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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos cansado de buscar un trocito de cielo lleno de pelos. { Priv }

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Bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos cansado de buscar un trocito de cielo lleno de pelos. { Priv }

Mensaje por Angelina Snowfield el Dom Ene 31, 2016 10:35 pm

Las noches frías habían sido desconsoladoras. Angelina se había pasado aquellos días esperando con nerviosismo la presencia del lobezno. Desde que habían vuelto a discutir y él se marchó jamás volvió a saber nada de ése hombre. Le sorprendía puesto que, de algún modo, ambos tenían aquella rara ambición por regresar y ser mejor que el contrario. Se repudiaban, alejándose para luego volver tomando carrerilla para volver corriendo y explosionar en fuegos artificiales de asco, ira y cólera. Pero como iba diciendo, Angelina extrañó la ausencia del muchacho. Los primeros dos días actuó normal, con su vida cotidiana. Se dedicó a viajar por las cuatro ciudades, haciendo pactos y regresando al hogar de Viktor para esperarle para cenar. Mas al tercer día de no haber hecho acto de presencia, aun con la sangre engulléndose el parqué en el salón, la cortina tirada en el baño y los platos sucios que la pelirroja iba amontonando en la pica de la cocina, los malos presagios hicieron mella en el cuerpo de la demonio perspicaz. Ella conocía -pues no era un secreto- el oficio del ruso. Un trabajo que sabía muy bien, que había saboreado en sus propias carnes; que había desatado el presente que vivían aquellas dos almas unidas por el destino. Un camino que se unía en una confluencia irónica.

Angelina se cansó de recorrer una y otra vez las calles que conocía cuando permanecía a la raza humana. Había asesinado, amenazado y seducido en busca de pistas banales. Era como si todos los de la mafia estuvieran compinchados para ocultar el paradero de Viktor. Aquella la enfurecía de sobremanera; él era su víctima y no dejaría que nadie se cobrara su alma a parte de ella. ¡Pero temía que ya fuera demasiado tarde! Sin embargo no perdió aquello que llamaban "esperanza", camuflando aquella palabra carente de sentido con la iniciativa y la norma que tenía de acabar todo aquello que empezaba. No se iba a rendir tan fácil mente. El día en que cumplía una semana tras la desaparición del lobezno, la demonio encontró a las afueras de Las Vegas un gran edificio abandonado. Se dedicó a recorrerlo silenciosamente, trepando por las sombras como el susurro del viento, invisible y cautelosa. A su paso se iba encontrando soldados de Damon que no mataba al reconocerlos; amigos fieles que la amaron y siguieron cuando ella llevaba el mando del escuadrón, una escala inferior al jefe antes mencionado de la mafia. Ella simplemente los golpeaba en la nuca, dejándolos inconscientes. Fue entonces cuando se encontró enfrente de un portal enorme, abriéndolo de un golpe seco. Angelina se presentó en una posición orgullosa y femenina. Cruzaba sus brazos por debajo de los senos, alzándolos y manteniendo una postura erguida. Caminó adentrándose en la sala con persimonía, observando todo a su alrededor. - Alguien parece que se ha atrevido a coger lo que es mio... - Sentenció con una voz melodiosa y femenina, acariciando con la mirada a todos los presentes.
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Re: Bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos cansado de buscar un trocito de cielo lleno de pelos. { Priv }

Mensaje por Viktor Rabinovich el Dom Ene 31, 2016 10:54 pm

Los días pasaban a medida que se alejaba de aquella casa a las afueras de San Francisco, estaba seguro que aquella pelirroja se quedaría ahí a esperarle con la simple intención de hacerle la vida un poco más imposible; él por su lado prefirió hacer trabajos para la mafia de McCoy, aquel rubio bueno para nada el cual se había hecho un buen renombre en norteamerica a lo largo de California y luego por cada uno de los estados como si fuese un nombre respetado. Y temido a su vez, habiendo asesinado a la que se consideraba como su hermanastra y a su mismísimo padre solamente para asumir el control de todo aquel imperio que su familia había forjado con sudor y lágrimas. Ahora... un estratega en potencia, no aceptaba errores en sus misiones, y ... Viktor era de cometerlos, y aunque sus encomiendas terminaban de la manera más atroz posible, siempre cumplía su cometido inicial de una forma u otra. Pero esto terminó cansando al magnate, a su jefe... que ahora le enseñaría una buena lección. En un principio fueron unas cuantas bofetadas, luego pasaron a convertirse en una tortura inminente. Le ataron en una silla y empezaron a darle de a golpes por todo el cuerpo, aprovechando la regeneración del licántropo que si bien era similar a la de los humanos, su cuerpo era mucho más resistente. Se podría decir que se había vuelto la bolsa de boxeo de aquella mafia a la que estaba afiliado. Y eso que era un líder reconocido de esta, pero no era nada más que eso... un lacayo de Damon, alguien que seguía recibiendo ordenes por más que tuviera compañeros bajo su mando. Y él debía aceptar las consecuencias de sus actos aunque no le gustara en absoluto... en cambio, él se lo tomaba con un merecido humor, hasta el punto en que se reía a cada puñetazo que le daban, escupiendo la sangre a un lado y haciendo en claro que no le importaba en absoluto aquel castigo, para él no era más que un juego de niños. Daño de principiantes, incluso la pelirroja era capaz de infligir más dolor en su cuerpo que unos simples puñetazos. - Que creativos que son ... dándome golpes con bates y puñetazos, ¿no me quieren bajar los dientes? - cuestionó, relamiéndose levemente y soltando una suave risotada, sintiendo el aroma embriagante de la pelirroja, frunciendo el ceño y renegando levemente con la cabeza al escuchar su voz. - ¿Tenías que venir? ... Tsé, creí haber ocultado mi presencia lo suficiente para que no jodieras más por unos años. - le dijo, viendo cómo los demás que estaban maltratando el cuerpo del joven de pelo azabache se quedaban babosos pero expectantes de lo que la contraria tuviese que decir.
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Re: Bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos cansado de buscar un trocito de cielo lleno de pelos. { Priv }

Mensaje por Angelina Snowfield el Dom Ene 31, 2016 11:17 pm

La muchacha se llevó la diestra finalmente a la cadera, apretándola con fuerza para seguir con aquella actitud firme que antaño le había caracterizado. No había ningún tipo de rastro sobre la burla y casi el comportamiento estúpido que la pelirroja había demostrado aquellos últimos días compartidos con Viktor. No, ahora el pasado regresaba como la botella que naufragaba en la marea hasta calarse en la arena de la orilla. Una remota isla que Angelina pensó haber dejado atrás aferrándose al bote salvavidas. Cerró los ojos durante unos segundos, meditando y haciendo memoria. Para ella habían pasado siglos entre dolores y torturas mientras que en el mundo real sólo habían pasado catorce. Reconocía alguno de los presentes, aquellos que más que embobados, la miraban incrédulos. Supuestamente, ella había quedado encerrada por dos cadenas perpetuas en prisión y, para mayor asombro, las malas lenguas contaban de que ella había sido cruelmente asesinada dentro de las celdas. La fémina saludó alzando el mentón apenas unos centímetros, empezando a hablar. - Buenas noches, tanto aquellos que me conocen como los que me conocerán... - Sus piernas volvieron a moverse, caminando un poco más hacia esa pandilla de inútiles. Ignoró los comentarios de Viktor, observándole con una frivolidad majestuosa. - ¿A caso son incapaces de incumplir una orden de su superior? Damon estaría muy decepcionado de vuestro trabajo de mierda. ¿Debería ir a contárselo? - El revuelo empezó a hacerse con discretos murmullos. Los veteranos aturaban a los novatos sedientos de sexo y violencia, guardaban esos dos deseos preparados para la mujer, mientras que los expertos resumían la historia que acarreaba Angelina. "No, tío, ni te atrevas. supuestamente está presa y muerta... Y debería estar con canas, y parece que vuelva a tener veinte años". Ella pudo escucharlo perfectamente, pero siguió su discurso. - No, claro que no... No querrán que se enfade y paguen por su fracaso. Se asomó a sus labios una sonrisa lasciva, divertida y sádica para dejar claro qué sucedería si aquello ocurría. Soltó un suspiro profundo, de inconformidad, negando con lentitud la cabeza. - ¿No saben hacer nada útil sin que una mujer venga a ayudarles? Hombres de pacotilla me parecen.

La mayor decidió, entonces, hacer una señal seductiva hacia uno de los presentes. Uno que parecía joven, amigable, un buenazo que se había descarriado. El índice de la muchacha se movió y, como si hubiera movido unos hilos de una marioneta, el susodicho joven se acercó a ella embelesado, colocándose enfrente de ella. En respuesta, la pelirroja tomó las mejillas del contrario, otorgándole un beso dulce y cándido en los labios. El muchacho, encabritado por la situación que le superaba, perdió el control y tomó fuertemente las nalgas de la joven, manoseándola y apegádola mientras su miembro se erectaba bajo sus pantalones sucios y desgastados. Ella tomó el cuero cabelludo del rubio, entregándose a la falsa pasión mientras que los espectadores silbaban y los veteranos se horrorizaban. Sabían perfectamente qué vendría a continuación. La muchacha se acarició disimuladamente un muslo, empuñando su daga y clavándola en un costado del contrario. Le apuñaló varias veces, volviendo a guardar el arma blanca en su funda del liguero para entonces aguantar del cabello a su víctima. - ¿Ven? Primero deben ilusionar para corromper tanto dentro como por fuera a sus reclusos. - El hombre lloraba, rogando piedad. Mas ella simplemente lo dejó caer al suelo y pidió a Isaac que se acercara para que le prestara el bate de metal. Una vez lo hizo, trituró moliendo a golpes cada uno de los huesos que formaban parte de las extremidades del contrario. - Con un humano es sencillo, ¿Verdad? Ustedes pueden hacer algo así, yo lo sé.- Por fin los quejidos y gritos desgarradores que hacían retumbar toda la sala se acallaron cuando el hombre perdió el conocimiento. - Átenlo y manténganlo vivo, aliméntenle. Él ha pagado por todos vosotros. La próxima vez que falléis seré menos solidaria. Se llevó la diestra adolorida por tanto esfuerzo a la sien, masajeándola. - Como iba diciendo... Un humano es sencillo pero ya se dieron cuenta que Viktor no es alguien normal y corriente... ¿Alguien tiene plata por acá? Acarícienle con ella... Y verán que su sonrisa deja de existir. -

Ciertamente, el plan de Angelina era descabellado y haría que Viktor sufriera. Sí, lo haría por rencor y castigo por ser un hombre tan estúpido, que aprendiera la lección. La muchacha simplemente se dirigió a la silla del licántropo, abrazándole por la espalda alrededor de su cuello. Entonces mordió su lóbulo, susurrándole demasiado flojito que confiara en ella por una vez en su vida. - Es una lástima que te vayamos a hacer trizas con lo sexy que eres... - Murmuró más alto para que todo el mundo pudiera oírla mientras deslizaba su mano por el torso desnudo del contrario, muriéndose el contacto cuando acarició el bajo vientre del menor, insinuando querer meter sus dedos por dentro de su bragueta.
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Re: Bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos cansado de buscar un trocito de cielo lleno de pelos. { Priv }

Mensaje por Viktor Rabinovich el Lun Feb 01, 2016 12:03 am

Vio con atención todo lo que la fémina estaba haciendo, enarcando una ceja incrédulo de que pudiese haberle seguido con facilidad. A decir verdad le estaba cansando tener que verla una y otra vez por todos lados, como si fuese mugre... nadie se salvaba de esta porque estaba en todos lados y en ninguno a la vez; ¿cual era la razón para que la pelirroja le hubiese seguido? Tenían un trato que cumplir... sí, ¿pero tanto le interesaba el alma del muchacho como para haber venido hasta allí? Soltó una irrisoria carcajada, entrecortada y demostrando algo de dolor por las costillas rotas que tenía, escupiendo sangre hacia un lado casi que rozando el calzado de la pelirroja en donde estaba pisando. - Novatos... ¿para qué se acercan a una mujer que les toca la polla a la primera y además les besa con tanta pasión? ... Serán imbéciles. ¿Es que no les he enseñado nada en todo este tiempo? Tsé... - bufó decepcionado de sus propios compañeros, aquellos a los que creía haber amaestrado bien, pero al parecer estaba totalmente equivocado. Llegó un punto en el cual estaba sospechando que aquella fémina le traicionaría, mucho peor cuando les recomendó lo de la plata, aquel mineral el cual le debilitaba y hacía doler el cuerpo como si ácido fuera vertido sobre su cuerpo; la mujer se fue acercando a él por detrás, acariciando su cuerpo y susurrándole algo que solo él pudo entender, para luego hablar un poco más alto aparentando desear la muerte de aquel peliazabache. - "Hija de puta... ¿así que tu plan es quedarte conmigo a toda costa, eh? ... Te meterás en problemas." - pensó girando los ojos en blanco. Estaba claro que desconfiaba de ella, ¿cómo podía hacerlo si lo único que hacía era joderle con relatos sobre el amorío con su madre? A esas alturas lo único que quería es ver desaparecer a la pelirroja y que nunca más volviera a mostrar su jodido rostro nunca más en la vida que le quedara al licántropo.

Pero no, no podría tener un momento de paz, de hecho... aquellos "colegas" que estaban torturándole ahora agarraban todo objeto de plata que tuvieran a su disposición, aproximándose al muchacho. - Esto nos dolerá más a nosotros que a ti, Vik. - le dijo uno, imbécil. - Vete a la mierda. - soltó Viktor. El peliazabache le escupió en la cara, y de inmediato le empezaron a azotar con los bucles de los cintos hechos de plata, incluso cuchillos y tal, todo proveniente de aquel lugar abandonado, extrañamente servía de depósito para muchas cosas de la mafia McCoy, entre ellas joyería y tal. - ¡Agh, pedazos... de mierda! - vociferó entre gritos de dolor que escapaban cuales alaridos, arrancados vilmente desde el fondo de su ser. El ardor le hacía retorcerse en la silla, incluso llegando a caer de lado de lo violentamente que se agitaba intentando esquivar inútilmente aquellos azotes. Miró de reojo con desesperación a la pelirroja, buscando su mirar y arrugando el ceño, mostrándole una expresión enfurruñada, demostrando que sus encías estaban al rojo vivo, prontas para arrancarle la yugular al primer momento que se pudiera solar.
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Re: Bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos cansado de buscar un trocito de cielo lleno de pelos. { Priv }

Mensaje por Angelina Snowfield el Lun Feb 01, 2016 12:29 am

- Cariño... Yo llegué aquí desde antes de que tú nacieras. Damon, el viejo al que tanto lames el culo, te ha dado el lugar que antaño yo manejaba y cuidaba. Veo que has debilitado a tus compañeros; que los has hecho mierda. Deberías tener un poco más de mano dura... Pero tranquilo, yo puedo guiarte. Le contestó con arrogancia, devolviéndole la apuñalada trapera que le había hecho cuando él había hablado de ella como una sucia prostituta que engatusaba a los hombres para acabar con su vida. ¡Ni que fuera una simple súcubo! Esa raza si que daba asco dentro de los demonios; llenos de lujuria e incontrolables portadores de enfermedades sexuales. La había ofendido y la verdad es que había planeado un castigo bastante ligero para él pero que ahora, al mosquearla, se intensificaría hasta que el contrario viera todo su orgullo ahogado por el dolor y la impotencia. Se alejó del ruso cuando todos los presentes empezaron a buscar desesperados y frenéticos materiales de plata, abalanzándose contra el contrario para volver a torturarle. Aquella vez daba gozo escucharle gritar y retorcerse. Angelina era capaz de comprender el calvario que el contrario estaba pasando. El mismo que ella sufrió cada vez que había fallado a Damon y la rutina monótona del infierno. Se mordió el labio inferior y, cuando vio que el contrario buscaba su mirada, se dio la vuelta para darle la espalda. Algunos de los presentes, al agredir al hombre, morían de deleite. - Por fin una jefa que sabe lo que hace y dice... ¿Ahora qué, Viktor? Ya no te debes sentir tan gallito... - - ¡Y encima está buena! Dios, te sacaría los ojos a cambio de follármela... - Contestó otro, haciendo que la pelirroja sintiera un escalofrío de profundo asco. La crueldad que mantenía para no inmutarse y no sentirse culpable por quebrantar ligeramente la promesa que le hizo a la madre de Viktor fue inmensurable. Y aun así la fémina era incapaz de controlar la situación. Le hervía la sangre de satisfacción saber que por fin le estaba haciendo pagar por toda la agonía que le había hecho pasar. Cuando discutieron y se pelearon, hasta cuando se preocupó por su vida cuando desapareció toda una semana. - Chicos, recuerden no asesinarme al bufón... Recuerden que Damon lo quiere vivo, darle una lección. A fin de cuentas, aunque sea caótico es mucho más eficaz que muchos de ustedes. -

Angelina ejecutó el plan. Había llegado finalmente la hora pues, al ver que los hombres estaban demasiado sumidos en la misión como para escucharla, temía que llegaran a lastimar un órgano vital, que lo asesinaran sin querer. Y aquello arruinaría tantas cosas... La razón por la cual ella había empezado toda aquella situación era básicamente que por muy demonio que fuera; contra tantos hombres era incapaz de hacer nada. Mucho menos si tenían de rehén al hombre que tanto ansiaba poseer; sólo bastaba que lo degollaran o le arrancaran el corazón para asesinarle y mandarle al infierno de inmediato para siempre. Y la madre del licántropo jamás se lo perdonaría. Mientras habían estado ocupados, la pelirroja había estado canalizando energía. Se había mantenido de espaldas para que nadie viera cómo movía los labios, invocando aquella fuerza descomunal transformada en llamas carmines. Snowfield usaría una tonelada de su energía para salvarle el pellejo al maldito ruso, y sabía perfectamente que aquello era peligroso. Cuantas más batallas librara, menos cordura tendría. Resopló costosamente y, cuando por fin consiguió manifestar todo el poder, gritó por la sensación agónica que le zarandeó el cuerpo al expulsar susodichas llamas. Estas se escurrieron en el suelo como un gran lago de sangre, posicionándose en los pies de los agresores estúpidos para entonces alzarse como lanzas. Atravesó el cuerpo de aquellos hombres, empalándolos para no matarles. Alguno se había dado cuenta antes de que aquello sucediera... Pero por mucho que gritó "Cuidado", ya era demasiado tarde. Viktor quedó liberado de sus agresores y las tornas cambiaban; ahora eran ellos los que gemían y lloraban, gritaban y perdían el conocimiento por cómo por el peso de la gravedad iban siendo perforados y quemados por las estacas de la mujer.

Suspiró pesadamente, sintiendo que las piernas le fallaban. Y de hecho lo hicieron, tuvo que reposar en cuclillas durante escasos segundos, volteándose para mirar al ruso con una sonrisa victoriosa. - Perdona haber tardado tanto. - Murmuró, mandándole un beso volado con la burla característica. Invocó su guadaña una vez recuperó fuerzas y, sin perder el tiempo, de su jersey negro escotado tanto por la delantera como la espalda sacó sus alas y, desde el aire, fue cortando cabezas con su arma favorita. Para ella era todo un juego y lo disfrutaba, canturreando divertida, asesinando a los seres que quizá en su humanidad apreció y llegó a detestar y a los demás que, simplemente, eran desconocidos sin ningún tipo de recuerdo pasado. - Deberíamos darnos prisa en largarnos, Damon no tardará en llegar. O al menos no lo hacía cuando yo trabajaba para él. - Le dijo finalmente cuando, jadeante y exhausta a pesar de no querer demostrarlo, desataba al contrario y le tendía una sonrisa sincera por primera vez. Estaba satisfecha por su trabajo y, de alguna manera u otra, sentía algo cercano a la felicidad. Viktor estaba a salvo, o casi a salvo, prestándole la mano y el hombro por si necesitaba ayuda para levantarse. Se le veía machacado por la plata. - Por cierto, de nada. Aunque quizá ahora no lo comprendas. - Le sacó la lengua, acomodándose el cabello con la mano libre una vez devolvió el arma al infremundo de donde provenía.
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Re: Bajé al infierno a ver cómo se cuecen tus besos cansado de buscar un trocito de cielo lleno de pelos. { Priv }

Mensaje por Viktor Rabinovich el Miér Feb 03, 2016 12:40 am

Le apartó la mano que le ofrecía de un fuerte manotazo, como una bofetada a la falsa amabilidad que le estaba demostrando la pelirroja. No entendía cómo es que podía tener la cara como para haber dicho su debilidad a aquellos que no eran más que basura, simples lacayos en la mafia McCoy para después ayudarle como si nada. - ¿Es que eres imbécil? Se rifaba un cerebro y compraste diez tickets para ese par de tetas que tienes, me imagino. - le decía a medida que se levantaba. Le costaba un poco por el dolor que yacía en sus costillas, producto de los palazos que le habían dado y los puñetazos propinados con el uso de unas nudilleras bastante duras. Por suerte su cuerpo se había acostumbrado hacía mucho tiempo ya al dolor incesante, y además que lo que ellos tomaban como una tortura, para Viktor no era más que un juego de niños a comparación de la lucha que había tenido hacía unas semanas con Angelina, la cual ahora estaba parada ahí frente a él tan despreocupadamente. Bufó levemente, acomodándose la ropa y limpiándose la sangre de la comisura de sus labios, volviendo a hablar. - Hasta el día de hoy desde que te conocí, me sigo preguntando si hay una pizca de sentido común en tu cabeza. - bufó para luego darse cuenta que la chica tenía razón, no podían perder el tiempo discutiendo, no allí al menos. Asintió levemente y adoptó su forma híbrida no son antes decirle. - Sígueme el paso, usa tu habilidad de transportación, lo que mierda sea que hagas... pero alejémonos lo antes posible de aquí. - musitó gruñendo a medida que su cuerpo adoptaba una forma un tanto humanoide, con su cuerpo cubierto en un pelaje oscuro. Sus músculos se hinchaban en demasía, aunque sus huesos no se deformaban demasiado por lo que no pasaba mucho dolor. Suspiró y bufó, antes de salir de aquel edificio a toda velocidad, dando brincos entre los edificios prefiriendo alejarse aunque fuera unas decenas de kilómetros hasta la otra esquina de la ciudad, igualmente sabía que la pelirroja le terminaría encontrando tarde o temprano, tampoco es que le había hecho eso para perder su rastro nuevamente.

La esperó pacientemente volviendo a su forma humana, tampoco es que tuviera demasiada paciencia. Digamos que Viktor se caracteriza por ser una especie de niño en cuerpo de adulto, con déficit de atención; no pudiendo centrarse lo suficiente como para ser tomado como alguien serio, pero si temido por su carencia de misericordia y ese extraño gusto por el dolor ajeno que le hacía rozar la sociopatía. Una vez le viera llegar, sentado en una azotea de los tantos edificios en la ciudad cruzado de brazos y con una de las piernas estiradas y la otra flexionada, soltaría un profundo y largo suspiro antes de levantarse velozmente y hablarle, bastante enfurruñado. - No tienes ni puta idea de la mierda que has hecho, dejaste hechos mierda a todos los que estaban encargados de darme una paliza, y para peor... yo no estaré cuando Damon vuelva. Lo que significa que pensarán ha sido cosa mía... Así que básicamente volveré a estar en la misma situación una y otra vez por tu puta culpa. ¿Cual es la necesidad de ayudarme cuando lo único que quieres es mi alma? - hizo una pausa, dedicándole una expresión llena de reproche. El licántropo no entendía cómo es que una mujer como aquella, que carecía de sentimientos podría llegar a ayudarle. ¿Para qué agradecer? Si muy posiblemente lo hacía con el mero objetivo de tener una excusa para acelerar el proceso de aquel trato que tendrían que hacer sí o sí ahora por su maldita curiosidad. Esta la que mató al gato, o en este caso... al canino. - Lo único que haces es hablarme del amorío que tuviste con mi madre; que por cierto, me importa menos que el zurullo que me hecho cada mañana. Y luego vienes con este tipo de cosas... ¿por qué carajos no te decides en cómo actuar? Digo, no ... si no te jode ser un poquito menos hipócrita. Bah ~ No puedo pedirle peras al Olmo, eres mujer y demonio... mala combinación. - sentenció mientras giraba los ojos en blanco. Pensó por un par de minutos en total silencio sepulcral, acallando a la chica con una potente bofetada cada que intentase hablar antes de llegar a un plan, pero no... nada surgía en su mente lo suficientemente bueno como para justificar lo sucedido allá en el edificio abandonado. - No hay manera de evitar que haya un problema con Damon ahora, coño de la madre contigo... - bufó llevándose una mano a la frente peinándose hacia atrás algunas hebras de su azabache cabellera que caían molestamente sobre su rostro.
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