. Esa noche no sería la excepción, se adentró en puntillas a la cocina y entonces se detuvo en seco sorprendida, sus grandes ojos escarlatas abiertos de par en par aterrados.
- Padre…
La corpulenta figura de Amos Evansglow estaba parada frente a ella. Era un hombre de aspecto intimidante, de espalda amplia y mandíbula cuadrada, poblada sutilmente por una barba de tres días. Mechones grises decoraban su cabellera rojiza y enmarcaban un rostro severo, con ávidos y penetrantes ojos pardos. Una gran cicatriz recorría su mejilla derecha en diagonal, desde su pómulo hasta su mentón, sumándole más agresividad a su aspecto. Y aún así, en la rudeza de sus rasgos se camuflaba cierta delicadeza, como sus largas pestañas y ese par de labios finos. Era un hombre atractivo y dominante, que daba una inmediata impresión de astucia y tenacidad.  A Keira le hacía recordar a un león, enorme, elegante y mortífero.
- Siéntate, Keira  - su voz sonaba gélida y dura, más símil a la de un entrenador que a la de un padre -. No estás durmiendo, si mañana vas de cacería, estarías cansada, no rendirías con todo tu potencial y te matarían.
- No es que no quiera, no puedo dormir – farfulló por lo bajo, las palabras saliendo de sopetón por su boca -. Presidente Miau no está y tengo pesadillas.
- ¿Te refieres a Tyr? – preguntó con calma. A pesar de lo que su apariencia demostraba, Amos podía ser un hombre tranquilo capaz escuchar. Era durante los entrenamientos y la cacería – que ocupaban la mayor parte del día - cuando daba un giro de 180º, convirtiéndose en la persona más fría,  severa e intolerante que uno pudiera encontrar. En su familia  era el encargado de la enseñanza y no temblaba su mano al impartir disciplina a sus hijos cuando no cumplían con sus altas expectativas – No importa eso ahora, háblame de las pesadillas.
Era una orden no una sugerencia y Keira sabía que debía acatarla si no quería empeorar esos finitos momentos donde Amos se comportaba en verdad como un padre.
- Sueño con demonios que poseen cuerpos – confesó agachando la mirada -. Comenzó cuando ese demonio poseyó al tío de mamá, desde ese día sueño con que alguno de ellos o incluso peor, Tiamat, se apodera de alguno de nosotros.
La mirada dorada de su padre se afiló como una cuchilla y la niña podía sentir la decepción perforándole dolorosamente la carne.
- No seas tonta – espetó con brusquedad -. No debes temerle a tu enemigo o te matará. La posesión de cuerpos es algo natural en el mundo demoníaco.
- Lo sé, lo sé…es que jamás había visto algo como eso.
- Y tu prima tampoco y mira que bien duerme ahora – Amos se cruzó de brazos y balanceó su silla de un lado a otro con impaciencia -. Los demonios usan contenedores, poseen cuerpos y les obligan hacer cosas terribles, las manipulan como si fueran marionetas. Por ese motivo a los cazadores nos ponen Iratzes, para evitar que nos pase eso, aunque obvio no es infalible.
- Entonces…¿alguien fuerte como Tiamat podría poseer a cualquiera aunque no tenga iratze?
- Al contrario, demonios con tanto poder como Tiamat no pueden tener cualquier cuerpo: no todos soportan ese nivel de fuerza. Si usaran a cualquiera, el mismo contenedor moriría o no rendiría con todo su potencial; buscan a uno en específico y no pueden apoderarse de él así sin más.
La voz de su padre, fría y directa como la de un educador no buscaba calmarla en lo absoluto, su clara y única función era la de transmitirle sus conocimientos. Keira lo miró con sus grandes ojos escarlatas, y en ellos el miedo que anteriormente lo embargaban se había esfumado con rapidez, reemplazados por la curiosidad que esperaba impaciente.
- Necesitan un sí. Por más fuerte que el demonio sea, si su recipiente no acepta a ceder su cuerpo, entonces jamás podrá tenerlo.
- Entonces… ¿el cuerpo que tiene Tiamat ahora aceptó que lo poseyera?
-Exactamente. Y todos los cuerpos que llegue a tener harán lo mismo.
Keira bufó indignada.
- ¡¿Quién puede dejar que alguien como Tiamat use su cuerpo?!
Su padre se incorporó con un leve rengueo en su pierna izquierda, regalo de una Quimera con la que se había enfrentado en su última cacería en las intrincadas y húmedas cuevas de Grecia. Palpó la cabeza de la menor con suavidad.
- Los humanos tienen la habilidad innata para sorprender. Ahora, ve a dormir y deja esos miedos de lado: los cazadores no podemos temer.
La muchacha asintió y corrió hacia las escaleras decidida a obedecer con las órdenes de su padre. Y al llegar al umbral de la puerta, no pudo evitar sonreír hasta ese par de ojos ambarinos que brillaban en la oscuridad. Encendió la luz del velador emocionada y vio a su enorme gato parado sobre su cama con su característico ceño fruncido y un águila real muerta que le duplicaba el tamaño.
- ¡Presidente Miau! – la muchacha le acarició detrás de las orejas con cariño -. Ese tipo de aves anidan en lo alto de las montañas, con razón te has tardado tanto.
Su gato maulló alegremente a modo de respuesta.


El letrero de neón parpadeó varias veces en color borgoña antes de que entraran. Pandemonium era fiel a su nombre, atrayendo a una horda de adolescentes góticos fascinados por el mundo de lo sobrenatural y, a su vez, brindaba comida fácil a los demonios. Dentro, los recibieron las estridentes guitarras de la música y un acre aroma a cigarrillos y sudor.
Era un lugar amplio y estaba repleto de cuerpos moviéndose frenéticamente, saltando y gritando la canción, contra una columna un par de chicas con perforaciones en todo su rostro no paraban de besarse desenfrenadamente entre sí, hasta podía ver la mano de una de ellas metiéndose debajo de la falda de su pareja. Varios guardias controlaban el lugar, todos totalmente calvos y de tez negra, en traje y con anteojos negros.
Se hicieron paso entre el gentío, la muchacha insultando a diestro y siniestro a cada persona que les estorbaba el paso. En pocos minutos, varios jóvenes habían sido cruelmente rechazados y ellos se adentraban al ala derecha de la pista de baile. Mirando en todas direcciones, la Cazadora pudo distinguir como una bella muchacha se cortaba el cuello con un delicado cuchillo de plata y se entregaba a las fauces de un vampiro que la devoraba complacido. En otras circunstancias habría intervenido, siempre dispuesta a matar a cualquier criatura sobrenatural que se posase sobre su camino pero el brillo carmesí de su Iratze le recordaba cuál era la prioridad.
- ¿Qué mierda…?
Keira Evansglow podía alardear ser la persona que más exhaustivamente había investigado a Tiamat. Noches de desvelo, enfrentamientos mortíferos, viajes de un lado a otro del mundo y hospedaje en hoteles baratos la habían llevado hasta ese momento y lugar, a unas escaleras de distancia a la diosa babilónica del caos.  No iba a permitir que nada se interpusiera en su camino, ni siquiera un hechizo revelador que los descubriera y un par de demonios frente y detrás suyo dispuestos a detenerlos.
Las bombas de agua bendita de Jason crearon la distracción perfecta. Sacó a Joyosa y se desvaneció en la oscuridad del boliche. Una de las ventajas de ser tan pequeña era que podía ser esconderse fácilmente, desaparecer sin dejar ningún rastro de su presencia. Los mundanos la camuflarían sin saberlo y ella después de tantos años terminaría con su búsqueda.
Con cada paso que daba, un intenso escozor le molestaba a la muñeca. Sabía qué ocurría, las leyendas decían que la Marca de Tiamat reaccionaría cuando estuviera cerca de su creadora. La vio de reojo, como si se tratase de magia, el triángulo giraba sobre su lugar, la punta funcionando como la aguja de una brújula. Sonrió de medio lado, parecía como si Tiamat la estuviera llamando a su fiesta y la muchacha no sería tan descortés de rechazar su invitación.
- ¡Alto ahí, zorra de la Clave!
Un demonio se abalanzó sobre la muchacha. Era joven y delgado, ataviado de prendas negras, con mechones azules que cubrían su cabello y un piercing en forma de aro en su nariz.
- ¡No tengo tiempo para esto!
Saltó  y Joyosa reflejó las luces rojas y blancas de Pandemonioum. Fue un corte certero, la espada atravesó su corazón con facilidad, robándole otro latido. Ni siquiera le dio tiempo al demonio a hablar, sacó su espada bruscamente y lo pateó a un lado, sin detenerse siquiera para darle otra mirada.
El triángulo en su muñeca apuntaba al norte y parecía que pronto iba a incendiarse del calor que sentía. Podía sentir las palpitaciones aceleradas, como un corazón diminuto que vuelve a la vida. No supo cuando la música había sido reemplazada por gritos aterrados, ni tampoco en qué momento la gente había comenzado a correr. Sólo podía ver destellos de colores a su alrededor y los dos guardias que cubrían la entrada a las escaleras, ambos estaban mirándola fijamente.
-  Olvidé la invitación pero creo que eso no será problema – la Cazadora metió las manos en su bolsillo – Ahora, ¿me dejan pasar?
Los demonios crujieron sus nudillos y corrieron hacia ella como un par de toros embravecidos. Keira les hizo frente, tomó la muñeca del que llegó primero desviando su puño a un costado y devolviéndole un puñetazo a la nuca. Éste se tambaleó, chocando contra el hombro de su compañero. El segundo demonio rodeó a su par y sacó su arma, disparando dos veces. Keira lo imitó, tomó la Colt de  Jason de su bolsillo y las balas de su revólver impactaron con la de su enemigo. Luego retrocedió varios pasos hasta llegar al borde de las escaleras.
- Me cansé de jugar, no tengo tiempo para esto.
Tomó la cadena que impedía el paso y la blandió como un látigo hacia el demonio armado, enredándolo en su mano. Tiró de éste con fuerza, desviando su puntería y disparó velozmente. El tiro en su frente lo derribó totalmente, haciéndole caer de espaldas. Su compañero dio un alarido furioso y Keira asestó de nuevo con las cadenas, pero esta vez su enemigo estuvo más atento y llegó a tomarlas con sus manos, tirando de ella con fuerza y lanzando a la muchacha al suelo. La pelirrosada se giró milésimas de segundos antes de que una daga la apuñara por la espalda, el demonio no perdió el tiempo y se tiró sobre ella. La muchacha chasqueó la lengua molesta, su zurda estaba inmovilizada por la enorme mano del demonio y la diestra se aferraba a la muñeca de éste, tratando de evitar la daga que quería clavarse en su piel. Estaba inmovilizada y si no actuaba pronto, la despreciable criatura la mataría.
- ¿Te cuento un secreto? Mi padre me decía que en momentos de tensión, había que mantener la calma y usar la cabeza para encontrar una forma de escapar.
La Cazadora dio un fuerte cabezazo hacia su enemigo y aprovechó su distracción para arrebatarle la daga. En segundos, arremetió contra las ojos del demonio, dejándola clavada en uno de ellos. Sonrió ante el grito agonizante de su enemigo y lo sacó de encima de un empujón. Se limpió el polvo de la chaqueta y armada con la Colt, se abalanzó hacia las escaleras.
La puerta chirrió al abrirse y apenas puso un pie en la habitación, supo que había caído en la trampa.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Kol E. Graymark el Mar Nov 24, 2015 2:39 am

Kol detestaba los antros, casi tanto como pasar un día en el mall. Pandemonium era como cualquier otro antro en los que los adolescentes humanos se encontraban para hacer sus rituales de apareamiento. Cada paso que daba hacía el complejo hacía que la marca que portaba en el brazo vibrara con más fuerza, al punto en el que le comenzaba a doler. Aquello no había sucedido nunca, era cierto que el lugar estaba repleto de demonios por doquier pero no era eso. Aquél efecto lo había sentido una sola vez en su vida y había sido la noche en la que Rodrick fue asesinado.
La memoria fugaz del fuego cubriendo los restos de su pequeño hermano cruzaron su mente sin que lo pudiera evitar. El odio le sacudió las entrañas y apretó los puños, nada evitaría que quemara aquél sitio hasta los cimientos.
Al entrar no tardó en darse cuenta de la gran cantidad de seres infernales que se encontraban allí, sobre el escenario había sucubos tratando de conseguir una presa, en las zonas vip había vampiros dándose manjares sangrientos con adolescentes ligeras de ropa y cuidando las entradas y salidas habían diferentes tipos de demonios poseyendo cuerpos humanos. Pero no pudo prestar mucha atención ya que la marca del cazador le susurraba algo al oído, era incomprensible, pero el sabía que la marca buscaba decirle algo.
Las cosas no se demoraron mucho en irse a la mierda, los demonios ya habían caído en cuenta de que ellos se encontraban allí y Jason tampoco demoró en tirar la coartada. Aprovechó la distracción que hicieron sus dos compañeros y sin quitar las manos de los bolsillos se abrió camino hasta las escaleras, dando patadas sin discriminar a humanos y demonios.
Se apresuró a subir las escaleras, sabía que en algún punto habría que pelear contra Tiamat ya que el ritual para que ella poseyera un cuerpo seguramente ya estaría terminado. También sabía que luchar contra un demonio de un nivel tan grotesco como ella sería una tarea casi imposible. Hizo las matemáticas rápidamente mientras subía los pisos.
—Las posibilidades de pelear contra Tiamat y sobrevivir son de... Un diez por ciento aproximadamente —dijo para sí mismo—, genial.
Abrió la puerta que estaba al final de las escaleras de una patada y se apresuró en salir al tejado del edificio. Miró a su alrededor buscando el tanque de agua que administraba el lugar, estaba a su derecha. Corrió rápido hasta el tanque y encendió uno de sus guantes para apoyarlo sobre la tapa de plástico, el cual no tardó en derretirse. Arrancó de su cuello un collar de plata que llevaba una cruz del mismo elemento y lo sujeto sobre el agujero que había creado.
—Exorcizo te, creatura aquæ, in nomine Dei Patris omnipotentis, et in nomine Jesu Christi, Filii ejus Domini nostri, et in virtute Spiritus Sancti: ut fias aqua exorcizata ad effugandam omnem potestatem inimici, et ipsum inimicum eradicare et explantare valeas cum angelis suis apostaticis, per virtutem ejusdem Domini nostri Jesu Christ: qui venturus est judicare vivos et mortuos et sæculum per ignem.
Dejó caer la cruz sobre el agua y vio como está se hundía lentamente hasta el fondo del tanque.
Se incorporó rápidamente y se dispuso a volver a las escaleras para ayudar a sus compañeros, pero el sonido de un arma que apuntaba a su nuca le detuvo en seco. Se giró sobre sus talones para ver quien estaba amenazándole, dispuesto a noquearlo para irse rápido, pero aquél plan quedó en el olvido en cuanto la observo.
—Lauren, que bueno verte. —Dijo mientras observaba los ojos verdes de la cazadora.
Ella sonrió mordiéndose el labio inferior y bajó el arma, para luego acercarse al rubio y besar con cuidado sus labios.
—Siempre es un placer encontrarme contigo, Kol. —Su acento inglés estaba casi tan marcado como el del rubio y su voz denotaba cierto jugueteo.
—Por más que me gustaría quedarme a hablar, me has importunado en medio de un trabajo. Así que si me disculpas... —Dio media vuelta dispuesto a irse, pero ella no tardó en seguirlo.
—Que no pertenezca a tu secta de locos tatuados no significa que yo haya venido a este rincón del mundo sólo a pasar la noche en un antro de mala muerte —murmuró poniéndose junto a él— también sé porque tú y los tuyos vinieron, hay un demonio fuerte aquí.
—Sí, y no creo que estés a la altura de las circunstancias. Ni siquiera nosotros lo estamos.
—Entonces fracasemos y muramos juntos, sería algo shakespereano con una mezcla de justicia poética.
—Eso nos deja en un trece por ciento.
—¿Trece por ciento? —Preguntó Lauren sin terminar de comprender.
—Nada.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Miér Nov 25, 2015 5:50 pm

Jason arrebató la vida a tres demonios, pero estos ganaban terreno.
No le sorprendió ver que Keira había desaparecido del lugar. Usar a los demás como carnada era lo que mejor se le daba. Sin embargo, no esperaba no tener a Kol para cubrirlo.
Exorcisamus t-...
Antes de que pudiese terminar la palabra, las puertas que daban a la pista de baile se abrieron. Jason sintió el correr de sudor frío por su espalda.
El negro predominaba entre la multitud, a medida que avanzaban en una extraña formación. Chaquetas de cuero con logos de bandas o pandillas de motociclistas; cabezas rapadas totalmente, o teñidas de colores extraños con picos y crestas que desafiaban a la gravedad; brasieres desvergonzados cubriendo tan sólo los pechos de mujeres empapadas en alcohol y sudor.
Y todos sus ojos eran negros.
Bien..., ¿sería tan amables de hacer una fila al costado, sin empujar? —Preguntó Jason, blandiendo la daga a la altura de su pecho— Creo que primero llegaron la dama del cabello naranja, y el grandote de dos metros, luego...
Este último, un orangután gordo con brazos fornidos, se arrojó hacia Jason queriéndolo atrapar. El filo pasó cortando los dedos en el aire, mientras el cazador retrocedía hasta que sus espaldas chocaban contra la pared.
Jason llevó su mano a sus espaldas, mientras se dedicaba a recordar mentalmente a los padres, abuelos, bisabuelos y todo el árbol genealógico de los Graymark con todas las variantes de la palabra puta concebidas por la lengua inglesa, alemana, española y purgatica.
Dirigió una rápida mirada a los rociadores de incendio, y suspiró.
Sé la carnada, decían. Será divertido, decían... —Exclamó en voz baja, mientras arrojaba las restantes granadas a la muchedumbre.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Keira B. Evansglow el Jue Nov 26, 2015 2:31 am

Las figuras se alzaron como espectros. Hacía segundos, Keira los había visto desplomados en el suelo, las extremidades dobladas de forma incómoda, sobresaliendo de la túnica de seda negra con motas carmines. La Cazadora no podía deducir si se trataba de un nuevo estilo impuesto por Dolce&Gabanna o si los modelos aportaron con su propio cuerpo a ese curioso detalle. Apostaba por la última, con sus sentidos desarrollados, podría casi asegurar que esos corazones no latían. Seguían sin latir.
Hombres, mujeres. A simple vista, humanos. ¿Poseídos? Probablemente. La mente de Keira trabajaba a mil por hora, la adrenalina de la inminente batalla bombeaba su sangre a caudales. Las figuras la miraban detrás de sus máscaras de porcelana, rostros de muñeca, perfectos y de nariz pequeña, con una escalofriante sonrisa en sus fríos labios rojos que lejos estaba de ser un buen augurio.
¬– Tu sentido del humor es una mierda, Tiamat.
Una misma risa, estridente y perfectamente coordinada, proveniente de cuatro voces distintas, se oyó al mismo tiempo. El mismo matiz, los mismos segundos, era la propia Tiamat riendo frente a ella: una espectadora omnipresente, viendo a través de esos ojos y hablando por medio de esas bocas. En la religión, un ser de tales cualidades sólo podría ser Dios. En el mundo de la Cazadora, Dios está muerto. Sólo existían los subrogados de éste, criaturas despiadadas, terribles, que podían asesinar por el mero placer de usarlos como una marioneta para su sádico juego. Si uno hilaba fino, no se distanciaba del Dios bíblico de la Iglesia Católica.
Keira Blair Evansglow, el alma de la fiesta –la muchacha casi podía imaginarse la irritante sonrisa que Tiamat estaría luciendo en el cuerpo de algún pobre infeliz que usó como contenedor–. Sinceramente, hubiera querido hacerte un mejor recibimiento, no esperaba verte tan pronto. ¡Y encima traes invitados inesperados! Son atractivos, no lo niego. ¿Ya te acostaste con alguno? El chico Herondale parece ser un as del sexo, aunque Graymark, con ese aspecto tan serio debe ser de los salvajes en la cama.
Ves un pene que te gusta y ya averiguas toda la biografía. ¿Tan mal atendida estás, Tiamat?
Fue instantáneo, ni siquiera había terminado de pronunciar su nombre que una fuerza sobrenatural e invisible golpeó contra ella en el pecho. Sintió dolorosamente como la respiración se detuvo por unos segundos, mientras era lanzada con rudeza hacia la pared. Cayó al suelo bruscamente, oyó el cemento agrietándose detrás, frente a ella las marionetas continuaban inmóviles. Ellas no tenían ese poder, debía ser Tiamat, estaba cerca. La marca ardiente en su muñeca lo confirmaba.
La muchacha se alzó con lentitud, las articulaciones crujieron en un único lamento y apuntó con la Colt. Con la mano libre, hizo señas para que se acercaran.
Las marionetas corrieron simultáneamente hacia ella. Disparó a la primera de ellas, que aparentaba ser un hombre alto. La bala dio en su frente y la máscara se resquebrajó en añicos. No cayó, pero retrocedió unos pasos, lo suficiente para que pudiese tomar la muñeca del segundo con la zurda, dándose el impulso necesario para girar y darle un codazo con la diestra. El cuerpo de una joven corrió hacia ella, giró y alzó su pie, dándole en la mandíbula y tirándola al suelo. Aún en movimiento, agachó la cabeza, mientras una daga rozaba con su punta en el oído, si hubiera tardado una milésima de segundos más, probablemente le habría dado en el ojo.
Disparó de nuevo, dos balas salieron casi simultáneamente impactando en el estómago de su enemigo. Le daría un par de segundos de ventaja. Detrás de ella, alguien le rodeó el cuello y los otros dos corrían con dagas hacia ella. Tiró del mismo con fuerza, centímetros de separación suficiente para que pudiera tomarlo con ambas manos y, haciendo acopio de toda su fuerza lanzarlo hacia adelante, impactando con las marionetas. Dos tiros dieron en cada uno, lanzó frenéticamente el arma descargada al suelo y sacó su Walther, a punto de dar el tercero y último golpe, pero al instante se detuvo en seco.
Ninguno se movía.
Estaban muertos, bueno, lo estaban antes, pero ahora se encontraban inmóviles. Totalmente tiesos, como cadáveres de verdad y no esa bizarra versión de zombies marionetas.
Mierda, mierda, ¡MIERDA! –La Cazadora disparó de al techo de pura ira. No había nadie vivo en esa habitación a excepción de ella. Tiamat había aprovechado la distracción para irse, ¿dónde? La marca ardía cada vez con menos intensidad. Se estaba alejando. Maldita. No había nada allí en esa habitación, ningún otro acceso. Jamás había estado allí en primera instancia. Detrás de ella escuchaba gritos y múltiples voces. Salió velozmente. Tiamat estaba escapando. Piensa, piensa. ¿Dónde podría estar? Debía haber un acceso oculto. “Vamos, Keira, usa la maldita cabeza.” En la zona de la barra, en la otra punta, el barman la vio de reojo. Sus ojos eran negros como la noche, lo ocultaban todo. En la pista de baile, la música había dejado de sonar: sólo había caos.

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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Kol E. Graymark el Vie Nov 27, 2015 5:52 pm

Bajaron por las escaleras rápidamente. Lauren era una cazadora independiente con la que se había topado en el pasado, era una mujer hermosa de cabello castaño, ojos verdes y piel ligeramente bronceada. Ella también era inglesa y tenía la mala costumbre de robar durante las misiones, Kol sabía que ella había amasado una fortuna vendiendo objetos raros y de sumo valor sobrenatural, algo que a un cazador de la clave lo llevaría a la pena de muerte. Pero él nunca había hecho nada para detenerla, ya que no podía negar los sentimientos que compartía. Sabía que ella se sentía de la misma forma, pero nada bueno saldría de eso. Estaban en el mismo bando, pero no bajos los mismos términos.
—Entonces lo que hay aquí es un demonio que solía ser una diosa babilónica o algo por el estilo. —Dijo resumiendo lo que Kol le había contado.
—En efecto. Así que por eso tu trabajo será crear un pequeño incendio y ayudar a mis compañeros mientras que yo me enfrento a Tiamat. —La voz de Kol no denotaba emoción alguna, pero dentro suyo temía por su vida y por la de los involucrados.
—Esto del vengador solitario te hace ver sexy —dijo la castaña en modo de broma y sonrió—. Apuesto a que esta tal Tiamat tiene tesoros muy valiosos.
—Si sabes lo que te conviene, será mejor que mantengas tus escurridizas manos lejos de lo que no te pertenece.
—Cariño, ¿por quién me tomas?
Por su mente pasaron muchas respuestas, todas cargadas con una buena suma de sarcasmo. Lástima que no pudo utilizar ninguna ya que desde abajo podían escucharse varias pisadas. Además de que su marca comenzaba a arder nuevamente. Parecía que iba a tener que dar un par de giros a su plan.
—¿Huh? ¿Tus amigos no pueden contener unos pequeños demonios? —Preguntó irónicamente.
—No te des aires. Aún no sales viva de aquí.
Dicho eso Kol colocó sus manos en los bolsillos de su pantalón y aceleró su marcha. Solo tardo dos segundos en encontrarse con los demonios, la sorpresa de verlo se mostraba en los rostros de ellos.
—Basuras.
Dio un giró rápido y luego extendió la pierna, dándole un buen golpe con el talón de su pie al demonio que tenía en frente. El golpe fue tan fuerte que dejo la cara del tipo estampada contra la pared de concreto. Sintió como la quijada y gran parte del cráneo del demonio habían sido reducidos a simples trozos de huesos. Pero la sorpresa era la debilidad de la estructura, no había tenido intenciones de romper la pared con aquello.
—¿De verdad van a hacerme perder el tiempo aquí? —La voz del rubio denotaba algo de enojo, pero la sonrisa torcida de este mostraba que la situación comenzaba a entretenerle vagamente.
—Maldición... ¡No te creas la gran cosa! —Chilló un demonio del grupo mientras se abría paso para abalanzarse sobre el cazador.
Más eso quedó solo en el intento, ya que una bala le perforo la cabeza justo entre las cejas.
—¿Mmmh? —Kol vio detrás suyo, notando como Lauren hacía girar su Magum 44 sobre su indice—, eso no era necesario.
—Lo sé, pero no pude contenerme.
Kol sonrió para sí mismo y agachó la cabeza.
Saltó sobre los demonios y apuntó hacia el último de ellos. Estiró su pierna derecha y hundió la planta de su pie sobre la cara del demonio, haciendo que este cayera sobre sus espaldas hasta el piso siguiente. Kol aterrizó sobre él y no satisfecho le dio un puñetazo en el estómago. Haciendo que el hormigón se agrietara, como él sospechaba aquél suelo barato no aguantaría un golpe igual.
—Hacia abajo, por favor.
El rubio elevó su codo lo más que pudo y su puño comenzó a arder en llamas. Dio el puñetazo más fuerte que pudo y el suelo cedió, derrumbándose. Entonces Kol y demonio comenzaron a atravesar los pisos del antro uno a uno, como si de una mala película de Hollywood se tratara.
Finalmente la caída concluyo sobre un sujeto enorme que tranquilamente podría pasar como una imitación de Hulk. El rubio se sopló el flequillo fuera de sus ojos y elevó la mirada, encontrándose con Jason.
—Parece que podrías utilizar una mano. —Dijo mientras se levantaba quitándose los escombros del traje.
Aún así ellos no fueron los únicos que cayeron, un cuerpo cubierto de agujeros de balas precipitaba junto a él. Aprovechó para darle una patada y usarlo de proyectil para que otros demonios perdieran el equilibrio.
—Veo que te hiciste bastantes amigos.
Antes de que su amigo pudiera responderle, dos cuerpos acribillados cayeron y detrás de ellos la castaña.
—Si vas a hacer ese tipo de cosas por lo menos avísame, casi me da un infarto cuando te vi caerte por el... —Calló en cuanto vio la situación que los rodeaba—. Sobrevivir ahora, regañar después. —Se dijo a si misma y desenfundo sus dos revólveres.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Mar Dic 01, 2015 4:23 am

Jason pateó al demonio en las costillas, girando rápidamente sobre sí mismo. La punta de su bota contraria se estrelló contra la mandíbula de un gótico de ojos negros, derribándolos a ambos.
En un tercer giro, lejos de marearse, cercenó ambas gargantas en un ángulo digno de una coreografía.
La sangre saltó a la cara del Cazador, cubriéndolo con un patrón de salpicadura en los ojos, labios y mejillas. Se limpió el exceso con la mano enguantada, y soltó un suspiro.
¿Quién sigue?
Se alzó, con la playera blanca empapada de sangre. En el suelo yacía una docena de demonios, al menos siete dedos (algunos con anillos baratos), y una cabeza con cresta rosácea.
El número no parecía decrecer, pero eran contados los que se atrevían a acercarse. La daga que podía matar demonios de un golpe los mantenía a raya. El tumulto comenzó a abrirse, separándose a los lados, dejando libre la entrada principal a la pista.
Jason sonrió de lado, pero no duró mucho.
Un grupo empezó a caminar hacia él, por el camino que se había abierto entre la muchedumbre. Las venas rojas sobresaliendo en sus cienes, y los ojos inyectados de sangre lo fulminaron.
¿Nos recuerdas, templario?
Vampiros. Del nido de Logan, que Jason había limpiado hace una semana. Los sobrevivientes habían huido. Entre ellos se encontraba su segundo al mando, un colmillo que se adjudicaba el control sobre el clan tras la muerte de su predecesor.
Jason escuchó el estruendo encima de sus cabezas, al mismo tiempo que alzaba la mirada. Polvo cayó sobre su cabeza.
Danny, ¿cómo te ha tratado la ciudad? No muy bien, por lo que veo. ¿Qué diría Logan si te viese limpiado la porqueria de los demonios? Oh, es cierto, no puede... —Hizo girar la daga entre sus dedos, caminando ligeramente hacia atrás— Corté su cabeza con un hacha visigoda... ¿o era teutónica?
Las venas en una vampiresa de cabello rubio se intensificaron, y se lanzó a una velocidad imposible, seguida por dos borrones.
En ese momento, Kol atravesó el techo, aplastándolos debajo de los escombros. Jason toció ligeramente, apartando la tierra de sus narices.
¿Por qué te tardaste tanto? —Se quejó indignado— ¿Tienes idea de cuánto costó esta camiseta?
Intercambió una mirada con Kol.
"¿Pudiste...?"

"Sí"

Luego el rubio dirigió los ojos al frente, al camino que se había abierto para dejar pasar a los vampiros. Al mismo tiempo, un infernal se arrojaba hacia él. Una bala estridente se estrelló en su frente, arrodillándolo en el suelo. Jason odiaba las magnums, lo dejaban sordo.
Cortó su cabeza, y la pateó mientras aun estaba en el aire, lanzándola a gran velocidad hasta la pista de baile. Aunque no lo vio, la nariz se aplastó contra la barra de la pista de baile, a treinta metros de allí, y a unos centímetros de la pelirrosa.
¡KEIRA!
En unos segundos infinitos donde Jason, Kol y la puta de Manchester perdían cada vez más terreno ante el enjambre de demonios, el pelinegro volvió a cortar una mano (vistiendo anillos baratos, vale aclarar), mientras pensaba que quizá no había sido muy buena idea confiar que Keira postergaría su venganza por el bien del plan.
Pero luego, una explosión hizo eco desde la pista y un fogonazo de color rojo brilló en la semi-oscuridad.
Gritos de dolor y el sonido de la deliciosa efervescencia que hace la piel de demonio ardiendo, le arrancaron una nueva sonrisa.




Ahora empieza el show —Jason se arrodilló, y llevó la mano a su espalda— ¡Camellos del vaticano!
Kol reaccionó de inmediato, tomando a la puta de Manchester por la cintura y cubriéndole los ojos, mientras cerraba los ojos y agachaba la mirada. Jason hizo lo propio, arrojando una granada al aire.
Toda la sala se iluminó, con el sonido de un fuerte zumbido. Los demonios gruñeron, y los vampiros directamente gimieron de dolor.
Para cuando abrieron los ojos, no había nadie en el centro. Se voltearon confundidos, buscando a las presas.
Un silbido les llegó desde la pista de baile. Cuando se voltearon, Jason aun tenía los dedos en la boca y el cabello pegado a la piel por la lluvia artificial. Cabe aclarar, no vestía ningún anillo barato.
¡Por aquí, caracoles! —Gritó, con una amplia sonrisa.
Kol, Jason, Lauren (la puta de Manchester) y Keira se encontraban en el medio, en una formación para cubrir todas las direcciones. Desde los pisos superiores se asomaban demonios y vampiros. En la planta baja, yacían cuerpos que ardían pero se alzaban de a poco con ojos negros y dientes manchados por encías sangrantes.
Tiamat...
Se fue —Respondió simplemente.
Kol dio un escopetazo a un vampiro que se arrojaba desde el primer piso, destrozando su cabeza antes de que tocase el suelo.
No está en los pisos superiores, ni la azotea.
Jason miró de reojo a Keira, vio sus ojos magentas concentrados en la barra. Jamás la había visto con esa expresión, apretando los dientes y completamente tensa. Allí, hacia donde miraba se encontraba un demonio fornido. A pesar del agua bendita, no mostraba haberse debilitado en los más mínimo. Era más poderoso que los demás.
El Cazador comprendió.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Keira B. Evansglow el Vie Dic 04, 2015 3:09 am

La entrada llamativa y ruidosa de Kol atrajo su atención por unos segundos. No parecía propia de él, era un estilo más “jasoniano” pero suponía que juntarse tanto con él contagiaba su estupidez para llamar la atención. El rey de Roma le gritó, llamando su atención lanzando una cabeza de un gótico a centímetros de ella. Sí, ese era un mensaje bien jasoniano y sólo podía significar una sola cosa: el plan.

Si bien los Templarios no se caracterizaban por trabajar en equipo como los Caballeros, sí contaban con un amplio listado de estrategias, una especie de pasos a seguir para las cacerías que uno usaba a su antojo. Bendecir el agua bendita era una de ellas, útil para enfrentamientos con múltiples enemigos en espacio cerrados. Cerca de ella, al lado de uno de los parlantes, una pareja que no parecía prestar atención al mundo mantenían relaciones sexuales detrás de una esquina. Uno de ellos – el activo – bebía de una botella de vodka mientras continuaba con ese mete y saca agresivo.

Hey, ¡Tú! ¡El del elefante al aire! Invita un poco —arrebató la botella de su mano y la lanzó a un vampiro que buscaba hincarle el colmillo. El líquido le empapó la remera manchada de sangre—. No sé ustedes, pero a mi me daría morbo hacerlo frente a alguien quemándose vivo.

Sacó un mechero de su bolsillo y aunque el vampiro trató de correr, su puntería fue mejor. La criatura chilló y lenguas de fuego dev0raron su cuerpo. El chico mete-saca gritó, su miembro se bamboleaba de un lado a otro mientras corría desesperado hacia una salida. Su amante pasajero, un muchacho atractivo y alto, se quedó paralizado observándola con la boca abierta mientras detrás de ella el vampiro agonizaba. La sirena anti-incendio retumbó estridente y la lluvia los empapó. Los gritos desgarradores acompañaron cuan compás y el aroma a carne chamuscada impregnó el boliche.

La próxima vez usa protección. Ahora súbete los malditos pantalones y corre.

El demonio de la barra permanecía inmóvil, ajeno a sus compañeros que agonizaban y escapaban de Pandemonium. Su vista permanecía fija en él, la sed de sangre se hacía cada vez más intensa. Deseaba tener su cuello en sus manos, ver como sus ojos perdían el brillo mientras se acercaba más a Tiamat.

Tiamat . Su cabeza en una maldita bolsa zipper. Sólo quería eso. Estaba tan cerca y tan lejos a la vez. Un susurro en su mente le decía que era demasiado tarde. Y la ira hacía  erupción en su ser ante esa idea. Había cambiado de cuerpo, esa era su oportunidad, el único momento donde Tiamat sería tan vulnerable y mortal como un demonio común.

La mano de Jason se posó sobre su hombro. No sabía en qué momento se habían acercado pero su voz trajo consigo un atisbo de esperanza, palabra poco usada en el vocabulario de la pelirrosa. “Ahora o nunca, Keira”.

Ten — le entregó su Colt, mirándolo de reojo—. No me esperen. Los alcanzaré luego o… ni se molesten en buscar mi cadáver.

Tanto Jason y Kol, con la runa de visión, pudieron verlo pero Lauren, siendo tan humana como cualquiera, no distinguió en qué momento la Cazadora sacó su arma y disparó; al pestañear ya la barra explotaba y el demonio salía despedido a un lado, mientras el agua bendita trataba de apaciguar las furiosas llamas.

Keira observó el perímetro velozmente. ¿Dónde estaba? La puerta de la heladera, ahora negra, estaba entreabierta y de ella una luz surgía, no el resplandor brillante  y ambarino de las llamas, sino de un blanco puro que no correspondía a ese infierno. El pasadizo secreto estaba detrás de una vieja heladera, maldita perra ingeniosa. Keira sonrió con una alegría que no recordaba haber sentido en años.
Jason, Kol y su compañera se encargarían del demonio, el tiempo era oro y cada segundo que se ahorraba la acercaba más a Tiamat. Una Tiamat nueva, excitantemente vulnerable. Corrió como si el diablo le estuviese persiguiendo, pero esa vez ella perseguía al maldito diablo. El pasillo era estrecho y recto, iluminado por luces blancas industriales. La Cazadora agradeció internamente que no tuviera bifurcaciones, al final del camino sól0 había una puerta. Una simple puerta la separaba de Tiamat. Su  mano libre temblaba de la adrenalina cuando giró el picaporte.

Lo que vio la detuvo en seco. Unos ojos escarlatas la miraban fijamente tan sorprendidos como ella. Un enorme espejo cubría la pared frente a ella y su reflejo era lo único que estaba allí. Escrito con labial rojo, un arma de dos metros de ancho le apuntaba con un banderín que decía “BANG” exactamente a la altura de su sien. En el centro podía verse un curioso mensaje con una característica letra femenina:

❤ ESTÁS MUERTA ❤
¿Realmente creías que iba a estar cerca de ti cuando cambio de cuerpo? Cariño, que poco me conoces.
Vuelve al principio, Keira.

XOXO, Tiamat.


PD: Hay un hechizo de restricción, el sello está detrás de la puerta de la heladera. ¡Espero que te guste el regalo! La próxima vez, no trates de matarme sola.



Dio un  puñetazo al espejo, quebrándolo donde impactó. Gritó con fuerza, toda la ira escapando de sus pulmones. En todo ese tiempo, no dejó de golpear.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Kol E. Graymark el Lun Dic 07, 2015 7:53 am

Kol tenía la mirada fija en el demonio que estaba detrás de la barra. Casi podía sentir su sed de sangre y en cierta forma comenzaba a perturbarle. No prestó atención a lo que hacían sus compañeros por lo que cuando Keira hizo reventar esa parte del antro se sorprendió. No pudo ver en donde se había metido el demonio, daba la sensación de que repentinamente había dejado de existir.
Apretó los puños y agudizó sus sentidos lo mas que pudo. Los estaba acechando desde los rincones más oscuros, parecía que los papeles se habían invertido para los cazadores. Estaba esperando un ataque, ¿por donde aparecería? ¿A quien atacaría? La respuesta estuvo clara, iba a ir por Lauren. Aún así se tomaba su tiempo.
Entonces pudo escuchar una pisada sobre el suelo mojado, venía desde la izquierda. No iba a atacarla a ella, Su objetivo era Jason. De un ágil movimiento corrió a su amigo hacia un costado y se puso en su lugar. Casi adivinando donde iba el golpe pudo desviar su mano y aprovechó para contraatacar, dándole un fuerte golpe al codo que se encontraba tensado. La quebradura del hueso fue estridente y estuvo seguro que sus compañeros pudieron escucharla. Aún así, el tipo volvió a esconderse en las sombras, sin medir palabra.
—Este sujeto... Da miedo. —Dijo en voz baja para que el demonio no escuchara. Lo que le había llevado a decir aquello era lo que había pasado en ese momento, había golpeado lo suficientemente fuerte como para arrancarle el brazo pero solo se lo había roto.
Entonces el demonio se presentó frente a ellos. Su rostro estaba horriblemente desfigurado por la explosión, pero de alguna forma lograba mantener una expresión serena y calmada. Su brazo estaba roto y colgaba como si fuera hecho de trapos.
—Chicos, voy a necesitar su ayuda. —Les dijo mientras se colocaba en posición de combate. —No traten de acercarse a él. Cubran mis puntos ciegos con sus armas... Aunque dudo que las balas puedan matarlo.
La tensión podía sentirse en el aire, parecía que todo el mundo se había silenciado al rededor. Solo concentraba su oído en el sonido del agua que había en el suelo, aquello era lo único que podría decirle de donde vendría el próximo ataque.
El demonio volvió a desaparecer, nuevamente sin decir nada. Una gota de sudor fría cayó por la nuca de Kol, aquella situación pintaba muy mal, no sabía como iban a matar a ese tipo. Ni siquiera sabía como iban a sobrevivir diez minutos más de lucha.
Nuevamente el sonido del agua fue lo que le dijo desde donde venía el demonio, esta vez atacaría a Lauren. En cuanto se apresuró para cambiar de lugar con ella sintió un fuerte dolor en las costillas. No se había dado cuenta, pero el demonio le había dado una buena patada. El golpe fue tan brutal que lo levantó a centímetros del suelo, dejándolo sin aire. ¿Cómo había logrado aquello?
Cayó de espaldas al suelo y rápidamente se tocó la zona golpeada. Le faltaba el aire, por lo que temía que una de sus costillas se habría roto y perforado un pulmón. Pero afortunadamente ese no era el caso.
—Vaya, eres resistente. —Dijo una voz profunda, parecía salida de un cuento de terror.
Aún así, estaba demasiado concentrado dando bocanadas de aire como para poder responder. No lo lograba entender como la situación se había dado vuelta de tal forma, era la primera vez que sus sentidos le traicionaban. De fondo podía escuchar ruidos de disparos, tenía que levantarse y protegerlos, sin él no había forma de que salieran con vida de ese lugar.
Cuando ya pudo normalizar su respiración hizo un esfuerzo para levantarse, todo el cuerpo le dolía. Tal vez ya había llegado a su límite, era la cuarta vez en toda la noche que peleaba y la marca comenzaba a pasar facturas. Aún así, eso no era escusa, tenía que seguir luchando.
Se puso de pie y sus puños volvieron a arder en llamas, esa noche no estaba dispuesto a morir. Buscó a su rival con los ojos, Jason y Lauren seguían esperando a que apareciera frente a ellos. Era un tipo rápido, no iba a poder llegar hasta él con métodos convencionales.
Miró a Jason a los ojos por un breve momento y ambos se entendieron con solo eso. Kol salió corriendo hacia el lugar donde pensaba que estaba el demonio, dispuesto a darle un puñetazo. Fue entonces cuando volvió a sentir un gran dolor en las costillas, pero no salió volando con la vez anterior. A pesar del dolor se esforzó por tomar al demonio de la pierna y romperle la rodilla de un codazo. También detrás de él se escucharon dos disparos, el rubio movió la cabeza hacia un costado y escuchó como las dos balas rompían el aire para llegar hasta su objetivo.
El demonio levanto el brazo y lo uso como escudo de carne para detener el impacto de los proyectiles. Pero Kol esperaba eso, era obvio que no le importaba lo que le sucediera a sus extremidades, solo debían neutralizarlas. Pero él no se conformó con aquello, arrojó un puñetazo con todas sus fuerzas hacia el rostro. Si con eso no lo mataban, ya no sabía con que lo harían.
Algo raro sucedió entonces, su mano pasó de largo. ¿Cómo era eso posible? Seguía sujetando la pierna de su contrincante con dureza. Aún así la cabeza había salido disparada del cuerpo antes de que llegara a golpearlo.
El cuerpo se desplomó en el suelo, inerte, sin vida. Le habían arrancado la cabeza de un golpe, pero él no había sido.
—Wow, Kol... —Dijo la voz de Lauren detrás de él—. Si le hubieras dado de esa forma antes, esto habría acabado mucho más rápido.
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Re: Pandemonium | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Miér Dic 16, 2015 12:45 am

Jason blandió la daga debajo de la Colt Goverment.
Cerró los ojos un momento, y cuando se abrieron, mostraron un azul mucho más profundo del habitual. Presionó la Daga Angelical en su mano y le ordenó.
"Alto"
Toda la escena pareció ralentizarse en ese momento. Un coro de voces infinitas resonaron en su cabeza. Femeninas y masculinas, jóvenes y viejas, graves y agudas.
"La Colt Goverment dispara a una velocidad capaz de..."
"Los demonios son impulsivos, se debe..."
"...entonces la mayoría decae de un disparo a..."
"Es necesario ver donde están todos..."
"... en tus instintos más que en tu cabeza,...."

Tras esa décima de segundo, cambió la pistola a modo automático y dio un rápido giro. Presionó el seguro del arma y dejó caer la munición vacía. Antes de que esta llegase a tocar el suelo, doce demonios se habían desplomado.
Tomó un segundo cartucho de su bolsillo. Kol, tan preciso como era siempre a la hora de salvarle el trasero, lo empujó a un lado.
Jason se volvió hacia el demonio que había visto en la barra.
Todo tuyo, primor —Dijo a Kol, y se volvió a posicionar.
Cortó la garganta de un vampiro que se había lanzado hacia él, y sintió una patada en la nuca que lo hizo tambalearse.
Recuperándose rápidamente, giró para tomarlo por las muñecas en pleno aire y dio una voltereta, arrojándolo contra uno de los pilares de la pista. Terminando el giro, se incorporó. Dio un rápido examen a su alrededor.
Más de treinta, o quizá cincuenta demonios y vampiros se estaban aglomerando a su alrededor, y no daban signos de ser los últimos.
"¿Cuánto poder puedo canalizar?"
Pensó Jason a sus adentros. Su nariz había comenzado a sangrar de nuevo, mucho más que la última vez. Por suerte, estaban en plena pelea, por lo que no llamaría la atención. Si era necesario, debería...
Kol —Se volteó rápidamente, y estuvo a tiempo de verlo frente al demonio de la barra.
La mayoría de los infernales caían tras un par de golpes del Graymark. Que fuese tan resistente, lo preocupó un tanto. Lauren disparó una bala hacia el demonio.
Sin embargo...
"¡Lo matará!"
Jason vio el trayecto de la bala. Inicialmente iba a la cabeza del demonio, pero el cambio en la posición de Kol lo había puesto en el blanco.
Disparó por instinto, con el corazón salteándose un latido. La bala de Jason era de menor calibre que la S&W de Lauren, pero lo suficiente para...
¡I! —Gritó.
Kol, respondiendo con una velocidad implacable, volteó el rostro en esa dirección. La bala del pelinegro golpeó a la de Lauren, desviándola apenas unos centímetros, pero suficientes para pasar rozando la mejilla de Kol en lugar de abrirle un nuevo agujero.
En ese momento, sintió los colmillos clavándose en su cuello, y soltó un alarido de dolor.
¡Chupate esto! —Exclamó, mordiendo sus labios.
Tomó por el cabello de la vampiresa, y descargó tres disparos en su frente, uno tras otro, hasta que sintió que la presión cesaba. Jason se balanceó aturdido por el veneno de vampiro, ignorando la pérdida de sangre en su hombro.
Alzó la mirada a su alrededor. El demonio más fuerte había sido decapitado, pero... ¿cómo? Kol no contaba con armas de filo, y Lauren estaba ocupada.
Puso esa duda en la parte trasera de su cabeza, preocupándose por la desventaja numérica. Disparó tres veces más a un grupo de demonios.
Click. Click.
Llevó su mano a su cinturón. No le quedaban municiones. Escuchó como Kol disparaba su escopeta para deshacerse de un chupasangre, y luego la arrojaba a un lado. Sus guantes ardiendo en cada mano.
Había luchado codo a codo con el Graymark lo suficiente para saber cuando estaba en problemas. El combustible se le agotaba, las llamas ya no eran tan extensas ni tan ardientes como debían serlo.
¡Maldición! —Se quejó Lauren, dejando caer sus magnums— Muchachos..., ¿no va siendo hora de que se conviertan en fenómenos y nos saquen de aquí?
Jason retrocedió, con la daga frente a él. Fluía sangre de sus oídos.
Contra este número, lo veo difícil... No estabamos en esta situación desde...
Michigan, 2013, ¿verdad? —Dijo Kol, chocando sus espaldas con la de Jason.
Michigan 2013, que año aquel.
Los demonios empezaban a encerrarlos en un círculo. Parecían interminables.
Lauren pronto se unió a la formación, más por instinto que por precaución.
¿Y cómo salieron vivos de Michigan, genios?
En camillas —Dijo Jason.
Dos demonios se arrojaron hacia Jason. Los vampiros saltaron desde el piso superior hacia Kol. Las mesas giraron y una estampida de punks de ojos negros arremetieron contra ellos.
¿Salve y adiós, parabatai?
Salve y adiós, amigo.
Los ojos de Jason se tornaron azules nuevamente. Y entonces, la escena se llenó de sangre.



Las cabezas de los demonios comenzaron a explotar, una tras otra. Caían como fichas de dominó, en filas perfectas como las represas de castores ante una inundación.
Los ojos de Jason cedieron y volvieron a la normalidad.
¿Qué rayos...?
Esas balas... Son francotiradores
Los ventanales del Pandemonium explotaron, y de ellos surgieron sombras oscuras e inverosímiles. Postímages de espadas, fogonazos de ascuas y golpes de viento. Granadas explotaron en todos puntos, minando el aire de un espeso rojo.
Gruñidos de dolor y el sonido de la sangre borboteando de las aortas plagaron el lugar. Los oídos ardían ante el estruendo de disparos, los gritos. El espeso líquido escarlata comenzó a llenar el suelo junto con la lluvia de los rociadores, a tal punto que cada paso provocaba un sonido de chapoteo. A ese punto, todos apestaban a icor. Restos de sesos, pedazos de corazones, dedos cortados y fragmentos de hueso navegaban por ese mar rojizo como barcos de papel.
Por un momento, los tres bajaron sus armas, sin entender la situación.  
¿Existía un Dios acaso?
Pero la salvación de los humanos recae no en manos divinas, sino en las mortales.
Una espalda vestida en cuero fue visible por un segundo frente a Jason. Los colores rojos y blancos centellaron antes de desaparecer en el humo.
El Temple... Jason, ¿no dijiste que no llamásemos...?
Soy una mala persona. Miento, engaño y escucho Coldplay. ¿Algún problema? —Dijo, guardando su daga en cinturón.
Kol, guardando silencio unos segundos mientras lo miraba atónito y con esperada decepción tiñendo sus ojos, torció la comisura de sus labios. Luego, estalló en un carcajada.
Eran pocas las veces que se veía al Cazador de Cazadores reír con ganas, y cuando lo hacía, uno sabía que todo iba a salir bien.
Vete de aquí, o te arresto antes de que te vean —Dijo recomponiéndose, tomando su recortada del suelo— Todavia eres un...
Al voltearse, el pelinegro había desaparecido. No le sorprendió ver que Lauren se había escabullido con la primera granada.
...fugitivo.
En medio del olor a pólvora, sangre y acero ardiendo, pudo vislumbrar otro aroma. Su nariz lo guió hacia la barra, sobre la que había una botella de vodka partida al medio.
Caminó hacia ella con extrema tranquilidad, girando la cabeza a un lado para esquivar una shiruken a veces, deteniéndose para dejar pasar un cuerpo volando en otras.
Tomó la botella, y la vació en su garganta. Había algo de sangre dentro, pero el sabor seguía siendo bueno.
Un cuerpo salió volando de la niebla roja para estamparse contra la barra. El demonio estaba lleno de agujeros, y escupía sangre como si fuese vómito.
Estás teniendo una noche difícil, ¿eh? —Dijo Kol, dejando caer la botella. Encendió uno de sus puños— También yo, muchacho... También yo.
Enterró los nudillos en su cráneo, haciéndolo añicos.




Jason corrió a través de la cocina, un disparo ocasional hizo estallar los azulejos justo a unos centímetros de su cabeza.
¡KEIRA! —Gritó hacia adentros. No podía sentir su presencia.
Observó en todas direcciones. ¿Había seguido a Tiamat a las afueras del club? El Temple había podido ingresar, a pesar del hechizo restrictivo, así que seguramente había sido destruido unos minutos antes.
Los francotiradores habían disparado a través de los cristales hace aproximadamente cuarenta segundos. ¿Acaso Keira había...?
"No" dijo una voz en su interior.
A pesar de no haber justificativo alguno, algo en su interior negaba la posibilidad de que la Evansglow de cabellos rosáceos, la que había visto vestida de inmaculado blanco en la noche que el S. S. Mary fue atacado, hubiese...
"No"
Agudizó sus oídos. Las explosiones, los alaridos, la carne cercenada, todo se escuchaba mucho más bajo. Buscaba ese sonido, esa voz femenina y autoritaria en medio de un abismo de muerte.
Keira —Dijo en voz baja, y jaló la puerta a su costado.
Jason sólo sabría horas después que había entrado a un refrigerador.  
Corrió siguiendo esa voz en la oscuridad, esos quejidos desesperados y lastimeros. Tomó la Daga y la puso frente a él.
Si Tiamat se encontraba allí, la mataría. En ese momento, sintió que podría matar a cualquier ser que se interpusiese en su camino.
Al llegar al final, vio cristales rotos, sangre entremezclada, y una Evansglow pérdida y desorientada, reventando sus puños contra una pared de concreto. Los gritos de la muchacha eran como los de una bestia hambrienta. Como un lobo que tras perseguir a su presa durante días, descubre que ha corrido en la dirección equivocada y morirá de hambre antes de poder regresar.
El Cazador dirigió la mirada a la espalda de la muchacha, a su chaqueta favorita, cubierta de gotas carmesí y fragmentos de cristal. El cabello rosáceo y mojado de su portadora.
A pesar de que la situación era una locura, sintió que un vacío en su pecho cedía y lo dejaba respirar. Estaba viva. Ella y Kol, ambos estaban vivos.
Keira, debemos irnos —Musitó, acercándose a ella.
¡NO! ¡NO! —Gritaba la muchacha, reventando sus nudillos una y otra vez contra el espejo— ¡No, no, no, NO, NO! ¡NO!
Jason no comprendía la situación. Esa muchacha era muy diferente a la que había visto al inicio de la noche. Estaba completamente loca, pérdida, y...
"Herida"
Jason se acercó a ella, y detuvo su puño antes de que se lanzase nuevamente. La tomó por la muñeca, y tiró de ella. La noche que ella lo había atacado, no había sido capaz de siquiera hacerle perder el equilibrio. Y sin embargo, ahora tenía la ligereza de una niña.
Con un simple ademán, hizo que todo el cuerpo de la muchacha se pusiese frente a él.
Debemos irnos. El Temple ha llegado. Hay que...
¡TIAMAT NO ESTÁ! ¡SE ESCAPÓ! ¡SE ESCAPÓ!
Al alzar el rostro, vio que los ojos de Keira estaban rojos. Las lágrimas que los cubrían no eran las de dolor, ni decepción. Era un intenso odio y rabia.
Jason tragó saliva. Nunca pensó que la muchacha fuese capaz de hacer una expresión como esa.
No sé que pasó aquí, pero no hay tiempo para esto —Tomó su otra mano, y presionó sus muñecas con la fuerza suficiente para hacerle doler— Hay que irnos.
¡Déjame, Herondale! ¡Vete de aquí, no te necesito! ¡Ni a ti, ni a Graymark, ni a la mierda del Temple! ¡No necesito a nadie! —Trataba de liberarse, pero no había fuerza en su cuerpo. Toda su energía se había vaciado en esos puñetazos— ¡Déjame! ¡Puedo hacer esto sola! ¡Puedo matar a Tiamat sola!  ¡De.. ja...me!
Jason mordió su labio, y mantuvo la presión. La muchacha se agitó en sus manos durante cinco minutos, dándole varias patadas y un par de cabezasos. La imagen era cómica y lastimera.
En cualquiera otra situación, Keira podría haberse liberado sin ni siquiera intentarlo. Pero estando en esa situación, pérdida y desorientada, ni la fuerza de mil maldiciones la habría ayudado.
Finalmente, la muchacha se rindió, y su cuerpo cedió al cansancio.
El Cazador la soltó, dejando que los brazos de la pelirrosa cayeran inmóviles a sus costados. Ya no se quejaba, ya no lloraba, y no parecía emitir un solo sonido.
No, no puedes —Dijo sin poder encontrar sus ojos.
Los disparos en la pista empezaban a menguar. Cada vez eran menos los gritos y los sonidos de choque. La música comenzaba a poder ser perceptible de nuevo. Pronto, la batalla terminaría, y el conteo de bajas empezaría. Entre ellas, se  encontrarían las esperanzas y los anhelos de cierta Cazadora.
Keira comenzó a caminar hacia la salida, a un paso lento y fantasmal. Jason extendió su mano a su hombro.
Déjame sola —Dijo la joven, sin siquiera voltearse.
Jason mareado, cansado y adolorido, desistió. Llevó su mano a su rostro, y quitó la sangre de sus labios. Tenía una mordida en el cuello, sus costillas ardían, y presentía que habían moretones en al menos el sesenta por ciento de su cuerpo. Sin embargo, sus oídos y nariz habían dejado de sangrar.
El Cazador se volteó y vio uno de los cristales aun en el suelo. El nombre "Tiamat" se leía claramente. Tras unos segundos, corrió para alcanzar a Keira.
Jason había hecho muchas cosas estúpidas en su vida, pero nunca algo tan suicida como perseguir a una Evansglow enfadada.
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