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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Crimson Chaos | Priv. Keira

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Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Lun Ene 11, 2016 7:18 am

Soñó con lobos aullantes, sombras corriendo a través de San Francisco y el Golden Gate. A pesar de que el sueño fue lívido y de un corte propio a una pesadilla, segundos tras despertar, todo se mezclase en el crisol del letargo y el olvido.
Jason se había quedado dormido en la cama de uno de los cuartos de huéspedes, en lugar de su propia habitación. No recordaba mucho de lo que había pasado tras regañar a Keira. Sólo que se de repente una fatiga irrefutable, irresistible, lo había guiado hacia el colchón más cercano, y se había dejado arrastrar a través del cielo hasta el noveno sueño sin poder rechistar.
Las sábanas estaban manchadas con la sangre de sus heridas, pero estas ya cicatrizaban. Algunas inclusive se había reducido a raspones y cortes mínimos.
Keira —Murmuró en reflejo.
Se alzó de la cama, desabrochando el cinturón de armas.
No podía quitarse la sensación de que algo andaba mal. Los Herondale nunca dormían tan profundamente, y aquella en especial, era la primera vez que Jason dormía más allá de las primeras horas de la mañana. Al menos, desde que se había marchado de la Isla de Alcatraz tan sólo con su daga, su pistola, y una muda de ropa.
Por apenas un instante, Jason pensó que la noche anterior y sus sucesos acababan de cerrar el curso de su destino hacia el inexorable fin. Tocó el anillo en su dedo anular en un reflejo inconsciente, y luego la idea se desvaneció.




Jason hizo un bollo la nota de Keira, y la arrojó al fuego de la sala de estar.
Dio un sorbo, y echó otra cucharada de azúcar al revitalizante brebaje.   
La voz de Jason en un fluido francés llenó la sala, comenzando a perturbar el sueño forzado de la cazadora. Su desinhibido y expresivo italiano le hizo gruñir un par de veces, mientras se revolvía en la silla. Y finalmente, el marcado y brusco alemán terminó de despertarla.
Para cuando terminó de desperezarse, Jason cortaba tras un adiós español.
Rise and shine, sweetheart —Saludó, apoyado en el sillón que ella había demacrado.
Keira, esperando reír ante un estallido de ira, tardó más tiempo del debido ver que el cuero estaba intacto.
¿Cómo...? Si yo... lo hice pedazos —Pregunto, en un tono entre indignación y asombro.
Jason, confundido, siguió su mirada. Frunció el ceño, sin comprender que era lo que tanto la sorprendía. Vislumbro el filo metálico, como si fuese un control remoto, sobre uno de los cojines. Entonces reconoció la forma del cuchillo de plata, reposando sobre el asiento. Lo tomó en su mano, y lo arrojó al aire para atraparlo por el mango.
Sin poder evitarlo, sonrió de buena gana. Casi había olvidado su truco favorito.
Keira, ¿en serio piensas que esta mansión sobrevivió a las termitas durante décadas de abandono, sólo por gracia de Dios? —En un movimiento rápido, arrojó el cuchillo hacia una cortina.
A pesar de que no tenía más filo que el de un cuchillo de carne, la velocidad cobrada le facilitó rasgar una línea horizontal de quince centímetros sobre el terciopelo.  La tela, atravesada y depravada, pareció fomar con ese hueco una boca de enfado.
Con un ruido similar al de la electricidad dentro de una bombilla, la distancia entre ambos hemisferios de escarlata hilado se fueron acercando, hasta finalmente comenzar a entrelazarse en un abrazo que ningún cuchillo de carne podría separar.
Pocos segundos después, volvía a estar tan nueva como lo había estado al ser instalada, más de dos siglos antes.
Genial, ¿no? Yo también me sorprendí cuando lo descubrí. Al parecer, tiene algún tipo de intrincado hechizo que hace que las cosas se reparen solas. Y no sólo eso, a veces la casa crea pasadizos donde antes no los había, o abre las puertas antes de que las necesites. Se siente como si tuviese vida—Haciendo un ademán como si tuviese una galera, dio otro sorbo al café—. Me quito el sombrero ante el señor brujo que me ahorró la restauración. Tan sólo desearía que pudiese servir whisky, pero aun no logró hacer funcionar el sistema de servicio al cuarto...
Como si recordase algo, alzó el dedo índice, con un apremio de quien desea ser el primero en contar lo que vio en el noticiero.
Por cierto, tu café estaba horrible. Preparé chocolate —Dijo con una expresión sin expresión alguna.
Keira, observándolo con ojos somnolientos (demasiado cansada para llenarse de odio), pensó que necesitaba desayunar para así tener la energía para detestarlo. Sintió la urgencia decir algo insultante, pero un bostezo le arrancó la fuerza de voluntad, y un dolor por la mala postura le reprochó no haber dormido en su cama.
Demasiado temprano... —Volvió a acostarse sobre sus brazos, sobre los papeles— Demasiado temprano para soportar a un Herondale.
Mientras apartaba los papeles en buscaba de la tapa del libro, de cuero forrado con un aroma a ejemplar antiguo, cerró los ojos lentamente.
Quería dormir un par de horas más. Luego podría levantarse y continuar dedicando cada microsegundo de su vida a pensar en cómo quitarle la daga a Herondale, luego en cómo encontrar a Tiamat, y finalmente, a teorizar encantada sobre cuál sería el punto del corazón dónde le resultaría más gratificante apuñalarla, pero en ese momento...
Un chillido la hizo alzarse repentinamente.
Llevó instintivamente su mano a la Walther en la mesa. La música estridente del equipo musical, que sonaba con una canción de Sum 41, se había encendido y sonaba a todo volumen. Keira frunció el ceño, y dirigió la mirada a Jason.
Este, mostrando que no tenía ningún control de moto que pudiese sentenciarlo a muerte, respondió.
No me culpes a mí, tú hiciste enojar a la casa —Y con total naturalidad, dio otro sorbo al chocolate.
Keira se preguntó si esa mansión de mal gusto y el pelinegro no estarían relacionados sanguineamente. Tras unos segundos, se rindió a la idea de poder pegar un ojo más en ese día.
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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Lun Ene 18, 2016 2:19 am

La cazadora lejos estaba de coincidir con su compañero de armas. Se incorporó, sacudiendo los cabellos que impedían su visión. Sentía el dulce aroma a chocolate, entremezclado con la suave amargura del café. Se preguntó cuántos días el pelinegro estuvo allí, en su solitario refugio, mientras escuadrones de cazadores debían estar buscándolo en distintas partes del mundo. En torno a todo lo relacionado con Jason Herondale, la niebla se esparcía cubriéndolo con su espeso manto ceniciento. El parte de búsqueda se había dado por su ausencia repentina en el Temple. A este hecho normalmente suele responderse con la búsqueda de un cuerpo, más que la de un prófugo. Pero desde el momento cero, había una convicción absoluta de que Jason aún seguía dentro del plano terrenal. Y si bien, como miembro del Círculo Interno, su acción se consideraría como alta traición al Temple, el operativo y los recursos empleados en atrapar a un joven cazador –con un futuro brillante como Líder que rápidamente aplastó- eran destacables incluso en ese tipo de casos.
No era necesario ser Sherlock Holmes para saber que detrás del velo, la verdad residía terrible.  En búsqueda de la Daga de los Herondale, la muchacha había hecho su investigación propia. En contacto con otros compañeros e informantes, logró dar con el rastro del cazador, tan meticuloso que pecaba en su perfección. Descartó rápidamente el mismo, con la corazonada de que terminaría en el desierto de Sahara solamente con un camello y una cantimplora. Valiéndose de su fortuna, se guió por su instinto, no era tan buena rastreadora como los Graymark, pero nadie podía escapar de los dioses. Y Herondale no era la excepción.  
Escuchaba su voz, el marcado acento galés tan característico del joven. En algún momento, había ido a buscar azúcar en la alacena, encontrándose con las feroces garras de Presidente Miau. Lo veía insultar en su idioma natal, con la sangre cayendo de un corte en su frente, apuntando con su arma al gato que lo observaba desafiante siseando con los colmillos a la vista.
¿Qué vas a hacer, Herondale?
El cazador desvío la mirada, error fatal estando frente a Presidente Miau. En milésima de segundos, el animal mordía fuertemente su mano y más insultos en galés resonaron estridentes por encima de la música.
Presidente…ven —el animal obedeció, saltando desde la isla flotante hacia la mesa con agilidad. Keira lo tomó en sus brazos, sintiendo la calidez y el suave ronroneo—. Ya sabes de qué hablo. Sabes tus opciones, decide ahora. ¿Vas a entregarme la daga?
La sonrisa de lado del Cazador respondió por sí sola. Keira suspiró.
Eres un idiota suicida, Herondale.


La sala de entrenamiento era enorme, del tamaño de un gimnasio en un instituto en forma oval. Había un sector de tiro y maniquíes esparcidos en los alrededores, cerca de distintas armas de todo tipo y tamaño que el joven debía probar. Las paredes y el techo, cubiertas en su totalidad de espejos, en conjunción con la parte posterior del pecho de los maniquíes, del mismo material, daban la molesta sensación de multiplicar a la persona, creando cientos de clones idénticos. En ese momento, una veintena de Jasons observaron su expresión, esbozando a su vez una veintena de sonrisas idénticas.
¿Te gusta? Hay cámaras encendida las 24 horas. Es la mejor manera de atender a todos los ángulos.
Es repulsivo.
Jason rió, acercándose a un armario y tomando un par de chalecos. El corte de su frente ya había desaparecido, pero en algún momento se había cruzado de nuevo con Presidente, porque sangre coagulada cubrían su lóbulo izquierdo. Le lanzó uno que atrapó sin esfuerzo.
No necesito esto —la muchacha arqueó una ceja, aunque se lo colocó sin mucho planteo. Se había cambiado el traje del DPI y simplemente llevaba una blusa sin mangas con una calza corta—. Podrías pegarme un tiro en el corazón y no moriría.
No sabía eso —reconoció con tranquilidad—. Siendo sincero, sé lo básico de ustedes.
No hay mucho para saber —se ató el cabello en dos coletas altas—. Somos armas de guerra, nuestra vida es matar o morir, nada más.
Estando ambos con chalecos y con un acuerdo silencioso de no disparar en la cabeza, lo fundamental es el poder de fuego. La cercanía del golpe y la cantidad de balas, hacían la diferencia. Con dos pistolas que almacenaban dieciséis balas cada una, contaba con treinta y dos en total, una ventaja significativa sobre Jason.
Herondale, ¿sabes qué tienes todas las de perder? —Keira lo observó cruzándose de brazos—. Sería más rápido y sencillo que me entregaras la daga de una vez.
Escuchó la respuesta a Jason y alzó los hombros.
Terminemos esto de una vez.
Keira sacó las dos Walther P99 y se abalanzó hacia Jason.

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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Lun Ene 18, 2016 11:15 am

La voz de Jason parecía sonar en off.
Los movimientos, las acciones, seguían su curso mientras hablaba en su acostumbrado tono de voz.
La Daga de los Herondale elige a su dueño. Debes probar que la mereces más que yo. No a mí, sino a la hoja.
Keira poniéndose el chaleco. Jason cargando su Colt.
No la usaré en este combate. Será un espectador. El juez imparcial.
Las pistolas de Keira atadas en torno a su cintura. Los cuchillos de Jason ajustados a sus piernas.
Usaré cuchillos arrojadizos en lugar de una segunda pistola.
Keira quitó el seguro de sus pistolas.
¿Siete balas contra treinta y cuatro? ¿Por qué no me das la maldita Daga de una vez? Si tiene cerebro verá lo imbécil que estás siendo.
Jason quitó el seguro.
Son catorce. Es un modelo especial. Más los cuchillos, será suficiente
Antes de que lo notase, las balas de Keira se dirigian hacia él.



Jason alzó su Colt a la altura de su pecho.
Sin embargo, no disparo. La distancia entre Keira y él era demasiada aun. La trayectoria de las balas era clara. Sólo necesito hacer su cuerpo a un costado para que los disparos pasaran silbando a su lado.
"Esta midiendo mis reflejos"
Pensó Jason, mientras lanzaba uno de los cuchillos hacia ella. Silbó por el aire directamente a empuñadura del arma. Keira hizo un simple y potente ademán, rechazándolo con el cañón del arma.
Jason sonrió y guiñó un ojo.
"Grandísimo imbécil"
Keira apuntó rápidamente hacia él. La pistola cambió a modo automático, y disparó tres veces. Las balas se dirigieron a los brazos y la pierna de Jason. Podía elegir mover su torso, pero su pierna debería serle apoyo para el movimiento. En cambio, si elegir guiar el movimiento en dirección opuesta, la bala estallaría contra su hombro izquierdo.
"¡Te tengo!"
Jason, sin embargo, no se movió. En su lugar, alzó el cañón de su arma, y disparó dos veces. Keira vio entonces, como sus ojos brillaban de un intenso azul marino.
Si los proyectiles estuviesen marcados con colores (carmesí y azure, relativamente), se habría visto en ese momento que las balas de Jason pasaban rozando los lados de las balas de Keira. Estas, ante ese mínimo roce, alteraron su trayectoria apenas un centímetro a los lados.
Los tiros azure siguieron su camino hacia una sorprendida Keira.
"¿¡Se defendió atacando!?"
Fue lo que pudo pensar, mientras hacia un movimiento más guiado por intuición que por el cerebro. Pero Jason no había apuntado a su cuerpo.
Las balas azure chocaron contra la Walter P-99 que Keira sostenía con su mano derecha, haciéndola volar por los aires.
En el momento del impacto, los proyectiles rosas se habían abierto lo suficiente para pasar a los lados de la cabeza de Jason, haciendo revolotear los cabellos del Cazador.
En cuanto al tercer proyectil, no podía esquivarlo.
Ni a la derecha.
Ni a la izquierda.
Era demasiado tarde para agacharse.
El "disparo de billar" que había usado antes no funcionaría con la trayectoria de esa bala. Jason hizo un ademan con su brazo, y el sonido de la bala chocando inundó la sala. No había dado en el blanco.
Las dos mitades rosadas flotaban frente al rostro de él, mientras un cuchillo arrojadizo yacía con su hoja marcada por el impacto en el interior de su mano.
La pistola de Keira cayó a sus espaldas. Ella venció el impulso de voltearse. Si quitaba los ojos de Jason, este podría  desarmarla por completo.
En otras palabras, acababa de reducir su poder de fuego a menos de la mitad al mismo tiempo que se defendía. Una contraofensiva que sólo habría sido más perfecta si lo hubiese acordado de antemano.
Con eso te quedan catorce balas, ¿no es así? —Dijo Jason, apuntándola con su Colt— Parece que el duelo acaba de volverse justo.
Dejó caer el cuchillo al piso. Este partió a la mitad.
Si Jason hubiese estado unos pasos más adelante, el impulso de la bala habría bastado para vencer la hoja.
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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Sáb Ene 23, 2016 5:46 am


Aún con el arma en mano, Keira aplaudió.
No era extraño entre los templarios modificar las armas para que se adecuase mejor a sus gustos. Estúpidamente creyó que sólo había ampliado el tambor agregando un mayor número de balas, pero lo que había hecho Jason con su Colt era simplemente una maravilla. Aumentar la cadencia de fuego para desviar las balas de su enemigo, defenderse con un ataque, pocas veces había visto esa clase de originalidad puesta en juego. Le hacía acordar a un compañero americano y sus disparos dobles, con quien había compartido varias cacerías y podía entrar dentro de su limitado círculo de amistad.
La cazadora no contaba con esas invenciones peculiares, aunque tampoco las necesitaba. Su cuerpo en sí mismo era un arma, un tanque de guerra imposible de traspasar.
Cada bala que disparase a la lejanía, él la pararía. Corrió hacia Jason. La lucha sería cuerpo a cuerpo.
A menos de medio metro de distancia, el Cazador le apuntó. Tomó su antebrazo con la diestra, desviando la trayectoria del disparo. Con la velocidad propia de quien está entrenado, la Walther en su izquierda ya apuntaba la nuca del pelinegro por debajo, pero éste se le adelantó, dándole un codazo en la sien y el disparo dio en su pecho resguardado por el chaleco. El pequeño cuerpo de la Evansglow se balanceó hacia la izquierda, flexionó  las rodillas y saltó en vertical hacia atrás, usando el antebrazo del joven como palanca para impulsarse.
Su ala derecha quedaría descubierta, sacrificio por demás válido. Aún en el aire, arqueando el brazo en una incómoda posición disparó. Uno, dos, tres veces. Como era de esperarse, Jason respondió en contra ofensiva con la agilidad de una pantera.  Dos de sus balas dirigidas a detener las suyas, mientras que la tercera apuntaba a su flanco libre. Cuando los ligeros pies de la cazadora se posaron en el suelo,  la sangre manaba de sus bíceps mientras que el pantalón del Herondale se teñía de borgoña a la altura de su muslo izquierdo.
No era la primera ni la última vez que Keira recibiría un disparo de bala. Conocía a la perfección el dolor álgido, los músculos desgarrados clamando por clemencia. El fuego infernal devorando cada nervio. Y la adrenalina bombeando como el mejor anestésico posible, haciéndole ignorar cada malestar.
Vio el cuchillo en la otra mano del cazador. Por un instante, sus ojos destellaron con una intensidad que parecían faros azures en medio de esa tormenta borrascosa y violenta que formaba el iris del muchacho. Y una luz plateada acercándose a ella.
Corrió el rostro unos centímetros, mientras el cuchillo arrojadizo se clavaba en un maniquí detrás de ella.
Él podía parar mejor los golpes, con ambos brazos sanos para protegerse. Pero ella era más rápida, siempre lo había sido, con su cuerpo ligero y escurridizo. Corrió hacia él, lanzando una patada directa a su quijada. Jason la detuvo, apretando su tobillo con malicia, sintió las uñas clavándose en su carne y la sangre rodeándola como si fuese un tatuaje. Él trató de dispararle pero la cazadora se le adelantó, desviando su brazo golpeándolo con la culeta del arma.
Los movimientos parecían perfectamente coordinados, como si ambos hicieran una violenta danza que sabían de memoria. Sonrió cuando sintió la presión. El cazador giró su tobillo y ella se mordió el labio conteniendo el dolor. Cuando sintió el balanceo que la lanzaría al suelo, flexionó la rodilla libre y saltó, golpeando fuertemente con la punta de su pie la herida de bala del joven.
Jason soltó un alarido, aunque en ese momento no distinguió la maldición en galés. Las palabras no eran importante, no tenían sentido en esa ínfima fracción de tiempo. En menos de un segundo, ambos habían perdido el equilibrio, cayendo al suelo en una enredadera de brazos y piernas.
La Colt y la Walther, como si lo hubiesen acordado caprichosamente, salieron disparadas a un costado. Estando encima de Jason, Keira jadeó exhausta, sintiendo el fuego ardiendo en su brazo derecho en una lenta agonía. Aún tenía la bala incrustada, adentrándose cada vez más en su cuerpo y el líquido espeso y cálido fluyendo de ésta cuán manantial empapando el chaleco su contrincante.
¡Me darás la maldita daga, Herondale!
Apretó los puños y golpeó, una y otra vez, sin detenerse un segundo. El rostro de Jason se tiñó con sangre propia y ajena, mientras el brazo de Keira rugía en un furioso lamento. Él no se estaba defendiendo, quizás demasiado aturdido por los golpes, o probablemente planeando algo. A ella no le importó, mientras más rápido le hiriese, menos le llevaría desmayarlo.
¿Es lo único que tienes, Keira? Te matarán antes de llegar a Tiamat.
Estando tan cerca, la ira fluía como si frente a la cazadora de rosáceos cabellos se encontrase la mismísima demonio de la destrucción. Jason atisbó a ver las cáscaras aún rojas de sus nudillos descarnados, mientras estos impactaban con dolorosa crueldad en su mandíbula. Escupió sangre, alardeando una sonrisa confiada.
Tan veloz como una gacela, tomó uno de los cuchillos de su correa clavándolo en la herida de bala de la cazadora. Los ojos de Keira se abrieron en par en par y el grito agudo, cuan animal agonizante,  rebotó en los tímpanos del pelinegro. Aprovechando el descuido, éste la lanzó con fuerza a un costado. No fue tarea complicada, la Evansglow apenas alcanzaba los cincuenta kilos.
Keira rodó a un costado, el calor en su brazo le atravesó, como si por sus venas transportara lava ardiente. Sumida en el dolor, pensó que se desmayaría, con un lago de tinta queriendo inundar su visión. A tientas sacó el cuchillo, de forma descuidada y cortando más la carne. “Deja de lamentarte como idiota y busca el maldito arma, Keira; o perderás la daga”. Apoyándose sobre el codo sano, se incorporó con movimientos desesperados, corriendo unos metros hacia donde había dejado caer la primera Walther. Se abalanzó sobre esta sin ceremonia y cuando la tomó, percibió el contacto cálido del metal sobre su cabeza.
Has perdido, Keira.
Alzó el brazo sano, que portaba con el arma. Una sonrisa traviesa recorrió su rostro, mientras se incorporaba con lentitud.
Dispárame, Herondale.
Su voz, agitada pero segura, fue el preludio de un silencio sepulcral.
¡Vamos, Herondale! ¡Portas un apellido de excelencia, hazle honor y mátame!
El estruendo explosivo de la bala fue su única respuesta. Ésta rozó su cuello apenas milímetros, abrasándole la piel. Keira se volteó velozmente, girándose en una patada que golpeó el talón de su enemigo, tirándolo hacia atrás. Disparó cuatro veces, las balas chocaban contra el suelo mientras Jason giraba sobre sí mismo evitando el impacto. Sus ojos brillaban como astros en el universo y continuaba exhibiendo esa irritante sonrisa soberbia que a Keira le repugnaba.
Esperaba más de una Evansglow, ¿sabes?
Un cuchillo –el mismo que segundos antes estaba incrustado en la carne de la joven– rozó su pómulo haciéndole un corte. Y Jason agradeció por el ángel tener reflejos rápidos, de lo contrario ya habría perdido un ojo.
Si valoras tu vida, Herondale, no me provoques. A mí no me temblará el pulso si quiero matarte.  
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Chaotic Crimson and Predicting Blue | Priv.

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Miér Ene 27, 2016 7:29 am

Jason dirigió los ojos a la Colt en el suelo, y Keira lo captó de inmediato.
El Cazador se arrojó al suelo, aterrizando con su hombro, y rodó para terminar de nuevo sobre sus pies. En el proceso, había alzado su pistola y cambiado a disparo único, además de invertir su respiración para una mejor puntería.
A unos dos metros, Keira lo apuntaba con su Walther. Había preferido retomar su poder de fuego a dar el ultimatum a la pelea.
Una gota de sangre rodó por la mejilla de Jason hasta llegar a sus labios. El muchacho los entreabrió para beberla.
Una sonrisa se dibujo en su rostro.
Sabes, podr...
El fogonazo de la pistola de Keira lo puso en alerta.
Se agachó apenas por una milésima, estallando el vidrio a sus espaldas. Respondió con un disparo al viente de ella, a pesar de que la cabeza estaba al descubierto.
Sin embargo, una bala rosada detuvo la suya, y ambas salieron fundidas en un único proyectil a un lado.
"¿Un disparo espejo?"
De nuevo, ambos se miraban mutuamente, con sus pistolas enfrentadas. La pierna de Jason perdía sangre a un ritmo rápido, y podía ver las gotas carmesí caer del brazo de Keira. Habían lineas de barrido y círculos rojos aquí y allá, marcando los designios de la primera batalla entre un Evansglow y un Herondale en más de cuarenta años.
Jason entonces entendió que Keira no habia intentado hacer un "disparo espejo". Simplemente lo había hecho, sin saber la técnica en absoluto.
Había sido pura coincidencia.
Molesto, ¿no es así? —Exclamó Keira, de inmediato. Jason podría haber aprovechado la distracción para emplear el mismo truco sucio de disparar, pero sabía que ella lo habría esquivado, aun sin haberlo querido—. Es molesto que sin importar cuanto trates, cuantos movimientos secretos y demás idioteces que parecen de ballet intentes, nunca vas a poder darme. Todo, por esta maldición... Esta marca —Una solitaria gota de sangre cayó de la muñeca de Keira, de los despellejados nudillos— Me hace imbatible, para todos, menos para quien más quiero muerta. Y es por eso que no me vencerás, y esa daga sera mia —La mirada de Keira se vació de repente. A ese punto, sabía que ya no era ella quien luchaba, sino el poder que la había protegido y esclavizado desde su nacimiento.
Jason la observó en silencio. La vio en todo en su esplendor de guerrera, en su posición de títere favorito del destino, el más privilegiado y amado; el juguete favorito que siempre tiene el trato especial de los astros y el firmamento, pero también aquel que jamás dejaran ir, no, no. Aunque pasen los años y las estrellas se apaguen, el juguete favorito del destino seguiría en su estandarte de siempre; en su escenario de márfil con hilos de oro guiando sus movimientos para jamás tropezarse.
Como si viese a Jason como un mero mortal, desde las alturas donde el fuego arde y la sangre nunca acaba, exclamó.
El caos nunca pierde.
Aunque mil dioses conspirasen para hacerla caer; aunque los cuatro jinetes del apocalipsis hiciesen arder esta Tierra hasta el mismo Tártaro; Keira aun seguiría de pie. Aun lo apuntaría con su Walther, y aun así vencería. Pasese lo que pasase, Keira jamás caería.
Ella sería la única constante en el universo.
Jason bajó el arma, para la sorpresa de ella, y cerró los ojos, como a la espera de una ejecución. La muchacha lo tomó como una rendición pero entonces...
Sí, tienes razón. No podría vencerte ni aunque supiese que vas a hacer, porque siempre encontrarás el movimiento justo para salvarte y derrotarme. No puedo negarlo, esa maldición es tu mejor aliada, te guste o no —Jason dejó caer el arma al suelo. La Colt resonó con un sonido metálico, dentro de un pequeño charco de sangre— Sin embargo, Keira.
Al abrir los ojos, estos brillaron más intensamente que nunca. Como un cristal con un sol en su interior, cubrieron por completo los ojos de Jason.
Y repentinamente, al ver a la muchacha que repudiaba su fortuna divina frente a él, sintió una repentina ola de empatía.
Entonces Jason pensó que era hermosa.
Aun en el caos, existe orden.
Dio un paso al frente, y luego otro. Keira respondió con un disparo al pecho.
Jason se inclino a un lado.
Keira disparó dos a la cabeza.
Jason ladeó el rostro.
Keira disparo una vez al pie. Otra vez al muslo.
Jason se posó sobre la pierna contraria.
Estaba a tres pasos de ella.
Keira, sin comprender, cambió a modo automático. Y disparó cinco veces.
A la yugular, al pecho, a la cabeza.
Jason dio otro paso al frente.
Keira lo miro a esos imposibles ojos azules. Y tuvo miedo.
Keira disparó. Keira disparó. Keira disparó.
Y cuando el click de la pistola fue lo único que pudo escuchar.
No más magia.
Jason apretó el cañón del arma, y se la quitó a una estupefacta Keira. La Walther rodó por el piso, vacía.
Detrás de Jason estaban los impactos de catorce balas. Todas perfectamente guiadas a matarlo. Todas apuntando a una arteria, a un órgano. Todas con el mismo destino escrito de ser la última bala que su cuerpo recibiría en vida.
Y todas habían fallado.
Keira, reaccionándo repentinamente a la cercanía, lanzó una patada a la cabeza de Jason. Él dio un paso costado y la dejó pasar. La pelirrosa dio otra patada a su abdomen, y nuevamente sólo encontró aire. Lanzó un puñetazo a su rostro, y este se encontró atrapado en la garra del cazador.
No más caos.
Y con un movimiento único, la alzó y la arrojó al otro lado de la habitación. El cuerpo de Keira se estrelló en medio de los agujeros de balas y los vidrios. Estaba rodeada de cristales rotos y balas perdidas.
Jason la miró unos segundos, y luego se dirigió a la Walther con siete balas de Keira. Entonces, sus ojos se apagaron progresivamente, y perdió todo rasgo sobrenatural.
Se detuvo ahí, parado, por quince segundos...
Y de la nada. apuntó a Keira con la pistola, y disparó.
No quiero derrotar a una cobarde
La bala se estrelló a un lado del rostro de la muchacha.
No vine aquí a luchar contra alguien que se esconde detrás de poderes que ni comprende, y busca ser un peón en una partida de ajedrez; un actor en un teatro. Si vuelves a refugiarte en tu maldición para ganarme, ten por seguro, Keira Evansglow, fallarás todas y cada una de tus balas. No lograrás tocarme por muy maldita que estés.
Dejó caer los cuchillos, y los pateó a un costado. Luego, tiró la pistola también.
Pelea conmigo, Keira. No como una condenada de la suerte, sino como una templaria. Como una cazadora —Haciendo una pausa, enserió su mirada— Enfréntame como una mujer libre, o pierde como una esclava.

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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Jue Feb 04, 2016 7:04 am

Keira rió.
Aún con la cabeza gacha y los cabellos rosados ocultando su mirada. Aún rodeada de sangre y vidrio. Ella rió.
Un cóctel de amargura y desesperación que resonó a los oídos de Jason como el último canto de un ave moribunda.
Por primera vez en años, Keira había sentido miedo. Miedo ante alguien que por segundos, dejó de ser humano y se asemejó más a un guerrero del averno.  Fue un instinto primitivo que resurgió entre las cenizas como una señal de alerta. Un mensaje claro que se representaba en sus palpitaciones aceleradas: Él puede matarte.
Quizás, lo normal hubiese sido desistir. Pero en su cuerpo el odio ebullía, quemaba sus entrañas haciendo arder la sangre.
Porque Herondale era lo contrario a ella.
¿Realmente crees que tu discurso poético va a cambiar algo? —se alzó con lentitud y en sus ojos, Jason vio la chispa de esa efervescencia insana, de esa simple llama que parecía contener el núcleo del fuego celestial en sí mismo—. La suerte no es un interruptor que se enciende y se apaga a gusto, idiota.
(Un desertor, un renegado de su destino.)
Crujió los nudillos. Jason parecía predecir cada movimiento, como si hubiese descifrado el patrón del caos. Si el caos buscaba la destrucción inmediata, tan efímero como una mecha, entonces debía apostar a la calma y la constancia. El desgaste terminaría haciendo mella en él, y ella ganaría por el simple hecho de que su voluntad incansable la obligaría a mantenerse en pie.
Alzó su mano y le hizo un gesto para que se acercase. Y en cuestión de segundos, la lucha continuó.
Keira lanzó un puñetazo a su nariz. Jason esquivó y buscó el punto libre en su abdomen. Pero ella simplemente se movió hacia atrás, evitando por centímetros el puño cerrado del joven.
Esta vez él buscó atacarla. Lanzó una patada a la altura de su sien. Keira se agachó, y las puntas de sus cabellos rozaron con el algodón de su pantalón. Alzó a tomar su tobillo y tiró de un lado, haciendo que perdiera el equilibrio.
Jason no cayó, pero trastabilló a un costado y alcanzó a  golpear con una fuerza insana el frente de su hombro. El sonido de un crujido llegó a oído de ambos y la cazadora bufó furiosa, pateando con furia la rodilla herida del joven.
Jason lanzó un alarido y cayó al suelo de espaldas. Logró ver como Keira, con ahora el hombro dislocado, se lo volvía a su lugar con descuido chocando fuertemente contra la parte lisa de una estantería de armas.
Cuando Jason se alzó, la muchacha ya estaba lista para continuar la pelea. Sin demora, lanzó de nuevo otro puñetazo, dirigido a sus costillas. Jason detuvo el golpe con el costado de su palma, al tiempo que Keira, con el brazo herido, buscaba golpear en su mandíbula. El cazador fue ágil, envolviéndolo en un gancho, apretando con fuerza.
Keira lanzó una exclamación y jadeando, su mirada escarlata se posó en aquella nebulosa grisácea, casi con reproche. Sintió la presión en su hombro y maldijo internamente.
A su lado, estaba la estantería llena de arcos y flechas. Corrió hacia la primera tarima, dándose el impulso para saltar hacia atrás, inmovilizándole el brazo en el movimiento. Apenas pisó tierra firme se tiró de espaldas, usando sus piernas para levantar el pie de Jason y lanzarlo hacia un lado.
El pelinegro giró, con la rodilla baleada impidiéndole levantarse en el primer intento. Impactó a un costado, chocando con unos maniquíes que cayeron sobre él.
Keira corrió hacia él, abalanzándose cuan pantera sobre su presa. Estando encima, le golpeó con puñetazos de nuevo en el rostro.
(Un prófugo, un idealista).
La joven lanzó un alarido de la frustración. Recordó sus palabras, cada una de ellas retumbándole al oído como un tambor de guerra.
—golpeó ferozmente su labio, partiéndolo y manchándose de sangre —. Tú, eres el cobarde. ¡Te diviertes jugando a las escondidas en una maldita mansión! Y vienes con tus poemas y tus sonrisas, a decirme que hay libertad en tu mundo de fantasía.
Golpeó de nuevo en su mejilla, y Jason escupió sangre. El Herondale observó esos ojos, brillaban como fuegos artificiales, las chispas saltando ansiosas y furiosas, dictaminando su sentencia.
Soy una Templaria. Soy una Evansglow. ¿Pero sabes qué? Todo eso me hace la maldita Keira Blair Evansglow. Y a diferencia tuya, Herondale, condenada a la suerte o no, soy lo suficientemente valiente para aceptar mi cruz y luchar. ¿Quién es libre y esclavo entonces, el que afronta o el que escapa?
Consumó cada oración con un golpe, su pequeño cuerpo temblando de la furia.  
Al octavo puñetazo, Jason detuvo el golpe, apretándolo con su mano.  Y cuando quiso rematar con un noveno, también la detuvo.
Sus respiraciones agitadas estaban en una extraña sincronía. Ninguno de los dos parecía ceder al cansancio y el dolor de sus cuerpos magullados. Se observaban fijamente, con el desafío plasmado en su mirada, esperando solemnes quien daría la primera muestra de debilidad.
Ninguno lo hizo.
(Un terco, un luchador)
Quizás Herondale  no era tan opuesto a ella como pensaba.
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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Jue Feb 18, 2016 3:08 am

Jason apretó su puño. Lo apretó tan fuerte, que la sangre comenzó a fluir entre sus nudillos. Bajó la mirada al suelo, lo suficiente para que sus cabellos, oscuros y mojados de sudor, ocultasen su expresión.
Keira lo observo. No era tan sólo una gota, eran hilos de sangre.
Jamás. Jamás —Jason alzó los ojos. La tempestad que hundía navíos, la tempestad que trajo el diluvio, se reflejaba en ellos— Jamás presumas saber lo que soy.
Se movió con la velocidad de un ángel al caer. Se lanzó sobre Keira, y dio un puñetazo. Antes de terminar el movimiento, desapareció de su rango de visión.
Desde sus espaldas, dio una patada que la hizo caer al suelo. Desde su lugar, la observó. Tenía los ojos sin emoción alguna de quien no le interesa ni la vida del rival, ni la suya propia.
Dejó que se levantara, y cuando lo hizo, volvió a desaparecer. Era demasiado rápido.
Keira, por suerte, reflejo o sencilla habilidad, hizo una cruz de sus brazos para rechazar el golpe. Cuando bajó los brazos, él ya no estaba ahí.
Esto es un Herondale —Exclamó desde sus espaldas.
Al voltearse, le dio un puñetazo en el centro del estómago. La dejó sin aire.
Un Herondale engaña. Un Herondale manipula. A un Herondale no le puede importar menos la vida de otro —La miró, dando pasos hacia ella.
Y entonces, alzó la pistola. La había recogido en algún momento. Disparo a sus brazos, sus piernas, su rostro. Todas las balas pasaron a centímetros, rozando la piel y quemandola.
Yo no soy mi apellido. No le pertenezco a nadie —Le arrojó la pistola, y Keira la atrapó en el aire. Buscando disparar, apunto.
Para cuando se encontraba en su rango, Jason golpeó su abdomen, y su hígado sintió la convulsión del impacto de una automóvil.
Keira cayó de rodillas.
Jason respiraba agitado, y cada parte de su cuerpo dolía. El último frenesí del combate, esa energía renovada, le estaba pasando cuentas. Sus heridas ardían y sangraban. Su visión era borrosa, y sentía que se desmayaría en cualquier momento.
Nunca en su vida se había sentido tan colérico. Se quedo quieto, porque sentía que si se movía, querría continuar luchando. Ventilar todo su odio, sus frustraciones, su dolor.
Tomó un respiro. Y se volteó.
Esta batalla acabó —Sentenció, dirigiéndose a la mesa sobre la que se encontraba la Daga.  
¡Todavía no!
Keira, desde el suelo, quiso levantarse y seguir luchando. Se tambaleó ante las contracciones y las oleadas de eléctrico calvario que fluían de su cuerpo. La había golpeado lo suficiente para que no se pudiera levantar en un buen tiempo.
La espalda de Jason extendió su mano hacia la Daga. La que a ella le pertenecía, la que era la clave para matar al ser más repudiable de la Creación.
Sin pensarlo, tomó la pistola. Y evocando cada célula de su cuerpo a un disparo certero, apuntó a su cabeza.
Al escuchar el estallido de la pistola, Jason se volteó. No estaba sorprendido, pero si furioso.
Hizo un ademán hacia el frente con su mano, como si arrojase un cuchillo.
La cazadora cerró los ojos, esperando sentir el filo en garganta. Pero en su lugar, sólo llegó hasta frente de ella un pequeño casquillo.
Dije que se acabó.
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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Dom Mar 06, 2016 4:21 am

Su cuerpo tembló por completo, en un álgido frenesí de dolor y cólera.
Desde el suelo, vio la espalda del Cazador alejarse cada vez más de ella. La daga resplandecía en su mano, como si la cubriese un halo celestial.
¿Me importa una mierda lo que digas! ¡No hemos terminado!
Y ese ángel guerrero se marchaba lentamente, altanero, omnipotente, indemne a sus palabras. Jason la observó por encima del hombro, ese sol congelado que resguardaban sus orbes se posaron en su persona. Y no había compasión en ellos, ni un mínimo interés. Desde lo alto de su trono de oro, la miraba como si fuese una simple cucaracha.
Los espasmos agónicos en su abdomen la marearon y sintió el líquido cálido fluyendo impasible por su garganta. La sangre escapó como torrente, empapando su mentón y creando un charco a su alrededor.
Sin sorpresa, supo que tenía una hemorragia interna.
Escuchó los pasos que se distanciaban y tosió más sangre.
Cerró los ojos unos segundos, y recordó todas sus penurias. Los placeres abandonados, la sangre derramada, los huesos rotos. Cada momento que estuvo al borde del limbo entre la vida y la muerte. Los sentimientos oprimidos, las personas que dejó atrás.
Un rostro danzó bajo sus párpados como un espectro. Hermoso y terrible. Recordándole sin piedad el peor sacrificio que había hecho.
Y entonces dejó de sentir dolor.
El odio y la ira lo cubrían todo, se apoderaban de cada nervio, movían sus músculos obligándola a incorporarse; a correr hacia Jason.
A una velocidad que sólo los ángeles podían lograr, se abalanzó hacia él. El cazador ya había reaccionado, estando frente a ella deteniendo su puño. Pero Keira se le adelantó, y con el brazo herido impactó en su pecho, cortándole el aire.
Jason aflojó su agarre, ínfima de segundos. Y ella arremetió a su rodilla, pateándola con crueldad. La preciada daga cayó en un agudo tintineo.
El Cazador se desplomó en suelo, pero se hizo con la muñeca ajena tirándola consigo. Keira cayó sobre el pecho del pelinegro, y éste la atrapó, sus brazos formaron una prisión. Los cabellos rosas hicieron cosquillas en su cuello y gotas de sangre ajena cayeron por las mejillas del cazador, como si fueran sus propias lágrimas.
Él giró y al segundo estaba sobre Keira, sosteniéndole las muñecas con tanta fuerza que habría quebrado a un humano normal.
Pero la Evansglow lejos estaba de eso. Aún con su cuerpo desangrándose por dentro, sin armas y apresada; aún teniendo todas las de perder, ella seguía observándolo, las chispas del fuego efímero de sus escarlatas mostrando su fuerza.
¡Ya para de una vez! Hemos acabado con esto.
Tú…te das el lujo de hablar de mí y no tienes ni la más remota idea de todo lo que he pasado, de cuántos sacrificios he hecho. Y aún Tiamat sigue viva, caminando a sus anchas, haciendo lo que se le da la gana— su voz que carecía de la firmeza habitual, se quebró en un sonido agudo y trémulo. Jason podía percibir el veneno y la desesperación en cada palabra. Allí no existía más que un total y absoluto odio—. Si no lo logro, significaría que ella murió en vano, que yo la maté por nada. Y seguiré perdiendo gente, más y más. ¡Y no puedo aceptarlo!
Keira estaba fuera de sí, no medía sus palabras, no dejaba de temblar de toda la rabia, dolor y frustración acumulada por años. Todo en ella era una llama, incandescente y exaltada, que a ese paso se consumiría a sí misma, convirtiéndose en cenizas.
Con fuerza desmedida, la cazadora se deshizo del agarre de un tirón.
Todo ocurrió en milésima de segundos. Liberada tomó la daga y sin siquiera percibir el ardor, la clavó en el abdomen de Jason.
Estoy cansada de fracasar.
La sangre cubrió  el filo plateado, y está siguió como un río por su mano, que aún sostenía el mango con firmeza.
El intenso aroma a carne quemada impregnó sus sentidos; pero eso a Keira no le importaba.
Al fin tenía la daga.
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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Sáb Nov 19, 2016 2:05 pm

Jason volvió en sí.
Como si hubiera despertado tras meses de largo letargo, sus ojos perdieron el brillo innatural color azure. Observaba a Keira perplejo. Lentamente, como si fuera incapaz de asimilar situación, bajó la mirada hacia el puñal.
Había atravesado el kevlar como si se tratara de papel.
Como si los efectos milagrosos de un analgésico fuera de este mundo se disiparan, su cuerpo comenzó a hacer sonar alarmas de peligro en un coro agónico. Su muslo derecho ardía. Su mejilla estaba entumecida con un cosquilleo de dolor.
Sin embargo, nada de eso importaba.
Punta de diamante —Murmuró Jason, con una sonrisa.
Esa arma podría haber atravesado cualquier armadura, siempre que el usuario estuviese a la altura. Esa arma no estaba entre las que Jason había contado para la batalla.
Keira no respondía, únicamente presionaba sus dientes, tratando de mantenerse en pie lo suficiente como para que el Herondale cayese.
Jason tuvo apenas segundos para comprenderlo.

"Uso la Daga para matarme"

En el momento que él se volteó. Cuando bajó la guardia. Ella lo había pensado todo en aquellos escasos instantes.
Jason la observó directamente a sus ojos, a ese caos carmesi, en busca de una respuesta. Pero sólo veía en ellos la misma expresión que había observado unos instantes antes; cuando él la había doblegado.
Miedo. Pero ya no era hacia él, no temía la furia de Jason. Era algo más.
Entonces —Declaró finalmente, tomando entre sus manos la de Keira— Termina el golpe.
La hoja sólo se encontraba a medio camino a través de su cuerpo. Jason conocía su cuerpo y las sensaciones de dolor con la familiaridad que un brujo conoce sus hechizos.
No había atravesado más que las más superficiales capas musculares.
Hazlo. Ganaste —Le expresó con calma, sin rasgo de altanería. Había una nota de decepción, y de un dolor más allá del físico en su voz.
Keira pareció titubear nuevamente. Soltó un leve quejido de enojo ante el reconocimiento. Sin embargo, el puñal continuó sin enterrarse más.
Ya no tengo más energía para luchar. Reclama tu victoria y vete antes de que Kol llegue y acabe contigo por matarme—Le incitó Jason, presionando su mano entre las suyas hasta sus yemas se tornaron blancas— ¡Termina de una vez Keira!
Y entonces, tiró de la hoja hacia él.
Como si de repente la Cazadora cayese en cuenta de lo que estaba haciendo, comenzó a halar el arma hacia afuera.
¡No! —Le espetó— ¡No ha terminado! ¡Pelea, Herondale!
La mirada de decisión regresó a sus ojos. Irónicamente, esta vez estaba luchando para no terminar con la batalla. Tan sólo unos cinco centímetros más, tan sólo eso era necesario para perforar las viseras de Jason y desangrarlo.
Ella entendía que él ya se encontraba en su límite. Ambos lo estaban. Sus capacidades regenerativas habían colapsado tras la noche anterior y ese combate.
Si completaba el golpe, Jason...
¡Mátame y luego mata a Tiamat! Eso es lo que querías, ¡¿no es así?! ¡Hazlo! —Jason le reprochó con la misma voz que había usado minutos antes, para declararse vencedor—. ¡Tienes la Daga! ¡Tienes la Maldición! ¡Puedes lograr lo que sea, Keira! ¡Hazlo!
Keira lanzó una patada al muslo herido de Jason. Este sintió una nueva oleada de dolor correr por su cuerpo, y sus energías de reserva finalmente cedieron.
La Cazadora logró liberarse con el sonido de la carne siendo cortada.
¡NO! —Repitió en un grito, y arrojó el arma a un lado.
El tintineo metálico y la sangre de Jason marcaron el lugar del impacto. Keira observó sus manos, la carne viva expuesta por las quemaduras dadas a los viles ladrones.
Jason se alzó de inmediato, pero un mareo lo obligó a volver a arrodillarse. Su cabeza le ardía como mil demonios. Llevando su mano a sien en dolor, la observó colérico detrás de los cabellos sudados y pegados a su rostro.
¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ AHORA...?!
¡NO PUEDO VENCERLA! —Vociferó la Cazadora en un desgarrador alarido.
Jason calló de inmediato, cambiando su expresión a una honesta sorpresa.
¡No puedo...! ¡No puedo! —Gritó Keira, apretando los puños, enterrando las uñas en la carne chamuscada. Temblaba, todo su cuerpo temblaba.
Parecía una supernova a punto de estallar. Una represa a punto de ceder, tras siglos de mantener a raya oleadas de aguas infernales, tras siglos de resguardar miles de cadáveres de Cazadores caídos.
Esos cuerpos vociferaban a la represa que querían pasar, que querían demostrar su existencia.  "Sí, Keira. Nosotros también quisimos lo que tú. Y míranos ahora", vociferaban en risas. "Vamos, cede y únetenos a nosotros; los ingenuos soñadores".
Finalmente, las paredes cedieron. Y Keira, derrumbándose sobre sus rodillas, dejó ver aquella alma lastimada que una vez más, se encontraba con la cruda y carmesí realidad.
¡No puedo matarla! ¡Todo..., todo lo que soy es por ella! —Keira golpeó con su puño el suelo— ¡Toda esta carne maldita está plagada de ella! ¡No puedo deshacerme de la maldición! ¡No puedo luchar si no es por la puta ayuda de esta maldita marca!
Jason no dijo nada. Se limitó a tratar de mantenerse consciente. Algo andaba mal. Terriblemente mal. Sin embargo, debía escuchar aquello. Si no lo hacía, todo habría sido para nada.
Sólo... sólo gané porque bajaste la guardia. Si tú... —Keira sollozaba en una mezcla de amarga furia e inconsolable tristeza— Si tú puedes... ver los movimientos de la Marca... Ella... Ella puede...
Jason palpó su abdomen. Su palma se manchó de sangre fresca, y las gotas cayeron al suelo.
Keira alzó la mirada, buscando ver tras las lágrimas. Y el miedo de la realización la golpeó de inmediato.
"Al parecer, ese último movimiento inclinó la Daga..."
Había cercenado su artería abdominal. Se estaba desangrando.
Creo... que no pude ver todos —Dijo Jason, con una sonrisa auténtica.
La visión se tornó negra. Y su cuerpo se volvió frío.
Creyó escuchar a Keira trastabillar hacia él y llamarlo por su nombre. Pero eso no podía ser posible.
Para ella, era Herondale.



Jason vertió el whisky en su vaso. Deshizo el nudo de la corbata, y se recostó sobre la silla. Afuera, la lluvia caía ferozmente sobre los cristales de la Sala de Despacho.
Llevó el vaso bajo su nariz, e hizo una mueca de disgusto. Su padre siempre había tenido un mal gusto para el alcohol. No hubiera bebido esa porquería ni por encima de agua podrida.
Estúpido viejo —Murmuró para sí, y dio un trago.
Un relámpago centelló en el exterior.
Había pasado mucho tiempo desde que se encontraba allí. Desde que era un niño, de hecho. El patriarca de su familia no gustaba de tenerlo allí. Decía que Jason no entendía la importancia de su trabajo.
Montón de charlatanería. Una vida de un hombre excepcional, un guerrero de la luz, reducida a un montón de archivos y tinta negra.
Jason reposó el vaso en el escritorio, y dirigió lentamente la mirada por los últimos objetos que su padre había tocado. Un bolígrafo con un hermoso relieve de aves hecho en oro. Unas planillas de entrenamiento. Un sello amatista que estaba seco por el desuso.
Golpeó el vaso con repulsión ante esa vida, y derramó el contenido sobre una forma 22-19-Aquiencarajoleimporta dirigida al Señor Pelmazo.
Jason sintió que sus mejillas ardía, pero sus ojos no se humedecieron.
Los Cazadores jamás lloraban en los funerales. Ni aun en privado. El paso a la inmortalidad tras caer en la lucha era un motivo de glorificación, no de martirio.
La puerta se abrió, y el intruso pudo ver la figura del primogénito vestida en negro. Se congeló observándolo por unos instantes, hasta que Jason se digno a alzar la mirada.
Entonces, el sujetó entró. Se quitó su abrigo y lo dejó sobre el respaldo de la silla del lado opuesto al de Jason. Se sentó y contempló la pila de papeles mojados de escocés.
Volvió a alzar el vaso, y vertió en él nuevo líquido. Luego, tomó otro y procedió a hacer lo mismo. Dejó el primero frente a Jason, y el segundo lo llevó a sus labios.
Al igual que lo hubiese hecho el muchacho, hizo una mueca, y lo bebió con cierto desagrado.
Pasaron así un largo rato, cerca de una hora. La lluvia no cesaba su azote, y los relámpagos hacían resplandecer el oscuro cielo.
Tu padre nunca fue un fanático del buen alcohol —Dijo finalmente.
Jason dio un resoplido y tomó su vaso.
Mi padre nunca fue fanático de nada que no fueran sus papeles—Corrigió, dando un sorbo.
El hombre soltó una leve risa y procedió a sacar un estuche de su bolsillo. Extrajo un abano y procedió a la ceremonia de cortarlo y encenderlo.
Tras dar una bocanada, ofreció uno a Jason, quien lo rechazo con un gesto.
Eso no es verdad. A tu viejo solía apasionarse por una buena cacería. No por nada se lo conoció como Cancerbero.
Esta vez, fue Jason quien rió irónicamente.
¿Por qué? ¿Por qué sólo se dedicaba a dormir detrás de su escritorio, como un sabueso viejo?
El intruso dio una nueva bocanada, y enserió su expresión.
Porque él era quien aterraba tanto a los demonios, como para que estos no quisieran salir del infierno.
Nuevamente, una larga pausa. Media hora quizá. Cuando dos abanos se hallaron liquidados sobre el cenicero, el hombre volvió a hablar.
Era bastante parecido a ti, de hecho. Habilidoso, capaz de logra cualquier cosa... Grosero y maleducado.
Jason ni siquiera cambió su expresión. Dejo resbalar aquella sensible comparación como una gota de lluvia.
Eso explica porque siempre fuiste el favorito de la abuela.
Ambos rieron secamente. Esta vez, Jason llenó los vasos.
Me recordaste mucho a él, cuando te vi detrás de ese escritorio. Tenía apenas unos años más que tú la primera vez que se sentó allí. Después de que nuestro padre... —Un leve dejo de melancolía pareció surcar los ojos verde esmeralda. Esas lágrimas contenidas con tanta insistencia, que jamás habían sido derramadas— Tienen más en común de lo que crees, Jason.
El Herondale esquivó la mirada de su tío. Buscó enfocarse en la ceniza cayendo del abano.
Sabes que lo que digo es cierto. Muy en el fondo, sabes cuán buen hombre fue tu padre. Y sabes lo que él hizo por el Círculo. Por todos nosotros, por...
¡Basta, Stephen! —Exclamó Jason, alzándose de su silla.
Tomó el abrigo en un rudo ademán y se dirigió a la puerta.
Vine a su despacho para recordarlo, no para hablar de políticas de porquería —Exclamó en voz serena y firme, jalando de la perilla.
Jason —Lo llamó Stephen— Este ya no es su despacho.
El Cazador se apresuró a salir, dando un portazo. Sin embargo, sólo la ceniza del cigarro cedió.
Es tuyo.




Jason abrió los ojos de repente y se sentó agitado.
Miró a su alrededor, cubierto de sudor. Estaba en su habitación. No, no lo estaba. Aquella era diferente. Había ropas y balas tiradas por todos lados. Todas las alertas se encendieron en él.
Debía salir de allí.
Intentó incorporarse, pero una puntada en su estómago lo hizo caer. Examinó su cuerpo y pudo ver un vendaje alrededor de su abdomen. Pudo ver su pecho cubierto de moretones, y unos cables saliendo de su brazo.
Basta, deja de moverte —Le espetó una voz femenina.
Jason alzó la mirada aun cegada por la luz del día.
¿Qué...? ¿Qué pasó? ¿Dónde...?
No tengo ganas de jugar al doctor. Acuéstate y no molestes.
Jason buscó el origen de la voz, y pudo ver una cabellera rosada a unos pocos metros, cayendo en cascada bajo la luz del sol.
La imagen que había visto la noche de la Batalla del Rin volvió a él. Los mismos cabellos magenta cayendo sobre prendas blancas. Sin embargo, aquella vez había sido un uniforme ceremonial de cacería.
Esta vez, era un simple vestido.
Keira —Dijo sin darse cuenta.
La joven se volteó hacia él. Tenía un moretón en su mejilla, y un parche sobre su ceja. Al ver aquellos rastros, recordó en simultáneo la patada y el puñetazo que le había propinado durante el duelo.
Recordaba fragmentos, muy escasos, pero los suficientes para entender la situación. Él debía estar muerto. Su artería había sido...
Regresó la mirada a su abdomen.
¿Detuviste la hemorragia? ¿Cómo...?
Dije que te calles si sólo vas a preguntar idioteces —Dijo, caminando hacia él con una jeringa en su mano— Los Evansglow somos soldados, imbécil. Podemos ocuparnos de un rasguño.
Jason estaba bastante seguro que una artería cercenada se alejaba bastante a un "rasguño". Quizá sólo la había cortado parcialmente. Sin embargo, ¿no debería ser un poco más amable, siendo que casi lo había matado?
Pero... la sangre... —Empezó a decir Jason.
Entonces notó que Keira estaba un par de tonos más pálida de lo usual. Y vio una venda alrededor de su antebrazo.
¿Tú me diste tu...?
Que te calles. Por Miguel. Dormido eras más tolerable —Volvió a ordenar, inyectando el medicamento por el catéter.
Jason sintió que los dolores cedían mientras el líquido vitalizante comenzaba a surcar sus venas. Vio hacia el techo, y en una esquina de su visión, una bolsa con la sangre de Keira, que lentamente lo devolvía a la vida.
Hizo el rostro a un lado, y vio la Daga de los Herondale sobre la mesa. Una sonrisa se dibujó en su rostro.
Sí querías... Verme desnudo... Sólo debías... —Jason acalló su voz como la de un niño, y volvió a desfallecer en un sueño.
Keira soltó un resoplido, y cuando estuvo segura de que él ya no la podía ver, sonrió levemente.
Así está mejor.
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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Keira B. Evansglow el Lun Nov 28, 2016 3:25 am

Tiamat, primigenia y caótica, la había creado. Desde siglos, condenó a generaciones a la esclavitud. Keira no era la excepción, pero en ella había algo más, y es que la diosa la había moldeado con barro a través de sus pistas en ese macabro juego de muerte. Podía escuchar a Tiamat, su risa cruel y cantarina, recordándole que constantemente danzaría los mismos pasos, atrapada en hilos y tuercas de oro: su bailarina personal, destinada a complacer por siempre los placeres de su dueña.
La manchó, la plagó de su ser caótico que busca la destrucción total, la vuelta al punto de no retorno. Así, la cazadora era una sirviente del caos por excelencia, capaz de matar a todo aquel que se cruzase en su camino, pero incapaz de salvar a nadie. Tiamat había logrado el uroboros perfecto, porque Keira sabía destruir, pero no salvar. Y por ende, jamás podría matarla a ella, diosa y creadora del caos.
Jamás lograría salvarse.
La danza con el caos repetía de nuevo su pieza privilegiada, aquella canción que tanto horror despertaba en la Evansglow. La misma mirada desencajada, idéntica palidez moribunda, exactas palabras rogando la muerte. El fantasma de su pecado regresaba a la vida, y reclamaba tirano la vuelta de ese terrible crimen.
Keira liberó la daga de la carne, gritando con furia. Todo su cuerpo temblaba y quemaba como si lava corriera por sus venas. La sangre fluía, los músculos ardían y los órganos fallaban. Estaba al borde del colapso, tanto físico como anímico, y es que un pensamiento simple y crudo acechaba dentro de su mente, cuán monstruo voraz. Se había gestado hacía tiempo, pero roía de a poco. El enfrentamiento con Jason lo había avivado y ahora se imponía, bramando impasible, derribando todas las barreras y recordándole aquello que tanto se esforzaba en negar.
No podía vencer a Tiamat, no como seguidora del caos.
Así como Herondale había encontrado el patrón y la había enfrentado, Tiamat, encarnación del caos, creadora de sus reglas la subyugaría en segundos. Nadie es capaz de vencerla en su mismo juego, en sus tierras por excelencia.  Pero Keira, condenada a la gracia divina y maldita de la diosa, no conocía otro juego.
Desplomada ya en el suelo, explotando en cólera y amargura, sólo logró repudiar al destino, aquel que la condenaba al fracaso. Incapaz de ver más allá, tardó con su visión cristalina atisbar al contrario.
Y vio la expresión de la muerte en su rostro.
La canción de Tánatos estaba en su punto cúlmine. No, no, esa no era la calma de Tánatos, aquel toque frío y cruel sólo podía ser de su hermana Keres, violenta y feroz.
¡JASON! ─Keira corrió hacia él, al tiempo que éste se desplomaba al suelo. El malestar había desaparecido, producto de una nueva inyección de adrenalina.  Observó la herida, por lo profuso del corte y al tratarse de una arteria, tardaría unos quince minutos aproximadamente en morir desangrado. Ya habían pasado mínimo tres, pero confiaba que soportaría más, considerando la regeneración rápida de los cazadores y valiéndose del shock hipovolémico que haría que su corazón bombease más lento.
Al verlo en ese deplorable estado, en su pensamiento, una idea surgió repentina: “Sálvalo”. Inmediatamente, un brillo platinado captó su mirada y su atención se centró unos segundos en la daga. La misma que causaría la pronta muerte del Herondale, y sería capaz de hacer lo mismo con Tiamat: la daga no discriminaba al momento de perforar la carne. Estaba a punto de quedar huérfana y la cazadora podría finalmente hacerse con su inmenso poder sobrenatural.
Ella no podía vencer a Tiamat…aún. Pero no había duda que la daga la acercaba a cumplir su cometido.
Imaginaba a Tiamat, en lo alto de su trono de oro, relamiéndose los labios victoriosa observando esa escena. Ella había infectado a la muchacha de su ser, sabía cuál sería el final de la película, la conocía mejor que nadie y por eso podía vencerla.
La cazadora maldijo a Tiamat, a Herondale y a sí misma, tratando de incorporar el cuerpo inconsciente del cazador.
No iba a permitir que esa pieza favorita del caos fuera el leitmotiv de su vida.
Ya no iba a bailar esa misma canción de nuevo.


Corrió por los solitarios pasillos, la habitación más cercana a la sala de entrenamientos era la de Jason, la primera a la izquierda de una hilera de diez. Tratando de mantener el equilibrio con el cuerpo de Herondale encima de ella, giró el pomo con la mano herida pero la puerta permaneció cerrada, tan impenetrable como antes. Parecía bloqueada desde adentro.
¡Maldita casa, deja tus juegos de mierda y abre la puerta! ¡Tu dueño está muriéndose! ─exclamó a los aires, mirando el techo como si éste fuera culpable de todo. Pateó varias veces la puerta, con tanta fuerza que podría derribarla, pero ésta continuaba indemne, sin ninguna marca. Bufando molesta decidió ir a su cuarto, al final del pasillo ─. Si sirves para algo, necesito equipo de hemoterapia, además del material básico hospitalario.
Suspiró con alivio al poder abrir la puerta y encontrar todo lo que había pedido.

Jason despertó por segunda vez, sintiendo el cosquilleo de cabellos rozando sus mejillas. Parpadeó tratando de adaptarse a la luminosidad que inundaba el cuarto. Unas manos cubierta de vendas rozaban su pecho desnudo y antes de que pudiera emitir palabra, estas se alejaron con un artefacto brillante entre sus dedos.
Despertaste tres horas antes de lo esperado ─miró el termómetro, dejándolo sobre la mesita de luz ─ Y tu temperatura está bajando, apenas cuentas con un poco de fiebre. Tienes una recuperación rápida, no me sorprende, con lo idiota que eres y los golpes que te has dado, sólo así habrías podido sobrevivir. ─Suavizando el tono de voz, agregó ─: ¿Cómo te sientes?
Le dio la espalda, caminando por la habitación hacia el neceser, retirado en una esquina para dar lugar al mapa de Estados Unidos que relataba gran parte de su travesía. Inmediatamente, Jason observó una mancha marrón volando a gran velocidad hacia él. Reaccionando instintivamente, logró atraparla con ambas manos, reconociendo el logo del 7-Eleven en el centro. Contempló su interior, había una botella de Gatorade y un sándwich envuelto en plástico.
Tus reflejos están bien, es buena señal ─ lanzó una carpeta delgada, de color amarillo que Jason también atrapó ─. Diana Adeline Evansglow, fecha de nacimiento el 19 de Febrero de 1996. Identificación de Cazador: CPD56491. Especialización en demonios, fallecida durante expedición clase A en Aberdeen, Escocia, el 24 de Abril de 2016 ─se giró hacia Jason, sentándose en un borde de la cama a su lado ─ Tu padre tenía fama de contar siempre con una copia de los archivos, apenas revisé su despacho y encontré esta carpeta de cazador. Está bastante completa, cuenta con un índice de las misiones más importantes realizadas, número de asesinatos, hasta tiene un analítico de su educación ─ esbozó una sonrisa amarga, la vista fija en la pequeña fotografía 4x4 de la primera página ─. Por supuesto, no dice que fue la mejor cazadora Evansglow de su generación, como tampoco que fue huérfana a la edad de tres años, siendo criada por su tío, Amos Evansglow, mi padre. No explica que vivió toda la vida conmigo y mis hermanos, que nos amaba como nosotros a ella amábamos, ni que había prometido también asesinar a Tiamat. Tampoco relata cómo cazábamos juntas y que me había propuesto ser su parabatai, hecho que rechacé, porque estaba segura que yo moriría antes que ella y no quería cargarla con el dolor de perder a tu otra mitad. Y principalmente, no dicen que esa misión de clase A, que consistía en buscar a una Kanima, terminó en una manada especial de Tiamat, quien al reconocerme habían alertado a la diosa: sabían que deseaba verme morir en persona. Como allí dice, esa misión terminó con la muerte de Diana, pero falta agregar que fue asesinada por mí a pedido de ella. Sus heridas eran demasiado graves para que pudiera escapar y yo no era capaz de salvarnos a ambas. Un tiro al corazón, sólo es efectivo contra un Evansglow si es otro Evansglow el que dispara, la suerte de ambos se contrarresta, ¿sabes? . Y la muerte es más digna para un cazador, que ser capturado por un demonio o sus siervos…Disparé, le di la espalda sin siquiera animarme a verla y escapé.
Frunciendo los labios, negó con la cabeza y bajó la vista al suelo. Sus cabellos cubrieron sus orbes y sólo podían distinguirse sus labios finos moviéndose al hablar.
Su mente divagó unos segundos por las revoltosas aguas del río Rin, sobre ellas el cielo se extendía en una rapsodia de colores, intensos y brillantes, mezclándose entre sí cuán amantes en el lecho. Debajo, ese atractivo espectáculo se reproducía y el imponente navío del Temple parecía atravesar sobre hierro fundido y chispeante. Amos Evansglow dio unos pasos delante y llevó ambas manos a su espada, cuya punta clavó sobre el suelo. Detrás de él, una recta fila de cazadores, ataviados de níveos y llamativos trajes, le imitaron. Era un grupo por demás exótico, con cuerpos altos y macizos, a excepción de uno mucho más pequeño que contrarrestaba con la perfecta simetría. Los rayos de Apolo acariciaban sus cabellos que variaban en distintos tonos de magenta y carmesí, pareciendo guerreros caídos de ese cielo furioso y en llamas.
Recuerdo el encuentro con mi padre después de mi crimen, su mirada…simplemente era intolerable. Abandoné Escocia y temo volver, aún no soy capaz de verlo y dudo que algún día lo sea. La última vez que me encontré con él fue durante la Tragedia en el Rin, el Temple exigía a los mejores Evansglow allí y no había manera de rechazar esa orden.─ Lanzó una risa sórdida y fría, carente de toda alegría─Lo evité, ¿sabes? Estuve en todo momento buscando el lugar más lejos de él.
Suspiró con cansancio como si exhalara el peso del mundo en este.  Se arrimó hacia Jason, su mirada que albergaba la chispa efímera del fuego infernal buscó ese mar tormentoso que tan bien lo definía. Acarició con suavidad sus pómulos y descendió por su cuello hasta su pecho, sintiendo los latidos del cazador.
Necesito que la muerte de Diana no sea en vano. Necesito salvar a mis hermanos. Aunque tenga la daga, no podré matarla si no logro contrarrestar la maldición─. Presionó su mano, sus dedos se clavaron ligeramente en la piel ajena─. Y no sé cómo hacer eso, no puedo ver más allá del caos como tú lo haces…yo… puedo darte a Joyosa a cambio, estaré en deuda contigo si…¡te daré lo que quieras, lo juro por el Ángel! Por favor, Jason, ayúdame.
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Re: Crimson Chaos | Priv. Keira

Mensaje por Jason "Ace" Herondale el Vie Dic 23, 2016 12:34 am

Los labios de Keira se veían bajo la luz diurna como pétalos de rosas reflejados en un espejo de plata. Podía notar las leves olas del mar rosáceo que caía sobre la blanquecina piel que parecía haber sido hecha por sereno marfil. Las ondulaciones de su cuerpo eran las de un lirio blanco.
Jason encontraba un delicioso dolor en contemplarla de esa forma, tan cercana y detalladamente, por primera vez en meses. La visión de una Keira amable y vulnerable, el fulgor carmesí en sus intensos ojos, lograba desvanecer aquel fatigoso peregrinar de pesadillas que conllevaba recordar la fatídica noche que el Círculo fue recordado de su mortalidad.
Tomó la mano de Keira dentro de la suya.
No debes darme nada. —Pronunció con suavidad, retirando su mano de su pecho.
Jason tomó la bebida en su mano, y bebió con cuidado. No había expresión alguna en sus ojos, como si su mente estuviese en aquel momento en un lugar muy lejano e inalcanzable.
Keira se sintió repentinamente incómoda de estar cerca de un Jason tan silencioso y quieto. Intentó levantarse e irse, mas su curiosidad la mantenía anclada a esa cama.
¿Por qué haces esto? —Preguntó en fin.
Él posó lánguidamente sus ojos sobre ella, como si le fuese dificultoso mirarla directamente.
Porque eres la razón por la que estoy vivo.
Jason sonrió genuinamente, como jamás lo había hecho.
Ese día —Explico Jason— Se suponía..., se suponía que debía morir. Planeaban matarme a mi, a Steven y a... a mi padre —Tragó saliva, mordiendo sus labios para sofocar esas lágrimas jamás derramadas— Tenían mi posición. No sabemos como. Kol sospecha que habían estado observando nuestros hábitos y movimientos durante horas antes de la emboscada.
Jason temblaba. Buscó posar sus manos sobre la cama para disimularlo.
En el momento que sucedió, yo estaba camino a ver a tu padre. Fallaron por apenas un par de metros. El demonio que estaba encargado de asesinarme llevaba una lanza de tartadio. Me habría atravesado con ella si no me hubiera desviado a último momento...
Ambos se tensaron ante el sonido de la perilla girando. Instintivamente, Keira se alzó de la cama. Jason, tras vacilar un instante, suspiro.
Es Kol —Declaró con alivio— Y por lo visto, tiene noticias.
¿Cómo lo puedes saber? —Preguntó Keira, escéptica.
Sólo lo sé —Respondió simplemente— Estaré como nuevo hoy al atardecer, vé a a Sala de Entrenamiento. Y veremos como solucionar el problema de ese pequeño tatuaje —Dijo Jason, abriendo el envoltorio del sandwich— Ahora, deja que los muchachos tengan una charla de hombres, ¿quieres?
Keira cambió rápidamente su expresión a una de enojo.
Termina lo que ibas a decir primero.
Jason dio una mordida, mostrando cierto desagrado. Entonces, desvió la mirada a un lado.
¿Qué hay, amigo? Baja la escopeta, no pasa nada malo aquí.
La Cazadora, sorprendida por un momento, volteó hacia la puerta. Sólo para encontrarse con los cañones dobles de una escopeta.
Baja el arma, Graymark. Sabes tan bien como yo que nunca me darías
Vi sangre abajo. Sangre, de mi compañero. Y creeme, a esta distancia, no fallaría ni a una mosca —Musitó Kol, con una expresión gélida. El sonido del seguro deshaciéndose cortó el aire— ¿Qué se supone que pasó aquí?
Sólo fue un entrenamiento que salió mal. Estaba mostrándole a Keira lo débil que era en comparación a la élite, es decir, nosotros. Como toda mal perdedora, atacó por la espalda —Explicó Jason sin prestar mucha preocupación, comiendo sin ganas—. Lo compensó con comida. Estamos en paz.
Keira miró fijamente al Graymark. Sintió un repentino temor por el tranquilo y callado Cazador. No lo había escuchado entrar, ni siquiera había sido capaz de percibir su presencia hasta que ya estaba a rango de dispararle. Por supuesto, probablemente se hubiera salvado. Ya que la Marca...
Hoy al atardecer. No faltes —Anunció Jason con una sonrisa.
La muchacha lo miró de reojo. Y repentinamente, una sensación completamente nueva y desagradable la invadió. En un mismo día, había sido superada por ambos. Ambos habrían podido acabar con ella de haberlo querido. Mientras esa idea terminaba de esparserse en su cabeza, descubrió que hacia meses que podrían haberlo hecho.
Durante todo ese tiempo que ella había estado mandoneando al dúo, exigiendo tratos especiales y arrastrándolos de un lado al otro. No lo habían hecho por miedo.
Eran Cazadores excepcionales. Y ella, en cambio... ¿Cuál era su verdadero potencial?
Keira apretó el puño, bajando la mirada. ¿Dónde terminaba la Marca de Tiamat y dónde empezaba ella? ¿En verdad era tan insignificante?
A las ocho estará bien. Ahora, fuera —La voz de Jason resonó a su lado— Necesitamos descansar. Kol está herido.
El Graymark pareció chasquear la lengua hacia Jason en reprobación. Entonces Keira lo notó. Su camisa estaba ensangrentada. Tenía un enorme moretón sobre la mejilla, y unas visibles bolsas rodeaban los ojos dorados. Las secuelas de la misión de la noche pasada habían alcanzado a todos, inclusive a los Cazadores del Temple que los habían asistido.
En la cabeza de la Evansglow transitaron las imágenes de los cuerpos cubiertos por mantas blancas con cruces rojas. Los Lightwood en trajes que recogían a los heridos. La sangre mezclada con icor demoníaco. Y sin embargo, ella estaba apenas intacta. Sólo unos cuantos rasguños en los nudillos, y una dolencia ocasional producto del duelo con Jason.
Sintió repulsión hacia su propia fortaleza. Debería estar herida. Debería estar tirada en su cama, sin poder levantarse y con un par de huesos rotos. Pero mientras esa insignia magenta estuviese en su muñeca...
Keira se volteó hacia Jason. Y luego, empujó a Kol para salir de la habitación. Le tomaría un rato darse cuenta que, en realidad, no tenía otro lugar al que ir. Un Herondale hambriento había usurpado el diminuto lugar que era suyo en esa casa.
Tras un rato, el rubio se relajó, tomando su cuello en un intento de aliviar los dolores corporales.
¿Qué te pasó a ti? —Preguntó Jason, arrojando el sandwich a un lado.
Me encontré con uno —Mencionó Kol, levantando una mochila que llevaba en su espalda. Del interior, extrajo un vaso con una mezcla de frutas y verduras.
Lo arrojó a Jason, que de inmediato comenzó a comer con avidez.
¿Un demonio?
No —Contestó el Graymark, cerrando la puerta a sus espaldas— Un Caballero.
Jason se congeló en su lugar. Luego, comenzó a reir con ganas.
Este retiro se vuelva cada vez más interesante.
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Jason "Ace" Herondale

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