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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Wayward Son y su historia es una creación original del Staff, fuertemente influenciada por series y novelas de género sobrenatural, destacando la saga The Mortal Instruments de Cassandra Clare, y las series de televisión Supernatural de Erick Kripke, y The Vampire Diaries y The Originals de Julie Plec. Las imágenes utilizadas han sido tomadas de portales como Devianart, Zerochan, Pixiv y We❤It, y pertenecen a sus respectivos autores. Agradecimientos a Rose de Glintz por el elegante trabajo de su skin y su asistencia, a Veeneli por sus códigos y tablillas tan atractivas, así como a Mizuki por su bello tablón de anuncios.
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ANGEL MAY CRY | Cam ID

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ANGEL MAY CRY | Cam ID

Mensaje por Cameron Briel el Vie Jul 24, 2015 12:28 am

REBEL AGAINST HEAVEN




• Cameron  “Cambriel” Briel
• Caídos
• 18 años
• Masculino
• Heterosexual
• Estadounidense

DESCRIPCIÓN FÍSICA

Aunque Cameron no había alcanzado sus veinte años al momento de ceder su cuerpo a Cambriel, mide casi un metro noventa y posee una contextura física imponente. Espaldas anchas y brazos fuertes definen el inicio de lo que es un cuerpo delgado y atlético. Lo que en otro tiempo podría haberse considerado un gigante de buen corazón, fue reemplazado por el aura intimidante y amenazante de Cambriel. Refleja el porte de un líder, o quizás un tirano, con una voz grave y clara que es difícil contrariarlo cuando exige algo. De cabellos alborotados, sus mechones llegan más allá del cuello y se disparan en todas direcciones sin aparente control, lacios y de un tono castaño oscuro; tienen poco volumen, por lo cual el viento no contribuye a mantener en su lugar la rebelde melena. Cameron carece de defectos físicos, y su atractivo físico sólo encuentra competencia con las claras señales de peligro que se alzan a su alrededor; se necesita sólo un vistazo a sus ojos para notar que es el tipo de individuo que nunca deja de estar en problemas.
Las irises del ángel eran originalmente de un verde esmeralda, el cual se intensificó al punto de ser poco natural después de que Cambriel ocupase el cuerpo. Sin embargo, por motivos desconocidos para él, su ojo izquierdo tiende a teñirse de un rojo carmesí que emula al de la sangre fresca. El mismo brilla con luz propia, y a pesar de que mantuvo a Cameron preocupado, con el tiempo ha visto el síntoma como irrelevante y se ha limitado a ocultarlo de sus compañeros.
Su tez se encuentra completamente libre de imperfecciines, cicatrices o tatuajes; los músculos se muestran especialmente tensos en su amplia espalda y todo su cuerpo en sí da la sensación de rigidez. En parte se debe al esfuerzo físico que el contenedor debe hacer para mantener en su interior el poder de Cambriel, y también al hecho de que el ángel pocas veces se permite a sí mismo relajarse. Sólo muestra cierta livianeza al desplegar sus alas; las cuales a pesar de ser azabaches, pueden aparentar ser blancas por un corto tiempo con el fin de engañar a sus enemigos. Las mismas son altas, doblando la estatura de Cambriel. Liberan un aroma a cenizas, y la esencia que liberaría el fuego y la guerra de poseer olor alguno. Es una auténtica muestra de la majestuosidad de un ángel caído.
Cameron siempre viste unos jeans negros, camisa blanca, corbata de tono verde oscuro (el cual resalta sus de por sí imposibles ojos) y un montgomery marrón oscuro.


PERSONALIDAD

Es un icónico ejemplo de ángel caído. Durante eones, albergó odio, repulsión, rechazo e impotencia al encontrarse bajo el mando del Cielo; reprimiendo sus emociones en los más oscuros recovecos de su mente. Jamás demostró siquiera un signo de deslealtad, a tal punto que Rafael mismo llegó a considerarlo un soldado de gran relevancia capaz de marcar la diferencia en una guerra. Sin embargo, en una misión de la que poco se sabe, Cameron descendió al infierno. Y algo en su interior, en su programa de ángel, se dañó irreversiblemente.
Desde entonces ventiló siglos, milenios y eones de sentimientos negativos en cada misión que le fue dada; lleno de cólera y odio por el enemigo. Y esperó, porque eso era lo más sensato que podía hacer: estar a la espera de un cambio, usando la máscara de Cambriel, el ángel estrella de Rafael. Fuera del combate, se mostraba excepcionalmente frío, carente de toda emoción aún en las situaciones más riesgosas. Se lo podría hasta haber considerado un ángel sin vida, sin inspiración ni mente propia; una estatua de mármol que por siempre se mantiene perfecta e inalterable. Eso era lo que lo volvía invaluable; Cambriel no cuestionaba, no preguntaba por qué, tan sólo obedecía.
Al aparecer Serafiel, Cameron rápidamente dio muestras de su rechazo al régimen de Mikael, y ganó su lugar en el Ejército Liberador. Entre los caídos se mostraba diferente. Apasionado, impulsivo, sarcástico y lleno de vida; inclusive emociones netamente humanas, como los impulsos sexuales, el odio y el ego empezaron a florecer en su interior. Cuanto más tiempo pasaba entre los ángeles de alas azabaches, más vivo se sentía. El servir a Serafiel era tan sólo el precio a pagar por esa libertad; aún cuando éste lo enviase una y otra vez de vuelta a las filas de ángeles del Cielo. Ciertamente, Cameron era capaz de fingir y engañar hasta al más despierto de los celestiales, siendo un auténtico maestro del espionaje y convirtiéndose  —irónicamente— en un punto clave de la red de espionaje  del Ejército Liberador.
Cameron posee en su verdadera esencia un ser protector con los suyos, al mismo tiempo que autoritario y posesivo. Es violento y en ocasiones hasta cruel con sus enemigos; posee conocimientos de tortura y puede ocasionar dolor de maneras tan perfectas, que es por lo general llamado a practicar interrogatorios a los prisioneros de guerra. No se puede decir que lo disfrute, pero se embarca en la tarea de la misma manera en la que alguien busca armar un rompecabezas.
No teme mancharse las manos de sangre, aunque esta sea la de sus hermanos, y es un excelente luchador. La ventaja de poseer una mente que logra el balance entre la pasión del combate y la gelidez glacial de la técnica lo convierte, sin lugar a dudas, en un ángel excepcional.



HISTORIA

Todo estaba en manos del azar y el caprichoso destino.
De haber sido un ángel más inteligente, con un corazón más gélido y pensamientos más dóciles, no estaría allí, mirando al mismo diablo a los ojos. Cualquiera de sus hermanos o de sus hermanas pensaría que había perdido la cabeza; que todo ese tiempo en solitario retiro y aquel escabroso viaje al infierno habían roto algo en su interior. No se lo podía culpar, después de todo... Había respirado el aroma a sulfuro, sangre, lágrimas y temor; visto almas atormentadas suplicar por un fin a su existencia de dolor y eterna tortura; y atestiguado como la esencia de estas se retorcía, al igual que lo hace un caracol sobre un plato lleno de sal, y se convertía en algo horrible, oscuro y rebosante de malicia.
Sí, de no haber sido un ángel diferente, que tuviese miedo al ver una Daga Angelical atravesando su pecho, o capaz de contribuir con planeadas masacres e injustificados castigos en el nombre del "esquema" de los arcángeles; quizá no estaría allí.
Pero ya era tarde. Acababa de cruzar el punto de no retorno. Lo había hecho al bajar a la Tierra.
Caminar bajo la piel de un humano se sentía terriblemente restrictivo e inestable; como intentar detener el avance del cometa con un montón de cadenas. Sin embargo, se sentía alguna forma, como si la persona que poseía hubiese sido hecha a la medida para su esencia.
La figura de Cameron Briel era imponente incluso antes de haber dado su permiso al ángel. Espaldas anchas y postura firme, paso seguro y desafiante. Sin embargo, el muchacho había sido de hecho un creyente gentil y manso; un joven estudiante de medicina que dedicaba su tiempo libre a servir platos en comedores públicos y organizar eventos de caridad. Es probable que en otro tiempo hubiese sido nombrado santo tras su muerte, por algún pontífice supremo.
Pero todo rasgo de amabilidad se había borrado de su rostro al segundo de haber cedido su cuerpo. Su mirada antes compasiva ahora parecía echar chispas, capaces de ocasionar un pequeño incendio de quererlo. Ahora tenía el porte de un cazador, lleno de desconfianza hasta por su propia sombra, siempre al acecho y con la guardia en alto. El ángel por poco lamentaba que un alma tan caritativa tuviese que convertirse en espectador de la masacre que iba a ocurrir.
Cameron (como se hacía llamar ahora) llegó con un aleteo de alas al punto acordado. Un punto de la Tierra demasiado hostil y árido para que prosperase la vida humana. Con cielo oscuro, como pintado con un trozo de carbón seco, y un viento débil y templado. Había otra figura en ese lugar, envuelta con una gabardina gris y ropa de invierno. A primera vista, Cameron pensó que el ángel había tomado un cuerpo inglés.
Al acercarse, un rostro juvenil y con cierto dejo de infantilismo en sus ojos se volteó hacia él, con una expresión entre sorpresa y alivio.
—Hermano... —Dijo el muchacho, deteniéndose a mitad de la frase, como si recordase algo importante— Esto... esta persona, se llamaba Frederick.
—Cameron. Ese es el nombre de mi recipiente —Contestó sobrio— Veo que has seguido las órdenes al pie de la letra.
—Primero pensé que se trataba de un engaño —Murmuró el ángel siguiéndolo con la mirada, Cameron apenas prestándole un mínimo de atención— Bajar a la Tierra, tomar recipientes; es una locura. Si no hubiese sido porque tu nombre fue el que dio autorización a la orden, hermano, habría dudado de la legitimidad de la información.
—Es natural —Respondió Cameron— Estamos en la antesala de una gran guerra. El serafín ha corrompido la mente de muchos ya. No se puede confiar más que en unos pocos.
Se cruzó de brazos, mientras su abrigo, pesado y molesto, se ondulaba junto a la corbata verdácea. Al ángel le había extrañado en su momento que el joven vistiese ropas tan costosas al momento de dar su consentimiento, algo que se veía fuera de lugar con su personalidad humilde y sencilla. La camisa que vestía debajo estaba levemente teñida de rojo, Frederick pareció tardar un tiempo en notarlo.
—Estas teniendo problemas con ese humano, por lo que veo. Pasa a veces, cuando se toma un recipiente débil —En su voz, había un dejo de orgullo por haber encontrado un cuerpo mejor. Ah, sí supiese el verdadero motivo por el cual Cameron sangraba— ¿El Alto Mando sabe de esto? —Preguntó el ángel— Se nos dieron instrucciones estrictas de ser cuidadosos y evitar llamar la atención, por eso el que estemos hablando en lengua humana y no enochiano, y que no usemos nuestros verdaderos nombres sino los de nuestros recipientes. Todo estas medidas parecen ser demasiado.
Cameron cerró los ojos por un momento, con su cabello castaño oscuro oscilando en su frente. Desde la lejanía, el sonido de alas abiertas le llegó como un susurro.
—Ya llegan —Murmuró, con sus ojos encendiéndose de repentina emoción.
—¿Has citado a otros ángeles? ¿Cuántos...?
El de cabellos oscuros se volteó hacia él, y lo silenció con su mirada.
—No hay tiempo. Frederick, escucha bien, fuiste elegido por ser un ángel excepcionalmente inteligente y leal. Las decisiones que tomes en los próximos minutos serán las más importantes de toda tu existencia, te pido hermano, que pienses bien y rápido. Y hagas lo que hagas —Recalcó posando su mano sobre su hombro— No te alejes de este lugar.
Frederick iba a contestar, pero el súbito resonar de zapatos aterrizando lo calló.
Cameron tenía la mirada fija en tres figuras, que habían aparecido al unísono a unos diez metros. Una  mujer de bucles rubios y mirada de hielo; un hombre de espaldas anchas y rasgos africanos; y un muchacho que no podía siquiera llamarse adulto, aún vestido con el uniforme escolar.
—¿Qué significa esto? —Murmuró este último, adelantándose hacia el par— Rafael no les ha permitido tomar cuerpos. Bajar a la Tierra está estrictamente prohibido -Su voz, demasiado altanera para su edad, envejecía su apariencia.
Cameron no se inmutó, pero tampoco respondió con agresividad.
—Hermano, estamos en medio de una operación. He autorizado...
El aleteo de alas llegó a su derecha, y seguido a eso, el filo de una Daga Angelical relucía bajo su mentón.
—Tú no tienes derecho a autorizar nada, ángel —Mencionó el celestial de tez oscura— Di tu nombre, te lo ordeno por la autoridad que me ha cedido el arcángel Rafael, para que podamos reportar al Alto Mando de tu falta de integridad.
Otro resonar de alas se escuchó a sus espaldas, y a pesar de que Cameron no se volteó, sabía que la mujer amenazaba con su Daga a Frederick.
—Ni se te ocurra moverte.
Sin ver más remedio, dio su verdadero nombre. Y aunque fuese por un instante, la sorpresa inundo los ojos de los ángeles de Rafael.
—Eres el que bajó al infierno —Dijo la mujer a sus espaldas, con la voz ligeramente turbada.
La Daga se acercó más a su cuello.
—¿De eso se trata esto? ¿Fuiste corrompido por la oscuridad del averno, buscas reclutar a nuestros hermanos para que sigan el camino de la perdición de ese serafín?
El frío de la hoja ya tocaba la piel de Cameron. Quemaba, tan sólo el contacto quemaba; pero procuró no demostrar ningún titubeo.
—Hermano, no creo que sea necesario. Él es un ángel con méritos, que ha demostrado su lealtad al Cielo más de una vez —Frederick se adelantó hasta llegar junto a Cameron, y tomó el brazó que a este amenazaba con degollar— Dime, ¿somos criaturas de compasión, o de ira?
El joven, que parecía recién recobrar su porte autoritario y posición de líder, apartó bruscamente a Frederick. Al menos su compañero había bajado la Daga, cosa que Cameron agradeció por dentro.
—Rozas la blasfemia al cuestionarnos, soldado. Somos hombres elegidos por Rafael mismo, quien te recuerdo, expresa la voluntad de Mikael, el único que puede definir que es justo y que no lo es.
Cam no pudo evitar sonreír ligeramente, gesto que nadie dejó pasar. El de tez oscura lo fulminó con la mirada.
—¿Te parece gracioso? Que bien, porque te llevaremos frente al Gran Comandate mismo, y podrás contarle la gracia que te dio incitar la rebelión a sus espaldas. Ama ocuparse de las ejecuciones por su cuenta, algunas incluso tardan meses en acabar.
—Estoy seguro que reirá —Dijo confiado— Causar sufrimiento, torturar; he visto como brillan los ojos de los demonios al hacerlo. Es la misma expresión que el Comandante tiene siempre.
Todos, incluyendo Frederick, dieron medio paso atrás ante sus palabras. Acababa de pasarse de la raya.
—Eso es suficiente, te llevaremos a... —La mano del robusto se había posado en su hombro.
Cuando desde la manga de Cameron, cayó un objeto brillante, y se estrelló sobre su pecho. Diez centímetros de Daga Angelical se hundieron en el corazón del ángel, haciendo brillar la herida con un cegador aura blanco. Cameron tiró de sus ropas, para inclinarlo hacia él, y lo miró con una expresión completamente diferente; como la de un ángel vengador que deja caer fuego sobre una ciudad condenada.
—Traidor no es quién va contra las órdenes de Rafael. Traidor es quien va contra Dios —Con una velocidad sobrehumana, quitó el arma y dejó el cuerpo del ángel muerto caer al suelo.
En ese momento, pudo atisbar como la mujer daba una estocada a su costado. La hoja rasgó su camisa, haciendo saltar un botón del medio y cortando la corbata al punto de que un harapo quedó colgando apenas por unos cuantos hilos.
Intentó ver en ellos un mínimo rasgo de duda, de vacilación. Pero no había caso, estaban fervientes de lealtad ciega al Cielo. Lo estuvieron, hasta cuando la Daga Angelical que se encontraba hace instantes en la mano de Cameron voló por las aires, y se enterró en el cuello del ángel más joven. Este cayó al suelo, sus cuencas brillando como mil soles y sus alas quemándose en el suelo.
Cam buscó con la inquietud del guerrero al último ángel, a la muchacha con ojos de hielo. Pero sólo encontró a Frederick, blandiendo con indecisión su Daga Angelical.
—¡Abajo! —Le gritó a Cameron, y el ángel lo obedeció.
Detrás de él, la sirviente de Rafael dio una tajada al aire. Cameron, como si se lo hubiese tirado de un cable devuelta a la Tierra, chocó dagas con su hermana. La destreza de ambos era casi igual, pero los movimientos de ella resultaban torpes y coléricos, quizás hasta también algo manchados de miedo.  Frente a la glacial postura de su contrincante, era cuestión de tiempo para que acabase con una daga en su pecho. Sin embargo, no había hecho esa reunión para masacrar unos cuantos ángeles. El objetivo era mucho más profundo. Aflojó la presión sobre la empuñadura, y en el siguiente choque fue desarmado. La muchacha le propinó una patada a la quijada, provocando que se tambalease al suelo y cayese de rodillas.
- Frederick... -Murmuró antes de recibir un nuevo puñetazo.
Las alas del ángel resonaron el aire. Había huido, dejando a Cam por muerto. Supuso que no había remedio, no muchos tenían la fuerza de voluntad para contrariar eones de doctrinas sin sentido.  Pero entonces, en un fugaz distante, la muchacha escupió llamas blancas. Primero por sus labios, luego sus ojos y sus fosas nasales; se alumbró macabremente como un faro.
Al alzar la vista, Cameron encontró a Frederick, con su daga manchada de sangre. Acababa de degollarla.
Por unos largos diez segundos, Frederick no se movió de su lugar. Sólo cuando Cameron se levantó, con una sonrisa brillante como el filo de un cuchillo, este retrocedió y alzó su Daga Angelical.
—Pasaste la prueba. Felicitaciones —Dijo, tratando de dar un paso. Pero el ángel retrocedió, dubitativo.
—¿Prueba? ¡Me has convertido en un asesino! ¡Un fuera de ley! Un pecador... —Frederick bajó la mirada a su hermana, la que había matado por cumplir su trabajo— Oh Dios... Dios, perdóname.
Cayó sobre sus rodillas al suelo, perturbado y perdido.  
—A Dios no le podría interesar menos lo que hagamos. Sino, velo por tú mismo —Alzó sus manos a los lados, como si abarcase todo el mundo y también el universo entre ellas— Has matado a un ángel del Señor, a tu hermana. Y sin embargo, no veo la ira divina fulminándote. No veo los jinetes del Apocalipsis, ni escucho las trompetas del Juicio Final.  
—¡Lo hice para salvarte! ¡Iban a matarte sin juicio justo! —Se alzó de repente, apuntando con la hoja ensangrentada a Cameron— Me has engañado. Eres una abominación, un...
—...un esclavo del mal, corrompido por el Abismo y Lucifer en persona —Completó la frase, como si le leyera la mente— Lo he escuchado muchas veces, de los labios de los lacayos de Rafael.
El pulso de Frederick tembló. No tenía sentido. El traidor frente a él había sido hace apenas minutos el capitán de una cuadrilla de ángeles; el ángel que había bajado al Infierno; aquel que había sido reconocido como uno de los celestiales más invaluables para el Alto Mando.
Entonces la idea lo golpeó como un tren. Cameron no se acababa de rebelar; lo había hecho hace mucho tiempo.
—A cuántos... ¿Cuántos ángeles has matado?
De repente, Frederick se sintió como un niño armado con la rama de un árbol.
—Sólo los que sabían demasiado. Y los que dijeron que no —Cam hizo un movimiento con sus brazos, y dos Dagas nuevas cayeron de sus mangas.
—¿Eres un hombre de Serafiel? —Preguntó con voz temerosa. Cam sólo sonrió— Por supuesto que lo eres... Y ahora vas a...
— No, no voy a matarte. No necesito hacerlo; ya eres un Caído y no tienes más opción que unirtenos —Sonrió de lado, con frialdad y prepotencia— Aunque puede que estés pensando que me equivoco, que todavía puedes volar lejos de aquí hacia el Cielo. Inventarte una historia acerca de como asesiné a estos tres y encubrir tu papel en todo esto. Apagar esa voz en tu cabeza, esa ira en tu interior que desataste sobre el cuerpo de esta cosa a la que llamas hermana. Es más, quizá aventures con la fantasía de que te condecorarán, que te darán tu propia hueste de ángeles y serás un icono de la lucha contra la Rebelión —Cam comenzó a caminar en torno al ángel, con las Dagas rotando hábilmente en sus manos— Claro, no has contemplado que vivirás el resto de tus días sabiendo que te mientes a ti mismo. No podrás volver a extender tus alas nunca más, porque se han teñido del negro que caracteriza a quienes nos hemos liberado de las cadenas al pensamiento. Y sospecharás de cada ángel en el Cielo, porque no soy el único soldado que Serafiel tiene entre las filas de los arcángeles. Si muero, ten por seguro que no pasarán dos semanas antes de que sea vengado; no porque el Líder me tenga especial aprecio,  sino porque no puede darse el lujo de desmoralizar a sus tropas.
Frederick bajó su arma, el sudor frío comenzando a caer por su espalda. Cada parte de su ser le rogaba que volase, que se fuese de allí. Que no importaba si Cameron lo alcanzaba, no importaba que lo matase antes de que siquiera despegase. Cualquier cosa era menos sofocante que esa cadena de pensamientos que se unía en su mente; que sentir que cuestionaba todo. Al sanguinario Rafael, al blasfemo Mikael que se hacía llamar Dios, y a sus hermanos (¿hermanos?) que los seguían ciegamente. Entonces se olvidó de todo; de su pecado, de su falta de lealtad y de sus oscuros sentimientos. Sólo le importaba hacerle una pregunta a él, al ángel que hablaba como un demonio.
—¿Está Dios vivo? ¿Ha hablado con Serafiel? —Preguntó, con sus ojos brillando de anticipación.
Sin embargo, Cameron no cambió en nada su expresión.
—Eso es algo que no sabrás jamás, sin importar de que lado decidas estar. Si vas a rebelarte, no lo harás en el nombre de Dios. Lo harás porque piensas que es lo correcto, y quieres acabar con la injusticia. Hacer cargar al Creador con los ángeles que matarás no te vuelve mejor que Rafael. Eso es lo que nos diferencia. Nosotros no matamos por Dios, ni por Serafiel. Matamos por nuestra libertad. Si no puedes abrazar ese principio, bien puedes desaparecer de mi vista ahora mismo.
Cameron le dio las espaldas, y comenzó a caminar para alejarse.
—¡Cambriel, espera! —Lo llamó por su nombre de ángel, y provocó que se detuviese— ¡Quiero servir a Serafiel! ¡Quiero abandonar el Cielo! Estoy cansado de vivir como si fuese una herramienta, un martillo que se usa y luego se deja en un estante, hasta que tenga otra tarea que cumplir. Puede que me equivoque, puede que termine en el infierno con Lucifer, Sammael, Tiamat y tú a mi lado; puede que arda por toda la eternidad. Pero no me importa, ¡creo que esto es justo! ¡que si Serafiel se alzó de la muerte, tiene un significado!
Los ojos verde esmeralda de Cam lo volvieron a mirar. Brillaban por cuenta propia, y veía en ellos decisión, poder. La fuerza que necesitaba para gritar lo que había callado siempre.
—Ya no lucharé por los arcángeles. ¡Voy a luchar para ser libre!
Cambriel sonrió ampliamente y un segundo después, sus alas negras se extendieron a sus espaldas. Eran dos veces más altas que él, y el aroma a ceniza impregnaba débilmente el aire. Cenizas y algo más, libertad y poder, consciencia propia y valentía. Esa era la visión de un ángel que ha encontrado su lugar en el mundo. Por varios segundos, Frederick sintió auténtica envidia, y deseó poder ver el mundo a través de los ojos de Cameron.
—Entonces alza tus alas, hermano. Porque tenemos mucho trabajo que hacer.


EXTRAS


» Actúa como un espía dentro de las filas de Rafael, brindando información de importancia para Serafiel. Sin embargo, sólo parte de la misma es de hecho, utilizada para las operaciones del Ejército Liberador, a fin de no dejar saber al enemigo que hay un traidor entre sus hombres.
» Es conocido como "El Ángel Que Bajó al Infierno", "El Ángel Que Jamás Titubea", y "El Soldado Ejemplar" entre las filas de Rafael.
» Debido al prolongado tiempo que ha pasado dentro del cuerpo de Cameron Briel, el ángel ha aprendido a controlar el cuerpo con gran destreza, siendo capaz de combatir físicamente sin perder el balance ni recurrir a sus virtudes celestiales.
» Cameron ejercita siempre que se encuentra en la Tierra, con el fin de hacer trabajar los músculos de su cuerpo y familiarizarse con su funcionamiento. El sentimiento del sudor en su piel le resulta agradable, así como el cansancio físico.
» Es capaz de blandir dos Dagas Angelicales al mismo tiempo, y no le importa perder su propia arma en un combate.
» Es en cierta medida algo caprichoso y obstinado; lo que Cameron quiere, Cameron obtiene.

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Re: ANGEL MAY CRY | Cam ID

Mensaje por Porodios el Lun Jul 27, 2015 7:20 pm



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