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Ha estallado la Segunda Gran Guerra del Cielo, los ángeles fieles a los ideales divinos y al Arcángel Michael han entablado una lucha abierta con los caídos, bajo el mando de un misterioso serafín que volvió de la muerte, con el poder de una legión en sus manos, quien promulga a favor del libre albedrío para tomar sus propias decisiones, tal y como lo hacen los humanos. Los demonios toman cartas en el asunto, cerrando tratos con el bando de rebeldes con el fin de eliminar la supremacía del Cielo, y tener derecho a caminar sobre la tierra. New York ha sido escogido como Armageddon, y las visperas de la batalla final se leen en escaramuzas y luchas menores.
Mientras tanto, en New Orleans, los vampiros han logrado un poderío sin igual sobre la ciudad. Los rumores de que el Regente del Infierno ha tenido algo que ver corren en el plano sobrenatural, mientras los Blazers, los Cazadores descendientes del Rey Arturo Pendragon buscan darle un freno a sus actividades.
Es una verdadera pena que los Templarios, la primera raza de Cazadores, jamás hayan llegado a un acuerdo con sus colegas. A pesar de que no ha habido declaración de guerra entre ellos, la aparición de una nueva reliquia divina, contenedora de poderes sin igual, tienta a ambos bandos. Sin embargo, los Templarios tienen las manos llenas tratando de domar a las implacables manadas de licantropos en San Francisco, cuyo nuevo líder parece ser un fanático de las batallas.
No hay tiempo ni recursos para vigilar a los ingeniosos brujos que aparecen de vez en cuando en los casinos de Las Vegas, haciendo uso de sus facultades para llevarse dinero fácil. Esto no es más que una fachada, por supuesto, ya que el Aquelarre de Lilith ha estado pactando con demonios mayores para invocar al Primer Demonio.
En el mundo de Wayward Son, los conflictos, batallas, traiciones y la guerra parecen haber inundado cada estado del país de las oportunidades. Los tiempos de paz han llegado a su fin, ¡elige tu bando sabiamente, y bañate de la gloria de la victoria, o perece en el olvido de la historia!
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Wayward Son y su historia es una creación original del Staff, fuertemente influenciada por series y novelas de género sobrenatural, destacando la saga The Mortal Instruments de Cassandra Clare, y las series de televisión Supernatural de Erick Kripke, y The Vampire Diaries y The Originals de Julie Plec. Las imágenes utilizadas han sido tomadas de portales como Devianart, Zerochan, Pixiv y We❤It, y pertenecen a sus respectivos autores. Agradecimientos a Rose de Glintz por el elegante trabajo de su skin y su asistencia, a Veeneli por sus códigos y tablillas tan atractivas, así como a Mizuki por su bello tablón de anuncios.
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Nights of Sins [Priv. Anne]

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Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Rael Crocell el Mar Ene 12, 2016 1:55 am

Toda la ciudad se volvía un mar de luces a esas horas de la noche, un mar de luces lleno de magia, misterio, perversidad y emoción. Durante el día, aquella ciudad conocida como la ciudad del pecado, era un gran lugar turístico, un lugar casi hasta familiar, con diferentes espectáculos, sitios famosos, museos y restaurantes, vistas peculiares y centros de interés. Aquella ciudad no tenía nada que envidiarle a ninguna otra, de hecho era la envidia de muchas más. Durante el día, aquella ciudad podía ser casi otro lugar normal turístico en el mundo, con variadas opciones de diversión y entretenimiento que, si bien no todo era sano, mucho era aceptable y considerado del lado correcto de lo visto de manera moral y ética. Pero eso, solo era una verdad a medias, una verdad creada por las ilusiones de los rayos del sol en las arenas del desierto que hacían cambiar la forma de ser verdadera de aquella ciudad conocida como Las Vegas, después de todo cuando el sol se ocultaba, la realidad se distorsionaba al nacer de los primeros ratos de la luna.

En la noche, cuando las luces refractarias y de neón iluminaban toda la ciudad, cuando las estrellas fueran tragadas por la tan única y casi enfermiza contaminación lumínica de la ciudad, que inclusive llegaba a verse desde el espacio, Las Vegas mostraba sus verdaderos colores. Cuando los niños buenos y las familias eligieran que era mejor quedarse en la piscina del hotel o cenando en los mismos, la ciudad se arrancaba aquella piel falsa que portaba en las mañanas, para protegerse de la luz del astro rey, mostrando su verdadera esencia, cambiando en el progreso del atardecer, como si saliera de una crisálida para extender sus alas, negras alas que eran la corrupción y la perdición, las cuales se envolvían sobre sí mismas y encerraban a la ciudad, ahogándola de los deseos más básicos y animales de los seres humanos, transformando a toda persona normal ahí, en simplemente una presa, un alimento para los colmillos que se ocultaban en la oscuridad de cada esquina y las garras que sin saberlo, ya apuntaban a sus gargantas listas para reclamar sus vidas y sus existencias.

Aquella noche no era la excepción. Apenas los rayos del sol dejaron de ejercer su poder sobre la ciudad, esta misma cobro una vida incomparable a la que tenia de día. Las luces de aquella ciudad de perdición se elevaron a un tono que hacia olvidar por completo que era de noche, que te hacia olvidar la hora que era, que te hacían perderte entre los tantos casinos que había para quienes quisiera saciar su hambre de aventura y riquezas de forma rápida, los tantos hoteles donde se desfogaban los más perversos deseos mundanos, los espectáculos nocturnos que atraían a los que solo querían disfrutar una noche de desenfreno y fiesta en la ciudad de las apuestas. Cada persona en la calle se volvía una víctima de los placeres que ofrecía la ciudad, desde los que se podrían considerar sanos hasta los más ilegales e inesperados. Después de todo, aquella era esa ciudad, la ciudad del pecado, donde rondaban aquellos seres oscuros cuyo único placer era llevar a la perdición a quienes fueran débiles de mente, entregándoles su más añorados sueños y deseos solo para finalmente llevarse la misma fuente de su existencia directo al tártaro. Y como una pequeña muestra de aquellos seres nacidos del averno, se encontraba aquel pelirrojo que en esos momentos entraba con total parsimonia a uno de los casinos.

Con un simple saludo de la mano al guardia, a quien ya conocía de tantas veces que había visitado aquel lugar, Rael pasó las puertas y entro al establecimiento. Un solo paso dentro hizo cambiar el ruido de la calle que acababa de dejar, notando solo los gritos de júbilo y alegría, además de alguno suelto de desesperación de fondo, ahogado por el sonido de las máquinas tragamonedas que parecían moverse y brillar de forma casi rítmica, cobrando vida cada vez que alguien pasaba la tarjera electrónica con el dinero y accionaba su palanca. En un costado al fondo podía vislumbrar algunas puertas, mismas que conducían a salas privadas de cartas donde un ambiente más tranquilo era necesario para el estilo de apuestas que llevaban. Giro hacia la izquierda luego de saludar al encargado y un par de Hostess que se le acercaron para ofrecerle alguna bebida o preguntarle por ayuda, a los cuales rechazo con amabilidad mostrando una tarjeta negra la cual fue reconocida al instante, causando que se retiraran y le dejaran pasear a su antojo


-Vaya, vaya, la noche parece animada…

Su suave pero masculina voz fue captada por el barman, al cual se había acercado con la intención de pedir un trago. Mientras el encargado de la barra empezaba a preparar su coctel, el pelirrojo fijo sus ojos en algunas mesas cercanas, donde se podían observar apuestas con dados, un par de mesas con amplias ruletas chapadas y elegantes girando a toda velocidad con varias personas rodeándolas y vitoreando. Un poco más alejado un par de mesas igual de BlackJack y del otro lado, cerca de las máquinas tragamonedas, una enorme máquina de forma circular, en donde varias personas se reunían a la vez para apostar a las brillantes líneas de colore y luces, causando una sonrisa de Rael, identificando fácilmente aquel juego conocido como rueda de la fortuna. Mientras el demoniaco ser miraba divertido como un par de personas maldecían al perder sus apuestas, giro la mano sin siquiera mirar al barman, el cual le entrego su bebida a lo cual el agradeció con una sonrisa burlesca y picara, llevándoselo a los labios, observando el lugar, buscado algo que saciara su propia necesidad de diversión… Algo que no podía ser saciada por ninguna de aquellas maquinas del lugar, si no por algo más… O más bien, alguien.

-Me pregunto… Que tan divertido será esta noche para mí…
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Anne E. Knightley el Jue Ene 14, 2016 10:47 pm

«Tan extremadamente desagradable…. No sé ni siquiera porque insisto en visitar las Vegas»

La bruja no pudo evitar bufar despacio ante aquel pensamiento, realmente no podía entender como los humanos podían caer en algo tan simple y estúpido como era aquella ciudad, si, porque con solo una visita había descubierto cuan podrida estaba y de hecho quizás ahora mismo estaba tentando su suerte volviendo a ella, no quería toparse con un ser tan desagradable como el de la vez anterior pero para su desgracia sus malditas premoniciones seguían indicando las Vegas como foco de destrucción y por ello tenia que seguir investigando la dichosa ciudad a menos que sus padres descubrieran cuales eran las de ellos en concreto para ir a ver «Maldigo realmente mi suerte en algunas ocasiones» Soltó todo el aire que permanecía en sus pulmones para desviar su vista al cielo mientras caminaba, ya era claro que el sol había dejado el cielo para darle el paso a la luna, no iba a negar que realmente disfrutaba de la noche porque en antaño aquel astro había sido su confidente en múltiples ocasiones, sobre todo en aquel tiempo cuando sentía que no tenia a nadie… Justamente luego de la muerte de Elliot ¿Aunque no sería más correcto decir “el asesinato”? Si, lo era, pues ella misma era quien se había encargado de arrebatar le la vida al hombre, ¿Tragedia era Romeo y Julieta? Consideraba que su única relación amorosa había terminado mucho peor que la redactada por Shakespeare, o eso le había dicho Alfred la única vez que habían comentado de aquel tema y bueno, Arthur lo golpeo por lo mismo.

«¿Donde se supone que debo ir primero?» Desvió la mirada hacia los lados para ver su nuevo destino, no estaba segura de donde se supone que tenia que ir ahora y de hecho no tenia un destino realmente establecido, principalmente buscaba algo que recordase de aquellas visiones que había poseído y ningún demonio lograría meterse en su camino, costase lo que costase lograría su objetivo y volvería a casa sana y salva, con la frente en alto, podría decirles a sus padres que había logrado su cometido con éxito tal y como ella les había dicho ¿No seria aquello satisfactorio para ella? Claramente ese era un gran si, le demostraría a Arthur que realmente no tenia nada que preocuparse, ella podía cuidarse por si misma sin ningún problema…. Claro… Omitiendo el hecho de que el primer día casi había sido asesinada, aquellos eran verdaderos detalles menores que el resto no tenia porque realmente enterarse ¿No? Claro que no era necesario, que se suponía que debía hacerlo… Pues debía, pero podía lograr esquivarlo y por ello sonrió de lado bastante confiada, tenia que dejar todo eso de lado y concentrarse en lo que debía y eso era el conseguir algo, alguna señal o indicio que realmente era necesaria en esa ciudad para ayudar a las personas inocentes… Aunque si había algo claro y eso era lo apestado que estaba la ciudad de aquellos seres del infierno, eso claramente no le hacia ningún bien a los humanos, pero era su ciudad, tampoco podía ser tan idiota como decir “exorcizare a todos los demonios” es decir ellos dominaban allí, de hecho ya era un tanto suicida el estar allí tomando en cuenta que no era un bruja infernal sino que una natural, rechazando por completo su sangre demoníaca por ello.

Antes de que pudiese seguir avanzando sintió como alguien pasaba uno de sus brazos por sobre sus hombros haciendo que se acercase más a él y por consiguiente la rubia frunciese el ceño lista para atacar, pero para su desgracia por culpa del olor a alcohol y no a sulfuro le dio la desagradable noticia que no podía atacarlo, porque no era más que un simple humano y ella como la dama que era no tenia que usar la fuerza bruta a menos que realmente fuese necesaria, haciendo que aquel codazo que estaba lista para realizar se detuviese antes de llegar a ser ejecutado ¿Por qué diablos le estaba tocando tan despreocupadamente? No lo conocía ni le interesaba conocerlo, los humanos eran vulnerables en ocasiones, pero en otras eran de temer, después de todo jamás seria capaz de olvidar a los cazadores, humanos que no dudaban en arrebatarle la vida a cualquier ser sobrenatural que se les cruzase sin siquiera llegar a considerar si realmente eran “malvados” es decir, ella y sus padres jamás habían hecho algo “malo” pero eso no evitaba que intentaran asesinarlos solo por su sangre… ¿Había otra manera de demostrar que jamás tenia que confiar en alguien aunque fuese un simple humano? Posiblemente aunque dejo eso para concentrarse en quien la había atrapado desprevenida, era un sujeto que se podría considerar en sus veinti tantos quizás cercano a los treinta, cabellos oscuros y bueno, era claro que estaba con un alto grado de alcohol en la sangre.

-Oye guapa ¿No te gustaría pasar al casino conmigo?- Finalmente el sujeto se había dignado a hablar, bien, al menos podía darle créditos por hacerlo correctamente a pesar de estar bastante ebrio, claro que ella no tenia tiempo para nada de eso y por lo mismo estuvo completamente dispuesta a negarse y lo hubiese hecho…. De no ser porque al ver el lugar señalado una breve imagen apareció en su cabeza, si, había visto ese local antes y solo por eso no rechazo aquella invitación, de hecho sonrió antes de asentir despacio, aceptando aquella propuesta, claro que para desgracia del contrario nada de lo que quisiese que allí pasara lograría ocurrir, pues la Inglesa no tenia ninguna intención de perder el tiempo con él.

× × × × × × × × × × × × × ×


«Fue más difícil de lo que pensé lograr sacármelo de encima» Suspiro pesadamente mientras revolvía un poco sus cabellos, luego de unos veinte minutos de batalla intentando separarse lo había logrado, argumentando que “realmente tenia algo que hacer”, no era la mejor excusa del mundo pero al menos logro que pagase su entrada, era un bonus, ahora tenia que investigar un poco ¿Y que otro mejor lugar que la barra? Todos allí por lo general ya estaban ebrios y se podía conseguir algo, con aquel propósito en mente se acerco al dichoso lugar, tomando asiento y moviendo su mano para llamar la atención de uno de los barman que no tardo en acercarse a la muchacha con una pequeña sonrisa en el rostro que ella no tardo en devolverle.

-¿Puedes darme un rusty nail, por favor? Gracias- Su voz había salido con toda la calma del mundo y de hecho había ampliado su pequeña sonrisa al chico antes de que comenzase a preparar lo pedido, aunque hubo algo que desvió su atención del hombre y es que sintió un pequeño olor conocido ¿Sulfuro? Claro que si, ¿Cómo no seria capaz de reconocerlo? Era demasiado obvio, más prefirió no tomarle atención y simplemente volver a quien preparaba su trago para así poder tomarlo y pagarlo de paso, después de todo no estaba allí especialmente para tratar con demonios sino que para investigar un poco de la situación ¿No?.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Rael Crocell el Vie Ene 15, 2016 12:47 am

Poco a poco, la decencia y la pulcritud en el lugar decaían, la moral se iba mermando de forma paulatina, el sentido común disminuía con cada apuesta, cada sonido de las máquinas y cada coctel que pasaba de las manos del barman a las del cliente, para terminar en sus labios. Aquel lugar parecía absorber cualquier decencia, poco a poco, de manera tan sutil que uno no se daba cuenta hasta que hubiera sido demasiado tarde, cuando hubiera perdido cualquier ahorro con que hubiera llegado, cuando hubieran hipotecado sus pertenencias en desesperación para poder recuperar lo perdido. Todo eso, aquella mezcla de deseo, de desesperación, de euforia y resignación, era tan embriagadora para sus sentidos que inclusive podría ser sentida de forma física, al menos desde la perspectiva del demoniaco ser que en esos momentos estaba mezclado entre la gente, solo disfrutando la vista, tal cual cazador acechaba a su presa, admirándola en su distracción e despreocupación, antes de hincar el diente en su yugular y acabar con su vida.

-200 al rojo…-El joven de rojizos cabellos suspiro, mientras dejaba caer unas cuantas fichas en la mesa, luego de abrirse paso entre un par de personas que curioseaban alrededor de la ruleta, observando a los jugadores y en especial a un hombre que había tenido una buena racha, habiendo este ganado ya 4 veces al hilo haciendo una suma considerable. Aun así, la sonrisa del pelirrojo permaneció impasible mientras veía al hombre hacer una nueva apuesta, en el color contrario al suyo, causando diversión en la expresión del pelirrojo mientras tomaba su coctel de forma despreocupada-Lo siento chico, esta es mi noche-Respondió el hombre confiado, un tipo ya con algunas canas en su cobriza cabellera, mientras ponía una buena cantidad en la casilla que correspondía, mirando con excitación el disco girar y girar, con la pequeña esfera saltando entre casillas y casillas.-Dejo de serlo desde que tome mi copa, señor… Lo siento…-

El hombre pareció no hacerle caso a lo que parecían los desvaríos arrogantes de un chico que seguro apenas debía de haber obtenido edad legal para beber. Esa era su noche, la suerte le sonreía, los ángeles parecían resguardar su fortuna mientras solo la aumentaba más y más con cada giro de ruleta en la cual participaba. Pero no todas las amenazas eran banales, ni las bravuconerías falsas. En aquel casino no existía nada como un ángel de la suerte, ni bendiciones en la fortuna. No, aquel lugar era una trampa de luces brillantes y ostentosos brillos, cuyo único fin era que los tontos como aquel disfrutaran una dulce y totalmente falsa ilusión, antes de que todo se les fuera arrebatado. Después de todo, un casino a veces puede ser tan cruel como un demonio

-El rojo gana… Lo siento señor-Una risa fue lo único que se escuchó después de que la voz del encargado de mesa anunciara al ganador, pasando su recompensa al demonio de rojos cabellos. El hombre frente a él había quedado atónito al ver su dinero ser llevado por las manos del encargado, para luego empezar a balbucear nervioso, tratando de convencerse a sí mismo de que no pasaba nada, que pronto podría recuperar lo perdido. Después de todo, solo era necesario ganar una vez más, y así su dinero regresaría a él, ¿No? Era así de fácil, eso era lo hermoso de los casinos, dinero fácil que aunque pudieras perder, lo podrías recuperar. Y mientras aquel hombre seguía balbuceando aquellas banales ideas, el demonio solo sonrió tomando sus ganancias y retirándose, dejando que la codicia invadiera lentamente la mente del hombre castaño, que se dejara cegar por las promesas de riqueza de aquella ruleta de brillantes colores dorados y metálicos, que siguiera tratando de recuperarse… Sería divertido verlo luego tirado en la calle, llorando y maldiciendo su mala fortuna, verlo romperse tal cual bebe, sin siquiera tener con que volver a su casa u hotel… Tal vez incluso lo suficientemente desesperado para serle de utilidad al pelirrojo, aunque aquella noche preferiría encontrar una presa de mejor calidad… Más apetitosa que un treintañero devastado.

Más no todo podía ser tan color de rosas, ni siquiera para el joven de rojizos cabellos. Mientras se dirigía a la barra jugando con las monedas ganadas en su mano, sintió un choque en su hombro que le hizo perder alguna de las fichas que representaban sus ganancias, notando como esta caía al suelo
-¡Hey! ¡Fíjate por donde vas, idiota!-El olor a alcohol llego a las fosas nasales del pelirrojo más rápido de lo que hubiera deseado, mirando al pelinegro hombre que estaba en un notorio estado de ebriedad-¿No te vas a disculpar? ¡Un par de tus fichas serán una buena disculpa!-Siseo el hombre a quien se le notaba que las palabras empezaban a costarle, siendo visible igual un estado de enojo que seguramente tendría de antes, el cual le provocaba buscar algún pleito con alguien, ¿Acaso alguna conquista nocturna que hubiera terminado en decepción? El pelirrojo no sabía, y no le interesaba.

-Oh… ¿Por qué debería pedir perdón? Usted choco contra mi…-Una de las cejas del demonio se alzó observando con algo de molestia al hombre, el cual ante esas contestación bufo en clara señal de irritación. Tal vez de ser algo más lento, o que el hombre tuviera menos alcohol ahogando sus sistema, las cosas hubieran resultado distintas, pero en este caso, solo acabo que cuando el ebrio hombre tomara algo de vuelo con la mano para dirigir su puño hacia el rostro del Rael, este mismo parara el ataque sosteniendo su muñeca con firmeza, ante el asombro confundido del humano quien esa noche había elegido mal con quien meterse-Mejor… No hagamos una escena… ¿Quieres?-Siseo el pelirrojo quien miro al hombre unos instantes, antes de que este propinara un quejido de dolor cayendo hacia atrás y sujetando su propia muñeca, que antes fuera agarrada por el pelirrojo, mirando su ahora quemada piel, como si las manos del demonio fuera alguna clase de estufa encendida.

Sin molestarse siquiera en levantarlo, Rael siguió su camino, mientras un par de guardias se acercaban luego de haber notado tardíamente aquel momentáneo conflicto, que pasara desapercibido para casi todo el casino, ahogado entre el sonido de las máquinas de apuestas y los gritos de júbilo de los ganadores. Para suerte del pelirrojo que prefería evitar situaciones innecesarias, los guardias notaron rápidamente el estado de ebriedad del sujeto, llevándolo a rastras de los brazos y sacándolo, tachándolo de un simple buscapleitos borracho como había cada noche. Lo último que observo el sorprendido y desorientado hombre, fue la sonrisa juguetona y presuntuosa del pelirrojo mientras el mismo se despedía, dirigiéndose  a la barra como siempre fue su intención.


-Un Rob Roy, por favor…-Pidió de forma educada el demonio Crocell, mientras sacudía su mano con la cual había agarrado la muñeca del borracho, como si quisiera quitarse cualquier suciedad que hubiera quedado en su palma. Mientras esperaba su trago, el cual vendría luego de un par de Martinis que un hombre a su lado hubiera pedido antes que él, giro su vista de forma tranquila, solo dejándola pasear como había hecho toda la noche, para así encontrarse de repente con la imagen de una joven de atractivo considerable, de una llamativa melena rubia y facciones delicadas y suaves, casi como si de una muñeca o princesa se tratase. El pelirrojo se fijó unos instantes en ella, para luego mirar la copa en sus manos, dando una sonrisa juguetona mientras ladeaba el rostro, dejando que sus cabellos rojizos colgaran un poco por su propio largo, mostrando igual un par de los pendientes de su oreja mientras sonreía con un dejo pícaro hacia la rubia, a escasa distancia de él mismo.-Vaya… ¿Una dama tan joven tomando un trago sola? Eso sí es un pecado…-

Las palabras del pelirrojo eran tranquilas, divertidas, como si la imagen en si misma le resultara entretenida. Cualquier persona podría considerar aquellas palabras una simple frase de ligue de un hombre en sus veinte que se considerase apuesto y que estuviera tranquilo buscando alguna joven que cayera ante sus encantos y fuera su compañía nocturna, mas ese no era el verdadero caso del pelirrojo, el cual sin duda buscaba una diversión nocturna, pero no necesariamente una tan simple como aquella.-Gracias…-El pelirrojo recibió su nuevo trago con una sonrisa, dando una leve probada antes de mirar de nuevo a la rubia, sonriéndole aun de forma divertida y tranquila, como si se conocieran de tanto tiempo y no solo de algunos pocos instantes-¿Puedo preguntar por qué tal solitaria? ¿O acaso una pareja llegara en este momento ante la imagen de un mozo pelirrojo hablando con su cariño?-Pregunto de forma divertida y juguetona, esperando la respuesta de la joven rubia.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Anne E. Knightley el Dom Ene 17, 2016 10:57 pm

Giró la silla de tal manera que barra quedara a su espalda para observar lo que ocurría a su alrededor, de hecho no pudo evitar sentir algo de compasión por aquellas personas absorbidas por el vicio, los casinos eran una cosa se pura suerte. En ocasiones podías ganar mucho y en otras perderlo prácticamente todo, lo peor es que de ser la primera la mayoría seguía apostando sin saber su limite y terminaban en la segunda opción. Era un error tan estúpido que realmente se lo lamentaba en ocasiones, pero claro era completamente culpa de ellos. Sus propias fallas lo llevaban a eso, aunque sin duda lo peor de eso ocurra cuando estaban ebrios, lo perdían todo sin siquiera darse cuenta de ello. Gracias a Dios ese jamás sería su caso, tirar todo lo que tenia para ella era prácticamente imposible, después de todo era la única heredera de los Knightley. Con ayuda de sus padres había logrado que aquella empresa no se hundiese y de hecho aun le sorprendía lo buenos que eran Arthur y Alfred en eso, sobre todo el segundo, pues habían logrado elevarla aun más en Inglaterra, aunque ese no era el tema en esta ocasión.

«Los humanos en ocasiones verdaderamente llegan a ser idiotas» Suspiro despacio antes de tomar un poco de su trago, sin dejar de observar al alrededor, gracioso fue ver como se llevaban fueran del lugar al sujeto que antes había sido su acompañante. ¿Habría sido su culpa por dejarlo solo? posiblemente, le había dado las ilusiones de que había conseguido a una buena acompañante y luego lo había abandonado en cuanto pudo. Quizás había sido algo cruel pero realmente no estaba interesada en meterse con los humanos, quedarse más significaba darle más esperanzas de que algo podría llegar a pasar y ella ni con un litro de alcohol en el cuerpo se entregaría a ese hombre, no estaba diciendo que fuese feo ni nada similar. Simplemente era algo que se había prometido a si misma luego de lo ocurrido con Elliot, aquella herida en su hombre seria su estigma de por vida, porque le recordaba que ella no podia darse el lujo de enamorarse. Ya había fallado una vez con eso, no iba a tropezar dos veces con la misma piedra. Con el tiempo había aprendido que definitivamente el amor no era para ella, porque a pesar de todo lo ocurrido sentía que aun albergaba sentimientos por aquel humano.

«No debo pensar cosas innecesarias en un lugar como este» Volvió a soltar un suspiro pero este más marcado que el anterior antes de volver la vista al bar, para notar como más gente había aparecido por allí bien. Ahora solo tenía que ver quién sería su "víctima". Lo más sencillo era que fuera hombre. No es que fuese egocéntrica o algo similar pero sabia que para los estándares de los humanos ella era "atractiva" y bueno, si podía aprovecharse de eso lo haría. Además luego se lo agradecerían. Aunque ¿qué humano sabría algo de lo que ocurría allí? lo mas posible es que todos se mantuviesen ignorantes a menos que fuesen o cazadores o de alguna otra raza. No negaba que había humanos que sabían la verdad pero dudaba que tuviesen la información que ella buscaba. «Verdaderamente es una pena, todo hubiese sido más fácil si hubiesen humanos involucrados, son mucho más fácil de manejar que el resto» Nuevamente dejó escapar todo el aire de los pulmones mientras movía un poco su bebida antes de tomarla. ¿Cuántas veces había suspirado desde que estaba en Estados Unidos? Ya había pedido la cuenta. No quería admitirlo pero realmente solo había llegado allí por sus visiones y no había armado ningún tipo de plan para poder llevarlo a cabo. En aquel tiempo había estado más preocupada de convencer a sus padres de dejarla ir que de que iba a hacer cuando llegase. Lo había tomado como una obligación, era su deber salvar a los inocentes. Le importaba un rábano lo que hiciesen los demonios, ángeles, vampiros, licántropos o quienes fuesen, ella venia por los inocentes. Aunque no negaba que de tener que meterse en la batalla.... Lo haría, sin siquiera dudarlo. Ya no era la niña inocente de hacía un siglo, su magia era mucho mejor que la de aquel tiempo al igual que sus reflejos en enfrentamientos cara a cara. No volvería a estar tan cerca de la muerte nunca mas, eso se había dicho a si misma, tenía que vivir por ella, por la vida que arrebato, por su madre y claro, por el par que la estaba esperando en su hogar.

«Seguro si muero ellos buscarían revivirme solo para regañarme» Ante la sola idea la rubia soltó una pequeña risa, algo le decía que el más histérico seria Arthur. Si bien intentaba parecer maduro y todo en ocasiones era quien mas escándalo podía llegar a hacer y era entonces cuando Alfred tenía que detenerlo, porque si algo había aprendido en su tiempo juntos es que no había ser existente en el mundo además de él que fuese capaz de detener la furia del anglosajón. Era muy poderoso en magia, sabia que de quererlo podría fácilmente vencerla a ella y a cualquiera a pesar de que era un mago natural. Por lo que había escuchado para la edad que poseía ya habían pasado a ser infernales y por lo mismo no podía evitar preguntarse ¿Con qué motivo preferías caer en un lugar tan repugnante como era el infierno? «Cada quien tiene sus motivos» Volvió a tomar un sorbo de su vaso dispuesta a levantarse después para hacer a lo que había venido.

Lástima que sus planes quedaron hasta allí, pues escuchó como alguien aparentemente había comenzado a hablarle y por ello se mantuvo en su asiento. Se giró hacia el alzando levemente una ceja ¿Le estaba coqueteando? Eso parecía, de hecho sonaba como el clásico coqueteo. Claro que ante la palabra "joven" no pudo evitar reír despacio «Es tan irónico que lo diga de cierta manera, seguro si todos supieran mi verdadera edad se caerían de la silla». Dejo ese pensamiento de lado para fijarse en su nuevo acompañante mientras este recibía su vaso. El chico era cabellos rojos un tanto oscuros, no poseía una contextura especialmente relevante sino más bien parecía del promedio y sus ojos azules completamente contrastantes con su cabellera. No podía negar que tenía cierto atractivo que quizás a muchas mujeres les llamaba, aunque por lo que podía ver tenía una que otra marca en el cuerpo ¿por qué las tendría? Realmente no le importaba del todo, pero algo le decía que quizás podría sacarle un poco de información, ¿No era a eso a lo que venia? ¿A conseguir el típico ligón para descubrir todo lo que ocurría en aquella ciudad al menos de manera superficial? Si, por lo mismo dibujo una pequeña sonrisa antes de negar despacio por su nueva pregunta, volviendo si rostro a la barra para tomar de su trago.  

-Primero no creo que sea un pecado que alguien tome un trago sola, es mas bien un gusto, mejor sola que mal acompañada ¿No crees?-  Musito mientras lo observaba de reojo aunque luego soltó su clásica risita al mismo tiempo que volvía a negar con la cabeza despacio antes de darle otra probada a su bebida. Tenía que actuar como una veintiañera normal que se encontraba sola en un casino bebiendo, aunque estaba segura que no daba la típica imagen de alguien adicta a las apuestas. Debía inventar algo para poderse sacar eso de encima -Me invitaron pero quien vino conmigo era un completo idiota, además de que estaba completamente ebrio, así que simplemente lo deje, para mi suerte aparentemente lo acaban de sacar de aquí-  Aquello lo dijo con bastante tranquilidad para luego girarse siempre dedicándole una pequeña sonrisa. Arthur siempre le había dicho "Un buen mentiroso sabe que la mentira más efectiva es siempre una verdad a la que se le ha sustraído una pieza clave" y eso mismo es lo que había hecho la rubia. Claro que aun le parecía extraño lo claramente casual que era el chico, quizás era un ligón de primera. Las personas con carisma como él eran los que siempre hacían o caer a las mujeres fáciles o a las desesperadas que buscaban no quedar solteronas para siempre y que tenían que rellenar aquel vacío con muchos animales, en especial gatos. Cosa que la  bruja consideraba verdaderamente patético, ella llevaba años estando "sola” y jamás había tenido semejante necesidad.

-¿Que hay de ti? Si dices que lo mío es un pecado lo tuyo también podría considerarse como tal, es decir ¿Un chico guapo que toma un trago solo en la barra?-  Alzó levemente una ceja para ahora utilizar una sonrisa igual de juguetona que la de él. Si quería conseguir algo del pelirrojo tendría que seguir su juego, más de lo que tendría que hacerlo con cualquier otra pues bueno. Él se encontraba claramente sobrio y si deseaba conseguir información la mejor forma era con una gran cantidad de alcohol en la sangre pues ¿Quién es más sincero que un ebrio? Los niños quizás, pero los adultos eran claramente más cuidadosos en esos temas y algo le decía que el pelirrojo no era alguien que especialmente le cantaría todo lo que sabia solo con preguntarle. Si algo podía sacar en cara es que sus presentimientos solían acertar prácticamente el noventa y nueve por ciento de las veces en las que le hacia caso.

-Por favor dime que no vendrá ninguna chica aquí a golpearte la cara o a mi y diciendo que estas tratando de engañarla con una puta cualquiera, porque realmente no quiero problemas y tampoco quiero que me traten como una- Rio por su propia broma, sin poder evitarlo. Aunque claro, a ella realmente no le tocarían ni un solo cabello, detendría a la chica antes de siquiera intentarlo. Pero bueno, tenia que intentar ganarse la simpatía del contrario ¿No? «Todo sea por conseguir mi objetivo» Pensó antes de darle un nuevo sorbo de aquel liquido que se encontraba en su vaso sin dejar de observar al contrario.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Rael Crocell el Lun Ene 18, 2016 12:41 am

Siempre había evitado pensar en el infierno. Era difícil de explicar, mucho más de entender, como era aquel lugar donde las llamas consumían las almas y calcinaban cualquier tipo de pureza que pudiera quedar en un alma, no tanto por describirlo físicamente, sino más bien por describir lo que uno siente al estar ahí. ¿Ser quemado vivo? ¿Cortado en pedazos mientras se está consiente? ¿Ser sumergido en acido lentamente desde los pies hasta la cabeza? Ninguna sensación humana o palabra inventada en ningún idioma de la historia podría acabar de describir la sensación que era cuando un alma humana caía en ese lugar, solo para ser demacrada, torturada y derruida hasta lograr convertirse en una alma demoniaca. Por ello mismo, a causa de eso, las sensaciones y las experiencias que obtenía desde que hubiera regresado a la tierra, le resultaban tan divertidas, refrescantes y agradables, que podría considerar de ellas su única adicción o placer verdadero en la vida. Y no podía negar que esas experiencias, fueran las mismas que los humanos saciaban de forma tan indecorosa en aquella ciudad.

Pero por ello mismo, para poder disfrutar de aquellos placeres que solo podía tener sobre la tierra que solo podía disfrutar en aquellos campos reconstruidos a la necesidad y gusto del hombre, debía de hacer lo que todo demonio hacía, lo que su existencia les dictaba a hacer. Nunca había existido un mínimo, tampoco una ley que los obligara a hacerlo, pero era parte de su naturaleza, parte de sí mismo, estaba en sus genes tal como en las personas el nacer, alimentarse, crecer, reproducirse y morir, y aquello que estaba tallado en lo más profundo de su naturaleza, era algo tan simple que había existido desde los mismos principios de la humanidad, inclusive más antiguo y que existía en todas las razas de la creación, el tentar.

No habían sido pocas las noches desde que su alma regresara a la tierra y tomara un cuerpo, en que había salido en las noches a buscar alguna víctima, a la cual hacer caer en las redes que eran sus promesas e invitaciones. A él poco le importaba quien fuera, la edad que tuvieran, su procedencia, su creencia, su estatus social o su raza. El buscaba aquellas almas necesitadas, aquellas que poseyeran un profundo deseo, ya fuera por algo o por alguien, aquellas que tuvieran en su ser un gran anhelo, un deseo que nunca podrían cumplir, pero que el pudiera lograr a través de su poder, solo a cambio de una sola cosa. Pero en especial, sobre los demás casos, el buscaba aquellas personas dañadas, aquellas que aunque mostraran fervientes sonrisas y animadas caras, que nunca pareciera pudieran mentirle a alguien o dañar a nadie, tuvieran en lo más profundo de su ser una cicatriz que nunca dejaban ver, que naciera de la culpa, el remordimiento y el dolor. Aquellas personas, sumidas en su propia pena, eran las que poseían los deseos más puros entre todos, aquellos deseos que podía aprovechar y hacer realidad, aquellos deseos por los cuales estarían dispuestos a cambiar su alma solo por hacerlos verse realidad, ya fuera salvar a alguien a quien no podían salvar, obtener el cariño que jamás pudieron sentir, descubrir aquella verdad que siempre los evadió… Inclusive renacer a aquella persona que se fue, solo para poder verla una última vez.


-En eso tiene total razón, pero solo a medias… Después de todo, tomar sola cuando puede tener una compañía agradable, resulta peor, ¿No cree?-Una sonrisa divertida se trazó en sus labios mientras la observaba, siendo agraciado por la sonrisa de la bella chica, que mostraba un encanto delicado, aquella forma de expresarse detonando un dejo de picardía, su forma de reír o de negar con la cabeza que mostraba la feminidad en un estado casi primo. Sencillamente, aquella bella mujer que parecía ser representante de una infancia de buena educación, que se reflejaba en su voz, en sus ademanes y formas de expresarse, que le hacían pensar que sencillamente, no era de un lugar como ese.-¿No es usted de por aquí, verdad? Aunque solo hago conjeturas, pensaría que es extranjera-Le pregunto de manera suave y divertida, aun con aquella sonrisa que parecía un símbolo de complicidad entre ambos. Nada le daba una base verdadera para creer en ello, era solo una conjetura rápida que había hecho siguiendo su instinto, fácilmente podría equivocarse, pero dudaba hacerlo. Una simple corazonada en la cual había decidido confiar, y que ya hecha la pregunta a la chica, podría comprobar.

-Que mal oír eso… Lamento te toparas con uno de los desafortunados de la noche… Y puedo decir que el más desafortunado de todos, si acabo por perder su compañía, que sin duda resulta entretenida…-Sonrió de manera gentil, aquellas facciones tan expresivas que poseía de un cuerpo que en principio no era suyo. De pensarlo así, resultaba curioso. Aquel cuerpo no le pertenecía, era un cuerpo que había poseído al regresar su demoniaca alma a la tierra y el cual había cambiado usando sus poderes para hacerlo a su gusto. El ya ni siquiera podía recordar su verdadero rostro luego de tantos siglos de haberlo perdido, cuando los sabuesos del infierno se lo arrancaron junto al resto de su piel y cualquier pedazo que sus demoniacos colmillos pudieran capturar. Pero bueno, ahora el poseía un cuerpo, el cual había cambiado a su gusto para que pudiera realizar así sus propósitos. ¿Cuántas veces le había ayudado? A seducir mujeres que cayeran ante una sonrisa y algunas palabras bonitas, a intimidar hombres quienes podrían ver el lado oscuro de su mente, acabando por abandonar toda esperanza ante la voluntad del pelirrojo, a ganarse la confianza de diferentes personas para así poder obtener sus contactos y aprovecharse de los conocimientos que ellos le podían entregar. Todo eso logrado con aquel rostro que había creado a su conveniencia, para su utilidad.

-Tranquila, nadie vendría a molestarle, al igual que usted esta noche estoy solo, aunque la diferencia, es que así llegue a este lugar… Y déjeme decirle que en eso está equivocada, señorita, ya que no me encuentro bebiendo solo… Ya que estoy bebiendo con usted...-Aquellas palabras que nacían de sus labios eran tan suaves como una caricia hecha a una amante, tan tranquilas que parecían más una declaración que una insinuación, como si todo aquel tiempo, estuviera escrito en el telar del destino que aquella noche ellos dos estarían sentados juntos, uno al lado del otro, bebiendo y compartiendo una copa, en lugar de solo haberse encontrando por la casualidad como era la realidad. Tomando un trago de su copa, el joven de rojos cabellos miro con suavidad a la rubia señorita, regalándole otra sonrisa juguetona por lo que acababa de decir, pero sin mostrarse avergonzado por tal declaración.-Si me permite preguntar… ¿Resulto mejor compañía que un borracho cualquiera?-

Como si de una habilidad se tratase, el joven pelirrojo se había acercado discretamente hacia la hechicera. Antes su cuerpo se encontraba a una distancia respetuosa, lo suficiente para que alguna persona pudiera ponerse entre ellos al momento de pedir un trago antes de volver a las máquinas tragamonedas o a la ruleta. Pero ahora, eso había cambiado de manera sutil, tal como lo eran las habilidades del pelirrojo, discretas y precisas que no eran tomadas en cuenta hasta que estuvieran hechas, justo como ese momento, en donde se encontraba a poco más de medio metro de la joven de rubios cabellos, dejando así un espacio menor entre ambos, como si hubieran llegado a ese lugar juntos y estuvieran teniendo una amena platica de conocidos de tiempo, en lugar de dos personas que acabaran de llegar y de pedir su trago.


-Soy Rael, Rael Crocell… Perdona no haber comenzado con mi nombre…-Observándola de forma tranquila, una sonrisa apacible pero siempre con ese dejo juguetón y pícaro, apoyando su codo en la barra mientras dejaba reposar su mejilla en su mano, pudiendo así mirarla de manera suave, sus azules ojos divertidos observando aquellos orbes rosados tan curiosos de la hechicera. Era hasta curioso hasta la forma en la cual se expresaba el pelirrojo, cada palabra segura, sin dudar en sus acciones, casi actuaba con familiaridad hacia aquella bella chica que acababa de conocer, notándose su forma de ser extrovertida y relajada, que tantas veces le habían ayudado a obtener alguna diversión nocturna con alguna joven que se dejara rendir en aquellos ojos de aquel tono azul eléctrico tan curioso, o que le habían valido para apaciguar el corazón adolorido de algún hombre con una decepción amorosa, que había encontrado consuelo en aquella personalidad tan afable y en un oído dispuesto a escucharle, para finalmente caer entre las redes del demonio y aceptar aquel susurro engañoso que era su voz, entregándose a las propuestas del pelirrojo, a aquellas promesas tan tentadoras que menguaban la razón y el sentido común de la gente normal.-¿Puedo preguntar su nombre? Me sentiría incomodo llamándole el resto de la noche solo señorita…-

Y ahí estaba de nuevo, aquella familiaridad tan tranquila, en donde no se podía captar malicia alguna, al menos no para las personas normales, a quienes su afabilidad podía engañar de forma natural. Después de todo, aquellas palabras tan cuidadosamente elegidas, que parecían seguras de que el pelirrojo disfrutaría de la compañía de la chica el resto de la noche, y aquella manera de expresarse tan relajada, que no mostraban signo alguno de malicia o dobles intenciones, como si solo dijera un hecho cualquiera tal como que el cielo era azul o que las palomas volaban, no podrían ser interpretadas con la maldad que el pelirrojo en realidad poseían, solo como simples banalidades de un hombre despreocupado, que parecía disfrutar de la compañía de una bella jovencita en una noche cualquiera, en un casino como en el que estaban.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Anne E. Knightley el Miér Ene 27, 2016 4:44 pm

Anne no podía decir que no era una chica acostumbrada a aquel clásico coqueteo de los hombres. Porque seria una gran mentira. Había vivido más de cien años y aquella forma de intentar hacer que una mujer llamase su atención era clásica. Hacerse el simpático y buscar de alguna forma conseguir la suficiente información como para seguir con la conversación y claro, sin olvidar los clásicos halagos que buscaban que la chica se ruborizase o se sintiese de cierta forma cómoda a su lado. El que las mujeres siempre buscasen a alguien que las viera hermosas era algo que llegaba a parecer una tradición, les subía el ego o que ya tenían alto o que se encontraba prácticamente por el suelo. Lastima que ella no era de esa clase de chicas. No se dejaba seducir por lindas palabras o acciones que simplemente fueran caballerosas con el único objetivo que los viesen como algo más. Claro que no. Ella ya había caído una vez en ese tipo de cosas. Había pasado una vez como la chica inocente a la que lograban atrapar y eso solo nació y murió con Elliot. Posiblemente aquella parte de sus sentimientos hubiesen desaparecido junto con él. Por ello era que simplemente seguía la corriente de las personas que intentaban llegar a algo con ella sin que verdaderamente llegase a afectarle en algún sentido a ella. Conseguir información de esa manera era bastante sencilla porque realmente nadie solía desconfiar de una linda chica, incluso por lo mismo solían contestar más rápido a las preguntas a excepción de que se tratase de un tema un tanto más delicado, aunque tarde o temprano lo terminaban haciendo, la mayor parte de las veces por culpa de el alcohol que no se atrevían a rechazar cuando se les ofrecía. Pero no era su culpa, ellos eran los idiotas que se limitaban a juzgarla por su apariencia ¿Acaso nunca les habían enseñado que jamás debían juzgar un libro por su portada?.

«Los humanos son demasiado simples en ese tema. Sinceramente creo que es esa ingenuidad lo que los hace verdaderamente vulnerables a… Todo» Quiso suspirar por culpa de ese pensamiento que realmente no debería estar teniendo, tomando en cuenta que justamente se encontraba investigando la actual situación de la ciudad del pecado. Por eso mismo cerro los ojos por unos segundos intentando sacar aquello de su cabeza y lo logro debido a que el contrario había seguido con aquella platica. Claro que ante aquel cuestionamiento no pudo evitar alzar levemente su ceja izquierda ¿Tanto se notaba que no era una Estadounidense? Aquello era posible, después de todo su personalidad y actitudes eran clásicos de una Británica antigua. Así había sido criada por muchos años por su madre y Arthur no era la clase de persona que dejase que no tuviera modales, de hecho en ocasiones solía ser demasiado estricto en ese tema y bueno, sin olvidar que ella siempre había sido de clase “alta”, sus modales eran demasiado marcados y quizás eso pudiese dar el indicio de que no se trataba de alguien de por allí, el mayor siempre le había dicho que era fácil reconocer a un británico de un estadounidense porque estos últimos no poseían ni un solo gramo de elegancia y que Alfred era la mayor muestra de ello. «No es como si el que supiese que no soy de aquí fuera terrible, de hecho no afecta para nada» Con aquella idea en la cabeza simplemente sonrió un poco más antes de soltar una risa mientras negaba con la cabeza como si la hubiesen descubierto, pues de cierta forma realmente era así, claro que tampoco es algo que estuviese ocultando, como ya había dicho el que supiese eso era algo verdaderamente irrelevante con respecto a su principal objetivo allí.

-Veo que es algo notorio… Pues no, no soy de por aquí, ni de las Vegas ni de Norte América- Su voz había salido bastante tranquila, incluso quizás un tanto juguetona pues le estaba siguiendo el juego al pelirrojo de ojos azules, debía hacerlo si quería llegar a conseguir algo, aunque tenia un pequeño presentimiento que no dejaba de hacerse presente frente a él. Quizás no era con quien debería estar hablando para conseguir algo pero era algo simplemente inevitable pues había sido él quien se le había acercado y comenzado con la aquella conversación -Provengo de Inglaterra, vine a Estados Unidos por petición de mi padre en realidad pero bueno, no me quejo, este país es verdaderamente interesante- Luego de decir aquello le sonrió de lado para tomar un poco más de su trago, el cual ya iba por la mitad debido a que solo daba pequeños sorbos cada vez que lo llevaba a su boca, la rubia no era una verdadera amante del alcohol pero aun así lo disfrutaba en ocasiones, Arthur tenia la culpa de lo mismo pues había sido él quien había dicho que debía aprender a beber por si acaso, aun con la completa desaprobación de Alfred lo había hecho, pues, como ahora, el estar bebiendo algo le daba una clase de naturalidad al ambiente que de no estar bebiendo no se daría.

Se permitió escuchar el resto de las palabras del chico y no dudo en soltar una pequeña risa ante sus palabras, como si se tratase de una muchacha que intentaba ocultar la vergüenza con esto. Aunque no era su caso, realmente le causaba un poco de gracia ello porque quizás tenia razón pero no por ese motivo, sino que por el simple hecho que se había topado con ella y que la hubiese invitado al casino. Esa era sin duda la mayor desgracia, porque la rubia no era alguien que se pudiese considerar como una mujer normal en tema de coqueteo y bueno, en realidad por muy cruel que sonase solo había utilizado al pobre hombre para poder entrar al lugar sin gastar nada. No es que fuese una tacaña, no tenia especial apego por el dinero, pero tampoco era idiota, si podía llegar a conseguir algo gratis pues no se negaría, de hecho ¿Alguien lo haría? Quizás solo alguien demasiado correcto como para ello, pero ella no era así para la mala suerte del sujeto, solo poseía una linda apariencia que ocultaba la verdad de como era. Tampoco era que intentara insinuar que se trataba de una persona malévola, claro que no, de ser así no estaría allí intentando evitar un desastre, simplemente no era un conejito inofensivo como todos creían.

Su sonrisa se amplio al saber que se encontraba solo. Una molestia menos de la cual preocuparse porque como ya había dicho, el tener que tratar con una mujer celosa sin duda seria un verdadero dolor de cabeza ¿Qué peor que una mujer que no pensaba racionalmente y solo se concentraba en sus sentimientos, haciendo oídos sordos a lo demás? Muchas cosas en realidad, pero para la rubia sin duda en ese momento seria lo peor, claro, a excepción que tener que tratar con algún ser que intentase matarla, aquello sin duda seria un mayor dolor de cabeza, era una persona que realmente prefería la tranquilidad y paz, aunque en un casino eso no era muy posible de cumplirse a menos que se encontrara en el bar y ni siquiera era del todo así, pues en el resto del lugar gritos de jubilo por ganar o de frustración por perder lo llenaban, sin olvidar el sonido que de por si hacían las maquinas y las fichas al ser movidas o las cartas revueltas y entregadas.

«Demasiado ruidoso para mi gusto» Dejó que aquel pensamiento pasase por su cabeza antes de poder ser capaz de concentrarse completamente otra vez en el hombre a su lado. Aunque ante su pregunta no pudo evitar alzar nuevamente su ceja. Oh… ¿Realmente le estaba preguntando aquello? Sabia la respuesta pero no podía evitar reír ante ello, era verdaderamente gracioso, eran frases de coquetería barata que solo por el modo en que las empleaba no lo parecía, cualquier chica lo pasaría por alto porque realmente estaría completamente concentrada en lo que él decía y no analizando sus palabras. Pero para posible desgracia del pelirrojo la chica no era para nada ese caso, de hecho le encantaba poder analizar ese tipo de cosas, era divertido ver con la clase de cosas que solían caer la población femenina, aunque en ocasiones solía sentir cierta decepción por lo mismo, más de un siglo y ni siquiera eran capaces de aprender del error de las otras.

-Creo que es bastante claro que eres mejor compañía que un ebrio- Musito antes de volver a soltar una risa, no mentía del todo, para ella los ebrios eran personas completamente desagradables y no podía llegar a entender con que motivo la gente podía llegar a estar en ese estado. Arthur solía hacerlo en ocasiones y por lo mismo sabia controlarlos en cierto punto aunque no por ello dejaban de ser desagradables para la rubia, además el olor que desprendían sin duda llegaba a molestar a cualquiera.

«Rael Crocell, no es un nombre que haya visto por lo que supondré que no se trata de un nombre de estatus alto en la ciudad» No estaba segura del todo si aquello era bueno o malo, pues por un lado tenia menos posibilidades de que fuese peligroso, pero no podía confiarse de nadie, se encontraba en la ciudad de los demonios después de todo. Pero por otro lado eso significaba que quizás no supiese nada de lo que realmente necesitaba saber, haciéndolo no más que una molesta «Claro que ello es simplemente incierto a menos hasta que se lo pregunta directamente» Mordió internamente su labio debido a ello. Bueno, siempre había sabido que aquello pasaria. Intentar conseguir información no era la cosa más fácil del mundo solo por el hecho de que estaba “sola” buscando, quizás hubiese sido mejor que consiguiese algo de apoyo antes de comenzar, seguramente habían más brujos como ella ¿No?.

-Emily, soy Emily Jones- Musitó con tranquilidad, era una gran mentira la que decía, pero no tenia porque darle su verdadero nombre a un sujeto al que solo le quitaría información, claro que no, más aun tomando en cuenta su presentimiento. Aunque no podía decir que era el mejor nombre que pudo haber inventado ¿El nombre de su madre y el apellido de uno de sus padres adoptivos? Si, nada más había pasado por su cabeza para desgracia -¿Pero que hay de usted? ¿Es de por acá? No parece tener los modales de un hombre cualquiera de por acá… No lo digo como un insulto sino más bien como un alago- Llevo el vaso como por sexta vez en la noche a sus labios para tomar un pequeño trago del rusty nail  mientras seguía observándolo de reojo, lo mejor seria seguirle el juego hasta que encontrase la oportunidad de poder conseguir algo de información del pelirrojo.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Rael Crocell el Jue Ene 28, 2016 4:47 pm

Podían haber pasado años, podían haber pasado décadas. En el alma del aparentemente joven demonio pelirrojo, en realidad habían pasado milenios. Pero aun así el juego no cambiaba, siempre un clásico perpetuo que solo iba afinándose o adaptándose a las épocas, pero que en esencia se mantenía inmutable en la mente de quienes fueran concedidos con el don de entenderle y practicarlo, aquel juego que existía y que desde su nacimiento se había vuelto un arma usada por los hábiles y por los astutos, un medio social tan efectivo como un soborno o una amenaza, si no es que más, y aquel juego, no era ni más ni menos que el arte de la seducción.

Rael, desde el momento de su resurrección, había sido dotado con armas y herramientas suficientes para cumplir su misión. ¿Cuál era su misión? La misma que le otorgaban a decenas de otros demonios que se esparcían por todo lugar, y que especialmente se concentraban en aquella ciudad donde la sombra de Lucifer hacia terminado por afectar y contaminar de una forma tan sutil como profunda. ¿Cuáles eran esas herramientas? No eran armas, ni conocimientos, no eran poderes especiales, los cuales aunque poseía no eran en realidad una de las armas a las que se refiera. Era sencillamente una mentalidad derruida, una forma de ser que invitaba al pecado, una labia cuidadosa y metódica, un aura que parecía querer tentar a quien se acercara y una forma de expresarse estudiada y refinada. Él era un alma podrida y bastarda enfundada en el cuerpo de un joven pelirrojo de atractiva apariencia. Era un ser sumido en la más absoluta de las corrupciones, que solo servía de foco de corrupción para las personas que le rodeaban, una presencia que solo existía para desgraciar la moralidad humana, contaminar las esperanzas mundanas y llevar a la perdición a las mentes confiadas o debilitadas.

Aquella noche no era la excepción. El único motivador en su vida era que la personas que le rodeaban acabaran de la misma forma que él, como aquel muchacho que hace tantas décadas hubiera estado de rodillas frente a una lápida lisa con solo un nombre, golpeando el muerto suelo con la única mano que le quedaba, mientras maldecía a quien moviera los hilos que le habían usado tal cual títere en una bizarra y trágica obra, para diversión de un ser omnipotente que solo se deleitaba de su miseria y dolor.

Ese era el único motivo el cual le hacía cada día salir, enredarse en la sociedad y convivir con los humanos. ¿Era una cuestión de revancha? ¿El deseo de que todos sufrieran lo mismo que él? En realidad no, nada de eso, lo que le llevaba no era una motivación personal, tampoco era el deseo hacer sufrir en realidad. Lo que le guiaba y le hacía actuar, era su simple naturaleza. Tal como para una persona era natural respirar, alimentarse, beber y reproducirse, en él era natural seducir, hacer sufrir, corromper, mentir. Los demonios no podían ser entendidos realmente con lógica moral, los demonios como él habían perdido eso, junto a su humanidad y cualquier rastro de ética. Solo existían para cumplir con la voluntad toxica de sus ancestros y de su creadora, para llevar a tantos pobres ilusos como fuera posible hacia lo más profundo de la depravación.


-Bueno, no es algo tan notorio en realidad, solo fue un presentimiento…-Sonrió de forma tranquila y afable, pero con un dejo de complacencia al haber acertado en su suposición, mientras escuchaba la pequeña y simple explicación que le daba su rubia acompañante sobre su presencia en aquel país ajeno a ella-Y entonces bienvenida al país… Por como lo dices parece que no llevas tanto tiempo aquí-Menciono de forma calmada, pero con aquella sonrisa perpetua que siempre parecía encontrar divertida la vida y todas sus situaciones, aquella casi imperceptible sensación de travesura que se mantenía en el fondo de las facciones practicadas y estudiadas del pelirrojo. Nuevamente, era una simple suposición, pero que expresaba de forma desinteresada, una manera de hacer fluir la conversación y de ir poco a poco conocimiento más de la muchacha, una de las bases más clásicas de la interacción social y, cabe mencionar, de la seducción.

¿Por qué siempre actuaba el pelirrojo de la misma forma ante una mujer? Por qué funcionaba, era sencillo. No había mujer que no se encontrara grato el que alguien más quisiera escuchar de ella, de sus pensamientos, de su historia o de sus emociones. No existía de hecho persona que no agradeciera un oído de verdad interesado que estuviera ahí para ella. Muchos podían decir que no era cierto, que lo encontraban molesto, que no les agradaba, pero la mentía ya hacía en sus palabras, ya que hasta el más discreto o el más silencioso, al encontrar a una persona en quien depositar su confianza, empezaba a descubrir sus verdades y su persona, mientras mayor la confianza, mayor la seguridad y la información que dejaba saliera de su mente.

Una sonrisa se formó en las finas facciones del pelirrojo mientras escuchaba a la joven decir que su compañía era mejor. Aquello no era un halago verdadero, tampoco un elogio. ¿Ser mejor compañía que un ebrio? No se necesitaba demasiado para ello. Pero en este caso el motivo detrás de mensaje no había sido descubrir si la chica le encontraba interesante, había sido en realidad descubrir si su presencia resultaba molesta o no. Aquella necesidad de saberlo era para identificar el humor de la chica, siendo este fácilmente cambiable debido al repentino borde del joven, el cual solo había llegado y había empezado a hablarle sin siquiera conocerse. Hacerle esa pregunta contenía en realidad el propósito de poder entender un poco más de la psique de la chica, de saber si ella seguiría en aquel juego que se empezaba a mostrar poco a poco más claro.


-Es un gran gusto, señorita Jones… Y espero que mi presencia le siga siendo igual de agradable aun mas noche-Respondió el pelirrojo al conocer al fin el nombre de la fémina. ¿Por qué no llamarla directamente por su hombre? No era el estilo del pelirrojo. Era ir poco a poco, conocer más, encontrar los puntos suaves de las personas, aquellos caminos que existían en cada ser y que daban un acceso a su confianza y su interés. Era aquel camino el verdadero objetivo de cualquiera que supiera de aquel juego en que los dos empezaban a participar más y más. Ya llegaría el momento, más adelante en esa noche, cuando los nombres de ambos resultaran tan familiar en la boca del otro que no pensarían al llamarse entre sí, en donde si las cartas eran bien jugadas y el ánimo mantenido de forma cuidadosa, los pasos serian guiados en una cuidadosamente planificada dirección, la cual pudiera resultar en un final irreversible, en el cual, por el bien de la chica, era mejor no pasara.

-¿Yo?-El rostro del pelirrojo se ladeo mientras su sonrisa se hacía un poco más notoria, algo divertido por la repentina redirección que había tomado la chica hacia su persona. Aquello era un cambio positivo, el cual mostraba que aquel interés no era unilateral en la conversación, la chica no solo dejaría que el pelirrojo preguntara y le conociera más, sino que también al parecer buscaba ella conocerle mejor. Aquel interés no era solo banal, después de todo el interés nace de un interés más profundo, de un propósito. ¿Cuál sería el propósito de la rubia? Una persona normal solo pensaría que ella era educada, que tal vez ella estaba interesada igual en saber que tan lejos esa conversación pudiera llegar y si los llevaría a ambos a una situación de diversión para los dos. Tal vez solo no quería sentirse interrogada y tener algo de control en la dirección de la conversación. ¿Quién sabia? Si bien era un demonio, no podía leer los pensamientos, pero eso solo se convertía en uno de los pocos placeres que le quedaban en vida al pelirrojo, el cual era el de descubrir los motivos secretos detrás de las personas, ya fuera solo para saciar su propia curiosidad, o para sacarle provecho con un fin trágico.

-Soy de aquí, nací aquí, cien por ciento estadounidense…-Pero bien, que ella preguntara sobre él era una pequeña ventana de oportunidades. Aquella noche era hasta el momento una de tantas, posiblemente no una de las más tranquilas o sencillas, pero se estaba formando como una típica noche de conocer a una hermosa joven en un bar y platicar de manera tranquila, conociéndose, haciéndose más íntimos con cada copa que pasaba entre sus manos.

¿Entonces por qué no lo sentía así? ¿Era alguna clase de instinto que le hacían sentir no era el caso esa vez? Sentía que la presencia de la rubia era diferente. No es que ella estuviera jugando con él, cuando esas cosas pasaban él podía presentirlo y prepararse, dejarle sentirse superior solo para luego girar las tornas, descolocarla y terminar engatusándola. Tampoco era como si ella fuera una chica cualquiera, que con unas palabras bonitas cayera, de ser así el pelirrojo ya se hubiera ido por no malgastar su tiempo o hubiera ido con todo para divertirse con ella esa noche. No, era una especie de sentimiento en su mente, nacido de su experiencia y su instinto, diciéndole que no estaba considerando todo el trasfondo de la conversación, algo que le llevaría a su propia perdida.


-¿Entonces estas en un casino de las vegas de noche por petición de tu padre? Eso es ser liberal…-Bromeo el demonio, dejando que la conversación fluyera, aunque sabía la chica nunca había especificado que su padre la mandara ahí, solo al país. Eso le hacía pensar si la chica se había establecido en esa ciudad, o solo estaba de pasada, alguna parada momentánea en algún recorrido cuyo propósito solo ella conociera, o tal vez sus padres también. Poco a poco trataba de conocer más de la joven rubia, quien seguramente pensaba que el objetivo del pelirrojo solo era una diversión nocturna, cuando en realidad difería un poco de ello, pero siendo imposible ella supiera que motivaba al pelirrojo a tratar de conocerla, solo pudiéndose hacerse ideas basadas en la imagen coqueta y picara que el pelirrojo ostentaba tal cual mascara de teatro.

-¿Estas residiendo en la ciudad o solo estas para conocer? Si gustas puedo recomendarte algunos lugares interesantes a conocer… Veamos si puedo concederte algún recuerdo que se mantenga cuando regresas a tu tierra natal…-Propuso Rael mientras sonreía de forma suave y maliciosa, aumentando un poco al familiaridad con la cual trataba a la joven, no tanto como para ser descarado, pero si un poco más, lo suficiente para no ser un extraño, si no ahora un conocido, que después pudiera subir un poco más. ¿Qué tan lejos podría llegar aquella noche? ¿Sería la única o habría un después? Pequeños misterios que creaban el misterio que el pelirrojo quería descubrir, mientras la misma pregunta que siempre se hacía volvía a su mente ¿A dónde lo llevaría el destino esa noche? Solo esperaba que aquella sensación que tenía el pelirrojo fuera verdad, que aquella no fuera una noche más, que resultara en alguna noche divertida, esperaba con ansias sinceras, descubrir el secreto que era Emily Jones.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Anne E. Knightley el Lun Feb 08, 2016 4:53 pm

No iba a mentir al respecto, de cierta forma aquella jugarreta se le hacia bastante divertida, porque siendo ella como era podían ser contados con los dedos de una mano cuantas veces la chica hacia algo como eso. Bueno, no tanto, pues en ocasiones sus padres necesitaban algo en especial y el usar el encanto de la bruja era la manera más sencilla y económica de conseguirla. No es que se quejara, ella también lo había hecho cuando era necesario, pero en platicas de este estilo no podía decir que eran del todo frecuentes, pues ademas no era demasiado fanática de los bares y esa clase de lugares “Demasiado repugnantes” había dicho en una ocasión cuando se lo habían preguntado y es que no era mentira, la pocilgas que se formaban allí eran clásicos; Generalmente formado por hombres, la gran mayoría de ellos terminaban con un alto grado de alcohol en la sangre y por consecuente en estado de ebriedad. ¿Había algo más molesto y desagradable que eso? No. Así de simple, al menos para ella, no había nada peor que un hombre intentando ligar de esa manera o quejándose o tratando de pelear con medio mundo… Si, definitivamente para la chica los ebrios simplemente no deberían existir, no lo decía de mala manera, sino más bien como una especie de consejo ¿Como eran incapaces de conocer sus propios limites? Humanos, idiotas humanos…. Aunque realmente ninguno se salvaba, después de todo incluso Arthur, siendo el caballero que decía ser, en ocasiones terminaba cayendo en aquel vicio.

«Quizás la idiotez es contagiosa o el vicio supera cualquier cosa» Aquel pensamiento la hizo suspirar internamente, era tan jodidamente estúpido que llegaba a sentir vergüenza de aquellos que compartían su naturaleza. Claro que lo mejor era dejar todo eso de lado para volver a centrarse en lo que era el tema de conversación, por ello hizo un poco más amplia aquella sonrisa que se había mantenido en su rostro por el pelirrojo -Gracias por la bienvenida- Musito con delicadeza. Realmente era divertido como se estaba llevando todo eso a cabo, aparentemente el contrario realmente creía que estaba haciendo las cosas bien, pero en realidad aunque estuviese siendo un completo desastre la chica seguiría sonriendo. Después de todo lo que ella quería era información, no una cita barata sacada de un casino «Por muy cruel que suene esto es solo por lo que puede llegar a decirme que me importe» No pudo evitar maldecir internamente por ello, realmente en ocasiones llegaba a sentirse mal por parecer que jugaba con los hombres para conseguir lo que quería. Pero tampoco era su culpa el hecho que desde el día del descenso de Elliot su corazón no parecía querer abrirse hacia otra persona de la misma forma. Incluso su propia cabeza solía jugarle en contra imaginándose el peor escenario con cualquiera que se le presentase adelante.

-Nunca he dudado de que su compañía sera agradable, en realidad prefiero tu compañía que de la gran mayoría que se encuentra aquí- Sonrió levemente como había estado haciendo toda la noche, y no mentía, el chico sin duda era mejor que cualquier sujeto ebrio o viejo que se le pudiese cruzar por el camino, hacia claramente menos repulsivo seguir aquel juego de coqueteo. No importaba que ella fuese más antigua que cualquiera de los hombres presentes, no dejaba de serle molesta aquella apariencia claramente contrastante con la propia, no era egocéntrica pero sabia que era “atractiva” para el sexo opuesto «Quizás los años me están volviendo algo narcisista» No mentiría, la idea no era del todo su agrado, ella solía tratar a todos bastante bien, pero en ocasiones como estas realmente tenia “cierto filtro” porque realmente no soportaría a un sujeto que solo intentaba manosearla a cada segundo. Primero muerta. Por muy buena actriz que fuese no soportaría algo como eso, aquello era incluso más repulsivo que la mismísima ciudad en si,  Más aun para una dama como era la Británica, de hecho no quería ni imaginarse a quien tendría que estar soportando en lugar del pelirrojo «He tenido suerte, es bastante caballero, respeta de cierta forma mi espacio y no puedo decir que no es atractivo» De hecho posiblemente más de una de las chicas que se encontraban en la barra en ese minuto la envidia. Pues con solo observar de reojo había notado que más de una se encontraba con su vista fija en ellos, quizás por culpa de lo llamativo que era el chico o ella misma, la envidia en los humanos no era para nada raro y eso la chica lo sabia bastante bien, pues era uno de los cuantos motivos por lo que estos solían caer en las trampas de los demonios, estupidez por donde se le viese. No por nada Anne había llegado a la conclusión que los humanos eran los seres con más alta tasa de idiotas, claro que no tenían la culpa de todo, después de todo eran los únicos que en su mayoría desconocían la situación actual.

«Son como ovejas…. Y el resto de las razas podría decirse que son lobos o zorros salvajes, es la ley de la vida» Era verdaderamente divertido ver como podía caer rápidamente en lo que eran pensamientos ajenos a lo que era la actual situación y es que no podía evitar reflexionar internamente por lo que ocurría. Desde siempre había tenido la capacidad de analizar bien las cosas ¿Era por culpa de ser tratada como un ave? Posiblemente, siendo un pájaro en enjaulado e ignorado había sido capaz de aprender muchas cosas en su vida, más gracias a  la gran cantidad de libros que se encontraban en la mansión o quizás también debía darle créditos a su raza, en general de con quienes compartía su naturaleza eran grandes lectores ¿Y porque negarlo? Pues bastante sabios y sensatos. Al menos la gran mayoría de ellos, porque no iba a mentirse. Habían excepciones, como Alfred, que no tomaban un libro a menos que su vida dependiese de ello y es que siempre habían excepciones.

-Realmente tienes mejores modales que la mayoría de los que he conocido durante mi estadía aquí, aunque, como ya sabe no a sido demasiado extensa pero si bastante educativa en ese tema- Bromeo antes de soltar una nueva risa,  cubriendo su boca con su mano libre, dándole un aire claramente mucho más delicado y educado que el que mostraban las mujeres allí presente. No era del todo su intención opacar al resto, era meramente instinto, como ya había dicho antes los modales no se perdían de un día para otro y para su desgracia la educación que le había dado su madre y Arthur estaban tan grabadas en ella que era prácticamente parte de si misma el ser así -No es que quiera ofender a su país, es realmente divertido tratar con ustedes… De hecho mi padre es de aquí y le tengo mucho cariño- Volvió reír antes de negar con la cabeza aunque realmente parecía algo divertida internamente se regaño por decir algo que claramente era innecesario para conseguir lo que quería, se estaba desviando y esa no era para nada la idea. Ella debía conseguir lo que buscaba y luego largarse de allí sin mirar hacia atrás, el contrario no era más que alguien a quien le pediría información «Dios, soy realmente de lo peor…. Al menos cualquier otra mujer le daría algo de entretenimiento» No mentía, era realista, pero sabia que no tenia que ponerse a pensar cosas innecesarias, si se lamentaba por cada persona  a las que había de cierta forma “utilizado” primero tenia que sentir pena por el pobre hombre que le había ilusionado con una oportunidad solo para entrar al lugar y luego lo había abandonado a su suerte «Parezco más un demonio que una bruja» Se regaño internamente, realmente no estaba cayendo tan bajo, era por el propio bien del resto ¿No? Seguramente luego se lo agradecerían, ella no se consideraría a si misma como la compañera perfecta como ellos deseaban, ni aunque fuese de sexo.

Ante el “comentario” del chico no pudo evitar soltar una carcajada por la sola idea de la cara de ambos adultos de saber su actual paradero, seguramente soltarían un grito y abrirían un portal solo para sacarla de allí en ese mismo momento. Después de todo “su niña” no tenia que estar en lugares como ese. No era idiota, solo había dicho que iba a Estados Unidos, el decirle que sus visiones se centraban en las Vegas y que se dirigía allí para investigar, claro que no, seguramente se negarían aun más que antes pues todos conocían el como era aquella ciudad en especifico y más aun su fama ¿Quién no había escuchado aquello de casarse en las Vegas estando ebrio? Un error que ella jamas cometeria pero que sin duda haría que los mayores no terminarían por confiar en la pobre chica, pues tenia bastante años de diferencias con ambos… Aunque aquello ni siquiera se notaba debido a su naturaleza híbrida. «Arthur seguro me regañaría por horas y Alfred estaría gritando que debe venir a salvarme como el Hero que es» Aquel nuevo pensamiento hizo que volviese a soltar una nueva risa, una sincera, pues realmente la idea de que los adultos se enterasen seria divertido, demasiado, pero no por ello conveniente para ella y por eso debía mantenerse en secreto por al menos el tiempo que estuviese en especifico en esa ciudad, cuando cambiase quizás consideraría el decirles la verdad.

-No, por Dios, llegue aquí por que el conductor me dijo que me divertiría, más que nada fue un accidente- Sonrió antes de darle el ultimo sorbo a su trago, dándolo por finalmente terminado por completo y por ello deposito el vaso la barra, más cerca del mismo barman, haciéndole una pequeña seña al mismo para que le sirviese otro, después de todo tenia que estar allí hasta que lograse sacarle algo al contrario y por como hablaba aun estaba bastante lejos de ello, quizás lo más sencillo era cambiar de victima en lugar de seguir con él ¿No? Quizás si, pero algo le decía que a pesar de su pequeño mal presentimiento él sabría más que cualquiera otra persona en el casino, por lo mismo más beneficioso pero peligroso «Esto es molesto… Tal vez estoy errada desde el inicio…» Suspiro internamente ante aquel pensamiento, era sin duda alguna un dolor de cabeza el solo pensarlo, no quería desperdiciar una noche pues realmente quería saber un poco la situación actual en las Vegas para irse lo antes posible, no le gustaba mucho aquél lugar después de todo los demonios no eran su raza favorita, no tomando en cuenta a su progenitor.

-Oh ¿Quieres darme un mapa de la ciudad con lugares que debería visitar?- Alzó levemente una ceja antes de reír despacio, no iba a negar que toda aquella platica de cierta forma le divertía, pero sinceramente el llegar a quedar con el contrario en otra situación… Pues no era algo que pudiese permitirse -Se podría decir que solo ando de paseo para divertirme un rato, después de todo una vida llena de normas y cotidianidad llega a ser aburrida. Pero más que lugares que debería ir me gustaría saber a cuales no debería… Soy algo despistada en ese tema y prefiero saber de ante mano esas cosas para no hacerlas, si no es mucha molestia claro esta- Sonrió con amabilidad justamente en el momento que llego su vaso, si, finalmente había tenido la oportunidad de usar algo dicho por él para sacar la información que deseaba, después de todo donde no debía ir tenia que tener un motivo ¿No? Motivo que posiblemente a la rubia le interesaría bastante saber, después de todo para saber esas cosas ella se encontraba en aquella barra hablando, aunque él no lo supiese, solo esperaba que fuese capaz de responderle y no quedara hasta allí la conversación.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Rael Crocell el Mar Feb 16, 2016 2:13 am

La forma del ser del pelirrojo estaba totalmente arraigada a su naturaleza, y no natural como dirían otras personas para aparentar o querer lucir geniales. Muchas personas decían que eran serias por naturaleza o divertidas, desinhibidas o hábiles. Pero todo eso era falsa modestia y el querer lucir interesante para los demás. Aquellas facetas de la personalidad, o habilidades que se poseían, eran el resultado de factores externos que intervenían en las personas, les dotaban de rasgos únicos que definían la personalidad de cada uno y forma de ser, siempre influenciado por el ambiente en el que estaban, las personas con las que crecían y se formaban. Pero el pelirrojo no era nada de eso.

Él había sido forjado en el infierno, en un molde hecho de ceniza y fuego. Su alma había sido fundida por las llamas del averno, su personalidad formada con el único propósito de cumplir los anhelos del inframundo, el de llevar más almas para que sufrieran el mismo destino que Rael había tenido que llevar, ser corrompidas y desgarras hasta no dejar nada masa que una masa de maldad y perdición, para volver al mundo de los vivos y arrastrar a tantos fuera posible a la demoniaca forma que era el tártaro, en un ciclo infinito de horror y agonía.

Usando aquellos encantos que habían sido construidos en su persona para poder cumplir con su oscuro objetivo y propósito en la vida, el pelirrojo había hecho caer a decenas de personas desde que hubiera llegado al mundo terrenal, algunos fáciles, otros complicados, encontrando más placer en los últimos que en los primeros. Había tenido que usar artimañas meticulosas, planes detallados, inclusive al azar y a la suerte. No siempre ganaba, no todas las veces obtenía lo que buscaba. El perdía, de eso aprendía para mejorar, y la siguiente vez lo conseguía. Y tal vez eso lo diferenciara de otros demonios, eso lo hacía diferente y, en ciertos aspectos, más peligroso. La experiencia y la versatilidad que solo se conseguía de la práctica.


-Pues igual su compañía es muy placentera para mí, poder tomar una copa con alguien agradable, se hace más difícil cada dia que pasa, la verdad…-Suspiro de forma suave el pelirrojo, casi como un suspiro de alivio sincero por poder tener una plática tranquila y normal con alguien, sonriéndole da manera tranquila y agradable-En especial una señorita del viejo continente como usted… Alguien que rebosa educación y clase, si me permite decirlo sin querer sonar como un adulador…-Y vaya que adulaba, pero de forma natural y nada forzada, después de todo era un comentario sincero y directo, seguramente se lo hubieran comentado antes a la joven rubia, pero eso no tenía mucha relevancia, ya que no dejaba de ser verdad, mientras el pelirrojo tomaba un leve sorbo de su copa, degustando el alcohol en su paladar.

-Y es triste descubrir que mis paisanos no muestren la educación debida a una señorita como usted… Pero tampoco me sorprende tanto si soy sincero… Los valores con las épocas se pierden, no por nada se ha dicho sin ser muy equivoco que la caballerosidad sufre en esta era-Rio un poco observando a su acompañante, mirándola a sus curiosos ojos rosados, ladeando un poco el rostro mientras agitaba de forma distraída su copa. Era verdad que en aquella época moderna, la gente era muy diferente a lo que era antes, los valores perdidos, hábitos, tradiciones y costumbres. Pero aun asi algunas familias y personas los conservaban, lastimoso era que muchas veces aquellas mismas buenas costumbres fueran trataras como engaños o formas de querer aprovecharse de la gente, la misma sociedad actual hacia ver a aquellas personas caballerosas como gente interesada que solo quería tratar de conseguir algo. Pero bueno, el pelirrojo en realidad era una clara muestra de aquella acusación, un ser caballeroso que detrás de cada acción que tomaba tenía un propósito oculto, pero eso no borraba el hecho de que fuera una creencia triste.

Ante su comentario de cómo había llegado ahí, el pelirrojo rio de forma tranquila, tapando un poco sus labios mientras negaba, para finalmente observarla.
-Pues sin duda aquel conductor no mentía, pero me parece que tuvo una falsa impresión del por qué se encuentra aquí… Sinceramente, usted no tiene apariencia de alguien que haya jugado en un casino antes… No me malentienda, no es alguna clase de falta de respeto ni mucho menos, solo que no da el aura de una persona que le gusten las apuestas…-Sonrió el demonio, mientras le observaba aun de forma fija pero calmada, atento a ella-Pero igual solo son mis impresiones, por ello pregunto… ¿Has jugado alguna vez en un casino antes?-

El pelirrojo pregunto con calma mientras veía como Anne pedía le sirvieran otra copa, causando una pequeña sonrisa en su rostro. Aquella acción, aunque tal vez la chica lo hiciera de forma inconsciente, era una muestra de que la chica quería seguir con la conversación, sin tener intenciones de irse por el momento, al menos hasta que acabara aquel nuevo trago. Los ojos bien entrenados del demonio siempre estaban atentos a pequeños gestos como aquel, buscando siempre alguna abertura, algún camino hacia su objetivo-Si quieres probar, te puedo enseñar cómo funciona alguno, tengo algo de experiencia, solo tendrías que decirme si alguno te atrae y te podría mostrar lo básico y dar algún consejo…-Sonrió el pelirrojo, ofreciéndole poder mostrarle algún juego del amplio lugar, una manera en que la chica pudiera pasar el rato y conociera una de las cosas más famosas de la gran ciudad.

Aun asi, antes de que cualquiera se levantara para irse a algún lugar, el pelirrojo escucho la petición de la chica, alzando la ceja algo curioso ante aquella pregunta. Normalmente las personas preguntaban por los sitios de interés en la ciudad, los lugares buenos donde pudieran ir los turistas, zonas divertidas y de ocio, o con espectáculos y entretención. Pero en su lugar, la chica le pedía un mapa con los lugares peligrosos de la ciudad, algo un tanto curioso para el pelirrojo, era como si la chica quisiera evitar algo, o encontrarlo.
-Pues… No es que tenga un mapa conmigo, no me dedico a la promoción de la ciudad ni nada-Rio de forma leve el joven demonio, mientras negaba y sacaba su celular del bolsillo, mostrando un estilizado modelo negro, delgado y cómodo, encendiéndolo y dejándolo sobre la barra entre los dos, abriendo una aplicación y mostrando un mapa de la ciudad, sonriéndole a la chica-Supondré tienes un celular… Si tienes una aplicación de mapa te puedo ir indicando los lugares que pudieran serte interesantes, y de paso, también aquellos que no recomiendo mucho, ya que veo quieres estar segura en tu viaje…-Sonrió el pelirrojo con calma, mientras hacia esa calmada oferta sin darle mucha importancia-Aunque claro, igual de paso cambiamos de números de teléfono, asi igual pudiera yo ser tu guía en la ciudad, sería mucho más seguro fueras con alguien que conoce los lugares…-Ofreció el demonio con una sonrisa tranquila y amable, haciendo una propuesta tan estereotípica que pudiera resultar cómica. ¿De verdad el pelirrojo esperaba que algo asi colara? No, él no era iluso, tampoco un principiante o aficionado, o un chico cualquiera que hubiera quedado cautivado por la belleza de la extranjera. Era un demonio, quien siempre tenía un plan detrás de cada acción, que tenía un propósito tras cada palabra que salía de sus labios, siempre esperando ganar al final de la noche, lograr lo que se proponía por hacer.
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Re: Nights of Sins [Priv. Anne]

Mensaje por Anne E. Knightley el Lun Feb 29, 2016 5:49 pm

Había vivido lo suficiente para ser capaz de notar todos los cambios que ocurrían a su alrededor y en el mismo mundo. Al menos su mundo cercano. Tampoco podía decir que conocía la realidad de cada persona, podía ser una persona informada, si, pero como ya había dicho solo sabia lo cercano a ella y el general de la situación. Por lo mismo se consideraba con las facultades necesarias para poder juzgar la educación de las personas. Y en un caso como ese podía realmente resaltar el trato del contrario y como manejaba la charla. Nada parecía forzado y de hecho parecía que manejaba todo de manera extremadamente fluida, cosa que llegaba a asustar a la de cabellos rubios. Cualquier persona podría pensar que venían juntos o que se conocían de antemano cosas que era completamente errada, Annette en su vida había visto a ese sujeto y sinceramente dudaba que llegasen a verse más allá de aquella ocasión a menos que simplemente por mera casualidad se encontraran. Pero aquello seria prácticamente imposible, después de todo la chica solo deseaba investigar aquellos lugares que el contrario posiblemente evitaría si tenia al menos dos dedos de frente. Después de todo ¿Quién iría a visitar los lugares más peligrosos de todas las Vegas? Solo idiotas…. Y bueno, Anne.

«No es como si me fuese a dejar engañar por sus lindas palabras o halagos, después de todo es simple coquetería barata que sabe disimular bastante bien. Hay que darle créditos por ello» Cerró los ojos por un minuto ante aquel pensamiento antes de negar despacio con la cabeza un par de veces, tenia que seguirle el juego sin importar si hacia bien o no su “trabajo” -Claro que no queda como un adulador, simplemente me alaga que diga eso. Seguramente mi familia estaría orgullosa de escuchar esas palabras dirigidas a mi persona. Después de todo ellos me criaron con estos modales- Sonrió amablemente como siempre. No había ninguna mentira en sus palabras. Como ya había dicho, el contrario era bastante astuto en el tema de coquetear, ni siquiera parecía que la estuviese adulando de una manera forzada. Realmente parecían llevar una platica normal y para desgracia o suerte de la chica aquello se le hacia bastante cómodo. No le gustaba tener que aguantar a la gente que era demasiado hostigosa en esos temas, el pelirrojo era todo lo contrario a ello. Actuaba como todo un caballero al mismo tiempo que llevaba una platica con naturalidad, tanto así que la británica estaba casi segura que de haber intentado estar con otra mujer ya habría logrado muchas cosas, su acompañante poseía varias cualidades que cualquier otra persona de su sexo pensaría como una gran oportunidad.

-Me atrevo a decir que actualmente tanto la caballerosidad como los modales y educación se encuentran en peligro de extinción, mas no me siento mal ni tampoco insultada por sus paisanos, pues a pesar de todo suelen ser muy amables. Es muy raro encontrar personas con tales cualidades que ya mencione pues la gran mayoría de las personas se encuentran hundidas en la mediocridad y bueno, la falta de educación, por lo tanto, una completa desgracia. Seguro en este mismo mis abuelos deben estar retorciéndose en la tumba, pero por lo mismo me alegro de encontrarme con alguien que a pesar de ello mantiene lo que yo creía prácticamente perdido- Nuevamente la sonrisa se formo en su rostro pero esta vez era ladeada, a pesar de todo lo vivido recordaba perfectamente el hecho de lo estricto que eran aquellos humanos que políticamente y por sangre podían hacerse llamar sus abuelos. No podía decir que habían llevado aquel titulo como cualquier persona, de hecho la misma rubia ni siquiera era capaz de nombrar una sola ocasión en la que ellos hubiesen llegado a ser buenos con ella. Pero esa era una historia completamente distinta a la que actualmente estaba aconteciendo. Por lo mismo dejo ese tema de lado para negar despacio con la cabeza debido a las palabras del contrario, riendo de paso junto con él.

-Supongo que sí, pero creo que al ver a una chica joven viajando sola pensó que un lugar como este seria divertido para mi- Aquella sonrisa que se mantenía en su rostro se amplio antes de negar nuevamente con la cabeza antes de observarlo nuevamente, no iba a mentir, el que la “analizase” tanto no era mucho de su agrado, la hacia sentir que en cualquier momento soltaría algo que no le convenía como una suposición, pero no hizo ningún gesto que mostrase algo similar a molestia o preocupación, más bien simplemente soltó una risita antes de hablar -Parece ser que usted es bastante bueno en eso de “Conocer a las personas por su apariencia”. No mentiré, solo había entrado a uno que otro casino solo para encontrar a mi padre, pues en ocasiones le gustaba “divertirse” pero no iba más allá de ir a buscarlo para que mi madre no sé alterase, él juego no es algo que me atraiga del todo. Después de ver gente caer en semejante vicio no hace que sea grande mi deseo de intentarlo, hoy le estaba intentando dar una oportunidad...- Y hay estaba lo que la chica ya esperaba que el contrario soltara, una proposición para enseñarle a jugar, no eran de su especial interés llegar a conocer uno de ellos, debido a eso simplemente tuvo que hacer una negativa con la cabeza otra vez -No me considero una persona con una suerte excepcional, por lo mismo supongo que preferiría mantenerme alejada de algo que la involucre. Prefiero ser una mera observadora de lo que acontece, al menos por el momento, pero gracias por la invitación, quizás en otra ocasión- Dudaba que otra ocasión se presentase pero no era algo que fuese a decir en voz alta, después de todo deseaba conseguir aquello que necesitaba y estaba segura que si lo rechazaba demasiado abruptamente la conversación en si se vería interrumpida y no seguiría con aquella fluidez que se había logrado y que la hacia tan cómoda al menos para ella.

No fue hasta que el chico hizo aquel gesto que la mujer noto lo raro que podía llegar a parecer su pregunta y por lo mismo mordió internamente su labio mientras mantenía los ojos cerrados ¿Qué tan idiota podía ser? ¿Cómo no había pensado bien como reaccionaria el contrario antes de escupir aquello? No podía evitar regañarse internamente por lo mismo. Sentía que estaba mandando por la borda toda aquella atmósfera que se había logrado formar en ese rato, todo por culpa de no ser capaz de pensar un poco sus palabras antes de soltarlas «Tranquila Anne, no esta todo perdido, solo debes saber arreglar la situación, eres buena en eso» Tomo un poco de aire antes de volver a abrir los ojos, justamente cuando el contrario había simplemente seguido la platica. Haciendo que la chica volviese a sonreír y de paso soltara una pequeña risa, bien, realmente no estaba todo perdido, aparentemente el hecho que el pelirrojo mostrara algo de interés por su persona la había salvado de cualquier cuestionamiento. Por ello no desperdiciaría la oportunidad y de inmediato tomo su bolso para rebuscar en el y sacar su iPhone, colocando el patrón seguido para ser capaz de llegar a un mapa -Muchas gracias… Soy algo descuidada y me es fácil perderme, por eso he llegado a lugares no muy recomendables en Inglaterra, simplemente quiero ser precavida por acá, quiero que mis padres me dejen viajar nuevamente- Era una buena excusa, lo sabia, pero ante la petición de cambio de numero tuvo que reprimir una mueca, bien, no iba a quejarse, le estaba saliendo bastante “barato” el error cometido por si misma y por lo mismo no le negó aquella petición al chico -Esta bien, aunque realmente no quiero molestarte con algo como eso, dudo que sea divertido hacer de guiá turístico… Además puedo ser torpe pero nunca tanto como para que tengas que hacer eso- Musito antes de reír nuevamente. En realidad no quería aquello, un medio de contacto con él seria un tanto problemático, claro que siempre podía mentir en su numero y simplemente no llamarlo “Solo se había equivocado en darle el numero” ¿Cuantas mujeres no lo habían hecho? Incluso le había dado un nombre falso, una mentira más o una mentira menos no seria un verdadero problema para ella, pues en realidad le estaba haciendo un favor al pelirrojo manteniéndose alejada de él.
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