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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Wayward Son y su historia es una creación original del Staff, fuertemente influenciada por series y novelas de género sobrenatural, destacando la saga The Mortal Instruments de Cassandra Clare, y las series de televisión Supernatural de Erick Kripke, y The Vampire Diaries y The Originals de Julie Plec. Las imágenes utilizadas han sido tomadas de portales como Devianart, Zerochan, Pixiv y We❤It, y pertenecen a sus respectivos autores. Agradecimientos a Rose de Glintz por el elegante trabajo de su skin y su asistencia, a Veeneli por sus códigos y tablillas tan atractivas, así como a Mizuki por su bello tablón de anuncios.
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El Lobo Perdido [Expediente Seth Regard]

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El Lobo Perdido [Expediente Seth Regard]

Mensaje por Seth Regnard el Dom Ene 24, 2016 10:14 pm

Seth Regnard




• Seth Regnard
• 20 años
• Desatado
• Masculino
• Heterosexual
• Americano

DESCRIPCIÓN FÍSICA


Seth es un hombre joven, de aspecto atractivo pero con un aire solitario y de rechazo que casi siempre le envuelve. Sus facciones son afiladas y levemente amenazantes por naturaleza, en especial sus ojos que resultan un poco intimidantes para las personas que recién conoce o no se preocupan en descubrir más de su personalidad. Posee dos características de lo más recalcables que constan primero en su cabello blanco como la nieve, perfectamente albino, lo cual lo acompaña como remate con un curioso caso de heterocromía, en donde uno de sus ojos es de un tono blanco perlado, mientras el otro es de color violáceo pálido, lo que hace parecer que ambos ojos son algún tipo de piedras preciosas.

El cuerpo de Seth es en apariencia delgado, pero bajo su ropa se esconde un cuerpo atlético y marcado lo justo, muestra del ejercicio constante que hace producto de su estilo de vida activa. Su piel es blanca, recalcando la albines de su cabello, con un tatuaje en forma de Trisque en su espalda, entre sus omoplatos, y algunas cuantas cicatrices en forma de líneas blancas que recorren su piel. Normalmente el chico viste con ropas cómodas y callejeras, siendo casi imposible que puedan verlo con ropa formal, al preferir el poder ir con comodidad y soltura.

Lo que si tiende a usar son guantas que dejen libres sus dedos, similares a los de motociclistas, además de botas y pulseras metálicas, siendo para el algo así como un constante en su ropa. Es de ir de acuerdo a las estaciones en cuanto a vestuario, usando ropa más ligera y fresca en verano y abrigada en invierno, usando normalmente chaquetas o chalecos por sus bolsillos y comodidad.



PERSONALIDAD



El joven hombre lobo resulta una de las personas más elocuentes que uno pudiera conocer. No es normal que se sobresalte o muestre muchas emociones, siendo fácilmente calificable como frio, distante o desinteresado. El nunca trata de forma mal a las personas, pero aun así no da muestras de gran educación o de apego a nadie que no fuera de su clan. Es normalmente callado y perceptivo, siendo que prefiere pararse en un costado de la situación y observar todo directamente en lugar de actuar. Igualmente es un gran oyente, que fácilmente puede escuchar a alguien horas y horas sin quejarse o dejar de prestar atención, siendo esto una muestra de la gran paciencia que posee.

El licántropo un hombre melancólico, que evita mostrarse muy afectuoso con las personas, producto de su pasado. Cuando empieza a sentir confianza hacia alguien, o familiaridad de algún tipo, el mismo busca alejarse por temor a dañar o ser dañado. Aun así, con su manada es una persona segura que busca el bien de los suyos, habiendo entendido con los años en ella la forma de ser de los licántropos, volviéndose uno más y alguien que defendería a sus hermanos hasta la muerte, encontrando en ellos la familia que había perdido, y el apoyo que tanto tiempo le hizo falta.

Igualmente, de poder atravesar aquella barrera de aislamiento que el peliblanco se autoimpone, se descubre que en realidad es un chico responsable, una persona trabajadora y seria con lo que hace. Igualmente alguien de gran confianza, un confidente incluso, prefiriendo morir que traicionar a los suyos.



HISTORIA



¿Qué es lo que llevaba a las personas a romperse? ¿Qué gusto bizarro tenía el destino que le hacía torturar a la gente de tales formas que su moralidad y su paz se veían desechadas para siempre? No existen y tal vez nunca existirán razones o motivos que respondan estas preguntas de forma satisfactoria, solo se puede ser asertivo en una cosa. La vida es injusta. A algunos les trae felicidad, facilidades, comodidad y alegría, otros nacen sin nada, viviendo día a día privado de toda facilidad o alegría, solo tratando de sobrellevar la tortura continua que era su existencia. Pero el destino es juguetón, le gusta cambiar las tornas, le gusta que los malnacidos obtengan alguna esperanza, los guía a un futuro prometedor. Y de igual forma, gusta de arrastrar a aquellos que nacieron de forma cómoda, a los más horribles tormentos o tragedias, de ver como la pureza de su mirada, creada de sus vidas acomodadas, se extinguían en la total desesperanza. Que juguetona y picara puede ser la vida…

Esta historia no comienza de alguna forma especial, no se centra en algún evento de gran impacto, no nace de una familia importante, tampoco de un apellido influyente. En este mundo lleno de magia y fantasía, donde las bestias rondan en forma humana y los demonios gustan de jugar BlackJack, se ha olvidado que no todas las historias nacen de la fantasía y están envueltas de aventura y magia, a veces esta está dormida, en lo más profundo del alma. A veces solo existe en el exterior, latente y despierto, una vida mundana, feliz y tranquila, pero efímera al fin y al cabo, después de todo, hay que recordar que el hoy en día lo irreal es alimento de cada día, y que aquello termina afectando cada alma y existencia, en menor o mayor medida, pero siempre lográndolo.

Este relato, trata sobre la vida de un pequeño, una de aquellas existencias que no sabía nada de la verdad de este mundo, tan ignorante de lo que le rodeaba como cualquier otro de los dichosos seres humanos que en su ignorancia mantenían su felicidad. Aquel pequeño, era un simple niño, hijo de dos padres amorosos, trabajadores y responsables, quienes siempre dieron todo para darle a su retoño, aquellas facilidades de las que ellos habían carecido en su niñez. Como fue dicho, hoy en día olvidamos que la normalidad existe aún, mermada y confinada, pero existente. Aquel niño era un chico común, feliz, que desconocía completamente el poder que en su interior se resguardaba, un poder que ni sus padres, o sus abuelos, conocían, un poder que había quedado olvidado en las memorias de las generaciones pasadas, descartado como una simple leyenda fantasiosa, los delirios de algún antepasado ya senil.

Hablemos de la vida del pequeño un poco más, aquella vida que tuvo antes de hundirse en la agonía. Su padre era un electricista honrado, quien hacia descuentos a sus vecinos en algún trabajo, quien siempre llegaba a tiempo a sus jornadas y laboraba horas extras para ganar dinero y mantener a su familia, lográndolo a duras penas pero de forma honesta. Su madre era una mujer joven y servil, quien trabajaba desde la media tarde hasta la noche en un asilo en el centro de la ciudad en la cual vivían en la época de esta historia, escuchando los quejidos de los ancianos y ayudando en sus dolores y malestares. Ambos eran personas honradas de la sociedad, los vecinos no tenían queja alguna de ninguno de los dos, pagaban sus impuestos a tiempo, su jardín era regado cada dos días y podado cada dos domingos. La madre horneaba galletas cuando había eventos en el barrio, el padre ayudaba como árbitro en los partidos de béisbol de los estudiantes de la escuela secundaria del barrio en las vacaciones de verano, solo esperando que su pequeño hijo tuviera edad suficiente para poder inscribirle e hiciera más amigos… Amigos de los cuales carecía en aquella época.

Si bien era cierto que sus padres eran personas normales y agradables, su gran afán de poder otorgarle una vida mejor a su retoño había creado un único y gran defecto, que había terminado por afectar de manera negativa aquello que tanto apreciaban y buscaban cuidar, su hijo. El pequeño Seth era un niño tranquilo, amigable y educado. Desde pequeño había tenido que aprender a estar solo en su casa, sus padres incapaces de pagar una niñera ya que el trabajo del padre daba lo suficiente para una vida tranquila, pero sin muchos lujos, y la madre trabajaba por el salario mínimo, a pesar de su noble labor, pudiendo apoyar en los costos de la casa y en un fondo universitario para el pequeño chico que poco a poco iba creciendo con el paso del tiempo. Igualmente, el joven siempre había mostrado una educación que hacia enorgullecer a sus padres y que hacían pudieran confiar en que el pequeño podría cuidarse solo, eso alimentado enormemente por la zona tan agradable en la cual vivían, con vecinos de confianza y un ambiente de paz y normalidad.

Aun así, la ausencia de fuerzas paternas, siempre ha sido un efecto negativo en todo infante. Aquella personalidad educada y servil, no era sino un medio que el pequeño Seth usaba para lograr la aceptación y atención de los mayores, buscando en los adultos aquella presencia que en su casa, vacía durante horas hasta entrada la noche, llegaba a hacer tanta falta. Aquel pequeño silencioso y callado, era sin duda agradable para los estándares comunes de la juventud por parte de los adultos, pero aquellas mismas condiciones que su vida ostentaba, le habían llevado a ser alguien retraído, introvertido. Pocos amigos tenia él, siendo que su barrio los chicos eran varios años mayores en gran parte, siendo el solitario en cuanto a personas de su edad en aquella calle. Eso causaba que sus únicas entretenciones fueran salir al parque a mirar a las personas pasear a sus perros, jugar solo con una pelota de futbol en la cancha cerca de su casa cuando los mayores no lo ocupaban, escalar árboles para poder mirar los nidos de las aves desde cerca o, de perdido, leer alguno de sus libros favoritos impresos con animadas ilustraciones de animales coloridos que contaban su historia.

Aun incluso en la escuela primaria a la cual iba, con sus tiernos 8 años de edad, el joven era silencioso, casi no tenía amistades, más que nada por la lejanía su hogar con los otros niños de su salón. Su madre se encargaba cada mañana de llevarle a la escuela y el transporte escolar de la escuela le regresaba cada tarde con seguridad a su casa. Pero por lo mismo, debido a los horarios de aquel único transporte y de los trabajos de sus padres, el pequeño se veía imposibilitado de anotarse a cualquier actividad extracurricular en su escuela, de poder ir a visitar a los demás niños de su salón en las tardes para jugar al estar solo como estaba en su hogar y sin medios de transporte, o de quedarse mucho tiempo a la salida para poder entablar grandes amistades.

Eso transformo a Seth en un chico solitario, pero que caía bien a los adultos quienes le saludaban cuando lo veían salir de su casa para ir a sentarse al parque a disfrutar del aire libre un rato, o que le veían sentado en su patio leyendo alguno de sus libros de colores, sin querer pasar tanto tiempo encerrado en su solitario hogar, siempre pareciendo que solo esperaba la hora de llegada de sus padres para poder disfrutar de su compañía, compañía que duraba las pocas horas en las cuales los padres llegaban, se acomodaban, cenaban, jugaban un rato con su hijo para luego irse a dormir, para poder laborar al día siguiente sin problemas. Tal fuera por ello mismo que el pequeño chico nunca dijo nada, nunca se quejó o mostro indicios de rebeldía. Era un niño que entendía que sus padres lo amaban, que se esforzaban por poder darle una vida digna, que si estaban tanto tiempo fuera del hogar, era porque se esforzaban por su bienestar. Aquel entendimiento algo impropio de un niño de su edad, fue lo que le hizo poder aguantar tanto tiempo aquella gran soledad que no nacía de malas intenciones, si no de buenas. Pero aun así existía ahí, en lo más profundo de su ser, aquella necesidad de atención, aquel deseo infantil de alguien que jugara con él, con quien conversar en las largas tardes además de alguna señora ocasional que se apiadaba del pobre chico y le daba algo de platica cuando paseaba a su mascota o llevaba a su retoño en alguna carriola. El solo deseaba alguien con quien poder sentir que no se encontraba solo. Y fue aquello, lo que le llevo a su perdición.

Ahora que les he presentado al actor principal de esta historia, aquel muchacho cuyo único pecado fue callarse su soledad para confortar a sus trabajadores padres, es momento de que les cuente que fue de él, en uno de esos tantos días en que salió a pasear al parque con el único deseo de no estar solo en su casa, escuchando el eco de su propia voz y el de sus pasos entre los pasillos. Nada era especialmente anormal ese día, era como tantos otros, con un clima fresco y agradable, un cielo despejado y el solitario parque en donde las madres paseaban  a sus bebes o mascotas en la mañana y los niños de la escuela secundaria de la zona se reunían en las noches luego de ir a tomar clases, siendo que en las tardes el parque llegaba a un nivel de soledad que parecía un reflejo de la que había dentro del pequeño Seth.


Ese día el llevaba bajo su brazo un nuevo libro que su madre había comprado, con un poco del dinero que ahorraba lentamente para su futuro. Aquel libro era un poco más grande de los que el pequeño estaba acostumbrado a leer, según había visto menos imágenes que en los que antes hubiera repasado tantas veces para evadir su aburrimiento, pero por lo mismo la emoción subía en su interior, al pensar que con algo así podría entretenerse más tiempo, ocupando su mente para así alejarlo de sus pensamientos negativos.

Luego de estar sentado un par de horas, un sonido extraño sobresalto al pequeño de ojos bicolores, el cual casi dejo caer el libro en la tierra bajo sus pies, estando en uno de los columpios del parque tal como estaba. Aquel sonido extraño no era el graznar de un ave, o el de algún coche a la distancia, no era el susurro de los árboles o el ladrar de un perro. Era una voz, suave pero firme, de una persona que jamás había escuchado antes. Al fijar su vista en aquella persona, que se había parado frente a él con una sonrisa amable y tranquila, se encontró con un hombre que nunca había visto, pero que jamás podría olvidar. Aquel hombre saludo al niño con una sonrisa que transmitía comodidad, preguntando por su estado de soledad en medio de la tarde, en especial por tratarse de un niño tan pequeño. Aquel hombre alto de negros cabellos cubiertos bajo una gorra blanca y roja sin detalles, con sus ojos cubiertos por unos gruesos de sol, mostro interés en el libro que el pequeño había estado leyendo en la última hora. El chico, a pesar de la sorpresa inicial y el susto de no haberse dado cuenta de cuando el hombre había llegado tan cerca de él, escucho algo sorprendido sus palabras, confuso un instante más luego dándose prisa en mostrar las primeras páginas, dando una corta explicación de lo que había leído hasta ese momento hablando del héroe del cuento y su misión de encontrar una joya, mientras señalaba un par de imágenes que mostraban a un muchacho y un colgante resplandeciente sobre él, una vez más el pequeño mostraba una total educación y ligera felicidad de poder hablar con alguien en sus comúnmente largas horas de la tarde, sonriendo al mayor el cual asentía tranquilo ante cada explicación. Y así fue, como conoció a Leinon.

Poco a poco los días fueron pasando, y lo único que se vio diferente en el muchacho, fue una renovada emoción y alegría, que causo un aumento en el optimismo de sus padres. Aquel pequeño que siempre era algo silencioso y educado, se mostraba más como un niño, mostrándose emocionado por ir a la escuela en las mañanas, comiendo deprisa su desayuno mientras su madre le preparaba la mochila, saludando con alegría y energía a los vecinos cuando llegaba de la escuela en las tardes, mostrándose animado y contento cuando sus padres llegaban en la noche luego de un largo día de laborar, siempre presumiéndoles de su nuevo amigo que había conocido, con el cual había empezado a jugar a la pelota y que compartía historia sobre sus libros y platicaba de lo sucedido en la escuela. Los padres se sentían felices, insistiéndole a su hijo que debía invitarlo un día a cenar, pero recibiendo por respuesta del pequeño que no podía, ya que debía regresar a su hogar antes de que se hiciera de noche, ya que vivía algo lejos y solo iba ahí por las tardes. Aquello extraño un poco a sus padres, pero igual les pareció lógico, ya que conocían a muchos en el barrio y sabían no había nadie de la edad de su pequeño, pero posiblemente fuera alguna chico sobrino de alguien o que era llevado ahí ahora para ser cuidado en las tardes, por alguna vecina que quisiera ganarse algún dinero extra al trabajar de niñera. Igualmente, los padres no podían si no agradecer que su hijo hubiera encontrado a alguien con quien jugar, mientras el mismo pequeño solo se mostraba feliz de tener a alguien con quien pudiera platicar y jugar, empezando a borrarse lentamente aquel sentimiento de soledad en su interior. Dulce, ignorante y perdida inocencia.

Pasaron cerca de dos semanas desde que el pequeño conociera a su nuevo amigo, en los cuales su felicidad solo creía y crecía al tener quien le hiciera compañía en sus antes solitarias tardes. Aquel hombre le platicaba diferentes historias y anécdotas fantásticas, le enseñaba algunos movimientos con el balón o sencillamente escuchaba mientras el pequeño parloteaba de como Trisha Jehnsen había puesto goma de mascar en el cabello de Travis O´Layre y este había terminado llorando mientras la enfermera tiraba de él. Aquello estaba resultando como un sueño para el pequeño, un amigo que le escuchara, con quien podía jugar, que estaba a su lado mientras todos los demás estaban ocupados en otras cosas. Aquello era el anhelo que Seth había tenido desde hacía tanto, y que al fin se había hecho realidad. Pero como todo lo bueno, tenía un fin, el cual daría paso a que ese sueño realidad se volviera una pesadilla que aun hoy en día le hacía despertarse lleno de sudor en las noches, gritando a todo pulmón mientras desgarra su propia cama presa de sus negros recuerdos. Recuerdos que iniciaron con una única invitación.

-Oye, ¿No te gustaría ir a ver mis libros a casa?-

Esa invitación de su primer y mejor amigo, llenaron de alegría al pequeño. A pesar de poder considerarse maduro para su edad, el solo era un niño ávido de atención, el cual había encontrado en aquel hombre que un día se presentó y le pregunto por el libro que leía, a una persona que estaba dispuesta a ser su amigo, sacándolo así de aquel poso gris y vació que representaba cada uno de sus días. Las ideas se arremolinaron en la mente del chico mientras este acompañaba al mayor hacia su auto, estacionado a unas pocas calles del parque. Tal vez estando en su casa, podría convencer a la madre de su amigo de dejarlo quedarse una noche en la suya, o al menos a cenar a pesar de que comprendía que vivía lejos, pero queriendo que sus padres conocieran a su nuevo mejor amigo. Todo siendo tan brillante y puro ante los ojos inocentes y desprovistos del mundo real que poseía el muchacho. Aquel chico que había estado encerrado en una burbuja rutinaria de paz y tranquilidad, pronto se daría cuenta de lo cruel que podía ser el mundo en realidad, que las sonrisas eran meras mascaras que las personas usaban a su conveniencia, que la mente humana, a pesar de lo que se pudiera creer, era mucho más retorcida que la de cualquier espectro o demonio que se pudiera nombrar. Después de todo, aquella persona era un ser humano, que ese día subió a su coche a aquel niño pequeño necesito de atención. La única testigo de lo ocurrido fue una señora que en esos momentos regaba las plantas, extrañada de ver al pequeño que a veces miraba solo en el parque subiéndose a un vehículo que jamás había visto en el vecindario.

No vale la pena mencionar el viaje que se hizo en ese vehículo, donde el chico quedo maravillado al ver las calles desde las ventanas, lugares de la ciudad que nunca había visto antes, siendo que las únicas zonas que conocía eran su escuela, el trabajo de su mama que visitaba cada navidad para llevar comida a los ancianos que no tenían familia, y las calles que su autobús pasaba cada tarde para regresarlo en casa. No vale la pena dar más detalles de ese viaje más que los mencionados, pero si se ha de mencionar unos pocos puntos detalles que sucedieron en torno a este.

Primero, aquella mujer se arrepentiría durante muchos años no haber prestado más atención a ese extraño escenario que había pasado frente suya. Segundo, aquella noche el pequeño Seth no llegaría a su casa a cenar, no estaría cuando sus padres llegaran, ni tampoco se encontraría en el parque mientras los vecinos, despertados por los gritos de pánico y auxilio de los padres de Seth, buscaran con las lámparas en medio de la oscuridad algún rastro del muchacho. Tercero, durante los siguientes días la policía haría varias interrogaciones a los vecinos, descubriendo así la existencia de una persona desconocida para los habitantes de aquel pequeño suburbio, siendo solo posible de identificar por llevar una gorra blanca con roja y lentes de sol, junto a una chaqueta negra o marrón y con pantalones de mezclilla. Y por último, pero no menos importante, que durante los siguientes dos años, nadie logro descubrir ni una pequeña pista del paradero de Seth.

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Mencionar todo el proceso que la comunidad y los padres de Seth, podría ser conmovedor para quien estuviera interesado. No es extraño que la noticia de la desaparición del pequeño de bicolores ojos fuera un duro golpe para toda su comunidad. Aquella siempre tranquila y segura área, rápidamente se vio invadida por regulares patrullajes de la fuerza policial, al igual que un toque de queda que duro cerca de tres meses, y una continua búsqueda que cada vez fue más y más lejos. Pero los niños se pierden todos los días, aunque en este caso el término perdido no fuera el correcto. A pesar de lo horrible del crimen, de las suplicas de los padres y de las imágenes desgarradoras de la enfermera madre que por unos días se mostró por la televisión, finalmente todo intento de búsqueda acabo en el olvido. Poco a poco aquellas patrullas diarias de policía fueron disminuyendo, de recorrer todo el vecindario todo el día, empezaron a solo mandar dos patrullas que dieran su ronda cada día, luego esto bajo a solo cuatro veces por semana. El toque de queda fue poco a poco extendiendo su hora, de las cinco de la tarde a las seis, luego a las siete y media y finalmente se quitó por completo, al no haber indicios de que el secuestrador volviera a atacar. Por último, aquella búsqueda exhaustiva que se hacía realizado, fue poco a poco bajando en importancia, siendo superada por nuevos crímenes, carteles de desaparecidos más recientes. Finalmente todo intento de búsqueda del niño se vio cancelado, mientras los padres lloraban su perdida y la idea de que jamás volverían a ver a su hijo empezaba a rondar como una perpetua tortura entre sus pesadillas, llenándolos cada mañana del remordimiento y el dolor de no haber prestado más atención a su hijo.

Pero como ya fue dicho, mencionar todo el proceso en su extensa complejidad, seria tratar de expresar todo el dolor y amargura de la madre, la culpa y remordimiento del padre, tratar de hacer entender solo con palabras el miedo que reino en esa localidad por semanas, intentar hacer sentir aquella impotencia que a los padres llenó, arrebatándoles todo atisbo de esperanza. Cada una de estas cosas muy difíciles de lograrse solo con palabras, solo leyendo, pero aún hay otro fragmento de la historia que aún no ha sido explicado, la versión de lo sucedido al pequeño que solo quería un amigo con el cual jugar. Aquel chico no murió como todos habían supuesto, su destino no iba a ser tan rápido y sencillo como hubiera sido la muerte. El chico vivía, aterrorizado luego de darse cuenta de su situación, llorando durante las noches la falta de sus padres quienes aunque ocupados, siempre habían procurado darle las buenas noches o leerle un cuento. Aquel pequeño vivía tantas cosas… Algunas de las cuales valen la pena relatar, para poder entenderlo mejor.

El pequeño fue instalado en el hogar de Leinon, entendiendo rápidamente el nivel de rareza de la situación. Cuando llego ahí, a diferencia de lo que su inocente mente de 9 años había creído, noto que no había ningún padre como había pensado, sino solo una casa amplia, con ventanas revestidas de abarrotes de hierro negro con detalles decorativos, un sótano muy grande que pronto seria su nuevo hogar, y la única otra presencia en esa casa que era humana, la de un niño pequeño de negros cabellos y verdes ojos, el cual se presentó cuando aquella noche, ambos estuvieran encerrado debajo de la casa, con la única compañía del otro, en aquella tan aterradora experiencia para el albino, pero que para el pelinegro, se había vuelto ya su realidad, siendo que el llevaba ahí más tiempo que el peliblanco, tanto tiempo que prefería ocultárselo al recién llegado, como si quisiera mantener vivo en su interior algún pequeño resquicio de esperanza. El nombre de ese chico, era Bryen

El cómo Bryen termino en ese lugar, no resulta muy relevante en nuestra historia, pero si habrá que decir que él era un chico enérgico, a comparación de Seth.  El llevaba ahí algunos meses más que él chico, y sabia de lo que era capaz aquel hombre, siendo las muestras de ello algunas pocas cicatrices que recorrían su rostro y brazos. El pequeño se volvió rápidamente el único apoyo que Seth tuvo, el pilar que evito que cada noche gritara el nombre de sus padres buscando auxilio, siendo que el pelinegro lo distraía para no hacerlo y evitar que pudiera terminar por provocar enojo en Leinon.

El buen amigo que una vez vio Seth en el adulto de cabellos negros, rápidamente fue remplazado por una persona que inspiraba miedo. Cada vez que el pequeño preguntaba cuando podía ver a sus padres, el hombre respondía que él era la única familia que necesitaba, si insistía mucho, una bofetada era lo que recibía, tumbándolo al suelo y dejando al pobre niño, sin experiencia alguna en ser golpeado, totalmente mudo e intimidado. Poco tiempo basto para que el pequeño Seth dejara de hacer preguntas, al menos al adulto. Aun así, en su amigo encontró una persona que sinceramente le escuchaba, alguien casi de su edad y sin el cual, seguramente ya hubiera cedido al temor que en su interior se arremolinaba.

Los día a día del pequeño Seth se convirtieron en un infierno repetitivo. Cada día que el mayor tenía que salir, dejaba a ambos chicos en el sótano, encerrados detrás de una puerta de metal con varios seguros, sin luz alguna más que una lámpara parpadeante que precariamente se balanceaba en el techo del subterráneo lugar. Cada tarde cuando el hombre regresaba, los dejaba salir, para que prepararan la comida, la cual debía estar caliente o si no los platos acababan sobre la cabeza de cualquiera de los dos. La ropa debía ser lavada y la casa limpiada, o el dueño del lugar les dejaba sin comer y los mantenía encerrados en el parte más oscura del sótano.

Aun hoy en día, Seth sigue sin comprender por qué aquel hombre actuaba de esa forma, o que era lo que buscaba. De su amigo aprendió que ellos no habían sido los primeros, que antes de ellos había habido más niños, solo unos cuantos, los cuales o se habían comportado mal, o habían crecido más de lo que Leinon le gustaban, y estos sencillamente se iban. Hasta muchos años después, en alguna de sus pesadillas, Seth comprendió que Leinon los asesinaba cuando dejaban de gustarles, a aquellos que llamaba “sus hijos” como había empezado a hacer con Seth a los pocos días de que llegara a aquel lugar.

De las pocas cosas que el chico comprendió, era que aquel hombre veía en ellos una extrañaba versión de sus hijos. Siempre que el hombre los reprendía por hacer algo equivocado, decía que era por educarlos, una educación firme y justa al menos ante los ojos del trastocado adulto, pero que solo consistía en dolor y privación de los pequeños. Si Seth olvidaba dar las buenas noches a su “padre” marcas de cinturón acababan en sus brazos. Si llegaba a romper algún objeto de la casa, esa misma noche le era difícil dormir por el dolor en su rostro golpeado y los hematomas que crecían en su cuerpo en donde los puños del mayor habían impactado. Leinon no tenía miedo de dejar pistas o huellas que delataran su “educación”, después de todo aquellos niños jamás contarían nada, nunca les daría la oportunidad. El jamás los dejaba salir, no había teléfonos en la casa, siempre que salía los mantenía encerrados bajo varios cerrojos y, cuando crecieran demasiado, él no los liberaría, si no que terminarían en el fondo del rio, envueltos en una bolsa de basura, tal como había sucedido con sus anteriores hijos que habían dejado de ser merecedores del título. El no temía a ninguna represaría, porque no planeaba dejar ningún cabo suelto.

Los días continuaron así, dando paso a las semanas, después a los meses. Durante ese tiempo el pequeño de ojos bicolores fue aceptando más y más la realidad que ese lugar seria su tumba, ¿Qué tan triste podría ser ver a un chico que acababa de cumplir los 10 años aceptando su inminente muerte en manos de un psicópata que lo tenía secuestrado? Aun así, el pequeño seguía cada día con su rutina, en donde actuaba como hijo/sirviente de aquel hombre, solo buscando poder sobrevivir un día más, pero sin saber bien el por qué. Pero no mucho tiempo pasaría para que la rutina fuera interrumpida por siempre, para que aquella vida encontrara un abrupto final, y que el destino de Seth quedara marcado para siempre…

Y todo empezó con un plato.

Casi luego de un año y medio de haber llegado a aquel lugar, los únicos tres habitantes de aquella casa se encontraban cenando, mientras Leinon les preguntaba la rutina, si habían acabado de hacer la limpieza, que no olvidaran dar las gracias luego de la comida y limpiar los platos. En fin, era una noche normal en aquella bizarra vida cotidiana, pero no tardó mucho en cambiar, en cuanto el pequeño Seth se levantó de la mesa para llevar sus platos al lavavajillas. Solo fue necesario un paso en falso para que su cuerpo tambaleara, sus manos se aflojaran y, finalmente, el plato resbalara de entre sus dedos, acabando con un estrepitoso sonido en el suelo.

El miedo se apodero de la mente y las facciones del pequeño, mientras empezaba a balbucear disculpas, girando su rostro a ver al mayor de la casa. El pelinegro adulto ni siquiera inmuto sus facciones, mientras se ponía de pie y empezaba a acercarse al pequeño-¿Cuántas veces te he dicho tengas cuidado? Mira lo que has hecho… Mira lo que me haces hacer…- Susurraba la grave voz del adulto, mientras con lentos pasos cerraba distancias entre él y el pequeño, sacándose el cinturón y tensándolo entre sus manos, aquella herramienta de paternidad que tantas veces hubiera usado antes. Ignorando por completo las lágrimas que empezaban a emanar de los ojos del aterrorizado pequeño, el hombre lo tomo de la muñeca, haciendo quejarse del dolor al estar esta aun con marcas de anteriores castigos, empezando a arrastrarlo hacia el sótano. Todos los castigos eran en el sótano, siempre era así, los educaba y luego los dejaba ahí encerrados como parte final, al igual que aquel era el lugar perfecto, donde sus gritos y suplicas no alcanzaban a salir al exterior, incapaces de llegar sus lamentos a los pocos vecinos que poseía.

–Papa Leinon, por favor, fue un accidente, él sabe que hizo mal, no lo tiene que castigar

El adulto paro en seco, quedando mudo igual el pequeño Seth al escuchar aquellas palabras, provenientes de su amigo. Bryen se encontraba parado junto a la mesa, con una sonrisa nerviosa y forzada, que parecía tratar de calmar el enojo del hombre, tratando de evitar así el castigo que sin duda recibiría el pequeño de no evitarlo, un castigo que en el ya de por si maltratado cuerpo del menor pudiera resultar en algo peor-Por favor papa Leinon, no es necesario…- Susurro algo intimidado el pequeño, ante la mirada que el adulto le dedicaba de manera gélida-¿Quién dijo que podías opinar?-

Esa fue la única respuesta que el chico de ojos verdes recibió del adulto, pero que bastaron para poner una expresión de miedo en el pequeño, ante aquel tono gélido y amenazante. -Oh vaya… ¿Cuándo fue que creciste tanto como para responder? Mírate nada más… Ya eres todo un jovencito…- Susurro el hombre con la misma voz, mientras soltaba a Seth el cual retrocedió asustado hasta que su espalda chocara contra una de las paredes del comedor, incapaz de retroceder más. Esas palabras mermaron en la mente de los dos chicos, entendiendo el significado detrás de ellas. El pelinegro pequeño retrocedió igual asustado, chocando contra su silla y cayendo sentado mientras se escuchaba el impacto del asiento contra el suelo. Bryen retrocedió con las manos como pudo, observando con un temblor recorriéndole como el Leinon se acercaba, con la misma expresión seria y fría-Cuando crecen mucho es cuando deben dejar el nido… Tal vez es tu tiempo de hacer lo mismo… ¿No crees, Bryen?-

Nunca se había sentido tan impotente como en ese momento, mientras observaba al hombre que antaño había llamado su mejor amigo, golpear al niño que había tomado esa posición. Con la mano cerrada, sin necesidad de usar el cinturón, el hombre había empezado a impactar sus puños contra el pequeño cuerpo del niño, primero en el estómago, luego en el rostro, intercalando partes en las cuales golpeaba al pequeño, mientras las mismas palabras salían de sus labios “Este es el adiós, hijo mío, es hora de que sigas tu camino, te extrañare, hice lo mejor que pude pero veo tienes que irte”. Aquellas palabras martillaron la mente del pequeño, lentamente, haciéndolo temblar de pánico, inmovilizado, hasta que algo lo saco de esa parálisis producida del pánico… Los verdes ojos de su amigo.

Aquella visión, esos orbes esmeralda que imploraban ayuda, que se la imploraban a él, fue lo que saco de su aturdimiento al pequeño.  Aun hoy en día Seth sigue sin poder decir de donde saco las fuerzas, pero antes de que se diera cuenta, había tomado el tenedor que antes había usado para comer, habiendo terminado el mismo en el suelo luego de haber soltado el plato por accidente, corriendo en dirección al mayor de la casa. El hombre ni siquiera lo vio venir, agachado como estaba para golpear con las comodidad al infante que le había respondido, aplicando disciplina a su hijo. No noto los pasos apresurados detrás de él, ni el salto que el menor dio hacia su persona, hasta que sintió el cuerpo de Seth contra su espalda, y el tenedor clavándose en su cuello.

Un grito gutural salió desde la garganta perforada del hombre, mientras se levantaba llevándose la manos al cuello y arrancando tenedor de ahí, sintiendo el chorro de sangre empezar a fluir tal cual fuente, aquel liquido caliente recorriendo su mano a pesar de aplicar presión sobre la herida. Con una ira inhumana miro al pequeño de ojos heterocromaticos, notando la sorpresa en ellos por su propia acción. Su mano abandono su propio cuello, producto de la adrenalina y la furia, dejando que su sangre fluyera sin tapadura. Sus manos fueron a parar al cuello del pequeño Seth mientras lo tumbaba del suelo, causando un grito en el niño que fue rápidamente remplazado por los sonidos de la asfixia.

Aquella escena aun es una de las que lo hacen despertar tembloroso, una de tantas. Aquella sensación de las manos del hombre rodeando su pequeño e infante cuello lo persiguen hasta ahora. La sensación de sus pulmones exigiendo oxigeno que no llegaba y de su tráquea siendo aplastada por la fuerza del hombre. Lagrimas salían de sus labios mientras la piel de su rostro cambiaba de tono, solo notando las gotas de sangre que caían sobre él, desde el cuello de Leinon y mirando sus furiosas facciones las cuales solo detonaban un deseo, su muerte.

Posiblemente aquel hubiera sido el final del pequeño, un final violento, doloroso, pero al fin un final luego de aquellos meses de miedo y resignación. Pero la vida le tenía preparada otras cosas, y el mensajero de la misma que se encargaría de que el pequeño Seth siguiera adelante, no fue sino el mismo niño que acababa de salvar, el cual se levantó a pesar del dolor que sentía, impulsado para salvar a su amigo, agarrando el plato de la mesa y estrellándoselo en la cabeza al hombre, el cual dio un grito ahogado para liberar al pequeño del agarre. El pequeño retrocedió de nuevo, mirando al hombre que se levantaba sujetándose la cabeza, notando más sangre brotar de ella, producto de pedazos de porcelana que habían quedado incrustados.

Si el hombre no hubiera perdido tanta sangre, si el tenedor se hubiera clavado en otro ángulo, si aquella silla no hubiera estado tirada luego de que Bryen tropezara con ella, posiblemente un final diferente se hubiera mostrado, pero todos los factores se alinearon, mientras Leinon se tropezaba en medio de su confusión con la silla y caía al suelo, quedando tumbado con un ruido sordo, mientras la sangre seguía brotando de su cuello y su visión se nublaba, al igual que la del pequeño pelinegro que se había quedado tumbado poco después, escupiendo un poco de sangre mientras Seth se acercaba rápidamente a socorrerlo.

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Nuevamente, algunos eventos en la historia no son tan interesantes de contar ni relevantes, solo dignos de ser mencionados de paso, tal como el hecho de que el ruido de esa corta pero sangrienta confrontación había alertado a la vecina de al lado, quien al escuchar los gritos tanto de un hombre como de niños, niños que no debería haber en una casa se supone era habitada por una sola persona, llamo a la policía con voz agitada y asustada. Tampoco vale la pena describir como llego la policía a revisar el lugar, tumbando la puerta al escuchar los gritos de ayuda de Seth, mirando la escena de la cocina, llamando a una ambulancia, quien al llegar solo se llevó a los dos niños, mientras guardaban el cuerpo del mayor en una bolsa negra.

Igualmente, describir el interrogatorio del pequeño seria aburrido, ya que sería contar la misma historia hasta ahora relatada. El asunto termino rápidamente, luego de descubrir la identidad de ambos muchachos, mientras se buscaban sus antecedentes y los del adulto. Adelantándonos un poco a futuro, se puede aclarar que el pequeño Seth no fue culpado de nada, a pesar de la sangre que cubría sus ropas, siendo mencionado en los medios de comunicación durante algunas semanas: “niño desaparecido encontrado luego de haber acabado con su secuestrador”, noticia duro algún tiempo antes de ser olvidada como su inicial secuestro.

Lo que si se debe mencionar, por el peso que tuvo en la vida de Seth y en su futuro, fue aquel momento donde su familia aún no había llegado, tampoco la policía para interrogarlo. Aquel momento donde él y su único amigo habían sido trasladados al hospital, escuchando como las enfermeras y los doctores gritaban instrucciones, mientras trasladaban a su compañero a la sala de urgencias. Solo alcanzo a escuchar unas pocas palabras que su mente no comprendían del todo “fracturas” “hemorragias internas” “órganos perforados”. No hay que decir mucho más de lo que paso luego de que Bryen entrara al quirófano, más que el hecho de que sus últimos suspiros fueron en aquel lugar. El pequeño se había quedado sin ningún amigo de nuevo, habiendo matado al que alguna vez considero así con sus propias manos, y asesinando indirectamente a su único verdadero amigo por dudar tanto al momento de salvarlo.

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Luego de eso, un pequeño atisbo de felicidad lleno la vida de Rael, al ver a sus padres luego de poco más de dos años. El niño de ahora 11 años se aferró a ellos con alivio y llorando, sus lágrimas fluyeron como producto de 2 años en que había tenido que suprimirlas en las noches para no ser castigado. El horror de sus padres al serles contada la historia desde los labios de su pequeño hijo los llevo a las lágrimas igual, abrazándolo y prometiéndole ambos, llenos de culpa, arrepentimiento, horror y tristeza, que desde ahora nunca lo dejarían solo, que siempre los tendría a él, disculpándose por todas sus fallas y prometiéndole un mejor futuro. Pero tristemente, los humanos hacen promesas muy fáciles, tan frágiles. Y aquella promesa no sería la excepción, rompiéndose mucho antes de lo que se podrían haber imaginado.

Dos semanas pasaron desde que la familia se reuniera, dos semanas donde los padres habían tomado vacaciones de inmediato en sus trabajos, la compasión de sus jefes entendiéndoles y brindándoselas. Durante ese tiempo siempre estuvieron atentos a su pequeño, comprándole ropa nueva al no quedarle casi nada dela vieja, haciendo que durmiera con ellos para no sentirse solo en las noches, calmando los terrores nocturnos que cada día se mostraban a altas horas de la noche, tranquilizando su aun afectada mente y limpiando el sudor que perlaba su cuerpo con cada pesadilla. El amor de sus padres fue como una bendición luego de todo ese tiempo con aquel “padre falso”, pudiendo lograr luego de ese par de semanas sonreír un poco, empezando a ir a terapias luego de unos cuantos días, donde le trataban de ayudar a superar todo aquel horrible episodio, buscándole alguna buena escuela más cercana, para que pudiera volver a la normalidad pronto. Todo ello prometiéndole el futuro tranquilo y feliz que aquella tarde un hombre con lentes de sol y gorra le había arrebatado. Pero nada de eso duro, ninguno de esos deseos o planes fueron completados. Todo eso debido a que luego de esas dos semanas, una despejada noche de cálidos aires y brisas refrescantes, Selene se elevó en todo su esplendor, irguiéndose hermosa en un cielo donde millones de virutas de luz le hacían compañía, creando un cuadro mágico en el firmamento. Y con ello, una llamada a todos sus hijos, tanto los longevos como los recién nacidos, invitándoles a unirse aquella noche donde su esplendor acariciaba toda la tierra, una caricia que se coló por la ventana del pequeño Regnard, deslizándose por su rostro, provocando que abriera los ojos de golpe, dando un grito de horror y terror, que resonó por toda la cuadra, mientras poco a poco se deformaba hasta que se escuchase el inconfundible aullido de un animal salvaje.

Durante años Seth se negó a hablar de lo sucedido aquella noche, inclusive con el grupo que se encontró semanas después en un bosque en otra ciudad. Por respeto a sus deseos, y por la seguridad de su mente y su alma, tampoco se entrara en muchos detalles de que paso luego de que Selene llamara a su hijo recién nacido aquella noche hace 9 años. Pero si cabe decir que la mañana siguiente toda la casa se volvió una escena del crimen, una que parecía más algo que se esperaría encontrar en el bosque que en un suburbio. Los padres fueron encontrados muertos y despedazados en la habitación del pequeño, misma que había quedado cubierta de una capa rojiza en casi su totalidad, con todos los muebles destrozados y marcas de garras esparciéndose en todo el lugar. Nunca pudieron encontrar el cuerpo del pequeño niño que acababa de ser encontrado luego de años de desaparecido, volviéndose de nuevo un enigma su localización, sin saber si estaba vivo y era el pepenador del crimen ahí ocurrido, o si algún monstruo de algún tipo había entrado la noche anterior y había acabado con los padres, para luego llevarse al hijo. Ninguna de las ideas que la policía tuvo terminaron de dar ser comprobadas o refutadas, quedándose como simples conjeturas en un archivero que fue olvidado en la jefatura.

Finalmente, llegamos al final de esta historia, sin mucho más que añadir. Seth vago luego de su primera transformación, dejando atrás su hogar, donde solo le esperaban la horrorosa imagen de sus progenitores destazados por sus propias manos, su ciudad, donde su niñez solo se había centrado en soledad y luego en dolor, abandonando todo, corriendo, con el único deseo de olvidar, de no volver nunca atrás, buscando un nuevo lugar donde se pudiera sentir seguro.

Semanas después de aquel incidente mientras el pequeño de ropas andrajosas y cortaduras por todo el cuerpo, quien apenas había sobrevivido comiendo plantas el bosque y ganándose alguna que otra intoxicación leve por su nulo conocimiento de las mismas, vagaba por un bosque a varias decenas de kilómetros de su ciudad natal, se elevó el ultimo actor de esta historia, o más bien, los últimos actores. La voluntad del pequeño había flaqueado muchas veces desde que hubiera dejado su hogar atrás, había flaqueado cuando había tenido que huir de otros animales salvajes, había flaqueado cuando la duda de si subirse al camión que lo llevaría a la ciudad vecina era una buena idea o no, había flaqueado cuando había visto la noticia de sus padres muertos en un periódico abandonado que había caído por el azar junto a él. Muchas veces había flaqueado pero no se rendía, el recuerdo de su único amigo verdadero en la vida en su mente, mientras lo sostenía entre sus brazos y este escupía sangre, escuchando el sonido de las sirenas de la policía fuera de la casa, con unas solas y únicas palabras “vive”.

Posiblemente eso resulte muy cliché a estas alturas, pero fue ese tan sencillo deseo de un amigo a otro, quienes habían compartido aquella horrorosa experiencia y se habían servido de pilar el uno para el otro, lo que hizo que Seth no solo se tumbara y dejara que el hambre o algún animal salvaje acabara con él. Fue aquel deseo infantil de un amigo lo que le hizo seguir hasta que, una noche mientras trataba de dormir entre las raíces de un árbol, escucho una voz que le hizo sobresaltarse, mirando en la oscuridad las figuras de personas acercándose. El terror una vez más lo invadió, acurrucándose entre las ramas, demasiado débil como para poder siquiera pensar en escapar o luchar. Pero ninguno de sus temores se hizo realidad, aquello no era un final, era un comienzo. Y ese nuevo comienzo inicio en el segundo en que una de las figuras se adelantó hasta quedar cerca de él, extendiéndole la mano, observando al pequeño con unos ojos que por algún motivo le inspiraron confianza y seguridad, que por alguna razón, le recordaban a un hogar. Escuchando las palabras que terminan esta historia y empiezan otra.

-No tengas miedo, somos como tú, eres uno de los nuestros. Venimos a ayudarte.-



EXTRAS



-Se lleva bien con los animales
-Le encanta el arroz
-Le gusta escuchar musica para pasar el rato
-Tiene aun hoy en dia pesadillas sobre su pasado que lo hacen despertar sobresaltado
-La manada que le salvo de pequeño fue la manada de la luna creciente, misma a la cual ha pertenecido desde entonces como fiel miembro
-Es introvertido, pero aun asi es directo con lo que piensa cuando quiere transmitirlo.
-No guarda ninguna especie de recuerdo material de sus padres, al sentirse responsable por sus muertes
-Ha estado cerca de 9 años con su manada
-Tiene una motocicleta y le gusta andar en ella, por la sensacion de velocidad.
-Le gustan las cosas picantes y detesta lo amargo
-No bebe alcohol para nada.


IMAGEN


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PROVENIENCIA

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Re: El Lobo Perdido [Expediente Seth Regard]

Mensaje por Porodios el Lun Ene 25, 2016 1:35 am

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