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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Wayward Son y su historia es una creación original del Staff, fuertemente influenciada por series y novelas de género sobrenatural, destacando la saga The Mortal Instruments de Cassandra Clare, y las series de televisión Supernatural de Erick Kripke, y The Vampire Diaries y The Originals de Julie Plec. Las imágenes utilizadas han sido tomadas de portales como Devianart, Zerochan, Pixiv y We❤It, y pertenecen a sus respectivos autores. Agradecimientos a Rose de Glintz por el elegante trabajo de su skin y su asistencia, a Veeneli por sus códigos y tablillas tan atractivas, así como a Mizuki por su bello tablón de anuncios.
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Los Hijos de la Luna (Priv. Mekare)

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Los Hijos de la Luna (Priv. Mekare)

Mensaje por Seth Regnard el Jue Feb 18, 2016 4:18 am

El aire que se respiraba en la ciudad era diferente siempre. Él había vivido en una localidad pequeña cuando chico, antes de su despertar. Luego de eso había pasado tiempo en el bosque, mientras huía del horror que su yo animal había causado. No fue sino hasta tiempo después de haber sido rescatado por el clan, y de unirse a los mismos para ser entrenado y ayudar a los suyos, que Seth había tenido que empezar a vivir en la ciudad, acostumbrándose al bullicio y a la masa de gente tan típica de la misma. Pero aun asi, luego de los años, se había terminado por acostumbrar a aquella ciudad, a San Francisco.

Agradecía que la ciudad no eran tan bulliciosa como pudiera ser, ni tan contaminada como algunos podrían esperar de una ciudad tan poblada. Aunque todavía tuviera que evitar usar su olfato y oído en demasía estando en esa ciudad, para evitar dolores de cabeza por la gran cantidad de esencias que chocaban en el aire, la ciudad resultaba agradable y manejable para alguien que no gustaba mucho de los espacios tan concurridos como lo era el chico, aunque aún asi él vivía en un apartamento en la zona externa de la misma, prefiriendo un lugar alejado de todo aquel ruido.

Pero aun asi, ahí estaba avanzando entre las calles de la ciudad, montado en un tranvía que recorría las bellas avenidas mientras le acercaba a su destino, dando un corto suspiro mientras desviaba la mirada, notando como un par de turistas curiosos se quedaban observando al chico el cual traía puestos unos lentes de sol. No era extraño eso pasara, era común que cuando estaba en la ciudad, personas se quedaran mirando sus cabellos albinos, siendo uno de los motivos por los cuales prefería alejarse, no le gustaba demasiado ser centro de atención. Igual por eso usaba los lentes de sol, si alguien se fijara en los heterocromaticos orbes del muchacho, de tan peculiares y únicos tonos, sería aún más observado, cosa que prefería evitar. A veces todo eso le hacía sentir una persona digna para un circo de rarezas de las ferias antiguas, alguna clase de error de pigmentación de la naturaleza.

Un suspiro de alivio escapo de sus labios mientras llegaba a su destino, bajando del tranvía de un corto salto y alzando la capucha de la sudadera que usaba, a pesar del alto calor que hacía, cubriendo su cabellera para pasar mejor desapercibido, mientras se adentraba entre la gente, avanzando por la calle con las manos en los bolsillos de la sudadera, moviéndose con habilidad entre aquel tumulto, ladeándose para evitar chocar con las personas que caminaban tan juntas debido a la hora que era, llenándose las calles, hasta doblar en un callejón donde cesaba toda esa masa de gente, avanzando hasta dar con una puerta en el mismo, debajo de un único letrero que señalaba el lugar como un establecimiento, señalándose bajo la imagen de una luna de madera.
-Hogar dulce hogar…-

El susurro de Seth se pierde mientras entra al lugar de forma tranquila, notando el olor a cigarrillo llegar de forma tenue a sus sentidos, siendo opacado por el aroma a la madera de ocre y a la cerveza de raíz. Aquella esencia que llenaba el aire no le incomodaba del todo, mientras entraba de manera tranquila, sin preocuparse no contar con la edad necesaria para estar en un lugar como ese, llegando hasta la barra, mirando al cantinero mientras una de sus manos se posa sobre la barra de forma tranquila, dando un par de golpecitos con uno de sus dedos, mismo que mostraba un anillo metálico que de inmediato capto la atención del cantinero.

-Creo tiene una mesa para mi…-Susurro el albino mientras se quitaba los lentes de sol, sin quitarse la capucha. Era ridículo usar lentes de sol en un lugar cerrado, por lo cual el albino había sido obligado a quitárselos y guardarlos, para no parecer ni ridículo ni sospechoso, pero la capucha se la podía dejar tranquilamente, aunque una vez llegara el resto, seguramente se la tendría que quitar. El cantinero había reconocido al instante el anillo que tenía el peliblanco, el cual era mucho mejor que cualquier tipo de identificación o marca para ser reconocido. Sin hacer preguntas, sin cuestionar la escasa edad que el chico aparentaba, le indico con una mano una mesa algo apartada, en un rincón del lugar, rodeada de sofás de terciopelo rojo y totalmente vacío, sin nadie que estuviera siquiera cerca, separada dicha mesa del resto.

Con calma se dirigió hasta el lugar, sentándose y apoyando su espalda contra el acojinado respaldo. Habiendo pedido una cola al cantinero, este se la trajo al cabo de unos instantes, sintiéndose un poco raro pidiendo un refresco en un bar, pero siendo que el aún era un joven, y que no poseía gusto alguno por el alcohol, ni tampoco por fumar. Aun asi estaba ahí, en un bar, sintiendo el leve olor a cigarro en el aire, mientras esperaba a las otras personas que le acompañarían esa noche, poseedores de anillos como el que él tenía en esos momentos decorando su dedo, suspirando un poco mientras daba el primer sorbo a su bebida.
-Espero no tarden demasiado…-
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Seth Regnard

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