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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Wayward Son y su historia es una creación original del Staff, fuertemente influenciada por series y novelas de género sobrenatural, destacando la saga The Mortal Instruments de Cassandra Clare, y las series de televisión Supernatural de Erick Kripke, y The Vampire Diaries y The Originals de Julie Plec. Las imágenes utilizadas han sido tomadas de portales como Devianart, Zerochan, Pixiv y We❤It, y pertenecen a sus respectivos autores. Agradecimientos a Rose de Glintz por el elegante trabajo de su skin y su asistencia, a Veeneli por sus códigos y tablillas tan atractivas, así como a Mizuki por su bello tablón de anuncios.
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DON'T FORGET - HOPE ID.

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DON'T FORGET - HOPE ID.

Mensaje por Hope Everdeen el Sáb Jul 25, 2015 5:48 am



Hope Everdeen


“Don't forget”



Mesera | 17 años | Heterosexual | Femenino | Estadounidense

ABOUT ME

Su personalidad es acorde con su apariencia angelical, Hope es considerada como una chica amigable y bondadosa, increíblemente altruista, siempre dispuesta a dar una mano para ayudar a otro sin importar las consecuencias. De buen corazón, buscará el lado bueno de cada situación y priorizará los aspectos positivos de las personas, evitando juzgar. Su bondad la hace pecar de ingenuidad, siendo relativamente fácil engañarla al no desconfiar en los demás desde principio.
Como todo ser humano, su paciencia y bondad tiene un límite, aunque en Hope éste es bastante amplio. No teme en mostrarse enojada y enfrentarse a quien sea cuando una situación le indigna, incluso es capaz de mostrarse con frialdad frente a aquellos quienes la hayan decepcionado.
Es una joven de sonrisa fácil, oculta sus desdicha en una actitud esperanzadora y alegre, siendo esta actitud su escudo preferido para enfrentarse a los golpes en su vida. Siendo fiel a su nombre, la esperanza y la fe es algo que llevará como estandarte, ante cada caída se levantará y avanzará con determinación, considerando la rendición como una salida rápida y cobarde.
Hope es excelente compañera, fiel, comprensible y sencilla, se adapta relativamente bien ante los imprevistos, negando que el miedo y la desesperación impregnen su accionar. Prefiere escuchar a hablar de sí misma, siendo demasiado difícil quitar su máscara de adolescente alegre para encontrarse con una joven atormentada y vulnerable por sus demonios internos.
Le molesta que la juzguen como alguien vulnerable por su apariencia física, ella es sumamente independiente, buscando la forma de solucionar sus problemas por sí misma sin necesidad de recurrir a la ayuda del otro. En este sentido podría decirse que también que es terca y orgullosa, incapaz de reconocer cuando ya no puede resolver las dificultades ella sola. Por este mismo motivo tampoco se la verá llorar, contrario a su apariencia física débil, es una muchacha fuerte que se impone a cada desgracia que le suceda tratando de encontrar un lado positivo al cual aferrarse.
Es activa, lista y valiente, no dudará un segundo en involucrarse en alguna aventura ya sea por simple interés o para ayudar al otro.
Su sentido de moral es bastante fuerte, no está de acuerdo con la idea de que el fin justifica los medios pero es consciente de que la desesperación puede llevarte a actuar en contra de tus ideas. Estas situaciones la ponen en una confrontación interna entre lo que es correcto y lo que no, buscando alguna alternativa que le permita llegar a su objetivo sin manchar sus creencias. Si no puede llegar a eso, terminará optando por alguna de las dos, sintiéndose luego realmente culpable por sus acciones. Si bien no es rencorosa con los demás, le cuesta perdonarse a sí misma, su sentimiento de culpa puede ser muy alto a veces.
Una joven sociable y amigable, que fácilmente se la puede ver rodeada de gente sin sentirse en plena confianza con ninguna de ellos y aún así, capaz de sacrificarse con tal de ayudarlos.




MY LOOK

Delicada, dulce y vulnerable. Hope es esa clase de muchachas que al verla inspira un instinto protector en los demás, como si el deber máximo en la vida fuese protegerla. De contextura pequeña, muestra un cuerpo delgado y una altura bastante baja para su edad, alcanzando apenas 1.55 cm. Aunque a simple vista parezca una niña, presenta signos claros de su adolescencia, como su cintura pequeña y sus pechos de un tamaño aceptable del cual no puede quejarse. Es un cuerpo armonioso, no hay en éste ningún centímetro de más ni de menos.
A pesar de su altura, sus piernas son considerablemente largas y firmes, las cuales le gusta mostrar usando prendas cortas como faldas o shorts.
Lo más llamativo de ella es su rostro, de facciones suaves y juveniles, un tanto infantil. Presenta dos grandes ojos magentas decorados de largas pestañas que parecen reflejar el mundo con otro color, más bello y agradable. Éstos desprenden un brillo particular que suelen llamar la atención. Su boca es pequeña, con labios definidos de un agradable tono rosado y tiene nariz respingada, también acorde al tamaño de su rostro.
Su cabello es largo y suave, cae lacio hasta un poco más de la mitad de su espalda moviéndose con gracilidad con cada movimiento que la joven da. Tiene además dos mechones más cortos que caen a ambos lados de su mejilla y flequillo al costado. Es de color rojo natural, brillante y de aspecto cuidado. Suele hacerse dos pequeñas colitas a ambos lados de su cabeza o dejárselo suelto ya que le agradan los peinados sencillos y cómodos, sin mucha elaboración.  





PAST



1
El mensaje de Dios.


Y he aquí hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra y se sentó sobre ella – Mateo 28:2.



Aquel día fue inusitadamente triste para el Padre Zachariah y la fina lluvia que caía sobre el cielo oscuro  reflejaba su estado de ánimo. Levantó el cuello de su tapado para cubrirse lo más posible, como si eso evitara las gotas de agua que mojaban su piel y se adentró a las intrincadas calles y diagonales de Manhattan. A pesar de ser época de huracanes y que el pronóstico había advertido que habría una semana de lluvias por Irene, el quinto y anteúltimo de esa temporada, él había olvidado completamente su paraguas. Ni los más altos del cielo podrían juzgar su olvido, más aún considerando que volvía del entierro de su preciada hermana y a su mente nebulosa le costaba peculiarmente aclarar sus ideas. Fue en ese momento solamente en que se percató de lo poco que servían sus consejos sobre la muerte y era normal, por más ideas bellas que uno tuviera sobre la salvación y el paraíso,  no había forma de superar la pérdida más allá de resignarlo como un hecho ya consumado. Sangre senil o joven, era muerte de todas formas y dejaban a alguien atrás extrañando su presencia.
La muerte de su hermana había abierto un baúl de recuerdos, un pasado sencillo y humilde en el pueblo, donde los veranos consistían en pasarlos en el campo del Tío Greg cuidando de los animales y cabalgando a caballo. En su mente se recortaba la figura de su hermana y su amplia sonrisa alumbrada por el sol de la tarde acentuaba el mar de pecas de sus mejillas, llevaba consigo un pequeño pato en brazos, el cual fue el tema de conversación principal ese verano. Lo había encontrado con la pata lastimada a orillas del lago y junto con él se encargaron de cuidarlo hasta que sanara, el animal se había encariñado con ellos, especialmente con su hermana, a quien seguía a todos lados con sus pequeñas patitas moviéndose desesperadas y agudos graznidos llamándola. Se preguntó estúpidamente que habría sido de la vida de ese pato y notó que estaría muerto al igual que su hermana, habían pasado aproximadamente quince años de ese suceso, no había forma de que siguiera vivo. Sonrió amargamente y sus apacibles ojos castaños detrás de sus anteojos se cristalizaron por las lágrimas, dejó que fluyeran camuflándose con la lluvia preguntándose  - como todo mortal minúsculo e ignorante-  cuáles eran los planes de Dios para permitir que una mujer de treinta y un años falleciera de leucemia.
La Iglesia St. Michael recibió sus lágrimas con su serenidad y frialdad propia. El hermoso rostro de piedra de Mikael lo observaba impasible, sus ojos grises parecían juzgarlo por su debilidad y el padre Zachariah desvió la mirada avergonzado. Fue por eso que tardó más de lo usual en observar al frente y lo que encontró le hizo retroceder de la sorpresa. Sobre el deslumbrante altar de oro y plata, el carmín teñía sus colores tan puros y celestiales, un cuerpo pequeño y frágil estaba arrodillado sobre éste con los brazos extendidos mostrando las palmas de sus manos de manera idéntica al Cristo que estaba parado a un par metros de altura detrás de ella. El Padre Zachariah no sabía cómo reaccionar, su cuerpo estaba paralizado por la sorpresa de aquella imagen tan dramática de la joven ensangrentada, digna de ser retratada en alguna pintura renacentista. Sus ojos magentas miraban perdidos hacia lo alto de la catedral, como si así la acercaran más al cielo, sus cabellos rojos caían a ambos lados de su rostro, enmarcando su serena mirada y camuflándose con la sangre que salía de sus heridas. Lucía un vestido blanco, tan manchado de escarlata que apenas se distinguía su color natural. Su juventud, su belleza, su expresión y postura, todo en ella parecía demasiado… surreal, un mensaje de Dios.  “Es un ángel”, pensó y el destello rojizo le hizo agregar instantáneamente: “un ángel caído”.
No supo exactamente cuánto tardó el padre Zachariah en responder, podían ser bien segundos, minutos u horas, se encontraba tan hipnotizado con la escena que le era imposible despertar por sí mismo de esa ensoñación. Fue la voz de la muchacha quien lo atrajo de nuevo al mundo real, sus palabras le sonaron inentendibles y antiguas, rápidas y melódicas como una canción. De repente se desplomó en el altar abruptamente y él gritó.  



2
Coro de ángeles.



Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas  inconstantes, ese montón de espejos  rotos – J. L. Borges.


“Teloha...quash...vpaah...canilu”
Las palabras le resultaron lejanas y distorsionadas,  provenientes de un exterior que no podía traspasar las murallas de cristal que eran su mundo. Pero algo en ellas le resultaba extrañamente conocido. Las frases se repetían una y otra vez, alternando el orden en un ritmo melódico y bullicioso, como un numeroso grupo de gente en un recital entonando una canción.
- Llévenla al quirófano, ahora.  ¿Alguna identificación?
- Nada.
Luces blancas danzaban sobre sus ojos, aparecían y desaparecían velozmente confundiéndola. ¿En qué clase de extraño lugar estaba? Era difícil pensar con las voces que no dejaba de escuchar a su alrededor, más aún si a estas se le sumaba un dolor agudo que recorría cada fibra de su cuerpo. No sabía como pero prestando atención era capaz de saber qué decían aquellas voces y su mensaje tan terrorífico, que anunciaba tiempos oscuros  llenos de sangre y guerra, le hizo dar un grito del horror. Lo primero que distinguió fueron varios ojos mirándola y un sinfín de indicaciones que se daban entre ellos.   Trató de mirar a su alrededor, sin saber cómo,  contuvo otro grito al ver la sangre que cubría sus heridas. Segundos le llevó encajar las piezas del rompecabezas sobre su paradero.
Hospital. Estaba muriendo en un hospital. Debía de apenas entrar por sus vestimentas y la rapidez de los médicos en moverla, trató de pensar qué había hecho para llegar allí, pero su mente estaba sumida en la oscuridad propia del abismo y una horrible sensación se apoderaba de su cuerpo. El dolor de cabeza producto de una contusión se agudizó a niveles álgidos y lanzó un alarido, moviéndose desesperada de un lado a otro. Aunque quisiera traspasar más allá, forzar su memoria al máximo, no había nada en ese peculiar espacio que pudiera acercarle a una respuesta. Las palabras estaban dispersas en su menta pero curiosamente organizadas, los lugares, los conocimientos, todo se encontraba archivado y aún así no era capaz de responder a una pregunta básica: ¿Quién soy?
No había nombre ni familia, no existía persona dentro de esa cabeza,  carecía de identidad alguna. ¿Quién era? ¿Qué había pasado? ¿Quiénes eran todas esas personas? Las horribles palabras de muerte no se detenían y un pensamiento oscuro devino inmediatamente a unirse a su listado de preguntas: ¿Trataban de ayudarla o atacarla?
El reflejo plateado de un bisturí le provocó escalofríos. Gritó y se zarandeó, defendiéndose contra aquel mal que deseaba acabar con ella. Las voces mal sintonizadas se repetían una y otra vez y en ese momento, por alguna razón que iba más allá del razonamiento humano, supo que se trataban de ángeles. ¡Qué locura! ¡Los ángeles no existían! ¡No clamaban la destrucción y la guerra con tanta intensidad! Pero su corazonada era cierta, tan real como que dos más dos eran cuatro y que su corazón latía desbocado en ese momento.
“Ujeare...quash...urch"
- ¡Cállenlos! ¡Callen a los ángeles! – chilló. En su forcejeo cayó al suelo y se arrastró gimoteando por el frío suelo, tratando de alejarse de aquellos con bisturí que querían herirla. Uno se acercó y ella retrocedió lo más que pudo hacia atrás, chocando bruscamente contra un mueble. Unas tijeras cayeron a su lado, sentía el gélido contacto con la punta de sus dedos. El hombre que quería herirla dio otros pasos más hacia adelante, tratando de calmarla con suaves palabras. El dolor alcanzaba puntos tan altos que puntos negros cubrían su visión. El coro angelical a su vez clamaba por sangre, más y más…
Gritó. Las tijeras en alto, su punta filosa tiñéndose escarlata al penetrar la carne. No llegó a escuchar el alarido siguiente, todo fue una oscuridad repentina y asfixiante cuyos brazos la lanzaban al abismo de la inconsciencia.



3
Renacer.


Pocos ven lo que somos pero todos ven lo que aparentamos – Nicolás Maquiavelo.


¿Sabes dónde estás?
La luz blanca irradiaba intensamente, un fuego puro y destructor propio de un justiciero celestial. Sentía como si tuviera forma propia y envolviera cada parte de su cuerpo en un diminuto espacio. Quería gritar pero la luz llenaba su garganta, asfixiándola. Quería ver pero esta quemaba sus ojos, cegándola. Quería moverse pero sentía como penetraba su cuerpo y la luz se transformaba en plata líquida, demasiado pesada para moverla. Ciega, muda, inmóvil. Lo único que podía hacer era pensar y hasta eso dolía.
¿Sabes dónde estás?
Hizo acopio de fuerzas. Su cabeza era un torbellino de imágenes borrosas, trató de distinguir alguna más nítida y a partir de ésta ir acomodando cada parte hasta llegar a la respuesta. Una construcción imponente y gris devino a su mente, su fachada moderna estaba rodeada por un bonito jardín pulcramente cuidado, limoneros y naranjos se esparcían alrededor mientras que el camino a la entrada era delimitado por una hilera de setos pulcramente cortados. Flores de colores los decoraban, como pequeñas pinceladas rojas, azules, violetas y amarillas sobre un lienzo verde. A pesar del gran esfuerzo puesto en el jardín, no había forma de que ese lugar no pareciera deprimente. El terreno estaba cercado por altas murallas con un cerco eléctrico sobre éstos, en la punta de las columnas cámaras giraban de un lado a otro produciendo un agudo silbido; pero lo más característico eran las ventanas, todas enrejadas. Quien la viera a primera vista pensaría que es una cárcel y luego, segundos más tarde, encontraría el cartel que rezaba “Instituto Psiquiátrico Northfield”, sintiéndose afortunado porque su destino no era dentro de esas cuatro paredes.
Recordó el interior, como todo hospital psiquiátrico del Estado, por dentro se veía realmente el abandono que existía para aquellos considerados por la sociedad como mentalmente inestables. Los marginados sociales no merecían ni por asomo más que un burocrático y molesto gasto de la fortuna del país. A su mente le llegó el olor a humedad y la visión de la pintura desconchada de las paredes desnudas, de un tono verde pálido y sucio que intentaba en vano aparentar la esperanza de una resocialización cuando sólo acercaba más a la enfermedad.
Finalmente asintió, un movimiento lento y cansino. No era la primera vez que escuchaba esa pregunta, al contrario, era la primera que abría las frustrantes sesiones de los jueves con la Doctora Hampton.
- Sí, en Northfield, uno de los loqueros de Manhattan.
La Doctora Hampton cruzó las piernas y escribió algo en su libreta. Era una mujer elegante, de aquellas que siempre se las ve con zapatos y vestidos a juego y el cabello cuidadosamente peinado hacia atrás. Mechones blancos se mezclaban con el rubio pálido, mostrando junto con las arrugas en sus ojos y la comisura de sus labios los inevitables signos de la vejez.
- ¿Recuerdas cómo te llamas?
Esa pregunta era mucho más complicada que la anterior, forzó a su mente para encontrar una respuesta pero allí dentro sólo había una oscuridad impenetrable, una alta muralla que le negaba el paso a sus recuerdos.
- Hope Everdeen.
- Muy bien. ¿Por qué te llamas así?
- El Padre Zachariah me nombró así, los médicos no tenían esperanzas a que me recuperara pero él siempre tuvo fe.
- ¿Cuál es tu verdadero nombre?
Pensó en la “anterior Hope” - como solía llamarle- , aquella muchacha joven que se había ahogado en el profundo lago del olvido y seguía allí, un  cuerpo muerto y silencioso que esperaba en vano ser rescatada. Siempre se preguntó quién sería, si su personalidad sería totalmente distinta a la actual, como el de una chica quizás despreocupada y mucho más feliz. ¿Cuál sería su nombre? Sabía que estaba allí, en el laberinto de su cabeza, trataba de alcanzar la salida, buscaba cada alternativa posible. Jamás lo lograba.
- Ni idea. No puedo recordarlo.
- ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes?
- Las luces blancas del hospital.
- Fuerza más la memoria, ¿qué ves?
- Los médicos tratando de curarme, deslizándome en una camilla. Estaba demasiado confundida pero logré ver sangre en mis ropas.  Ya sabe luego qué pasó, me desesperé y ataqué a uno de ellos. No es necesario que lo repita, doctora. Usted tiene una copia del archivo médico, sabe qué heridas tenía, sólo unos cuantos moretones y cortes.
- Una puñalada en el estómago, tres costillas fracturadas, amnesia traumática y alucinación paranoide. Sólo dos de esos aspectos han quedado.
- Uno – corrigió Hope – Uno.
La doctora Hampton la observó detenidamente detrás de sus anteojos en forma de cóncavo. Sus ojos eran grandes y de un azul oscuro que se confundía con negro, ese tipo de mirada que en los pasillos bromeaban con que parecía escanearte como rayos X. No era una comparación desacertada, reconoció Hope. La doctora fácilmente podía traspasar la fachada corporal y adentrarse en la psique, saber incluso mejor que uno mismo qué era lo que realmente sentías. Hope le dirigió la mirada con determinación, sin permitir que la doctora viera algo que ella no quisiera mostrar, más que un simple cansancio al encierro y a la falta de memoria.
- ¿Qué fue lo primero que recuerdas haber oído?
- Las voces de los médicos.
- ¿Qué más?
- En ese entonces un murmullo constante en una lengua extraña pero que por alguna razón creía entender. Pensaba que eran voces de ángeles. Hace meses que he dejado de oírlas, usted mismo lo ha dicho antes, solo eran una alucinación paranoide por el trauma.
- ¿Y ahora qué escuchas?
Hope sonrió.
- Sólo a usted.
La doctora escribió de nuevo en su libreta, Hope siempre tuvo la necesidad de saber qué era lo que decía su archivo, una curiosidad imperiosa y voraz que gritaba por dentro cada vez que entraba a esa habitación. La doctora buscó entre los papeles de su escritorio y chasqueó la lengua victoriosa al encontrar un sobre, la muchacha distinguió el sello rojo del Estado de Nueva York y su corazón dio un vuelco. Recordaba perfectamente meses atrás, cuando sus doctores decidieron que podía aplicar para un subsidio del Estado cuyo objetivo era impulsar la reinserción a la sociedad de personas cuya enfermedad se encontraba en “remisión”. Eso era lo curioso de las enfermedades mentales, éstas eran incurables, jamás se iban. Una vez que le ponían a uno la etiqueta, ya sea de neurótico obsesivo, bipolar o esquizofrénico no había forma de escapar, se convertían en fantasmas personales, la causa y justificación de cada emoción y acción que uno tuviera.
Los movimientos de la doctora eran desesperantemente lentos y en esos segundos interminables Hope sentía que su respiración se había detenido. Fue cuando ésta sonrió que su corazón volvió a latir con calma.
- Te han aceptado, Hope – la doctora esperó para ver su reacción y asintió conforme con la ancha sonrisa de la joven -. Con algunas limitaciones predecibles, claro. Te darán $700 dólares al mes para pagar el alquiler, aunque asumo como tu médica de cabecera junto con el doctor Stapleton y haremos un seguimiento de tu conducta. Te llamaremos varias noches a la semana y tendrás una cita con nosotros todos los jueves. ¿Entendido?
La chica asintió con vehemencia y la doctora prosiguió:
- Deberás trabajar para mantenerte por supuesto, pero podrás darte un poco más de gustos que aquí. Aún no hemos superado tu amnesia, aunque tengo esperanzas en que pronto encontraremos un mayor avance. A medida de que nos demuestres que puedes vivir de forma independiente, los encuentros y el control van a ser más esporádicos. Felicidades, Hope. Lo has logrado.
La muchacha contuvo las lágrimas que amenazaban con salir de sus orbes. Era libre, por primera vez desde que había despertado lo era. Podría tener al fin una vida minimamente normal, lejos del encierro y el olor a humedad de Northfield. Se imaginó las noches, solitarias y silenciosas, sin ruidos extraños ni maldiciones de sus compañeras de pabellón; la tranquilidad de esa simple idea se le presentaba exquisita. No podía determinar cuanto tiempo permaneció en esa sala, sólo recordaba las voces de los ángeles que, impasibles, tenían sed de guerra.



Extras


– Padece de amnesia por lo que no recuerda nada de su vida antes de su despertar. Desde que posee recuerdos ha oído voces de ángeles y ha mostrado ciertas habilidades que van más allá de un simple humano. Entre éstas se destaca un leve control de la electricidad y poder comunicarse con espíritus.
– Es muy buena dibujando, representando generalmente aquellas experiencias que desea recordar.
– La fascina el olor a madera de pino.
– Le incomoda la cercanía física además de que se sonroja rápidamente.
– Carece totalmente de fuerza física, además sus defensas son bajas por lo que no es raro que se enferme. Es también algo torpe, no es novedad que se caiga al suelo o se golpee.
– Tiene una maldita y extraña habilidad para atraer problemas, aún cuando no los busca.

PB: Kurumi, Kantoku


Don't understimate the allure of darkness. Even the purest hearts are drawn to it.





Última edición por Hope Everdeen el Mar Dic 29, 2015 9:10 pm, editado 6 veces
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Re: DON'T FORGET - HOPE ID.

Mensaje por Porodios el Lun Jul 27, 2015 6:43 am



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